miércoles, 5 de abril de 2023

POR QUÉ DUELE EL AMOR (2011), DE EVA ILLOUZ. UNA EXPLICACIÓN SOCIOLÓGICA.

Los cambios en las relaciones sociales y amorosas entre seres humanos producidos en las últimas décadas son más profundos que los se hayan podido producir en los siglos anteriores. Con esta premisa, Eva Illouz emprende un análisis que se centra en lo sociológico mucho más que en lo psicológico. Salvo casos excepcionales, hasta finales del siglo XIX - y para la mayoría de la gente hasta muy entrado el siglo XX - las relaciones de pareja tenían un componente religioso y familiar que sustetaban la realidad de que eran para toda la vida, una conviencia más o menos amorosa cuya principal finalidad era traer hijos al mundo y reforzar la idea de familia que se tuviera en cada época. La llegada de libertades hasta entonces insospechadas a los países, sobre todo de Occidente, que iban profundizando en sus sistemas democráticos iban cambiando poco a poco las costumbres. El feminismo consiguió la emancipación de la mujer, que ya no tenía que someterse a las elecciones de otros a la hora de encontrar una pareja. Pero lo más importante es que se fue abriendo el campo de dichas elecciones. Las barreras en cuanto a clases sociales, que habían sido tan sólidas, fueron desmoronándose y la idea de amor romántico quedó como primer y casi único aspecto a tener en cuenta a la hora de comprometerse con una pareja. La felicidad personal tomó cuerpo frente a la idea de sacrificio y los roles tradionales dieron paso, poco a poco, a la plena igualdad entre hombre y mujer.

Hay que acercarse, por ejemplo, a los rituales de cortejo decimonónicos que describen las novelas de Jane Austen o a la literatura epistolar de la época para advertir el inmenso cambio producido. Además de que dicho cortejo se produjera en las circunstancias y dentro de la clase social adecuada, estaba bien visto que las mujeres menospreciaran las cualidades propias que debían ser ensalzadas por el hombre. Encontramos, por ejemplo, esta deliciosa carta de Mark Twain dirigida a Olivia Langdon, a quien trataba de conquistar con el largo y laborioso método propio de aquellos días:

"Por favor, no te sientas ofendida cuando te elogio, Livy, pues sé que al hacerlo sólo digo la verdad. Por fin te reconozco un defecto: te menosprecias a ti misma (...) Y aun así, ese menosprecio es una virtud y un mérito, ya que proviene de la ausencia de egoísmo, uno de los defectos más graves que hay."

Hoy día todo esto ha quedado atrás. La libertad radical de elección se traduce en su dificultad, cada vez mayor cuando el campo de posibilidades se va abriendo, hasta llegar al casi infinito actual gracias a las redes sociales, con lo cual dicha elección se vuelve cada vez más exigente y caprichosa. La industria cosmética, el cine, la literatura y la moda desplazaron la idea moral del cuerpo y la convirtieron casi exclusivamente en estética. Ahora el aspecto físico se había convertido en la más importante puerta de entrada a las relaciones amorosas y sexuales y la idea de compromiso para toda la vida se había diluido frente a la atracción sensual por el otro. Casi se podría decir que se había entrado en una especie de mercado en el que los consumidores aspiraban al ideal, al hombre o la mujer perfectos que le vendía la industria, el cual rara vez llegaba a sus vidas, por lo que la frustración pasa a ser la norma. Frente al encorsetamiento de antaño, la idea de libertad de elección goza de indudables ventajas pero tiene un efecto indesado: deja fuera del mercado a aquellos que no cuentan con el atractivo físico o las habilidades sociales suficientes para interesar al otro. Además, dispara la tasa de divorcios y separaciones. La búsqueda permanente del amor ideal y perfecto que creemos merecer - o al menos así nos lo machacan desde todas partes y de manera permanente - acaba creando inmesas frustaciones:

"El desplazamiento de las formas premodernas a las formas modernas del cortejo implica también otro desplazamiento: los ritos y significados sociales compartidos en el ámbito público (en ese universo social común al que pertenecían hombres y mujeres) dejan paso a las interacciones privadas en las que el yo es evaluado según criterios múltiples y volátiles, como el atractivo físico, la "química" emocional, la compatibilidad en los gustos y la configuración psicológica. (...) Como el valor social se ha tornado performativo (pues debe negociarse en el marco de los gustos individualizados y de los criterios individualizados de valor), el yo se encuentra frente a nuevas formas de incertidumbre. En efecto, la individualización constituye una fuente de incertidumbre porque los criterios de evaluación dejan de ser objetivos, es decir, ya no están sometidos al escrutinio de varios agentes sociales que comparten los mismos códigos sociales. En cambio, quedan sujeros a una dinámica del gusto que reviste carácter privado y subjetivo."

La llegada de internet a nuestras vidas no ha hecho sino profundizar en esta tormenta perfecta. Evidentemente, no se puede ni se debe volver al modelo anterior, pero debería haber alguna forma de racionalizar el actual, consiguiendo de alguna manera que en las relaciones primen otros valores además de los meramente estéticos. Están por estudiar con más profundidad fenómenos como las relaciones a distancia, en las que la gente se enamora primero de una imagen, luego de una voz para acabar frustándose cuando se encuentra con la persona real a la que había idealizado. Illouz incluye numerosos testimonios contemporáneos que ratifican sus principales tesis, plasmadas como siempre en un libro ambicioso, valiente y alejado de tentaciones ideológicas para centrarse en la plasmación objetiva del fenómeno que se estudia.

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