sábado, 20 de diciembre de 2025

MELANCOLÍA DE LA RESISTENCIA (1989) DE LÁSZLÓ KRASZAHORKAI Y ARMONÍAS DE WECKMEISTER (2000), DE BÉLA TARR Y ÁGNES HRANIZKY. LA PAVOROSA REVOLUCIÓN.

Ya el prólogo de Melancolía de la resistencia, la escena del tren, condensa el espíritu de la novela: una de las habitantes de la ciudad viaja hacia ella en un ambiente terriblemente decadente, lleno de personas resignadas al mal funcionamiento de la vía férrea. Además, la mujer percibe cierta hostilidad en el ambiente que va a materializarse en una escena muy desagradable cuando acuda a los baños del vagón. Todo esto nos prepara para el verdadero corazón del libro, cuyo personaje central va a ser Valuska, el hijo de esta mujer. 

Valuska ante todo tiene el rol de testigo de unos hechos terribles que van a ser el eje de la narración. Se trata de un muchacho muy sensible que posee la inocencia de un niño, alguien que cuenta todavía con una gran capacidad de asombro, pero también alguien muy pasivo, sin ambiciones y sin capacidad alguna de cambiar las cosas. La llegada de un circo a la ciudad, cuya principal atracción es el enorme cadáver de una ballena va a convertirse en la semilla de una revolución tan violenta como falta de sentido, una revolución que va a culminar con la terrible escena del asalto a un hospital. Frente a esto, la única voz lúcida parece ser la del señor Eszter, un intelectual que vive solo para la reflexión y que se aisla voluntariamente del resto rodeado de sus libros. Si alguien intuye lo que está pasando, es él, pero se trata de la persona menos adecuada para actuar, pues parece interesarle el resto del mundo solo como análisis intelectual, no como realidad que deba ser mejorada, ya que su extrema lucidez le hace descartar la acción:

"Hemos fracasado plenamente en la acción, en el pensamiento y la imaginación, pero también en el lamentable afán por comprender las causas; hemos vendido a precio de saldo a Dios nuestro Señor, hemos perdido, jugando, el respeto al rango y a la dignidad, y hemos decidido no mantener la noble superstición de la eterna medida, que siempre había determinado nuestro peso a través de la distancia respecto a los ancestrales diez mandamientos... podemos afirmar, pues, que hemos salido malparados, miserablemente malparados en un universo en que, con toda probabilidad, pintaremos cada vez menos. Los hombres (...) hablan de terremotos y del juicio universal, porque no saben que no habrá ni terromoto ni juicio universal... Estos son absolutamente superfluos, porque todo se vendrá abajo por si solo, se vendrá abajo para que todo empiece de nuevo, y la cosa seguirá así sin parar, porque es así, sin duda (...) es como nuestra inútil rotación en el espacio: una vez empezada, no hay manera de pararla."

Un discurso coherente, pero contemplativo. Los que sí actúan son los oportunistas, como su exmujer, que aprovehan el desorden, que quizá han provocado ellos mismos, para instaurar un régimen nuevo que promete orden sin libertades, puesto que las libertades son peligrosas para el mismo. Sin duda Melancolía de la resistencia está influido por los acontecimientos que estaban sucediendo en Hungría en la época en la que fue escrito. Aquí lo presuntamente revolucionario deviene en un vacío producto de una descomposición tan enorme como el cadáver de la ballena. 

La versión cinematográfica respeta absolutamente el espíritu de la novela mostrando el ambiente decadente y terrorífico que es característica de la misma, aunque lo dota de un singular lirismo en algunas escenas, que es acentuado por la música. Armonías de Weckmeister parece querer trasladar a la pantalla esas frases interminables de Kraszahorkai, que constituyen todo un reto para cualquier lector. En ambas, novela y película, se acentúa la estupidez primordial del ser humano, su incapacidad, precisamente, para establecer una sociedad armónica que equilibre los intereses de todos sus habitantes, quizá también porque la naturaleza, no solo la humana, va a oponer siempre obstáculos insalvables para ello. Es el fin de la era de las utopías y la adaptación obligada a la fría realidad.

P: 7

domingo, 14 de diciembre de 2025

EL TESORO DE SIERRA MADRE (1948), DE JOHN HUSTON.

Película ejemplar e innovadora en muchos aspectos, El tesoro de Sierra Madre es una película de aventuras protagonizada por los tres mejores anti-héroes del cine. El personaje de Bogart, Fred Dobbs aparece como un tipo perdedor que anda vagabundeando por México sin oficio ni beneficio. Conocerá a otro americano, Bob Curtin, a los que se unirá el veterano Howard, que les propondrá probar suerte en las montañas en la búsqueda de oro. La búsqueda de riqueza actúa aquí como un catalizador moral responsable de los distintos comportamientos de los personajes. Dobbs es un tipo desconfiado y paranoico que acaba siendo repulsivo, ya que es incapaz de apreciar a sus compañeros, ni siquiera cuando le salvan la vida. Curtin es un tipo decente, pero también movido por la ambición de una riqueza rápida y capaz de plantearse el asesinato si aparece alguien que pueda poner en peligro sus planes. Howard es el alma del trío, un tipo que ya ha vivido mucho y que conoce al dedillo el oficio de buscador de oro y los peligros - físicos y morales - que conlleva. Es el maestro de los otros dos, pero comprende que las circunstancias de la búsqueda tienen que ver también con el concepto de fortuna: no solo basta con encontrar una veta de oro, también hay que gestionar de manera inteligente el reparto de la misma y saber cuándo parar. En este sentido El tesoro de Sierra Madre es una película inolvidable por el comportamiento de los personajes, muy alejado de lo que se esperaba en unas estrellas de Hollywood, especialmente en el caso de Bogart. Su Dobbs, al igual que el de la novela, se volverá especialmente repulsivo y pagará un alto precio por ello. El final del filme es plenamente coherente con la moral perdedora - con leves esperanzas de redención en algunos momentos - que ha estado presente en todo su metraje, metraje que, por otra parte, se ha movido a un ritmo ejemplar, factores todos que logran que esta película sea una obra maestra única. 

P: 10

CAZA DE BRUJAS (2025), DE LUCA GUADAGNINO.

Película directamente derivada de los excesos del Me Too (curiosamente estamos viviendo un fenómeno así en España en el lugar dónde menos podía pensarse), Caza de brujas es una película cuyo mensaje moral se manteniene deliberadamente ambiguo durante todo el metraje. La historia sucede en un entorno universitario en el que se acusa a un profesor de agresor sexual, aunque no hay pruebas claras al respecto. Evidentemente, dichas acusaciones son un torpedo en la línea de flotación del personaje, que pronto es expulsado provisionalmente del ámbito académico y señalado por mil rumores. El profesor Gibson es joven y alguien muy cercano - quizá demasiado para algunos - a sus estudiantes, pero se toma la acusación como algo personal, no puede soportar la ansiedad de que se apliquen los protocolos y se desquicia. Este comportamiento refuerza el mensaje ambiguo de la película: no tenemos información clara acerca de si el personaje es culpable o no, pero su comportamiento agresivo (que podría ser lógico si está enfrentándose a una denuncia falsa) refuerza la impresión de que podría ser culpable. Además, se trata de un tipo arrogante, con una clara impresión de superioridad cultural sobre el resto que refuerza su aislamiento ante una circunstancia así. El personaje de Julia Roberts, una profesora un poco hastiada del ambiente académico, pero que tenía una buena relación con Gibson se encuentra en una posición muy complicada: sus simpatías pueden estar con el acusado, pero también comprende que debe atender a la presunta víctima, por lo que debe actuar como representante de la Universidad y actuar en consencuencia, máxime cuando recuerdos del pasado la golpean. Con todo este argumento Caza de brujas podría haber sido una obra tan consistente y perturbadora como La caza, de Thomas Vintenberg, pero las decisiones que toma Guadagnino a la hora de contar la historia (con personajes tan absurdos y fuera de la historia que se está contando como el marido del personaje de Julia Roberts), la enrevesan en exceso y hacen que el espectador pierda el hilo en ocasiones. Con todo, es innegable que esta obra es hija de un tiempo tan confuso moralmente como el nuestro, por lo que su visionado cuenta con indudables puntos de interés.

P: 5

sábado, 13 de diciembre de 2025

LA ERA DE HITLER (2025), DE ALEC RYRIE. UN REFERENTE INMORAL.

Hasta la Segunda Guerra Mundial, Jesucristo fue el gran referente ético, al menos en occidente. Mucha gente era creyente, o al menos fingía serlo y el ideal moral se encontraba en las enseñanzas de los Evangelios. La llegada de Hitler al poder y su posterior agresión bélica cambió la percepción de la brújula moral y el dictador alemán pasó a ser el sumun de la maldad, el señor de la guerra genocida con el que se ha comparado posteriormente a otros dirigentes. A partir de aquí, los instintos éticos de buena parte de la Humanidad siempre hacían referencia a Hitler aunque, a diferencia de Jesús, él lo hacía de modo negativo. Llamar a alguien "nazi" se convirtió en el peor de los insultos y no cabía duda de que la guerra contra Alemania había sido un conflicto moralmente justo, a pesar de los excesos en los que pudieron incurrir los Aliados. También, hasta ahora, ha habido consenso respecto al rechazo al antisemitismo. La tesis de Ryrie es que, como diría Bob Dylan, los tiempos están cambiando y muchos tabúes éticos se están viniendo abajo:

"Durante gran parte de mi vida, en el ámbito público ha existido un silogismo que casi todos aceptaban: el nazismo es decididamente malo: los nazis odiaban a los judíos; en consecuencia el antisemitismo es tabú. De hecho, es preferible pecar por exceso e incurrir en un ligero filosemitismo, aunque a veces se haga con cierta torpeza."

Como sabemos, este consenso se ha roto, sobre todo en los últimos tiempos en los que no pocas voces califican a los propios israelíes como genocidas contra el pueblo palestino. Ahora, con la llegada de millones de inmigrantes a países europeos, el nazismo pugna con fenómenos históricos como el imperialismo o la trata de esclavos como mal histórico absoluto. La mitología de la lucha contra Hitler le ha venido muy bien hasta ahora a Europa para construir un relato histórico de batalla contra la opresión, que sirvió muy bien en tiempos de la Guerra Fría, pero parece que ha llegado el momento para Occidente de enfrentar otros fantasmas del pasado en los que no sale tan bien parado. Esta falta de consenso de los últimos años ha derivado en una creciente polarización política que a su vez puede ser denominada como "guerra cultural": la izquierda más radical y la derecha más tradicional ofrecen visiones del mundo antagónicas que el autor quisiera reconciliar en unos consensos morales mínimos que permitieran hacer cambiar a unos políticos que cada vez trabajan menos por los intereses de los ciudadanos, centrándose más en reforzar sus trincheras culturales.

Existe un capítulo muy interesante en el libro en el que se plantea si es bueno tomar como referente el esfuerzo bélico que hubo que realizar para parar a Hitler comparándolo con situaciones actuales, como la agresión de Putin a Ucrania. ¿La Segunda Guerra Mundial es un ejemplo moral tan puro que debe ser tomado como medida absoluta para situaciones que apreciamos como semejantes a aquella? Ryrie expresa sus dudas al respecto. También el apaciguamiento puede funcionar a veces y evita muertes innecesarias, aunque este es un debate deliberadamente polémico, como lo son buena parte de las tesis que Alec Ryrie expone en este libro que tiene la virtud de presentar unas tesis muy debatibles.

lunes, 8 de diciembre de 2025

METRONOM (2022), DE ALEXANDRU BELC.

La película comienza con las imágenes de un monumento de piedra dedicado a glosar las hazañas comunistas, una especie de metáfora de la sociedad petrificada que era la Rumanía de los años setenta. Los protagonistas de Metronom son adolescentes que quieren contar con un pequeño espacio de libertad y rebeldía en esta asfixiante realidad. Por eso se reunen de forma clandestina para hacer algo que puede ser muy inocente para un ciudadano occidental, pero resulta una actividad subversiva para el régimen comunista: escuchar Metronom, un programa consagrado a la música rock emitido por Radio Free Europe. Mientras lo escuchan y bailan al ritmo de The Doors sienten que hay mundo ahí fuera en el que cada cual puede pensar por sí mismo, un mundo más allá del miedo presente en la vida cotidiana. Tanto es su entusiasmo, que escriben una carta colectiva que intentarán hacer llegar al presentador del programa. Esta carta será un elemento incriminatorio más cuando la Securitate, la temida policía secreta de Ceauçescu, irrumpa en la reunión y detenga a todos los jóvenes para someterlos a un temible y humillante interrogatorio que incluye una obligatoria y detallada confesión completa por escrito. Todo esto lo contemplamos a través de los ojos de Ana, una adolescente en pleno despertar sexual que intenta resistirse a acusar a sus compañeros y cuya pequeña rebeldía hace que caiga sobre ella todo el brutal peso del Estado. La película de Belc consigue transmitir todo el horror de vivir en un régimen totalitario que quiere controlar las vidas y los pensamientos de sus ciudadanos y que reprime cualquier leve disidencia de la manera más contundente. Contemplando sus imágenes podemos equiparar perfectamente a un régimen comunista con uno fascista. A pesar de sus diferentes discursos, las consecuencias represivas para sus ciudanos son parecidas, por eso en ambos casos lo que más teme el Régimen es el contacto con ideas (aunque sea solo música) del exterior que hagan advertir por contraste, de la podredumbre de la existencia cotidiana.

P: 8

LOS HERMANOS MARX EN EL OESTE (1940), DE EDWARD BUZZELL.

Hasta ahora creía que Winston Churchill se encontraba viendo esta película la noche que le avisaron de que Rudolf Hess había aterrizado en paracaídas en suelo británico, pero ChatGPT me asegura que eso es un mito, que se encontraba trabajando con sus colaboradores. Sea o no un mito, la anécdota es una buena metáfora del servicio que podían realizar las realizaciones que protagonizaban los hermanos Marx para relajar los ánimos en tiempo de guerra. En esta ocasión se dedican a paradiar las películas del oeste y, aunque no sea una de sus mejores comedias, ésta contiene una serie de momentos que se quedan para siempre en la memoria del espectador. En mi caso, llevaba décadas sin verla, pero recordaba perfectamente todos y cada uno de los geniales gags, como el de la estafa en la Estación, o el de la pistola-cepillo, así como del memorable final en el tren, con ese grito de ánimo que ha perdurado y todavía se sigue utilizando: "¡Más madera!" El mundo de los hermanos Marx oscila entre lo absurdo y la parodia de lo real. Aunque sus argumentos generalmente tienen que ver con derrotar a unos malvados (en este caso a un sheriff y sus secuaces, que quieren estafar a un hombre honrado), lo más importante en realidad es contemplar el caos y la destrucción que van sembrando por donde pasan. Es un mundo anárquico en el que ellos se mueven como pez en el agua, pues su lógica es muy distinta a la del mundo real, así que lo que reina en el mismo es un humor tan absurdo como genial.

P: 7

sábado, 6 de diciembre de 2025

ESTO NO EXISTE (2025), DE JUAN SOTO IVARS. LAS DENUNCIAS FALSAS EN VIOLENCIA DE GÉNERO.

Hace ya más de veinte años que en nuestro país se encuentra vigente la Ley de violencia de género. Una ley que nació con el loable propósito de defender a las mujeres de lo que se define como una lacra, las agresiones y asesinatos por parte de la parte masculina de la pareja o expareja. Esto motivó que se modificase el código penal y se dispusieran penas diferentes por el mismo delito según su autor fuera hombre o mujer. Aunque ya pocos lo recuerdan, la nueva ley generó bastante polémica en su momento, polémica también protagonizada por jueces progresistas, que la estimaban inconstitucional, incompatible con el artículo 14 de nuestra Carta Magna. Además, pensaban que de algún modo infantilizaba a las mujeres y las consagraba como el sexo débil de la relación, además de no garantizar plenamente la presunción de inocencia del denunciado.

Estas voces disidentes fueron pronto silenciadas. El Tribunal Constitucional declaró su constitucionalidad y, a partir de entonces, cualquier crítica a la ley empezará a ser tildada de peligrosa para los derechos de las mujeres y de negacionista acerca de la existencia de la violencia de género. Juan Soto Ivars cuenta que, antes de emprender el proyecto de escritura de este libro, no fueron pocas las voces amigas que le advirtieron de que se iba a meter en problemas al publicar un ensayo de esta naturaleza, que cuestiona de manera muy argumentada el discurso oficial. Lo cierto es que las denuncias falsas sí que existen y no son un número irrisorio de las mismas, tal y como mantiene año tras año la Fiscalía General del Estado en las estadísticas que publica. Esto se debe es que la Fiscalía no investiga de oficio las denuncias con evidencias de falsedad, sino que absuelve al acusado y archiva los procedimientos. Entonces, la pregunta que habría que hacerse no es cuántas denuncias son falsas, sino cuántas son verdaderas. Examinando con atención esas estadísticas, muchos se llevarán una sorpresa, ya que la narrativa oficial machaca continuamente con el relato de que no existen mujeres que denuncien por intereses propios. Por ejemplo, para obtener ventajas inmediatas en un proceso de divorcio conflictivo. 

Lo único que sucede es que en un país tan políticamente polarizado como el nuestro es extremadamente difícil establecer un debate sereno y con argumentos acerca de los beneficios y los daños que han producido veinte años de aplicación de esta ley. Cualquiera que critique públicamente una sola coma de la misma será tachado de negacionista, ultraderechista y de poner en peligro la vida de las mujeres. El autor ha podido comprobar las pasiones que suscita este debate con los intentos de boicot que ha sufrido su presentación en Sevilla. Lejos de querer debatir, los defensores de que las cosas permanezcan igual insultan a cualquiera que ponga en cuestión sus postulados, aunque la violencia de género siga contando con unas cifras similares año tras año y cada vez sean mayores las cifras de hombres acusados en falso que son obligados a pasar una o más noches en el calabozo. El autor, que en ningún momento niega la existencia del fenómeno de la violencia de género, sostiene que la situación actual perjudica igualmente a las auténticas víctimas, que en muchas ocasiones no pueden acceder a los recursos que necesitan urgentemente por saturación de denuncias. Las otras perjudicadas son las parejas actuales o las madres de los hombres denunciados, que ven como empieza a pesar sobre ellos el estigma de ser maltratadores. No sería extraño que las abultadas cifras de suicidio masculino en España tengan que ver con ello, pero no existen estudios fiables que puedan certificar esta relación.

Los argumentos que expone Esto no existe se basan en numerosos testimonios bien acreditados y en el estudio de casos famosos como el de Juana Rivas. En su delirio y en su afán de rizar cada vez más el rizo, la izquierda comete excesos como considerar en algunas declaraciones que todos los hombres son potenciales violadores o promover el término violencia vicaria, por el cual, en una relación de pareja, la única parte capaz de hacer daño a los menores para hacer sufrir a la otra es el hombre. Evidentemente, el libro de Soto Ivars no es ciencia, se trata meramente de una concienzuda investigación periodística que saca una serie de conclusiones acerca de las cuales sería urgente debatir. Lo más curioso de todo esto es que, en la vorágine actual de noticias que se devoran unas a otras, estamos descubriendo que los máximos defensores de esta ley, quienes se proclaman máximos protectores de los derechos de las mujeres, tratan de dilatar, cuando no de ocultar, los casos de acoso cuando ocurren en su propia casa, tal y como sucedió con el asunto de Íñigo Errejón. Una hipocresía que está delante de los ojos de cualquier ciudadano que quiera mirar la actualidad de una manera objetiva y que debería tener consecuencias políticas para sus promotores.