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domingo, 14 de diciembre de 2025

EL TESORO DE SIERRA MADRE (1948), DE JOHN HUSTON.

Película ejemplar e innovadora en muchos aspectos, El tesoro de Sierra Madre es una película de aventuras protagonizada por los tres mejores anti-héroes del cine. El personaje de Bogart, Fred Dobbs aparece como un tipo perdedor que anda vagabundeando por México sin oficio ni beneficio. Conocerá a otro americano, Bob Curtin, a los que se unirá el veterano Howard, que les propondrá probar suerte en las montañas en la búsqueda de oro. La búsqueda de riqueza actúa aquí como un catalizador moral responsable de los distintos comportamientos de los personajes. Dobbs es un tipo desconfiado y paranoico que acaba siendo repulsivo, ya que es incapaz de apreciar a sus compañeros, ni siquiera cuando le salvan la vida. Curtin es un tipo decente, pero también movido por la ambición de una riqueza rápida y capaz de plantearse el asesinato si aparece alguien que pueda poner en peligro sus planes. Howard es el alma del trío, un tipo que ya ha vivido mucho y que conoce al dedillo el oficio de buscador de oro y los peligros - físicos y morales - que conlleva. Es el maestro de los otros dos, pero comprende que las circunstancias de la búsqueda tienen que ver también con el concepto de fortuna: no solo basta con encontrar una veta de oro, también hay que gestionar de manera inteligente el reparto de la misma y saber cuándo parar. En este sentido El tesoro de Sierra Madre es una película inolvidable por el comportamiento de los personajes, muy alejado de lo que se esperaba en unas estrellas de Hollywood, especialmente en el caso de Bogart. Su Dobbs, al igual que el de la novela, se volverá especialmente repulsivo y pagará un alto precio por ello. El final del filme es plenamente coherente con la moral perdedora - con leves esperanzas de redención en algunos momentos - que ha estado presente en todo su metraje, metraje que, por otra parte, se ha movido a un ritmo ejemplar, factores todos que logran que esta película sea una obra maestra única. 

P: 10

sábado, 23 de diciembre de 2023

LA JUNGLA DE ASFALTO (1950), DE JOHN HUSTON.

Basándose en una espléndida novela de W.R. Burnett, Huston filma esta ejemplar muestra de género negro que retrata a unos perdedores que habitan una ciudad inhóspita. Y es tan opresivo el clima de esa ciudad que el primero de los protagonistas que conocemos, el duro pero en el fondo noble Dix, suspira por volver al rancho de caballos de la infancia, donde la vida es más simple y el trabajo tiene sentido. La trama de La jungla de asfalto nos lleva a la clásica idea del atraco perfecto en el que todo acaba saliendo mal debido a que los personajes no pueden desprenderse del sino de fatalidad que llevan como una carga desde su nacimiento. Todos los personajes están retratados con pinceladas muy precisas, destacando el cerebro del plan, un hombre maduro y elegante, recién salido de la cárcel, que admite que él, como todo el mundo, trabaja para pagarse sus vicios y precisamente la búsqueda de un placer efímero será su perdición final. Obra maestra del cine, La jungla de asfalto es una obra canónica de uno de sus grandes géneros, una historia muy humana, que retrata al hombre y sus imperfecciones, en la que el espectador simpatiza con esos perdedores que solo quieren tener la oportunidad de alejarse de la desazón urbana que padecen.

P: 10

domingo, 8 de julio de 2012

FREUD, PASIÓN SECRETA (1962), DE JOHN HUSTON. UN MÉTODO PELIGROSO.


Para que la ciencia avance, para que abra nuevos e insospechados caminos, tienen que darse ciertas circunstancias. La primera y más importante es que los gobernantes fomenten, o al menos no obstaculicen, el progreso científico. Cuando las supersticiones religiosas invaden la existencia, esto no es posible. Muchos innovadores que se atrevieron a pensar de manera independiente acabaron en la hoguera. Afortunadamente, este no fue el caso de Freud. Sus teorías podían provocar el escándalo o aún la risa de sus colegas, pero nunca se le impidió seguir con sus investigaciones. Como bien cuenta Stefan Zweig, la Viena anterior a la Primera Guerra Mundial fue un paraíso para las artes y la ciencia. Los tambores de guerra llevaron de nuevo la irracionalidad a centroeuropa. El periodo de entreguerras fue un espejismo, puesto que el antisemitismo y la conquista nazi acabaron con todo atisbo de la Viena esplendorosa de finales del XIX.


El comienzo de la película ya nos predispone hacia un determinado estado de ánimo: los descubrimientos científicos no siempre son complacientes con el orgullo del ser humano. Copérnico estableció que la Tierra no era el centro del universo, Darwin probó que el ser humano no era más que un animal evolucionado y Freud concluyó que el hombre ni siquiera era dueño de la totalidad de sus procesos mentales, un descubrimiento éste que, a pesar de haberse realizado en un clima cultural favorable. Aquí Freud es todavía un joven e inseguro médico que, fascinado por los métodos de hipnosis practicados en Francia por Charcot, comienza a investigar la neurosis, la enfermedad maldita que en la Edad Media se había asociado a la brujería y en aquellos años se estimaba propia de farsantes. Su investigación le va a ir ofreciendo resultados tan sorprendentes como inquientantes: la vida del ser humano no termina en sus pensamientos conscientes, sino que existen experiencias reprimidas, en muchos casos traumáticas, que hay que dejar aflorar para permitir la curación del paciente. El hecho de que casi todas ellas, según concluyó Freud, tengan que ver con la sexualidad, causó un gran escándalo en la comunidad científica, en una época en la que, pese a los avances sociales, el sexo seguía siendo un tema tabú.


Montgomery Clift da vida a un Sigmund Freud genial, curioso y atormentado , porque en el curso de sus investigaciones descubre que él mismo es víctima de experiencias reprimidas. Las imágenes de sus sueños aportan ese halo de misterio e incluso de terror que podemos atisbar cuando intentamos mirar con cierta profundidad al interior de nosotros mismos. A partir de aquí el ser humano tiene que enfrentar una nueva realidad: no somos lo que creemos ser, existen impulsos naturales que deben reprimirse para lograr una vida social razonable. Muchos de los descubrimientos de Freud se han visto superados posteriormente por otros investigadores, pero es indudable que la importancia del médico vienés como explorador de una demarcación del ser humano tan fascinante como perturbadora, le hace merecedor  de un puesto de honor en la historia de la ciencia, con el mérito añadido de que sus escritos constituyen una experiencia, tanto literaria como científica, de primer orden.

miércoles, 9 de junio de 2010

LOS QUE NO PERDONAN (1960), DE JOHN HUSTON. FAMILIA Y RACISMO.


John Huston es sin lugar a dudas, uno de los grandes, a pesar de algunos tropiezos al final de su carrera, y no solo por sus obras más conocidas como "El halcón maltés" o "El hombre que pudo reinar", sino también por pequeñas joyas más ocultas como ésta.

"Los que no perdonan" cuenta una historia de familia y racismo, enmarcada en los tiempos de los pioneros del oeste americano. Audrey Hepburn interpreta a una muchacha que se ha criado en una familia de colonos blancos sin conocer sus auténticos orígenes. La revelación de su procedencia india va a desatar una auténtica orgía de violencia y pasiones desatadas. En este caso una persona querida se transforma de la noche a la mañana en el enemigo, sin importar la educación que ha recibido.

Una buena fotografía y realización, magníficos actores, sobre todo un Burt Lancaster atormentado durante todo el metraje por sentimientos contradictorios que transmite muy bien en pantalla y una hermosa reflexión acerca del racismo. Los colonos no tienen suficiente con arrebatarle su tierra a los indios, sino que también se dedican a odiarles por haber intentado defender lo que es suyo. El entendimiento entre dos culturas tan diferentes es imposible y se ve claramente en la escena en la que, tras haber confirmado su origen, dos indios en son de paz visitan a la familia Zachary para intentar comprar a su hija.

Curioso el hecho de que la familia cristiana rechace con tanta facilidad a alguien que se ha criado entre ellos por el mero hecho de un nacimiento equivocado, como si por ello la muchacha llevara inscrita en la frente desde ese momento la señal de Caín.