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jueves, 1 de enero de 2026

UNA BATALLA TRAS OTRA (2025), DE PAUL THOMAS ANDERSON.

He intentado ver esta película objetivamente, sin pensar en las grandes polémicas que ha generado por parte de la crítica, puesto que las opiniones están divididas entre quienes la consideran una obra maestra y quienes aseguran que es la obra más floja de su reputado director. Desde luego su temática me interesa mucho, puesto que esos grupos pseudo terroristas que surgieron a finales de los años sesenta en occidente y que protagonizaron episodios tan llamativos como el secuestro de Patty Hearts. El grupo que se presenta aquí pretende desestabilizar al Estado golpeando objetivos tan delicados como la frontera Sur de Estados Unidos para denunciar su política migratoria, aunque es una lástima que no se profundice más en los objetivos del mismo ni en la personalidad de sus principales líderes, más allá de unos trazos gruesos. Lo que sí descubrimos inmediatamente es que las ideas utópicas que presuntamente se quieren aplicar a la sociedad no son válidas para sus relaciones personales, por lo que Perfidia, que ha tenido una hija con otro de los líderes, Bob, la abandone a manos de su padre, traicionando al movimiento que consideraba lo más importante de su vida cuando es capturada. Aquí entra en escena un personaje muy esperpéntico que afecta negativamente a cualquier pretensión de verosimilitud de la trama. Se trata del coronel Steven Lockjaw, un supremacista blanco que es una caricatura de lo debe ser un buen villano. Es una lástima que una propuesta tan interesante como la de Una batalla tras otra tenga estas carencias. Profundizando un poco más en las motivaciones y estructura del grupo criminal y creando unos villanos más realistas tendríamos una trama mucho más sólida y no meramente una película bien hecha y muy entretenida, que es la sensación final que produce esta última obra de Paul Thomas Anderson.

P: 7

miércoles, 12 de octubre de 2022

LICORICE PIZZA (2021), DE PAUL THOMAS ANDERSON.


Alabada por la crítica y rechazada por gran parte del público, la nueva obra de Paul Thomas Anderson se presenta como una película muy personal, construida a base de nostalgia por el Los Ángeles de los años setenta. Y si lo miramos por ese lado, Licorice Pizza funciona bastante bien, pues nos lleva a una ciudad - en concreto a la zona del valle de San Fernando - en un momento muy peculiar de su historia, a principios de los años setenta, puesto que al varapalo que estaba siendo para Estados Unidos la derrota en la guerra de Vietnam se sumaban la decadencia del sistema de estudios de Hollywood y la crisis de la energía, todo ello excelentemente retratado. Donde creo que falla Anderson es en el retrato de sus personajes y la historia de su relación, a través de un metraje sobredimensionado que acaba aburriendo al espectador. No parece haber un hilo conductor en la historia, sino solo pequeñas anécdotas que se van narrando sin que hagan avanzar un argumento que prácticamente se queda en nada. Hay momentos brillantes aquí y allá, como las apariciones de Sean Penn o Bradley Cooper, pero la realidad es que uno acaba cansado hacia la mitad del metraje de unos personajes que no dan mucho más de sí después de sus primeras escenas juntos. Y eso no es culpa de unos magníficos Cooper Hoffman y Alana Haim, sino de la acumulación de anécdotas insustanciales que componen la trama. No es Licorice Pizza mi estilo de película, pero puedo llegar a entender que a muchos les resulte una obra fascinante, pues Thomas Anderson es capaz de conectar con un extenso grupo de incondicionales.

P: 4

jueves, 17 de enero de 2013

THE MASTER (2012), DE PAUL THOMAS ANDERSON. EL PREDICADOR Y EL BORRACHO.

Hay ocasiones en las que uno sale del cine enormemente desconcertado. Me ha sucedido con The Master, esperadísima película de uno de los mejores directores de los últimos años, porque yo esperaba que me contaran una determinada historia y resulta que el guión trata un asunto totalmente diferente.

Las primeras escenas de la película nos presentan a Freddie Quell (Joaquin Phoenix), un soldado estadounidense que ha combatido la guerra en el Pacífico, al que parecen haber desequilibrado tantos años de combate. Un primer apunte inquietante: en un ambiente relajado, pues acaba de declararse la rendición del Japón, sus compañeros de armas esculpen una mujer desnuda en la arena de la playa. Es una simple broma, la típica alusión a la tensión sexual del soldado. Pero para Freddie aquello es mucho más: se acuesta con la figura y realmente realiza el acto sexual con ella ante la mirada atónita de los otros soldados.

La vuelta a la vida civil no parece que mejore el estado del protagonista: su vida es la de un alcohólico que debe cambiar de trabajo cada poco tiempo porque en todos acaba teniendo problemas. Freddie es un individuo violento, solitario y con una constante necesidad de sexo salvaje, un cóctel explosivo del que quizá pueda salvarle Lancaster Dodd (Philip Seymur Hoffman), el gurú de una secta (ellos prefieren llamarla movimiento espiritual) en pleno proceso de expansión, que por alguna extraña razón simpatiza desde el primer instante con Freddie, al que conoce por la más pura casualidad. A partir de aquí la película se centra en esta insólita relación paterno-filial. Lancaster quiere probar su terapia con Freddie, pero éste parece un caso perdido... Al final parece que ambos personajes tienen más puntos en común de lo que aparentaban, aunque si hablamos de final de metraje no es porque se llegue a conclusión alguna: en este sentido Anderson no se lo pone nada fácil al espectador.

Personalmente, y remitiéndome a lo que comentaba al principio, esperaba encontrar un retrato más o menos fiel de los inicios y consolidación de la secta de la Cienciología (aquí rebautizada como La Causa), como convencieron a sus ricos patronos con tan pobres y manidos argumentos y como se transformó en un movimiento influyente a nivel mundial que ha llegado a captar a actores famosos que publicitan sin reservas las supuestas bondades de una doctrina espuria y banal basada en unas promesas ambiguas de encontrar la fuerza para mejorar en el propio interior de uno mismo. Hay un momento en el film en el que parece que las cosas van a ir por fin en ese rumbo: cuando el discurso de Lancaster es interrumpido por alguien que le contrapone las virtudes de la ciencia. Pero esta discusión es acabada por Freddie mucho antes de dejar en evidencia a su maestro de la forma que mejor sabe: con los puños. Así pues The Master es una película extraña cuya mejor virtud es la estupenda interpretación de sus dos protagonistas. Pero también es una oportunidad perdida de exponer un discurso valiente acerca de esas sectas manipuladoras que aprovechan los miedos y las esperanzas del hombre para sacar réditos económicos y sociales. Un momento ¿no actúan así también las religiones oficiales? Eso daría tema para otra película...