lunes, 30 de enero de 2017

INTEMPERIE (2013), DE JESÚS CARRASCO. LA TIERRA YERMA.

La infancia, que debería ser la edad dorada de todos los seres humanos, la más despreocupada, en consonancia con la inocencia de sus protagonistas, a veces resulta ser un infierno, lo que debe hacer suponer a algunos niños que esa forma de existencia es la natural en nuestro mundo, con lo cual su mirada se extravía y la crueldad pasa a ser - solo hay que ver fotos de niños-soldado - la única posibilidad de supervivencia. No es éste exactamente el caso del protagonista de Intemperie, primera e impecable novela de Jesús Carrasco, un muchacho que está huyendo de un mal indeterminado del que el lector irá teniendo noticias poco a poco.

Al leer Intemperie, no he podido evitar acordarme de otra novela de huidas desesperanzadas: La carretera, de Cormac McCarthy, otra narración que enfrenta a la inocencia con la catástrofe absoluta y que se caracteriza por su gusto por la descripción detallista de los ambientes que se van atravesando. Aquí nos encontramos básicamente ante un páramo inmenso, una tierra azotada por una interminable sequía que ni siquiera ofrece demasiados lugares donde ocultarse a un fugitivo. El niño es inteligente: ha planificado su huida y va siguiendo en sus primeros pasos su camino centímetro a centímetro: deteniéndose y escondiéndose cuando es necesario, pasando horas agazapado para burlar a sus perseguidores. Pero pronto se va a encontrar con que la tierra que pisa le es absolutamente hostil: encontrar comida y bebida se vuelve una tarea muy complicada. Solo la aparición de otro personaje, un viejo pastor de cabras, va a reactivar la esperanza en el protagonista.

La gran fortaleza de la novela de Carrasco, lo que hace que el lector siga su trama con interés es la riqueza del lenguaje que despliega el autor, haciendo uso de todo tipo de términos para describir hasta el más pequeño detalle de los parajes en los que esta transcurre, lo que la dota de cierto halo cinematográfico. La otra característica destacada es la crueldad. El autor no hace concesiones a la edad del protagonista y le hace atravesar un verdadero Calvario en pos de un destino absolutamente incierto. Respecto a las razones de la huida, el escritor extremeño va dosificando sabiamente la información de las causas, aunque deja aquí allí y allá varias pistas que luego resultan muy evidentes. Intemperie, novela poco original, pero sorprendentemente bien escrita, nos recuerda de nuevo que la vida puede ser brutal y cebarse con el más inocente.

jueves, 26 de enero de 2017

SILENCIO (1966), DE SHUSAKU ENDO (2016) Y DE MARTIN SCORSESE (2016). SIN NOTICIAS DE DIOS.

Dejo aquí el último artículo que he publicado en Astoria 21. Magnífica la película de Scorsese, a la que le falta poco para ser una obra maestra:

http://astoria21.es/critica-silencio/

martes, 24 de enero de 2017

EL CAZADOR (1978), DE MICHAEL CIMINO. UNA BALA EN LA CABEZA.

Cuando somos niños nos gusta jugar a la guerra. No por la idea de matar al prójimo, sino para sentirnos como héroes. La mentalidad infantil necesita identificarse con un modelo que resuma una especie de idea de perfección a la que se aspira. Y nada mejor que ser alguien temido y respetado al mismo tiempo, un virtuoso de la violencia, pero que solo usa ésta para impartir justicia. Así se sienten muchos jóvenes cuando son llamados a filas. En muchas ocasiones su entorno participa de este entusiasmo dando ánimos al futuro héroe, al defensor de la patria, de la familia, del modo de vida occidental. Esto hace que en muchos casos, el encuentro con la realidad del campo de batalla, con el auténtico rostro de una violencia infernal que no respeta a nadie sea un golpe demasiado amargo de digerir. 

De esto trata en parte El cazador, de la brutal pérdida de la inocencia por parte de tres amigos que parten a la guerra de Vietnam. Quizá Michael (Robert de Niro), un joven serio que busca la excelencia en todos sus actos, sea el que esté a priori más preparado para tan dura prueba. Sus otros dos amigos van a quedar desquiciados y su destino va a ser muy oscuro. Antes de la brusca inmersión en el averno de Vietnam Cimino se recrea - quizá demasiado - en un retrato costumbrista de un episodio de la vida de los jóvenes en la pequeña ciudad en la que habitan: la celebración de la boda de uno de ellos y la juerga, casi de adolescentes, que se corren para celebrarlo, además de servir también de despedida ante la inminencia de la partida hacia la guerra. Es relevante que por allí se encuentren algunos veteranos de la Segunda Guerra Mundial. Esta fue la guerra buena, de la que todo el mundo comprendía su sentido. Aunque todavía no lo saben, los jóvenes van a partir a un conflicto absolutamente impopular, cuyos veteranos van a ser, para muchos, unos auténticos apestados, unos asesinos de niños.

Las escenas bélicas se centran en el trauma de la captura de los tres amigos por el Vietcong: son obligados a participar en un juego macabro, una ruleta rusa en la que son el objeto de diversión de los enemigos, que apuestan quién será el primero en meterse una bala en el cerebro. Estos son los momentos más míticos de la película, los que se han instalado en el inconsciente colectivo. Los que querían ser héroes son vilipendiados y utilizados como meros juguetes. Los cazadores se han convertido en la presa y, aunque sobrevivan a la experiencia, su existencia jamás volverá a ser la misma. A pesar de cierta descompensación en su narrativa, del dibujo un poco difuminado de sus personajes, El cazador es una de las más hermosas obras que se han realizado acerca de la amistad. El posible sacrificio personal que asume Michael cuando vuelve a Vietnam a rescatar a su amigo es un gesto absolutamente noble. Al final, todo se ha vuelto más oscuro. Las risas, la juerga han perdido su razón de ser. Ahora, los ojos de un ciervo que está a punto de morir por mano del hombre adquieren pleno sentido.

lunes, 16 de enero de 2017

ROGUE ONE (2016), DE GARETH EDWARDS. LA MALA ESTRELLA.

Otra pequeña decepción la nueva entrega de Star Wars, aunque a diferencia de El despertar de la fuerza, Rogue One intenta adquirir una personalidad propia como película, aunque esta pretensión se ve lastrada por su evidente dependencia al argumento de Una nueva esperanza, de la que es inmediata precuela. Aquí el artículo:

http://astoria21.es/critica-rogue-one/

domingo, 15 de enero de 2017

LOS VIAJES DE SULLIVAN (1941), DE PRESTON STURGES. HOMBRE RICO, HOMBRE POBRE.

A principios de los años cuarenta los Estados Unidos vivían una época de transición. Aunque la Gran Depresión estaba quedando atrás, todavía quedaban muchos nidos de pobreza extrema en un país que poco a poco iba asumiendo su futuro papel como superpotencia mundial. Mientras tanto, en Europa, Hitler llegaba al cenit de su poder sin que las reiteradas peticiones de intervención por parte de Gran Bretaña hubieran tenido eco en el gobierno estadounidense. Tuvo que ser el ataque de Pearl Harbour lo que despertara al gigante estadounidense y pusiera a trabajar a su industria al máximo rendimiento para hacer frente al inmenso esfuerzo bélico. Paradójicamente fue la guerra lo que hizo desaparecer definitivamente el fantasma de la crisis económica, aunque desató otros fantasmas muchos más terribles.

Los viajes de Sullivan se inscribe en esa franja temporal tan peculiar, en la que los ciudadanos estadounidense se encontraban como a la expectativa de futuros acontecimientos. Aunque no hay apenas referencias a la guerra europea, sí que las hay, y constantes, a la depresión que había empezado más de una década antes. El protagonista, John Sullivan, es un privilegiado, aunque no sea muy consciente de su posición. Dedicado por entero a su profesión de cineasta, el hecho de que se le conozca principalmente como director de comedias, le hace estar alejado de la realidad cotidiana del resto del país. Jamás ha pasado hambre o necesidad. La pobreza para él es algo exótico y casi desconocido. No obstante, un buen día se le ocurre que quizá el pueblo necesite que él realice una obra que se acerque a sus problemas, una especie de documento que refleje la realidad del momento - aunque él no tenga mucha idea de en qué consiste dicha realidad - y sirva como testimonio y denuncia. El problema es que la situación es la misma que si Belén Esteban decidiera escribir un tratado sobre astrofísica: no sabe por dónde empezar. Y toma una decisión que le parece genial: vestirse como un vagabundo (dándose los oportunos retoques ante el espejo en su lujosa mansión para que todos los detalles de su disfraz sean perfectos) y lanzarse a la carretera, a la deriva, sin apenas dinero en el bolsillo para sufrir en sus propias carnes el destino de los marginados y adquirir así el necesario conocimiento que le permita inspirarse para crear su obra maestra.

Con este argumento, la película de Sturges podía haberse orientado a los terrenos del drama o la denuncia social, al estilo de Las uvas de la ira, de John Ford, pero en realidad lo que le interesa al director estadounidense es hilvanar un estupendo argumento de comedia: los malentendidos que produce en Sullivan sus encuentros con la pobreza y cómo el entorno hollywoodiense que le rodea aprovecha la ocasión para hacer publicidad de la proeza del afamado director. El experimento está a punto de convertirse en un curioso precedente de los reality shows que tanto proliferan hoy en día en nuestros televisores. A pesar de sus múltiples intentos, el protagonista, jamás va a conseguir al cien por cien su propósito. La presencia de Verónica Lake como improbable guía en el mundo de los marginados no hace sino sumar un factor más al espíritu desenfadado de la película, debido a la excelente química que existe entre ambos. Puede que no se trate de una de las mejores comedias de la historia - aunque muchos la sitúan en el podio -, pero Los viajes de Sullivan es un filme absolutamente recomendable, de esos que pueden visionarse más de una vez, porque es una de esas obras que puede interpretarse a múltiples niveles.

lunes, 9 de enero de 2017

LA BUSCA (1904), DE PÍO BAROJA. LA LUCHA POR LA VIDA.

Aunque ahora no nos demos cuenta del inmenso progreso que hemos alcanzado los españoles en las últimas décadas, basta asomarse a la novela de Baroja, que describe el Madrid de hace cien años, para advertir que la sociedad de principios del siglo XX se encontraba profundamente dividida en capas sociales, entre las que abundaban las de los miserables, que poblaban los barrios del sur de la capital, en los que centra su mirada La busca. La de Baroja es una narración que toma como excusa la evolución temporal y moral de un personaje para describir un mundo sórdido, repleto de pícaros, buscavidas e indigentes, cuya única meta era sobrevivir en el día a día. Unos intentaban practicar una vida honrada, intentando ganarse la vida con oficios de lo más humilde y muchos otros emprendían una existencia más o menos criminal, repleta de pequeños hurtos y delitos menores, que permitían una existencia algo más cómoda - o un poco más viciosa -, pero mucho más arriesgada y violenta. 

El protagonista, Manuel, llega a la capital desde un entorno rural que no le ofrece futuro alguno. En Madrid va a descubrir que ganarse el pan de cada día es insospechadamente duro. Los barrios del sur, por los que va a moverse, ofrecen un panorama todavía decimonónico, de profundo atraso, sin apenas intervención de las autoridades para aliviar tanta miseria. Todo esto lo aprovecha Baroja para ofrecer descripciones magistrales de ambientes de extrema pobreza - que sin duda debió conocer de primera mano -, como una de las viviendas, un patio de vecinos tradicional, una forma de vida hoy día idealizada por algunos, en el que habitan muchos de los personajes:

"Hallábase el patio siempre sucio; en un ángulo se levantaba un montón de trastos inservibles, cubierto de chapas de cinc; se veían telas puercas y tablas carcomidas, escombros, ladrillos, tejas y cestos: un revoltijo de mil diablos. Todas las tardes, algunas vecinas lavaban en el patio, y cuando terminaban su faena vaciaban los lebrillos en el suelo, y los grandes charcos, al secarse, dejaban manchas blancas y regueros azules del agua de añil. Solían echar también los vecinos por cualquier parte la basura, y cuando llovía, como se obturaba casi siempre la boca del sumidero, se producía una pestilencia insoportable de la corrupción del agua negra que inundaba el patio, sobre la cual nadaban hojas de col y papeles pringosos."

Entre conflictos permanentes, envidias y algún que otro gesto noble, la pequeña sociedad formada por el patio de vecinos sale adelante. Algunos de ellos deben hacerse vendedores ambulantes para sobrevivir. Baroja tiene la oportunidad de ofrecernos un magnífico retrato del rastro, una institución que ha llegado con buena salud a nuestros días:

"Había algunos de éstos con trazas de mendigos, inmóviles, somnolientos, apoyados en la pared, contemplando con indiferencia sus géneros: cuadros viejos, cromos nuevos, libros, cosas inútiles, desportilladas, sucias, convencidos de que nadie mercaría lo que ellos mostraban al público. Otros gesticulaban, discutían con los compradores; algunas viejas horribles y atezadas, con sombreros de paja grandes en la cabeza, las manos negras, los brazos en jarra, la desvergüenza pronta a salir del labio, chillaban como cotorras."

En realidad Manuel se nos muestra como un ser más bien pasivo, que se deja llevar por los acontecimientos sin quejarse demasiado, aceptando en cada momento las situaciones que la vida le impone, aunque poco a poco va intuyendo que algún día tendrá que tomar decisiones importantes: si va a seguir la vida fácil del criminal, a la que le animan sus amigos o va a intentar dar el salto a una existencia más respetable y estable, saliendo de la trampa vital que le impusieron sus humildísimos orígenes. Se puede decir que la formación del protagonista ha tocado todos los ángulos y estratos de la miseria madrileña. Ahora solo cabe subir peldaño a peldaño una empinada escalera que le llevará a un destino incierto, pero que no puede ser peor que lo ya experimentado, una evolución que se verá en el resto de novelas que conforman la trilogía.

Para terminar, no puedo resistirme a dejar aquí este párrafo, la descripción de un desagradable lance taurino que hace que Manuel salga de la plaza de toros asqueado, después de haber sido invitado por el ser que más odia en el mundo: 

"Los monosabios acercaron el caballo al toro. Éste, de pronto, se acercó: el picador le aplicó la punta de su lanza, el toro embistió y levantó al caballo en el aire. Cayó el jinete al suelo, y lo cogieron en seguida; el caballo trató de levantarse, con todos sus intestinos sangrientos fuera, pisó sus entrañas con los cascos y, agitando las piernas, cayó convulsivamente al suelo."

Leer a Baroja nos enfrenta, como sucede con Galdós, con nuestro pasado, con la realidad de un país construído sobre la miseria más extrema. En este sentido, La busca es, además de una novela plenamente realista, una auténtica lección de historia.  

jueves, 5 de enero de 2017

CLUBES DE LECTURA EN MÁLAGA EN ENERO. LOS OJOS DE UN PERRO.

Por mi trabajo recorro constantemente el interior de Andalucía. En esta época, después de las lluvias del mes pasado, son paisajes preciosos, de un verde casi norteño. Y entonces suelo ver alguno. Caminando solitarios, componen la estampa más triste del mundo. La mayoría huye cuando te ven venir. Alguno se queda mirando a una distancia prudencial, con la esperanza de que pares el vehículo y lo llames. Los hay que todavía conservan un buen aspecto, por haber sido abandonados recientemente, pero la mayoría exhiben una figura absolutamente derrotada. Algún galgo he llegado a ver que ya no podía apenas caminar. En un país que se dice civilizado sigue produciéndose esta barbarie que no puede ser denunciada por sus principales víctimas, aunque es cierto que la mirada de un perro abandonado, que quizá también arrastra una historia de maltratos, resulta mucho más elocuente que el mejor de los discursos. Por eso hay que aplaudir la iniciativa de la Biblioteca Municipal de Churriana, que cada año organiza por estas fechas un mercadillo solidario de libros, a beneficio de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Málaga, un santuario en el que se salva a un gran número de estos animales, algunos de los cuales, los más afortunados, acaban encontrando una familia que los acoge. Sé que mis palabras llegan un poco tarde, puesto que hoy era el último día de celebración, pero mi intención es felicitar a la Biblioteca y animar a que se sigan organizándose eventos como éste. Los libros y los perros tienen algo en común: ambos son transmisores de bondad y sabiduría.

Como de costumbre, los clubes que se celebran este mes, pueden encontrarlos en la columna de la derecha.