domingo, 5 de abril de 2026

SOLO EL CIELO LO SABE (1955), DE DOUGLAS SIRK.

Cary Scott es una viuda todavía joven, una mujer adinerada que, con una envidable posición social (sin ser inmensamente rica) está plenamente integrada en la alta sociedad de la pequeña localidad de Stoningham. El romance que comienza con el jardinero, un poco más joven que ella, es un asunto delicado que puede dar lugar a maliciosas habladurías en sus círculos sociales. Desde el primer momento Ron Kirby, un seguidor de las ideas de Thoreau, demuestra que tiene una filosofía de vida opuesta a la que Cary ha conocido toda su vida. Se trata de un tipo sencillo que no necesita nada superfluo, le basta con reformar un viejo molino que le pertenece para construir un hermoso hogar en el que vivir su historia de amor. Cary intenta adoptar esta forma de pensar, pero la oposición de los que se llaman sus amigos y, sobre todo, de sus hijos, resulta demasiado para ella, una mujer que no está preparada para una ruptura tan radical con su forma de vida. Nadie como Douglas Sirk hubiera sido capaz de mostrar de forma tan magistral la hipocresía de toda una clase social, que no admite entre ellos al que considera un sirviente, alguien de categoría inferior que sin duda tiene intenciones de aprovechar el romance para enriquecerse. La película muestra el contraste entre una vida tranquila y sin pretensiones materiales en plena naturaleza y el vacío de una existencia dedicada a reforzar el propio estatus social. Sus dos protagonistas están magníficos y transmiten una química perfecta en una historia que se cuenta de manera precisa en solo hora y media, muy lejos de los extendidos metrajes actuales. Toda una joya que, aunque muestra los prejucios de una época, sigue transmitiendo valores a los espectadores actuales.

P: 9

No hay comentarios:

Publicar un comentario