viernes, 23 de diciembre de 2022

LA CINTA ROJA (2008), DE CARMEN POSADAS. TERESA EN LA REVOLUCIÓN.

Teresa Cabarrús fue uno de esos personajes históricos de los que a Stefan Zweig le hubiera gustado escribir una biografía. Nacida en una familia de financieros con anhelos de nobleza, el papel de Teresa era casarse con quien decidiera su familia para establecer una base de poder en Francia. En la novela Carmen Posadas da voz a una Teresa anciana que cuenta su vida en los tiempos convulsos de la Revolución Francesa, que en su caso estuvieron marcados por una capacidad de supervivencia y adaptación digna de un Fouché.

Ante todo hay que decir que La cinta roja es una novela convencional del género, pero bien escrita y documentada. Se intenta mantener el interés del lector a través de la narración de una existencia novelesca en la que llama la atención el contraste entre la vida antes y después de la Revolución, un cambio social brutal que aconteció en unos pocos años:

"Por aquel entonces, París era un monstruo que se devoraba a sí mismo en un continuo afán de depuración. De la ciudad alegre y confiada que un día fue, se había convertido ahora en un nido de delatores en el que todos se observaban para acusarse unos a otros de falta de patriotismo ode connivencia con alguno de los miembros de los partidos derrotados. Las secciones populares que tanto ayudaron al triunfo de la República ahora estaban cerradas, e incluso entre los jacobinos, el partido al que pertenecía Robespierre, nadie se atrevía a hablar excepto los funcionarios del Comité de Salvación Pública, que eran, precisamente, los encargados de sembrar el terror. Porque tenía razón Tallien: las palabras mataban."

Cabarrús estuvo en el centro de la tormenta todos esos años, pasando con suma facilidad de villana a heroína para las masas en diversas ocasiones, lo la llegó a poner en máximo riesgo de ser guillotinada. Lo más interés suscita en este episodio es cómo lo más terrorífico, la proliferación de muertes por guillotina ejecutadas de manera pública, puede llegar a convertirse en un hecho ordinario y, por lo tanto, la gente llegar a acostumbrarse a ello, hasta el punto de que, según se cuenta en la novela, los propios condenados organizaban fiestas la víspera de su ejecución, procuraban vestirse lo mejor posible, ensayaban discursos y se decoraban el cuello con una cinta roja que simbolizaba el luctuoso acontecimiento que estaba a punto de sucederles. 

Un personaje muy interesante, que no conocía y del que me gustaría leer una biografía más académica, porque, aunque Posadas parece que se ha documentado abundantemente a la hora de escribir su novela, en este tipo de literatura nunca se sabe a ciencia cierta qué es realidad y qué está inventando la autora para dar profundidad a su protagonista.

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