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jueves, 13 de marzo de 2025

NAPOLEON DIRECTOR´S CUT (2023), DE RIDLEY SCOTT.

No he visto la primera versión de esta película, pero el montaje del director, de casi cuatro horas de duración, resume de manera satisfactoria la vida de un personaje tan inabarcable como Napoleón Bonaparte. Aunque todavía en esta versión de casi cuatro horas Scott deja puntos esenciales con escaso o nulo desarrollo, lo importante es que se trata de una muy decente recreación de época repleta de escenas espectaculares que muestran de manera muy veraz lo que debía ser estar en un campo de batalla de la época. Joaquin Phoenix ha sido muy criticado por el papel protagonista de esta película pero, aunque hay escenas en las que peca de inexpresividad, pasa con nota la prueba de interpretar a un personaje tan complicado y del que no existen referencias visuales más allá de algunos cuadros en los que aparece absolutamente idealizado. Desde luego que existen fallas muy importantes en la película, como la licencia que se toma filmando un bombardeo a las pirámides de Egipto que nunca existió o las nulas referencias a un asunto tan crucial como la resistencia a la invasión en España, pero al final del visionado de esta versión del director las sensaciones son positivas, sobre todo si no olvidamos que no estamos contemplando un documental al que se le exige rigor histórico, sino una película de ficción en el que sus creadores tienen permitido tomarse las licencias que quieran en pos de la espectacularidad de su producto.

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sábado, 4 de enero de 2025

GLADIATOR 2 (2024), DE RIDLEY SCOTT.

Cuando leí por primera vez acerca del proyecto de realizar una segunda parte de Gladiator, me lo tomé a broma. El protagonista de la primera moría en un final épico que no admitía continuidad con otra película. Sin embargo, aquí se sitúan décadas después de estos acontecimientos para contar prácticamente la misma historia, pero esta vez protagonizada por el hijo de Máximo. Gladiator 2 no oculta su ambición de aprovechar el éxito de su predecesora para ofrecer un espectáculo hiperbólico que en ningún momento se hace creíble para el espectador. En demasiados momentos se intenta apelar a la nostalgia, mostrando imágenes de Máximo, pero esto solo sirve para que comparemos el carisma de Russell Crowe comparado con el insípido Paul Mescal. Lo que en la primera parte era espectacularidad y épica bien entendida - aunque no se respetara la verdad histórica - aquí se convierte en una película sin alma, como si hubiera sido filmada por una inteligencia artificial a la que se hubiera programado exclusivamente para abrumar al espectador. Aunque en algunos tramos resulte entretenida, Gladiator 2 es una obra absolutamente innecesaria que no solo no homenajea a la primera, sino que, en cierto modo, mancha su legado.

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miércoles, 14 de diciembre de 2022

GLADIATOR (2000), DE RIDLEY SCOTT.

El verdadero impacto que causó esta película cuando se estrenó en cines hace más de dos décadas solo lo puede conocer quien asistió a las salas en ese momento. Ridley Scott intentó rescatar aquí el viejo sentido del espectáculo de las ya extintas superproducciones de época de Hollywood, pero adaptándolas a los gustos del espectador moderno y representando de manera explícita la violencia. Por mucho que el guion de Gladiator pueda pecar de simpleza, sus diálogos están bien construidos y el ritmo que Scott impone a la historia hace que su abultado metraje transcurra como un suspiro para el espectador. El cine concebido como gran espectáculo de entretenimiento en una Roma recreada por unos efectos especiales que en cierto sentido han envejecido un poco mal, pero que en aquel momento se sentían como algo novedoso e impactante. Además, en esta película el cristianismo brilla por su ausencia y el héroe reza a sus dioses lares, lo cual también es una novedad en este tipo de cine. Las escenas en el Coliseo no pueden ser más sangrientas y el esfuerzo de recreación de aquel ambiente de violencia, sangre, vísceras y animales salvajes es un punto más a favor en una producción que, pese a quien pese, ha conservado bien su esencia a través de los años y se ha convertido en un auténtico clásico, aunque su argumento sea historia-ficción.

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martes, 30 de agosto de 2022

LA CASA GUCCI (2021), DE RIDLEY SCOTT.

Resulta sorprendente la vitalidad de un director de la edad de Ridley Scott, que después de entregar una de las mejores películas de la década - El último duelo - realiza en La casa Gucci un análisis del poder económico contemporáneo, un poder basado en el capitalismo más puro. Y es que ese deseo por poseer prendas de vestir de firma a precios imposibles es uno de los mecanismos de distinción más populares (entre las clases pudientes), conformándose los menos afortunados con intentar dar el pego comprando ropa de imitación. Precisamente esa realidad es la que empieza a activar los mecanismos de la ambición de la esposa del heredero de la Casa Gucci, que arrastra a su dubitativo marido hacia una especie de comportamiento mafioso que tiene como consecuencia la traición al resto de miembros del clan familiar. La película de Scott es muy entretenida y sus más de dos horas y media de duración no pesan para nada, más bien hubiera sido necesario más metraje para explicar unos cambios de comportamiento tan radicales en los protagonistas sin que se muestre una evolución al respecto. La Casa Gucci puede servir como actualización y homenaje a aquellas series que veían nuestros padres dedicadas a la contemplación de las luchas intestinas entre miembros de familias privilegias, al estilo de Falcon Crest, Dinastía o Dallas. Película muy entretenida, pero a la que se le echa en falta un desarrollo más racional de esos personajes interpretados por un elenco de algunos de los mejores actores que pueden encontrarse en estos momentos.

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martes, 30 de noviembre de 2021

EL ÚLTIMO DUELO (2004), DE ERIC JAGER Y DE RIDLEY SCOTT (2021). APELANDO AL JUICIO DE DIOS.

No hay nada como un buen libro para acercarse a los hechos del pasado, para intentar comprender lo mucho que hemos evolucionado desde la remota Edad Media e intentar interpretar aquella época sin cometer el error de juzgarla a través de la moral del presente.  El ensayo de Eric Jager nos sitúa en las últimas décadas del ominoso siglo XIV para contarnos la historia del último juicio por combate - una práctica totalmente legal, pero ya prácticamente en desuso - que se produjo en Francia. Una narración apasionante, que se basa en documentación y crónicas de la época y que se lee casi si fuera una novela. A través de sus páginas podemos acercarnos de manera verosímil al funcionamiento de una sociedad en guerra casi permanente, con una potente estratificación social y en la que, en la nobleza, la idea del honor era más importante que la propia vida.

La presunta violación de Marguerite de Carrouges a manos de un íntimo amigo de su esposo debió causar considerable escándalo en aquella época. Hay que tener en cuenta aquí que el delito de violación no se producía estrictamente contra la mujer, sino contra la propiedad de su guardián masculino. El honor del caballero Carrouges se veía así mancillado y la única reparación posible para él era hacer confesar al agresor o matarlo en un duelo judicial, que probara que la justicia divina había guiado su brazo. Además, este caso en concreto se veía complicado por el hecho de que sus dos protagonistas pertenecían a dos familias muy importantes de Francia: la de Carrouges, de la antigua nobleza, estaba comenzando a perder el favor de su Señor, debido al empecinamiento de Jean de Carrouges de devolver el esplendor a su apellido frente a su inmensa decepción por no haber heredado el mando de la fortaleza que poseía su padre. Su rival Jacques Le Gris, un hombre muy inteligente que, al contrario de Carrouges, se encontraba en pleno ascenso en la confianza del Señor.

Además de para describirnos un complicado proceso judicial - porque por muy bárbaros que resultaran los procedimientos, las garantías jurídicas ya existían - que es explicado en todas sus fases magistralmente por Jager, El último duelo sirve para asomarnos a la vida cotidiana de un caballero en la Francia del siglo XIV: su interés en hacer un buen matrimonio, su obsesión por aumentar el patrimonio familiar, la necesidad de disponer de herederos lo más pronto posible y su oficio, que le llevaba a pasar largos periodos fuera del hogar ganándose la vida guerreando, a veces en lugares tan distantes como Escocia, anhelando siempre volver a casa con un buen botín obtenido a través de saqueos. Un noble de aquella época debía tener cuidado a la hora de elegir bando en las numerosas batallas internas que se producían en el contexto de la Guerra de los cien años, puesto que en aquella época todavía los ingleses dominaban una parte muy importante del territorio de lo que es el actual Estado francés.

Resulta fascinante también encontrar transcritas las fórmulas exactas que se usaban durante las diferentes fases del procedimiento y las que se utilizaban inmediatamente antes de comenzar el duelo a muerte entre los dos contendientes. Apelaciones a Dios, a la verdad y al honor que son también utilizadas sabiamente en la extraordinaria adaptación cinematográfica de Ridley Scott, en la que el director británico retrata una Edad Media violenta y oscura. Además de ser espectacular en muchas de sus escenas, la película cuida en todo momento la verosimilitud histórica, respetando en todo momento las afirmaciones del riguroso estudio histórico en el que se basa. Quizá sea polémico que su estructura narrativa se haya basado en Rashomon, la película de Kurosawa, algo que puede hacerse algo indigesto para algunos espectadores, pero es un método muy efectivo para hacer comprender que la idea de verdad es algo muy subjetivo, aunque al final comprendemos que la verdad de la víctima es la más importante. No hay héroes en esta historia: todos los personajes se guían por sus propios intereses y la única nobleza que exhiben es la del honor de su apellido. Magníficos intérpretes y estupenda dirección y puesta en escena para una de las producciones cinematográficas más importantes de los últimos años, que resulta ser también una valiosa lección de historia.

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viernes, 30 de octubre de 2015

MARTE (2015), DE RIDLEY SCOTT. SALVAR AL ASTRONAUTA WATNEY.

 
La literatura de ciencia ficción de mediados del siglo XX vaticinaba para nuestro tiempo una brillante época de exploración espacial. Seguramente ya contaríamos con presencia permanente en la Luna, habríamos llegado a varios planetas del Sistema Solar y estaríamos preparándonos para nuevas y fantásticas misiones en las que nos acompañarían computadoras y robots mucho más inteligentes que el ser humano. Lo cierto es que lo conseguido hasta la fecha en esta materia decepciona. Los recortes también llegaron hace tiempo a la inversión en exploración espacial, quizá porque se estima que es económicamente poco rentable, pero para compensar, en estos últimos años hemos ido obteniendo un conocimiento cada vez más preciso del funcionamiento del Universo, desde las partículas más diminutas hasta los inmensos agujeros negros. Es posible que todavía no podamos viajar muy lejos, pero sí que sabemos más o menos lo que podemos encontrar en nuestro vecindario cósmico más próximo, aunque siempre es posible la sorpresa...

De la posibilidad de viajar a Marte (y volver) se viene hablando desde hace décadas. Es una hazaña factible, pero muy cara. Quizá cuando todos seamos un poco más viejos tengamos el privilegio de ser testigos de ella o puede que se convierta en un proyecto eternamente aplazado. Marte ha despertado desde antiguo la imaginación de novelistas y de hombres de ciencia. Durante mucho tiempo se creyó que el planeta rojo estaba atravesado por una red de canales artificiales, por lo que era indudable la presencia de vida inteligente en el mismo, pero las visitas de nuestros ingenios mecánicos han descartado esa idea, incluso en su estadio más primitivo. Marte es un mundo muerto, aunque, a tenor de las imágenes que ofrece Ridley Scott en el film, de una extraordinaria belleza.

El argumento de Marte (resulta bastante insólito que no se haya respetado su título original, El marciano), es bien conocido y enlaza con un gran clásico de la literatura universal: Robinson Crusoe, lo que da pie a que, entre otras cosas, la película sea vehículo para el lucimiento de Matt Damon, que debe sobrevivir en solitario en un medio hostil, como ya hiciera Tom Hanks en la irregular Naúfrago, de Robert Zemekis. El cartel no engaña y a quien no le caiga muy bien este actor no le recomendaría de ningún modo que pasara por taquilla.

Como virtud principal de la propuesta de Ridley Scott tenemos que nombrar su condición de gran espéctaculo, destacando un soberbio apartado técnico, cuidado en todos sus detalles, así como un excelente asesoramiento científico, lo cual hace que la superviviencia del astronauta Watney no sea fruto del azar ni de la fe, sino de la aplicación práctica de conocimientos acumulados durante milenios para contrarrestrar una situación absolutamente hostil, algo que resume la grandeza de la condición humana. Por otra parte, Marte, no ofrece mucho más que eso: pura rutina cinematográfica, trufada de heroísmo por parte de Watney y sus compañeros, que arriesgan sus propias vidas para intentar rescatarlo. Hay cierto debate moral: ¿hasta dónde se puede llegar, en términos de riesgo de otras vidas y económicamente para rescatar a un solo hombre, sin garantía alguna de que la misión vaya a salir bien? Algo muy parecido se planteaba en Salvar al soldado Ryan, de Steven Spielberg. Si algo llama la atención en esta película, frente a otras propuestas de ciencia ficción del propio Scott es su mensaje optimista durante todo el metraje: la tecnología combinada con el esfuerzo humano pueden lograr las metas más inverosímiles. En este sentido me gustó mucho más la reciente Gravity, de Alfonso Cuarón.

martes, 10 de diciembre de 2013

EL CONSEJERO (2013), DE RIDLEY SCOTT. LA CAÍDA.

Resulta impactante que un hombre como Ridley Scott, que supera ya ampliamente los setenta años, siga trabajando al ritmo que lo hace y que sea capaz de reiventarse a sí mismo con una película tan fascinante como El consejero. Scott ha sido capaz de los mejor (Alien, el octavo pasajero, Blade Runner, Gladiador) como de lo peor (Black Rain, La teniente O´Neill) en su carrera cinematográfica, pero siempre ha sido un director que se ha arriesgado dentro del estrecho margen del circuito comercial de Hollywood. Además, es capaz de manejar distintos géneros con soltura. En esta ocasión su colaboración con el prestigioso escritor Cormac McCarthy ha dado pie a una obra muy singular, exigente con el espectador y a la vez muy literaria. En todo momento se nota la mano del maestro McCarthy, responsable también de las obras en las que se basan dos magníficas películas: La carretera, de John Hillcoat y No es país para viejos, de Joel Coen.

El protagonista de El consejero es un actor que cada vez destaca más en el panorama cinematográfico actual, por la variedad de registros de la que es capaz, Michael Fassbender, que interpreta a un abogado que parece tenerlo todo: una posición sólida en su profesión y una hermosa prometida, (interpretada por Penélope Cruz). Pero hay una ambición humana que a veces nos lleva a la gloria y a veces a la perdición. Se trata de la codicia y el abogado parece arder en deseos de multiplicar su bienestar material. No basta con un buen coche, una buena vivienda y una buena imagen. Todo puede mejorarse y la manera más rápida de hacerlo es contactando con narcotraficantes que se mueven en la frontera de México con Estados Unidos (uno de los territorios favoritos de McCarthy) y establecer una relación con ellos. No sabemos exactamente la naturaleza de los servicios que el abogado ofrece a los criminales, aunque podemos intuirla, aunque eso no es lo importante. Lo interesante son los efectos inmediatos que este pacto con el diablo van a tener en la hasta ahora plácida vida del protagonista, que va a entrar de cabeza en un mundo de lujo, sangre y violencia para el que se creía preparado, pero que va a engullirlo como una víctima más del absurdo de la prohibición de la droga, que tantas fortunas produce y tantas vidas se lleva por delante.

A partir de aquí la trama de la película está llena de consideraciones morales y filosóficas. El abogado tomó su decisión con libertad, pero ha entrado en una cárcel de oro de la que ya no puede salirse. Se lo advierte el personaje de Javier Bardem, que ignora si su lujosa casa es un lugar seguro o no en el clima de guerra permanente de carácter hobbesiano que mantienen entre sí los distintos cárteles de la droga. Tampoco parece importarle mucho, porque los que se dedican a este negocio saben que las ascensiones y caídas son tan pronunciadas como las que describe una montaña rusa. Se lo advierte también el personaje de Brad Pitt, un veterano y decadente contacto de esta mafia, de vuelta de todo y que cree tener un pasadizo para salir cuando lo estime oportuno. Cuando comprueba lo rápido que todo se desmorona a su alrededor, el abogado comprende que no hay vuelta atrás y que ni siquiera cabe el arrepentimiento ni la redención. Se lo dice otro abogado mexicano: ha pasado de una realidad a otra donde ya no es el dueño de su vida ni de sus actos.

El consejero es una película propia de unos tiempos pesimistas, repleta de negrura moral y de fatalismo. Propone un retrato muy oscuro de las ambiciones humanas y de nuestra nula capacidad de aprendizaje en ciertas cuestiones, por muy inteligentes que seamos. Hasta la persona más brillante puede caer en la trampa del dinero fácil y vender su alma a cambio de un poco de lujo efímero. No esperen una película de narrativa fácil y que ofrezca explicaciones de todas la vicisitudes de los personajes, solo siéntense y disfruten de una propuesta arriesgada, bien sazonada por los diálogos escritos por McCarthy. Y después reflexionen acerca de lo que han visto. Si la ven en el cine, será dinero bien invertido.

miércoles, 22 de agosto de 2012

PROMETHEUS (2012), DE RIDLEY SCOTT. EL HOGAR DE NUESTRO DEMIURGO.


Recientemente repasé los dos primeros títulos de la saga de Alien. El primero de ellos es incontestablemente una de las mejores películas de ciencia ficción de todos los tiempos. Ridley Scott consiguió retratar magistralmente la pesadilla de la tripulación de una nave de carga que tiene un encuentro nada accidental con una de las criaturas más terribles del universo. El punto fuerte del film era el continuo ambiente de tensión provocado por un ser al que el espectador sólo conocía en toda su plenitud en los minutos finales, un ser que acabaría convirtiéndose en todo un icono cinematográfico.

En "Aliens", James Cameron cambió de manera muy inteligente de registro y se acercó al género bélico, inspirándose en novelas clásicas como "Tropas del espacio", de Robert A. Heinlein. Aquí el enfrentamiento entre los marines espaciales y las criaturas adquiría caracteres épicos y Cameron rodaba, con su habitual meticulosidad, una gran película de acción, del todo coherente con lo narrado en la anterior.

Uno de los puntos que más me gustan del universo Alien es la vertiente sociológica del mismo. En las películas podemos intuir un mundo que está dominado por megacorporaciones, donde el poder político poco tiene que decir, si es que existe todavía. Los viajes espaciales son organizados por compañías que quieren sacar rentabilidad económica de los mismos y los tripulantes de las naves no son sino asalariados, que en más de una ocasión se quejan de sus condiciones de trabajo. Es posible que ese sea el futuro que nos espera. En "Prometheus", que transcurre cronológicamente antes de los acontecimientos de las otras cuatro películas, es una compañía la que organiza el viaje al planeta de nuestros presuntos creadores, aunque, por supuesto, existe un motivo oculto que justifica tamaña inversión económica. 

Sobre esta película había leído toda clase de malas críticas antes de ir a verla, pero intenté olvidarlas en cuanto me senté en la butaca del cine. Cierto es que no llega al nivel de las dos primeras, pero "Prometheus" es un espectáculo más que digno, lleno de sorpresas y al que merece la pena darle la oportunidad en una buena pantalla, pues como verdaderamente se disfruta esta película es en alta definición. Ridley Scott ha apostado de nuevo por un diseño de producción impecable y por el impacto visual. Lo malo es que su propuesta no va mucho más allá y se queda en un continuo homenaje a "Alien": la misión con objetivo oculto, el androide subversivo (un magnífico Michael Fassbender) y la chica guerrera que sustituye a Ripley. Bien es cierto que hay tensión e incluso sentido de maravilla, porque como espectador quiero seguir explorando ese planeta junto a los tripulantes, pero lo verdaderamente innovador debe guardarse para la siguiente entrega (que sin duda se rodará) y en esta queda la sensación de un espectacular prólogo de lo verdaderamente importante, que veremos dentro de unos años.

lunes, 19 de julio de 2010

ROBIN HOOD (2010), DE RIDLEY SCOTT. LA SOMBRA DE LA LEYENDA.


Muy floja la última película de un director que me suele gustar, Ridley Scott. No se puede ser menos original en la elección de tema y no se puede estar más desganado que Russell Crowe a la hora de interpretar al personaje. Mejor volver a las esencias, a Errol Flynn. Aquí el artículo de Suite:

http://suite101.net/article/robin-hood-una-pelicula-de-ridley-scott-a21449