lunes, 2 de noviembre de 2026

PASAPORTE A LA FAMA (1935), DE JOHN FORD.

Jones es el empleado modelo que cualquier empresa quisiera tener en su plantilla. Discreto y trabajador, jamás ha llegado tarde a la oficina, salvo el día en el que empieza la historia, en el que se le estropea el despertador. A partir de aquí las cosas van a ir de mal en peor para nuestro protagonista, un Edward G. Robinson en su versión más entrañable que está enamorado de una compañera de trabajo para quien es un ser invisible. Y es que se va a descubrir, a través de la fotografía de un periódico, que el enemigo público número uno es su vivo retrato. Esta situación podría haber derivado en un drama, pero John Ford prefiere construir una eficaz comedia a mayor gloria de su protagonista, que puede lucirse interpretando a la vez a dos personajes antagónicos. El pulso del director mantiene una trama un tanto absurda, pero muy sugestiva, sobre todo porque la prensa empieza a interesarse por la historia de Jones y a su vez la compañera empieza a mirarlo con otros ojos, ya que su aspecto de buena persona puede transmutarse en el de un peligroso gangster. Además, Pasaporte a la fama ofrece notables efectos especiales para la época, pues podemos contemplar en numerosas ocasiones a Edward G. Robinson actuando por partida doble en el mismo plano. Toda la película ofrece una historia muy idealizada y poco realista, pero al irrepetible estilo del Hollywood de la época.

P: 8

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