miércoles, 31 de diciembre de 2014

LOS MEJORES OCHENTA LIBROS QUE LEÍ EN 2014.

Mi encuentro con el libro que encabeza la lista este año fue un auténtico flechazo. Estaba en una de las estanterías de uno de esos muebles viejos que sirven para exhibir libros de los que casi nadie quiere, en uno de esos locales de barrio que albergan rastros benéficos, junto a un montón de volúmenes muy gastados, de los años sesenta y setenta, que languidecían llenos de polvo. Los españoles, de Bartolomé Bennasar destacaba entre todos ellos: un sólido volumen de tapa dura, editado por Círculo de Lectores hace veinticinco años, pero que se conservaba nuevo, con su plástico. El pago de un euro, junto con otro libro de Stephen Jay Gould, me dio acceso a un obra única, el apasionado estudio de un hispanista que observa, con los ojos del forastero que conoce bien nuestro país, pero puede seguir mirándonos de manera objetiva, el devenir histórico que nos ha conformado tal y como somos. Una lectura gozosa, la que mejores recuerdos me trae de este año, quizá porque me abrió los ojos a muchos aspectos de nuestra realidad que están delante nuestro, pero en los que no solemos reparar.

Es curioso, pero recordando los libros a los que me he ido acercando en el devenir de los meses, puedo evocar ciertos momentos como si estuvieran transcurriendo ahora mismo: los apasionados debates, las presentaciones de libros, las lecturas al aire libre, tomando café o en casa, las realizadas de novelas de amigos, las que hice apresuradamente para preparar el día contra la homofobia... Uno puede reconstruir su entera biografía de un año a través de la letra impresa, viviendo las vidas de otros o aprendiendo lo insospechado. Solo me queda desearles muy feliz año 2015. Que su realidad sea tan rica y apasionante como la de los libros y, si no llega a serlo, que al menos lo sea mientras estamos inmersos entre las páginas de una buena novela o ensayo. 

1.- Los españoles. Actitudes y mentalidad del siglo XV al XIX, de Bartolomé Bennassar.
2.- El nombre de la rosa, de Umberto Eco.
3.- La barraca, de Vicente Blasco Ibáñez.
4.- Che Guevara, una vida revolucionaria, de Jon Lee Anderson. 
5.- Dios no es bueno, de Christopher Hitchens. 
6.- El cuento de la criada, de Margaret Atwood.
7.- El príncipe destronado, de Miguel Delibes.
8.- Un silencio inquietante, de Paul Davies.
9.- Un espejo lejano. El calamitoso siglo XIV, de Barbara Tuchman.
10.- La civilización del espectáculo, de Mario Vargas Llosa.
11.- Historia de un alemán, de Sebastian Haffner.
12.- La Historia del Arte, de Ernst H. Gombrich.
13.- La conquista social de la Tierra, de Edward O. Wilson.
14.- La retirada, de Michael Jones.
15.- Antología, de Juan Luis Panero.
16.- Romper el hechizo, de Daniel Dennett.
17.- La guerra de los mundos, de Herbert George Welles.
18.- Sociofobia, de César Rendueles.
19.- La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares.
20.- Sobre la felicidad, de Lucio Anneo Séneca.
21.- La última tentación de Cristo, de Nikos Kazantzakis.
22.- En la orilla, de Rafael Chirbes.
23.- Nada, de Janne Teller.
24.- Cosmos, de Carl Sagan.
25.- Artículos, de Mariano José de Larra.
26.- Confesiones, de Agustín de Hipona.
27.- La mujer justa, de Sándor Márai.
28.- Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut.
29.- El mono desnudo, de Desmond Morris.
30.- 14, de Jean Echenoz.
31.- Utopía, historia de una idea, de Gregory Claeys.
32.- Justicia, de Michael J. Sandel.
33.- Rojo y negro, de Stendhal.
34.- La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq.
35.- El viaje al poder de la mente, de Eduardo Punset.
36.- En defensa de la intolerancia, de Slavoj Zizek.
37.- La caverna, de José Saramago.
38.- Adolfo Suárez, ambición y destino, de Gregorio Morán.
39.- Opìniones de un payaso, de Heinrich Böll.
40.- Amor, pobreza y guerra, de Christopher Hitchens.
41.- 1914-1918, Historia de la Primera Guerra Mundial, de David Stevenson.  
42.- Superficiales, de Nicholas Carr.
43.- Todo lo que se llevó el diablo, de Javier Pérez Andújar.
43.- El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl.
44.- Doce cuentos peregrinos, de Gabriel García Márquez.
45.- La religiosa, de Denis Diderot.
46.- Rarología, de Richard Wiseman
47.- Los hombres del triángulo rosa, de Heinz Heger.
48.- Orlando, de Virginia Woolf.
49.- Destejiendo el arco iris, de Richard Dawkins.
50.- Picnic en el camino, de Arkadi y Boris Strugatski.
51.- Pelo de zanahoria, de Jules Renard.
52.- Factótum, de Charles Bukowski.
53.- Juego de tronos, de George R.R. Martin.
54.- El viaje a la felicidad, las nuevas claves científicas, de Eduardo Punset.
55.- Historia de las malas ideas, de Eduardo Gil Bera.
56.- Antonio B el ruso, ciudadano de tercera, de Ramiro Pinilla.
57.- Vía revolucionaria, de Richard Yates.
58.- La realidad oculta, de Brian Greene.
59.- Nostalgia, de Mircea Cartarescu.
60.- Al morir Don Quijote, de Andrés Trapiello.
61.- Carta a un niño que no llegó a nacer, de Oriana Fallaci.
62.- Los mejores relatos de Ciencia Ficción, de Brian W. Aldiss.
63.- El viaje al amor, de Eduardo Punset.
64.- Calle de las tiendas oscuras, de Patrick Modiano.
65.- Los enamoramientos, de Javier Marías.
66.- No sé quien eres, de Miguel Torres López de Uralde.
67.- Historia maldita de la literatura, de Hans Mayer.
68.- Las caras de Bélmez ¿fantasmas o fantasmadas?, de Juanma Alonso.
69.- La gran casa, de Nicole Krauss. 
70.- Las chicas del campo, de Edna O Brien.
71.- El collar de la memoria, de Francisco Javier Martín Franco.
72- El cerco, de José Jiménez.
73.- Noticias del frente, de Guillermo Busutil.
74.- Griego para perros, de Antonio Báez.
75.- Élisa, de Jacques Chauviré.
76.- Relatos con abrelatas, de Ricardo Guadalupe.
77.- Sunset Park, de Paul Auster.
78.- El cuarto de las estrellas, de José Antonio Garriga Vela.
79- La velocidad de la luz, de Javier Cercas.
80.- El señor Ibrahim y las flores del Corán, de Eric-Emmanuel Schmitt.

martes, 30 de diciembre de 2014

DIOS MÍO ¿PERO QUÉ TE HEMOS HECHO? (2014), DE PHILIPPE DE CHAUVERON. TRATADO SOBRE LA TOLERANCIA.

En los años noventa se hizo muy presente en los debates políticos y sociales, sobre todo en el ámbito europeo, la palabra multiculturalismo. En estos años ya era evidente la invasión que se había producido en los países más prósperos de nuestro continente (España incluida, pero en mucha menor medida que en Francia o Alemania) de gente procedente de entornos mucho más humildes, con historias de extrema pobreza, violencia o guerra a sus espaldas, cuyo objetivo era plantar la semilla de una familia en un entorno mucho más prometedor de cara al futuro. Esta situación creaba y sigue creando situaciones conflictivas. Partidos de extrema derecha y xenófobos se alimentan del miedo que suscita el extranjero, que trae a la patria sus inmundas costumbres, su bárbara religión y terribles enfermedades del tercer mundo. La realidad es que la llegada de gente de otras culturas casi siempre constituye una riqueza añadida para cualquier país, a no ser que éstos mantengan ideas fundamentalistas, que choquen directamente con los derechos y libertades democráticos.

Si echamos un poco la vista atrás, comprobaremos que la prosperidad de Estados Unidos se ha fundamentado en una inmigración masiva de gente - a menudo muy talentosa - procedente de todos los puntos del planeta. Algo muy similar sucedió en nuestro país en las dos últimas décadas: los años dorados de la economía se sustentaban, en gran parte, en el trabajo de muchos emigrantes que han acabado asentandose en España. Que la llegada de la brutal crisis económica no haya derivado en actos de violencia contra nuestros emigrantes es uno de los grandes éxitos colectivos de los que debemos felicitarnos. Poco a poco, un país tradicionalmente tan uniforme como éste ha ido aceptando (a pesar de hechos tan luctuosos como los sucedidos en El Ejido en 2000), la presencia de gente de otras culturas, que se han integrado a su manera a nuestras costumbres y vida diaria. Por supuesto, sigue habiendo quien no acepta su presencia y les siguen echando la culpa de todos los males, pero por suerte estas voces son marginales en nuestro país. 

El señor Verneuil (Christian Clavier) es un hombre conservador. Procedente de una familia de honda raigambre francesa, se trata de un burgués acomodado que solo ha conocido la forma de vida cristiana y tradicional de su país. Por eso, cuando sus hijas se empiezan a casar con inmigrantes (un judío, un magrebí, un chino, alguno con familia asentada en Francia desde generaciones), toma este hecho con tremendismo, como la peor de las tragedias, como una auténtica agresión a lo que podríamos calificar como su pureza de sangre. Aunque se cuide mucho de manifestar explícitamente en público estas opiniones políticamente incorrectas, no puede evitar algún comentario de tono racista de cuando en cuando. La película de Chauveron confía gran parte de su efectividad a este conflicto soterrado que a veces estalla en sonoras disputas. Aunque se esfuerza en reeducar su pensamiento, Verneuil no puede sustraerse a una enterna sospecha: que sus hijas jamás podrán ser felices junto a seres que piensan diferente y que no pueden compararse a un francés católico de pura cepa.

Pero no hay que obviar el hecho de que Dios mío ¿pero qué te hemos hecho? es una comedia amable, con poca acidez, por lo que jamás llevará el asunto de la intolerancia hasta sus últimas consecuencias. El conservadurismo de Verneuil no esconde más que a un señor en el fondo amable, que solo necesita un pequeño empujón para comprender que todos los seres humanos son iguales y que su ideología de toda la vida no era más que un muro que le impedía ver una verdad tan obvia. 

Así pues, la película cumple con su vocación de ser apta para todo tipo de público, romper taquillas y enamorar al sector mayoritario de los espectadores. A mí me ha parecido una producción correcta, pero con mucho de insulso, abusando del humor facilón a costa de una diferencia entre culturas que nunca llega a ser choque. Quizá no llegue a ser lo que podía haber sido porque abusa del tópico y porque no hay verdadero conflicto: el señor Verneuil y su señora (tendente a la depresión, quizá porque se aburre de una vida tan perfecta) gozan de una existencia acomodada y no van a ver en ningún momento su posición en entredicho. La única disputa es la de las ideas, y esta se resuelve con demasiada facilidad, superando un par de situaciones incómodas. Como sucedía en otro taquillazo, Ocho apellidos vascos, el encuentro entre diferentes no es más que una excusa para desarrollar una serie de chistes agradables y poco más, aunque la calidad de este film esté a años luz del de Emilio Martínez-Lázaro. 

lunes, 29 de diciembre de 2014

LOS MEJORES TREINTA Y CINCO ESTRENOS QUE VI EN 2014.

Como es ya tradicional, dejo aquí la lista de los estrenos que más me han gustado en este año. Evidentemente, no he podido verlos todos, ni siquiera la mayor parte. También advierto, como siempre, que mis consideraciones son absolutamente subjetivas. Lo digo porque la ganadora ha sido una película que ha concitado casi tantos odios como pasiones. Pero en mi caso, hacía mucho tiempo que no me reía tanto y me lo pasaba tan bien en una sala de cine como con El lobo de Wall Street. Y es que Scorsese todavía tiene mucho que decir en el mundo del cine. Aquí la lista:

1.- El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese.
2.- La isla mínima, de Alberto Rodríguez.
3.- Her, de Spike Jonze.
4.- X-Men, Días del futuro pasado, de Bryan Singer.
5.- Diplomacia, de Volker Schlöndorff.
6.- Al filo del mañana, de Doug Liman.
7.- Relatos salvajes, de Damian Szifron.
8.- Prisioneros, de Denis Vileneuve.
9.- Crónicas diplomáticas, de Bertrand Tavernier.
10.- El niño, de Daniel Monzón.
11.- Interestellar, de Christopher Nolan.
12.- Agosto, de John Wells.
13.- Boyhood, de Richard Linklater.
14.- Nebraska, de Alexander Payne.
15.- La gran belleza, de Paolo Sorrentino.
16.- Snowpiercer, de Bong Joon-Ho.
17.- Capitán Phillips, de Paul Greengrass.
18.- Philomena, de Stephen Frears.
19.- Caminando entre las tumbas, de Scott Frank.
20.- Guardianes de la Galaxia, de James Gunn.
21.- Dallas Buyers Club, de Jean-Marc Vallée.
22.- Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?, de Philippe de Chauveron.
23.- Las vidas de Grace, de Destin Daniel Cretton.
24.- Capitán América, el soldado de invierno, de Anthony y Joe Russo.
25.- La Lego película, de Phil Lord.
26.- Godzilla, de Gareth Edwards.
27.- El amanecer del planeta de los simios, de Matt Reeves.
28.- Antes del frío invierno, de Philippe Claudel.
29.- Robocop, de José Padilha.
30.- Noé, de Darren Aronofsky.
31.- The Amazing Spiderman 2: el poder de Electro, de Marc Webb.
32.- El Gran Hotel Budapest, de Wes Anderson.
33.- Ismael, de Marcelo Piñeyro.
34.- Ocho apellidos vascos, de Emilio Martínez-Lázaro.
35.- Monuments Men, de George Clooney.

domingo, 28 de diciembre de 2014

EL NOMBRE DE LA ROSA (1980), DE UMBERTO ECO Y DE JEAN-JACQUES ANNAUD (1986). CRÍMENES TEOLÓGICOS.

La tercera lectura de la novela de Umberto Eco que realizo, coincidiendo con otro visionado de la adaptación de Annaud me reafirma en mi idea de que uno siempre se acerca a un libro distinto cuando vuelve a acercarse a él después de unos años. En esta ocasión he prestado más atención a los aspectos filosóficos y teológicos de la trama, con el fin de preparar un debate que, como de costumbre, resultó interesantísimo. Aquí el artículo:

http://asociacioncristobalcuevas.blogspot.com.es/2014/12/el-nombre-de-la-rosa.html

jueves, 25 de diciembre de 2014

RIFIFI (1955), DE JULES DASSIN. EL ROSTRO DE LA FATALIDAD.

Las mejores películas de cine negro son las que cuentan con un gran componente social. El protagonista de Rififi es un hombre envejecido, un perdedor que acaba de salir de prisión, pero que ha de volver a su antigua vida, puesto que carece de alternativas, así que decide jugar el todo por el todo (él que también es un perdedor como jugador de cartas) y organizar un golpe a una de las lujosas joyerías de París, que cuenta con los más modernos sistemas de seguridad. Jean Servais se parece a Robert Mitchum: en la geografía de su rostro están escritas todas las derrotas pasadas y futuras.

Lo primero que me llama la atención en esta obra maestra de Dassin es el retrato de París que ofrece. Aquí no estamos ante la estampa turística que el cine nos ha mostrado tantas veces de la capital francesa (uno de los ejemplos más evidentes es Una cara con ángel, de Stanley Donen), sino que nos muestran la ciudad que ven los criminales de poca monta: un París en blanco y negro, poco acogedor e incluso siniestro. El París de quienes la habitan y tienen que sobrevivir día a día, lleno de luces, pero, sobre todo, de sombras.

Rififi ofrece varias escenas memorables. Quizá la más recordada es la de la incursión a la joyería, realizada por su director con una planificación casi tan precisa como el mismo robo. Pocas veces el espectador puede llegar a tal grado de tensión, identificándose plenamente con los personajes. Todo ello en una secuencia prácticamente muda de casi media hora, en la que solo escuchamos los sonidos atenuados del trabajo que realizan los atracadores mientras esperan que no suene la alarma. También es obligado hacer referencia al final, tomado desde el punto de vista del protagonista, otro prodigio del que nada puedo decir para no destripar el argumento.

Pero es que la película de Dassin destaca también por su crudeza. El dominio masculino está presente en todo momento y llega a su paroxismo con la paliza que el protagonista propina a su antigua amante, ante la pasividad de ésta, que resulta aún más perturbadora por ser mostrada de forma explícita, pero fuera de cámara. Una de las mejores películas de cine negro de la historia. Un portento narrativo de principio a fin, que se ha convertido de inmediato en uno de mis films preferidos.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

LAS CARAS DE BÉLMEZ, ¿FANTASMAS O FANTASMADAS? (2014), DE JUANMA ALONSO. EL AUTÉNTICO ROSTRO DEL MISTERIO.

 El sábado pasado tuve la oportunidad de presentar este estudio de Juanma Alonso, una visión desde un punto de vista escéptico del ya veterano evento parapsicológico sucedido en el pueblo de Bélmez de la Moraleda. Según expone Alonso en su riguroso estudio, el caso seguramente comenzó como una mera broma que se le fue de las manos a sus instigadores originales. Cuando la bola fue demasiado grande como para pararla, los réditos económicos que se consiguieron, nada desdeñables, con el fenómeno, bastaron para mantenerlo de actualidad. Habiendo pasado por épocas de absoluto olvido, las caras de Bélmez han vuelto con fuerza de la mano del inefable Iker Jiménez, que ha resucitado el caso, después de intentar mudarlo a la casa del vecino, con el fin de conseguir más audiencia para su programa, objetivo que ha conseguido con creces. Dejo aquí el texto que expuse en la presentación, una ocasión muy especial, por ser el primer evento público que organizamos como colaboradores oficiales de La Noria:


"Que nadie espere encontrar en el libro de Juanma Alonso una justificación sobrenatural del “fenómeno” (y digo fenómeno entre comillas) de las caras de Bélmez. Se trata de un ensayo riguroso, actual y muy bien escrito acerca de unos hechos que se produjeron hace más de cuarenta años y que siguen siendo explotados en la actualidad, habiendo sido definidos por los profesionales del misterio (y hablamos, nada menos, que de unas manchas con forma de rostro en un suelo de cemento) como “el fenómeno paranormal más importante del siglo XX”. Aunque los se dedican al tema, las denominen pomposamente “teleplastias” la verdad es que, si esto es lo máximo que puede aportar el mundo del misterio frente a la ciencia, la diferencia entre ambos campos es abismal. Ricardo Campo, miembro destacado de una Asociación llamada Círculo escéptico, define a los investigadores del tipo de Iker Jiménez o J.J. Benítez, con estas palabras:


"El disfraz de investigador no se limita a la locuacidad paranormalista. Se complementa con detalles como un buen equipaje de campo, cuaderno de notas, cámara de fotos, brújula y el imprescindible chaleco sin mangas de dos mil bolsillos. No hay periodista ufológico o investigador paranormal que no se haya hecho una foto con él. Quien lo lleva parece un arqueólogo, aunque el universo intelectual de uno y otros se sitúe a años luz de distancia. También es conveniente adoptar un estilo de escritura ampuloso, poetizante, cursi hasta resultar repelente, para detallar un día de correrías por montes, cementerios e iglesias abandonadas, rellenar con invenciones lo que ignora, mezclar diversas historias o directamente plagiar fuentes que están como un cencerro."


El libro de Juanma es una de esas iniciativas que resultan imprescindibles en un país en el que los programas dedicados a la difusión de lo paranormal siguen contando con una importante audiencia. Las revistas como Enigmas o Año cero, son de las más veteranas en nuestros kioskos, con reportajes tan llamativos como “Ovnis sobre las Canarias”, “Los fantasmas de Beltiche” o “Extraño ser visto en Alfarnate”. Aunque lleven décadas acercándose a los mismos temas sin aportar ni una sola prueba concluyente de la certeza de las afirmaciones que dejan caer de manera sensacionalista e irresponsable, sus patrocinadores nunca dan su brazo a torcer y siguen convenciendo a su audiencia de que hay que seguir creyendo en la magia de los temas relacionados con el misterio. 


Para estos investigadores del misterio, el método científico solo se usa si conviene a sus fines, si no es obviado o tergiversado. Decía Carl Sagan en El mundo y sus demonios, libro dedicado a combatir las pseudociencias y absolutamente recomendable:


“En una cuestión tan importante, la prueba debe ser irrecusable. Cuanto más deseamos que algo sea verdad, más cuidadosos hemos de ser. No sirve la palabra de ningún testigo. Todo el
mundo comete errores. Todo el mundo hace bromas. Todo el mundo fuerza la verdad para ganar dinero, atención o fama. Todo el mundo entiende mal en ocasiones lo que ve. A veces incluso ven cosas que no están.”


Si hay una afirmación que habría que aplicar a todos estos fenómenos sobre los que se han escrito páginas y páginas sin que jamás hayan logrado evidencia científica alguna, es que “declaraciones excepcionales, requieren pruebas excepcionales”. No basta con el testimonio confuso de un testigo o una foto borrosa. El método científico es mucho más riguroso que todo eso.


En realidad, todo este tema de las Caras de Bélmez, que Juanma trata desde todas las vertientes, incluso de la antropológica, deriva de la necesidad humana de creer en lo sobrenatural. Recuerda mucho al tema de los círculos en las cosechas, que se puso de moda hace una década, para acabar descubriéndose que los primeros habían sido realizados por unos jubilados y después otra mucha gente los imitó."

ESPAÑA: GUERRA ZOMBI (2014), DE JAIME NOGUERA. GUERRA IBÉRICA Z.


La de los zombies es una moda persistente. A pesar de lo que pueda parecer, novelistas y guionistas de cine y televisión siempre parecen ser capaces de dar una nueva vuelta de tuerca a este fenómeno. Quizá no sea más que una moderna recreación de los terrores apocalípticos que siempre acechan a la humanidad, cuyas figuraciones van cambiando con el tiempo. En la cima de popularidad se encuentra The walking dead, un cómic convertido en una magnífica serie, cuyos personajes son sometidos a la despiadada crueldad de las circunstancias. Yo, como tantos otros millones de personas, la sigo con devoción y todavía, después de tantos episodios, me sigo estremeciendo con ese retrato tan ultrarrealista de una humanidad devastada en la que quedan cada vez menos supervivientes.

Siguiendo esta estela, Jaime Noguera ha realizado una sólida aportación al género, pero con unas claves tragicómicas que solo puede entender plenamente un habitante de nuestro país. Porque puede decirse que hasta para afrontar una invasión zombi, Spain is different. En la novela de Noguera, España se haya casi totalmente asolada por la plaga de los muertos vivientes. Solo quedan algunos focos de resistencia en lugares como Toledo o Cádiz y el gobierno ha tenido que trasladarse a Canarias, liderado, como no podía ser de otra manera por Esperanza Aguirre, sin duda la única persona capaz de lidiar con una crisis de esta envergadura y sacar réditos de ella. Además, en las páginas de España: Guerra Zombi, se dan cita otros personajes de la triste realidad televisiva española: Jorge Javier Vázquez, que presenta un Sálvame Zombi o el tal Rafa Mora. También aparece, quizá con demasiado protagonismo, un Arturo Pérez Reverte convertido en uno de sus propios personajes, comandando la defensa del Alcázar con un ejército armado con armas dignas del capitán Alatriste.

Además, la novela de Noguera cuenta con otras dos influencias fundamentales: la estupenda Guerra Mundial Z, de Max Brooks y la serie de Carlos Sisi (que no he tenido todavía oportunidad de leer) Los caminantes. Es muy de agradecer que Noguera haya cuidado especialmente el aspecto logístico de su narración e incluso las claves geopolíticas y sociológicas, como hacía Brooks en la suya, aunque en este caso se haga desde un punto de vista mucho más sarcástico. Lo verdaderamente interesante es la relación del protagonista con una realidad apocalípitica que ya ha conocido sobradamente a través de ficciones audiovisuales:

"Todo había terminado de verdad. Es decir, el concepto “fin del mundo zombi” de las pelis de Romero o de The Walking Dead estaba agotado y superado por la realidad. Las películas post-era zombi se parecerían más a los documentales sobre el Holocausto Judío que a 28 días después. Posiblemente el público se hartaría de ellas como se hartaron de las películas sobre la Guerra Civil. Probablemente los espectadores llenarían la sala para ver una película sobre la Guerra Civil antes que “una de zombis"."

Merece la pena asomarse a las páginas de España: Guerra Zombi. No solo porque las risas están garantizadas, sino porque detrás de ellas late un oficio literario bastante obvio, que se nota, entre otras cosas, en el perfecto dominio del suspense narrativo y en la descripción de las escenas de acción. Además, siendo España el país retratado, todo lo que se cuenta es bastante creíble...