martes, 17 de diciembre de 2013

TE VOY A CONTAR (2006), DE SARA GORDAN. AMOR HERIDO.

Mi amigo, el prestigioso escritor cubano afincado en Suecia René Vázquez Díaz ha tenido la gentileza de enviarme el último libro que ha traducido al castellano, un volumen de prosa poética de la sueca Sara Gordan. Aunque es casi desconocida en nuestro país, este pequeño volumen merece ser difundido, pues nos encontramos ante una obra muy original y dotada de una singular calidad literaria.

Los amantes que describe Gordan en Te voy a contar parecen vivir su amor enfermizo al margen del resto del mundo. La intimidad de estos dos seres heridos por una infancia traumática nos es desvelada de manera desnuda y a la vez dolorosa, sin obviar ningún detalle, siquiera los más íntimos. Ellos viven refugiados en unas relaciones sexuales sórdidas, repletas de perversiones. Perversiones que parecen jugar con su identidad y a la vez resultan liberadoras, pues su capacidad de imaginar los protege y casi los transforma en un solo ser. Además están los inquietantes sueños de ella, repletos de símbolos, culpa y soledad:

"Sueño que camino sola por el fondo brillante del mar.
Es temprano en la mañana, la luz es mortecina, no hay
sol, el mar está pálido y alejado y el fondo por el que me
muevo no tiene color ni vida. Siento el viento en la cara
pero el viento no se oye, me vuelvo y ya no puedo ver 
el pueblo detrás de mí, sólo la silueta del acantilado en
la lejanía como grandes dedos petrificados en el gesto
de agarrar algo. Mis pasos no se oyen, tampoco se oyen
los pasos de nadie, nada se oye, ni siquiera el mar allá, en
el horizonte, todo es silencio. Entonces veo que el agua
empieza a acercarse a lo lejos y quiero retroceder, pero
estoy como clavada y no puedo moverme."

Es fácil sentarse y leer los breves párrafos poéticos de Te voy a contar. Lo difícil es no estremecerse ante la cruda intimidad de esta pareja que trata de convertir su inmenso dolor en un placer efímero que hay que seguir prolongando por cualquier medio a su alcance. La excelente traducción de Vázquez Díaz da voz a esta mujer que convive con su alma gemela, asilada del resto del mundo en su propia habitación y que cuando sale al exterior, solo lo hace para asomarse a algún abismo. Una lectura inquietante, diferente y de calidad que nos llega desde el norte de Europa.

LA SONRISA DE LA GIOCONDA (2004), DE LUIS RACIONERO. LAS PASIONES DE LEONARDO.

Preciosa la reunión que mantuvimos anoche en el club de lectura de Más Libros Libres, en torno a temas tan amplios y apasionantes como Leonardo da Vinci y el Renacimiento italiano. Leonardo es, junto a Miguel Ángel, la gran figura de esta época en la que se vuelve al Humanismo y se recupera el espíritu de la época clásica de Grecia y Roma, que se había atesorado en los conventos medievales a la espera de tiempos mejores. Leonardo es un hombre que se interesa por todo, al que todo le apasiona. Además de un artista genial, dejó multitud de códices repletos de inventos o de investigaciones anatómicas entre otros muchos asuntos. Se movió por varias de las ciudades-estado italianas de la época y acabó recalando en Francia, el Estado que invadió Italia y acabó con el frágil equilibrio de poderes hasta entonces imperante en este territorio. Como no podía ser de otra manera, el genio de Leonardo también se adaptó a los malos tiempos y diseñó instrumentos para la guerra.

Lo que más me ha gustado de la novela de Racionero son algunas reflexiones que pone en boca del protagonista, sobre su manera de trabajar, sobre sus múltiples intereses, su búsqueda de la tolerancia y de la estabilidad que le pudiera ofrecer cualquiera de los príncipes renacentistas que en esta época turbulenta protegían a los artistas. En un determinado momento, Leonardo nos habla de su forma de pintar (sabemos que siempre buscaba nuevas técnicas y experimentaba continuamente, por lo que algunas de ellas se han terminado perdiendo):

"¿Hay otro modo de trabajar? Los que creen que una pintura son sólo pinceles y muñeca van equivocados: el ojo debe estar criticando, evaluando, corrigiendo, el alma debe estar sopesando en las delicadas balanzas de su sensibilidad las emociones que aparecen en rostros y cuerpos. Mi obra fue un trabajo de geometría, sensibilidad y técnica; cada una sin la otra sólo puede resultar en frialdad, exageración o virtuosismo. Yo quería veracidad, fuerza y sencillez."

Y esta, acerca de la relación del artista con la naturaleza y la ciencia:

"El artista debe competir con la naturaleza creando obras viables y durables, no efímeras fantasías ni quimeras; debe ampliarla y completarla dando materialidad a las infinitas causas y razones que no se han manifestado aún. La ciencia en sí es un juego mental; de la ciencia nace la acción creativa que es mucho más valiosa. Hay que entender la naturaleza para imitarla, pero no copiando lo exterior, sino reproduciendo sus actos generativos que hacen germinar las cosas desde dentro. Yo quería entenderla analizándola e imitarla creando; lo primero es ciencia, lo segundo arte, ambos una misma cosa."

Por lo demás, La sonrisa de la Gioconda peca de narración ambiciosa, intentando abarca la entera vida de Leonardo Da Vinci en trescientas páginas, por lo que el lector sin muchos conocimientos sobre historia del arte (y yo puedo incluirme en ese grupo) puede sentirse apabullado por la cantidad de datos y nombres que se ofrecen. Hubiera sido mejor que el autor se centrase en algún episodio concreto de la vida del artista para ofrecer un análisis más introspectivo del mismo. Es posible que la novela, al optar a un premio literario importante, fuera escrita por encargo y sin el sosiego que requiere una obra de estas características. En cualquier caso, es una lectura de esas que, aún dejándome profundamente insatisfecho por la experiencia literaria vivida, sí que dejan un poso que puede fecundarse con nuevas lecturas, biene elegidas, acerca de un periodo tan fascinante de la historia.

lunes, 16 de diciembre de 2013

EL LIBRO DE LOS PEQUEÑOS MILAGROS (2013), DE JUAN JACINTO MUÑOZ RENGEL. REALIDADES ALTERNATIVAS.

Otra gran tarde en la Biblioteca Cristóbal Cuevas gracias a uno de los autores malagueños que más éxito están cosechando en la actualidad: Juan Jacinto Muñoz Rengel y sus estupendos microrrelatos recogidos en El libro de los pequeños milagros. Aquí el artículo:

http://asociacioncristobalcuevas.blogspot.com.es/2013/12/el-libro-de-los-pequenos-milagros-de.html

martes, 10 de diciembre de 2013

EL CONSEJERO (2013), DE RIDLEY SCOTT. LA CAÍDA.

Resulta impactante que un hombre como Ridley Scott, que supera ya ampliamente los setenta años, siga trabajando al ritmo que lo hace y que sea capaz de reiventarse a sí mismo con una película tan fascinante como El consejero. Scott ha sido capaz de los mejor (Alien, el octavo pasajero, Blade Runner, Gladiador) como de lo peor (Black Rain, La teniente O´Neill) en su carrera cinematográfica, pero siempre ha sido un director que se ha arriesgado dentro del estrecho margen del circuito comercial de Hollywood. Además, es capaz de manejar distintos géneros con soltura. En esta ocasión su colaboración con el prestigioso escritor Cormac McCarthy ha dado pie a una obra muy singular, exigente con el espectador y a la vez muy literaria. En todo momento se nota la mano del maestro McCarthy, responsable también de las obras en las que se basan dos magníficas películas: La carretera, de John Hillcoat y No es país para viejos, de Joel Coen.

El protagonista de El consejero es un actor que cada vez destaca más en el panorama cinematográfico actual, por la variedad de registros de la que es capaz, Michael Fassbender, que interpreta a un abogado que parece tenerlo todo: una posición sólida en su profesión y una hermosa prometida, (interpretada por Penélope Cruz). Pero hay una ambición humana que a veces nos lleva a la gloria y a veces a la perdición. Se trata de la codicia y el abogado parece arder en deseos de multiplicar su bienestar material. No basta con un buen coche, una buena vivienda y una buena imagen. Todo puede mejorarse y la manera más rápida de hacerlo es contactando con narcotraficantes que se mueven en la frontera de México con Estados Unidos (uno de los territorios favoritos de McCarthy) y establecer una relación con ellos. No sabemos exactamente la naturaleza de los servicios que el abogado ofrece a los criminales, aunque podemos intuirla, aunque eso no es lo importante. Lo interesante son los efectos inmediatos que este pacto con el diablo van a tener en la hasta ahora plácida vida del protagonista, que va a entrar de cabeza en un mundo de lujo, sangre y violencia para el que se creía preparado, pero que va a engullirlo como una víctima más del absurdo de la prohibición de la droga, que tantas fortunas produce y tantas vidas se lleva por delante.

A partir de aquí la trama de la película está llena de consideraciones morales y filosóficas. El abogado tomó su decisión con libertad, pero ha entrado en una cárcel de oro de la que ya no puede salirse. Se lo advierte el personaje de Javier Bardem, que ignora si su lujosa casa es un lugar seguro o no en el clima de guerra permanente de carácter hobbesiano que mantienen entre sí los distintos cárteles de la droga. Tampoco parece importarle mucho, porque los que se dedican a este negocio saben que las ascensiones y caídas son tan pronunciadas como las que describe una montaña rusa. Se lo advierte también el personaje de Brad Pitt, un veterano y decadente contacto de esta mafia, de vuelta de todo y que cree tener un pasadizo para salir cuando lo estime oportuno. Cuando comprueba lo rápido que todo se desmorona a su alrededor, el abogado comprende que no hay vuelta atrás y que ni siquiera cabe el arrepentimiento ni la redención. Se lo dice otro abogado mexicano: ha pasado de una realidad a otra donde ya no es el dueño de su vida ni de sus actos.

El consejero es una película propia de unos tiempos pesimistas, repleta de negrura moral y de fatalismo. Propone un retrato muy oscuro de las ambiciones humanas y de nuestra nula capacidad de aprendizaje en ciertas cuestiones, por muy inteligentes que seamos. Hasta la persona más brillante puede caer en la trampa del dinero fácil y vender su alma a cambio de un poco de lujo efímero. No esperen una película de narrativa fácil y que ofrezca explicaciones de todas la vicisitudes de los personajes, solo siéntense y disfruten de una propuesta arriesgada, bien sazonada por los diálogos escritos por McCarthy. Y después reflexionen acerca de lo que han visto. Si la ven en el cine, será dinero bien invertido.

viernes, 6 de diciembre de 2013

LEER Y CONVERSAR, UNA INTRODUCCIÓN A LOS CLUBES DE LECTURA (2009), DE JESÚS ARANA Y BELÉN GALINDO. FORMAS DE LECTURA COLECTIVA.

Queriendo escribir un artículo en torno al magnífico manual técnico sobre clubes de lectura de Jesús Arana y Belén Galindo, al final me ha salido más un escrito en torno a mis propias impresiones de lo que es un club de lectura. La lectura del libro me ha servido para conocer otras experiencias (algunas realmente veteranas) y darme nuevas ideas acerca de una actividad colectiva que cada día está más extendida. Aquí el artículo, mi colaboración en Alta Fidelidad:

http://www.altafidelidad.org/los-clubes-de-lectura/

martes, 3 de diciembre de 2013

CLUBES DE LECTURA EN MÁLAGA EN DICIEMBRE. LA REVOLUCIÓN DE LOS HOMBRES-ESTANTERÍA.

¿Han oído hablar de los hombres-libro? Sí, esa gente de la que habló Ray Bradbury, que vivían en una sociedad en la que los bomberos se dedicaban a quemar libros y, para salvar los textos, su único recurso era aprenderselos de memoria para después recitarlos en reuniones secretas. Yo he conocido a gente que practica eso, pero más como homenaje personal a la literatura que como una necesidad. Hoy podemos almacenar miles de libros en nuestras computadoras y leerlos cuando nos place. Lo malo es que cada vez se hace menos. La gente no se concentra en lo que lee, sino que atiende a los mil reclamos constantes de los nuevos aparatos. ¿Cuando fue la última vez que se sentaron tranquilamente a leer un buen libro, con el ordenador, la tablet y el móvil apagados? Bueno, yo les propongo una pequeña revolución, una revolución mucho más modesta que la de Ray Bradbury, la revolución de los hombres-estantería, hombres y mujeres que leen y que son incapaces de aprenderse de memoria el texto, pero les queda un poso del mismo que llevan en su interior, como si de los anaqueles de una estantería se tratara, con los títulos bien visibles y el mensaje del libro interiorizado. Yo conozco a muchos-hombres estantería y a algunos hombres-biblioteca. Cuanto más tiempo dediquen a la lectura serena, más se llenarán sus anaqueles.

En los clubes de lectura de este mes, hay bastantes ausencias, por la cercanía de las fiestas navideñas, pero hay otros que siguen tan activos como siempre.

En el club de lectura de la Biblioteca Provincial, de nuevo recurrimos al gran Benito Pérez Galdós, con un libro que es como una metáfora de las dos Españas: Doña Perfecta.

En el club de lectura de la Biblioteca Cristóbal Cuevas, tenemos el gusto de recibir a un autor de éxito. Nos acompañará Jacinto Muñoz Rengel para hablar de su última creación, El libro de los pequeños milagros.

En el club de lectura de Más Libros Libres, un encuentro con una muy peculiar novela histórica, en torno al genio Leonardo Da Vinci: La sonrisa de la Gioconda, de Luis Racionero.

En el club de lectura "Encuentro con los clásicos", de la Biblioteca de Arroyo de la Miel, uno de los indispesables de la literatura de todos los tiempos: Jorge Luis Borges y sus cuentos reunidos en El Aleph.

En el club de lectura del Ateneo, extensión Torremolinos, conmemoran el año Camus con su obra más emblemática, una de las primeras que escribió, El extranjero.

En el club de lectura de la Biblioteca de El Palo, una novela de la ganadora del premio Pulitzer, la escritora realista Willa Cather: Una dama extraviada.

Y, pasando a la relación entre cine y literatura, tres propuestas: en el ciclo que organizo en la Biblioteca Cristóbal Cuevas, Up in the air, de Jason Reitman, una de las propuestas cinematográficas más estimulantes de los últimos años (y no lo digo por George Clooney) por su fino análisis de las consecuencias de la crisis en el eslabón más débil de la cadena productiva: los trabajadores. En el Ateneo, en consonancia con la lectura elegida para noviembre, se ofrece la adaptación cinematográfica de La muerte en Venecia, de Luchino Visconti. Y en la Biblioteca Dámaso Alonso, en Ciudad Jardín, una película que tengo muchísimas ganas de volver a ver: El fuego y la palabra, de Richard Brooks, en torno a un predicador y sus engaños.

Cuando vaya conociendo nuevas propuestas, las tendrán puntualmente en la columna de la derecha. ¡Felices lecturas!

lunes, 2 de diciembre de 2013

LA MUERTE EN VENECIA (1912), DE THOMAS MANN Y DE LUCHINO VISCONTI (1971). EL ARTE Y LA PASIÓN.

Aunque todavía nadie lo sospeche, la Europa de la época en la que fue escrito La muerte en Venecia se acerca con paso firme a la catástrofe de la Primera Guerra Mundial. Mientras tanto, los usos sociales son todavía decimonónicos y los aristócratas, intelectuales y rentistas de distintos países europeos pasan buena parte de su tiempo viajando a lugares turísticos, con hoteles bien acondicionados para tan insignes huéspedes, como Venecia. A uno de estos hoteles, situado en la playa del Lido, acude Gustav von Aschenbanch, un escritor alemán consagrado, que necesita poner distancia con Munich, para pasar un periodo de soledad necesario para garantizar la paz de su espíritu.

Aschenbanch es un representante perfecto de los usos burgueses de su tiempo. Artista de gran éxito y a la vez viudo, cuando el lector lo conoce parece haber renunciado para siempre a la idea del placer, para consagrarse a la búsqueda de la perfección creativa. Bajo su conducta externa perfectamente decorosa se esconde una rica vida interior en la que prevalece una visión racional de su propio arte, el instrumento que cree le va a llevar al encuentro de la perfección, de la belleza absoluta: su punto de vista es claramente apolíneo.

Cuando se piensa en el argumento de esta novela es difícil pensar en una ciudad más adecuada que Venecia para contar el tremendo mazazo pasional que recibe el protagonista cuando contempla por primera vez a Tadzio, el muchachito de aspecto angelical que parece haber puesto el diablo - o la muerte - en su camino para perderlo. De pronto todos los sentidos que estaban adormecidos parecen despertarse en Aschenbanch, doblegando su espíritu de una manera despiadada, transformando al anodino burgués que ha sido hasta entonces en un ferviente admirador de la belleza carnal del muchacho, hasta el punto de que en más de una ocasión está a punto de dejarse llevar por los deseos sin atender a las conveniencias sociales. Para Vargas Llosa, el civilizado Aschenganch ha sido conquistado por los deseos más primitivos, sin que sepa ni quiera volver al comedimiento que le caracteriza:

"Embridar los deseos y las pasiones de los individuos de modo que los apetitos particulares, azuzados por la imaginación, no pongan en peligro al cuerpo gregario, es la definición misma de la idea de civilización."

Venecia es una ciudad tan singular, tan bella, que es capaz de enfermar a sus visitantes. Una urbe que ha sabido hacer de la decadencia su marca de identidad, cuyos laberínticos callejones esconden rincones perturbadores por su misterio. Pero también es un lugar que puede resultar malsano, por sus olores, por su suciedad, por la concentración destructiva de turistas. A veces es una ciudad tan turbia como sus aguas y otras se presenta tan transparente como sus cielos primaverales. Aschenbanch ha caído irremediablemente presa del hechizo de la ciudad y no puede abandonarla aunque lo intente (de hecho, se alegra de inmediato cuando se tuercen sus planes de huir de allí). Está demasiado embelesado por el misterio de Tadzio, su ángel de la muerte, al que sigue por las tortuosas callejuelas de una Venecia que no puede ya ocultar la epidemia que se ceba con ella. Tadzio es la belleza, la perfección y el misterio de lo absoluto, todo ello encarnado en un ser al que nunca se atreverá siquiera a tocar, quizá para que no se rompa el sortilegio de esos días sublimes y terribles:

"Pues el hombre ama y respeta al hombre mientras no se halle en condiciones de juzgarlo, y el deseo vehemente es el resultado de un conocimiento imperfecto."

¿Quién es Tadzio? ¿Un joven inocente ajeno a los deseos de su admirador o alguien mucho más pícaro, que entra en el juego de seducción y miradas, más por curiosidad que por otra cosa? Eso no reviste gran importancia. Tadzio es simplemente el acicate que opera la gran transformación en el espíritu del protagonista, algo que le resultará fatal a la postre. Hasta ese momento la relación de Aschenbanch con el mundo ha sido la misma que el crítico teatral tiene con la obra que contempla: está allí para juzgar, no para participar. Cuando sus impulsos le instan a participar como protagonista en la obra, algo dentro de él se rompe: de pronto el mayor de sus temores, el de hacer el ridículo, queda atrás y es capaz de maquillarse y arreglarse con un coquetería desconocida hasta entonces con tal de seducir al joven. Pero es incapaz en todas las ocasiones de dar el último paso, el paso definitivo, el que sin duda lo perderá. Antes de eso prefiere salir del escenario que ha visitado tan breve como tímidamente, pues no puede resistir emociones tan intensas como desconocidas. El artista que creía saberlo todo acerca del mundo, se descubre de pronto desnudo.

La película de Visconti plasmó de manera sublime el espíritu de la novela, una tarea que puede antojarse titánica. El Aschenbanch de Visconti cambia su profesión literaria por la musical, pero sigue siendo el mismo ser introvertido y taciturno que se escuda del mundo bajo un grueso barniz de intelectualidad. La playa del Lido y la Venecia de la película parecen pinturas impresionistas tocadas por una muerte acechante y escondida en un Tadzio enormemente perturbador. Quizá fue un personaje tan icónico y poderoso lo que acabó destruyendo la vida de quien lo encarnó, Bjorn Andresen.