jueves, 7 de marzo de 2024

ARMAGEDDON TIME (2022), DE JAMES GRAY.

Paul Graff está entrando en la adolescencia y con ella desarrolla su vena rebelde frente a su familia, de la cual solo respeta y venera a su abuelo. Junto a su amigo Johnny, un compañero de clase negro y por lo tanto sujeto a discriminación, realiza una serie de acciones cada vez más atrevidas hasta que llegan a robar un ordenador del colegio. Las consecuencias de sus actos serán muy diferentes para ambos, ya que provienen de clases sociales muy distintas. Toda una lección del funcionamiento de su país para Paul, que vive intensamente el año 1980 en el que transcurre la película. Es la época de la llegada de Ronald Reagan al poder y de Margaret Thatcher al mismo puesto en Gran Bretaña, un tiempo marcado por la amenaza de guerra nuclear y por inminentes cambios económicos que van a acabar con la idea de socialdemocracia y distribución de la riqueza. Armageddon Time funciona en cierto modo como alegoría de una época ya lejana, pero que sigue influyendo en nuestros días. Como si la historia se repitiera, la posible próxima llegada - por segunda vez - de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y el nuevo riesgo de guerra nuclear con Rusia establecen claros paralelismos con aquella época. James Gray consigue una historia sólida pero que no da de sí todas sus posibilidades. A recordar la escena en la que Paul tiene un encuentro con su amigo desde dentro de la verja del Colegio privado al que ha ido a parar después de su etapa rebelde, mientras Johnny tiene que conformarse con sobrevivir en la calle.

P: 6

miércoles, 6 de marzo de 2024

LA DIVINA COMEDIA DE OSCAR WILDE (2019), DE JAVIER DE ISUSI. LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE MELMOTH.

Después de ser liberado de la cárcel de Reading, donde cumplió dos años de trabajos forzados, Oscar Wilde era una sombra de lo que había sido. No solo por el estigma de haber estado en prisión, sino por los vergonzosos - para la época - que habían motivado su paso por ella. Incapaz de volver a su vida anterior, Wilde se estableció en París al amparo de un pequeño círculo de amistades que no le abandonaron en sus horas más bajas. El magnífico cómic de Javier de Isusi recoge este periodo inmediatamente anterior a su fallecimiento y, entre episodios verídicos e inventados, construye un retrato muy completo del genio literario. Aquí Wilde se siente acabado y lleva una existencia autodestructiva, pero sigue siendo el mejor conversador de la historia, hasta el punto de que él mismo admite que su obra literaria escrita palidece frente a la su ingenio improvisado. Wilde sabe en su fuero íntimo que su delito no mereció el sufrimiento de su paso por prisión, pero aun así sigue sintiendo una especie de culpabilidad interior de la que no merece ser salvado. 

Los últimos años de Wilde son presentados por Isusi como una gran obra de teatro, una tragicomedia por donde va errando el autor de El retrato de Dorian Gray, todavía admirado, pero incapaz de escribir su última obra maestra. Ahora que ha conocido la el secreto de la vida en su plenitud, el máximo dolor posible, estima que no merece la pena escribir lo que él mismo está representando cada día en ese inmenso escenario parisino. Como él mismo dice: "Si no existiera el dolor, nuestra alma estaría tan extasiada con la belleza y los placeres del mundo que no podría nunca despertar. El dolor hace que dejemos de buscar fuera para poder buscar dentro de nosotros."

BABY DRIVER (2017), DE EDGAR WRIGHT.

Baby driver es una película cuyo funcionamiento depende de que el espectador sea capaz de seguir su ritmo, un ritmo pautado por la selección musical que escucha un protagonista permanentemente adornado por unos auriculares y unas gafas de sol. Baby se dedica al muy cinematográfico oficio de conducir en la huida de atracos. Es un muy joven profesional que es capaz de cualquier cosa con un vehículo, pero también es una persona que no pertenece a ese mundo criminal, pese a sus nervios de acero. A mitad de la trama comienza una historia de amor con una camarera, historia muy poco creíble por la velocidad a la que se produce: a los pocos días de haberlo conocido, la chica confía tan ciegamente en él que lo ayuda en su huida después de un atraco fallido. La película de Wright cuenta con un comienzo muy prometedor, pero poco a poco se va desinflando, hasta que llegamos al acto final, que se compone de una serie de eventos inverosímiles y efectistas que sacan definitivamente de la película al espectador. En su descargo, hay que admitir que Baby driver es una película entretenida en todo momento, pero ojalá hubiera mantenido durante todo su metraje el tono de sus primeros compases.

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martes, 5 de marzo de 2024

EL VALOR DE LA ATENCIÓN (2022), DE JOHANN HARI. POR QUÉ NOS LA ROBARON Y CÓMO RECUPERARLA.

No es ningún secreto que uno de los males de nuestro tiempo es la falta de atención, esa falta de capacidad para concentrarnos en una actividad medianamente exigente - como leer un libro, por ejemplo - más de unos minutos. Y este mal está más extendido entre las jóvenes generaciones, criadas en un entorno digital que reclama su atención de manera constante y de mil maneras distintas. Viajar en el metro y observar cómo un adolescente maneja la aplicación Tiktok y cambia de vídeo cada pocos segundos, en una clara muestra de ansiedad por abarcar todo el contenido posible de la aplicación, es una prueba evidente de esta realidad. Johann Hari se ha dedicado a investigar durante un tiempo las causas de la plaga de falta de atención en el mundo y ha preguntado a todo tipo de expertos para llegar a una cuantas conclusiones al respecto, algunas obvias y otras insospechadas.

En las últimas décadas la vida se ha acelerado. Los trabajos son más exigentes, requieren respuestas constantes a toda clase de estímulos en forma de correos electrónicos, llamadas por el móvil o actualizaciones de programas. Ni siquiera en el propio domicilio hay descanso, puesto que estas aplicaciones acompañan al empleado a su hogar y muchos de ellos son incapaces de desconectar y cuando lo hacen no es con ningún fin productivo, sino para seguir enganchados a las nuevas tecnologías, aunque esta vez en forma de ocio, con aplicaciones diseñadas para que el usuario esté el máximo tiempo con ellas con el objetivo de que tenga acceso a dosis de publicidad cada vez más sofisticada y más adaptada a sus gustos (esto se consigue a través del llamado capitalismo de vigilancia, al que dedicó un imprescindible ensayo Shoshana Zuboff).

Las soluciones a estos males contemporáneos son evidentes: bajar el ritmo, dormir más, hacer más ejercicio, aprender técnicas de concentración que consigan que podamos dedicarnos a una sola tarea durante un tiempo prolongado... Soluciones aparentemente fáciles que son fácilmente trastocadas por las poderosas llamadas de atención de nuestros dispositivos móviles, un aparato con el que la mayoría de la gente pasa sus horas muertas haciendo mil cosas a la vez para no hacer nada en realidad. Sus aplicaciones podrían haber sido diseñadas, como se pretendía al principio, para nuestra utilidad, pero al final solo son instrumentos para inundarnos de propaganda. Los efectos colaterales derivados de las continuas distracciones son asumidos como algo inevitable por el capitalismo de vigilancia.

Pero hay otros factores que también afectan a la falta de atención en las nuevas generaciones. Uno de ellos es el cambio de dieta, repleta de alimentos procesados, que ha operado en el mercado en las últimas décadas. Y otra, no menos importante, es algo tan sencillo como la falta de libertad de los niños. Yo pertenecí a una de las últimas generaciones que jugó libremente en la calle sin supervisión de adultos, una práctica cada vez más marginal, pero que durante milenios ha servido para que los niños aprendan a desenvolverse, a cooperar, a ser creativos e incluso a aburrirse sin tener sus horas programadas todo el tiempo, como sucede en la actualidad. Dejar que un niño haga cosas solo en la calle, sin vigilancia, parece un crimen hoy en día, por el presunto peligro que deriva de ello, pero en un mundo occidental en el que los niveles de crimen están más bajos que nunca, debería ser una práctica común.

Al final del libro Hari concluye que la revolución que nos libere de la falta de atención generalizada solo puede venir de la gente a título individual, organizándose para cambiar las prácticas de esas compañías que secuestran y esclavizan nuestro tiempo, tanto en el ámbito laboral como en el de ocio:

"Yo ya tenía muy clara una cosa. Si seguimos siendo una sociedad de personas que duermen poco y trabajan demasiado; que cambian de tarea cada tres minutos; que son seguidos y monitorizados por unas redes sociales pensadas para descubrir sus debilidades y manipularlas para que sigan viendo contenidos sin fin; que están tan estresadas que se vuelven hipervigilantes; que adoptan unas dietas que les llevan a tener picos y desplomes de energía; que respiran a diario una sopa química de toxinas que les inflama el cerebro, entonces, sí, seguiremos siendo una sociedad con graves problemas de atención. Pero existe una alternativa. Y pasa por organizarse y plantar cara, por rechazar las fuerzas que incendian nuestra atención y sustituirlas por otras que nos ayuden a sanar."

EL CONTADOR DE CARTAS (2021), DE PAUL SCHRADER.

William Tell lleva una vida peculiar. Se trata de un magnífico jugador de cartas que recorre Estados Unidos de partida en partida, pero respetando la regla de no ganar demasiado dinero en cada una de ellas. Le basta con poder vivir modestamente alojado en moteles baratos. No quiere llamar la atención. Pronto vamos a descubrir que William tiene un pasado complicado: estuvo en prisión casi una década por haber protagonizado - mediante las llamadas técnicas de interrogatorio mejorado - alguna de las terribles fotos de la cárcel de Abu Ghraib. Como muchos otros personajes de Schrader el protagonista busca la redención y obtiene la posibilidad de ejercitarla a través de Cirk, un joven que quiere vengarse del antiguo oficial de Abu Ghraib, cárcel en la que se volvió loco su padre, obligado también a ejercer la tortura en la misma. El estilo sobrio del director es perfecto para esta historia de expiación casi religiosa, en la que buena parte de su atractivo se encuentra en la estupenda interpretación de Oscar Isaac, repleta de matices, un tipo que dice que no lo pasó tan mal en su etapa penitenciaria, pero que en realidad vive un tormento íntimo - que se expresa en su necesidad de decorar sus habitaciones de motel evocando su celda en prisión -  que solo encuentra un poco de calma cuando se concentra en los juegos de cartas.

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domingo, 3 de marzo de 2024

EL CANDIDATO (1972), DE MICHAEL RITCHIE.

Sátira política que sigue estando muy de actualidad, El candidato narra una campaña política para elegir al representante al senado por California. Como los demócratas sienten que no tienen nada que hacer frente al veterano candidato republicano, eligen a un joven abogado idealista para realizar una campaña diferente, protagonizada por alguien dinámico y que sea capaz de sorprender al rival con sus propuestas. La película de Ritchie cuenta con un montaje muy dinámico, muy apropiado para describir el devenir frenético de una campaña de estas características. El guion se apoya ante todo en la excelente actuación de Robert Redford, al que se retrata como alguien que, al principio, no anhela el poder por el poder, sino que lo aprecia como un instrumento para mejorar la vida de sus conciudadanos, aunque poco a poco tendrá que aprender a moverse en un mundo cínico y repleto de podredumbre. Al contrario de lo que el piensa, a sus asesores lo único que les interesa - y estos sí que son perros viejos en estas lides - es alcanzar la victoria, siendo el programa un mero instrumento para conseguir lo que importa: que su candidato luzca bien en pantalla y se gane la confianza del votante. Al final el protagonista se amolda al discurso vacío, pero repleto de emociones, propio de la política, donde lo que verdaderamente se aprecia es que el candidato se aproxime a sus posibles votantes y estos lo tomen por alguien simpático y cercano. Lo que venga después, la labor como senador si se es elegido, no tiene la menor importancia.

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sábado, 2 de marzo de 2024

BIOGRAFÍA DE LA HUMANIDAD (2018), DE JOSÉ ANTONIO MARINA Y JAVIER RAMBAUD. HISTORIA DE LA EVOLUCIÓN DE LAS CULTURAS.

El viaje del ser humano desde su condición meramente animal hasta haberse convertido en un ser civilizado y dueño y señor del planeta es largo y lleno de avances y retrocesos. Todo esto, si lo observamos en perspectiva, es bastante prodigioso. Somos una especie que ha creado una cultura partiendo de una biología no especialmente favorable, pero cuyo cerebro se ha desarrollado mucho más allá de las posibilidades de cualquier otro ser vivo. Hemos creado el lenguaje y hemos conseguido vivir en comunidades de millones de personas que cooperan e impulsan proyectos cada vez más complejos.

A pesar de todo esto, no siempre impera la cooperación. Las guerras y conflictos son una constante en la historia humana y las armas que se utilizan cada vez más mortíferas, hasta el punto de que hoy día un conflicto mundial arrasaría con buena parte de la población mundial. Además, el ser humano se ha enfrentado a epidemias y todo tipo de catástrofes, pero siempre ha logrado salir adelante. A trompicones, con continuos retrocesos, al final se ha logrado que la ciencia se imponga a la religión en cada vez más lugares y la población cada vez es más numerosa, reduciéndose de continuo los niveles de violencia, a pesar del terrible siglo XX que tuvimos que vivir.

La evolución de las culturas es parecida a la evolución natural, un método de ensayo y error en el que triunfan las soluciones más adaptativas:

"La evolución de las culturas se rige por un mecanismo análogo. Hay una fuerza impulsora, que mueve y dirige la acción: las necesidades, deseos, expectativas y pasiones humanas; hay un mecanismo que proporciona soluciones a los problemas planteados por esos deseos; y hay un sistema de selección que elige una de las soluciones y rechaza las restantes."

Evidentemente, para establecer sociedades tan complejas y avanzadas como la humana no basta con apelar al instinto. Es necesario que se establezca la institución del poder, del gobierno. Un poder que se ejerce en sus estadios más básicos a través de la fuerza bruta, pero que necesita para consolidarse de unas instituciones más sofisticadas que lo legitimen: la religión y, posteriormente, la participación indirecta del resto de la población en su ejercicio. Al final las formas más virtuosas de gobierno son las que se liberan de la ignorancia, del miedo, del dogmatismo y del miedo al diferente y terminan desarrollando la idea de compasión a través del revolucionario concepto de la dignidad humana. El libro de Marina y Rambaud consigue que el lector se sienta partícipe de esta herencia común y aprecie el camino tan tortuoso que se ha recorrido hasta llegar a un mundo que aprecia en su mayoría la idea de aplicar los Derechos Humanos a todas sus sociedades, aunque todavía quede mucho camino por delante para que dicha realidad sea experimentada por todos.