sábado, 2 de octubre de 2021
A PUERTA FRÍA (2012), DE XAVI PUEBLA.
sábado, 11 de septiembre de 2021
EL HIJO DEL CHÓFER (2020), DE JORDI AMAT. CIUDADANO QUINTÀ.
En su ejercicio periodístico nuestro protagonista demostró un olfato singular para escribir crónicas que incomodasen al poder, sobre todo respecto a esa muestra paradigmática de corrupción que fue el caso Banco Catalana. Es posible que, hasta su caída definitiva hace ya algunos años, el clan Pujol jamás se sintiese tan nervioso como con las informaciones que iba publicando Quintá, hasta el punto de que se llegó a llamar la atención a los responsables y al propietario del diario El País, como solo los políticos saben hacerlo. En este sentido, ese acto multitudinario de desagravio a Jordi Pujol se convirtió en todo un símbolo de la impunidad y de la superioridad del tribunal popular frente al Poder Judicial. Por desgracia, en nuestro país hemos podido contemplar más de un acontecimiento semejante. A partir de ese momento Pujol se proclamó el adalid de la moral frente a los poderes de Madrid, con lo que en cierto modo se dio vía libre al sistema corrupto en el que se convirtió la política catalana a partir de entonces.
Pero en uno de esos giros irónicos que tiene a veces la historia, el astuto Pujol consiguió convencer a su gran enemigo Quintà para que se uniera a sus filas: la dirección del nuevo canal autonómico TV3 era un caramelo demasiado dulce como para ser rechazado por un hombre tan ambicioso como Quintá. Gracias a su intuición y a su trabajo obsesivo consiguió crear una televisión moderna y muy valorada por quienes veían en ella un factor fundamental para crear sentimiento de pertenencia a la nación catalana. Pero su labor tuvo también sombras: su carácter dictatorial frente a sus subordinados, los gastos desmesurados en los que incurría y su fama de acosador sexual que no hizo sino acrecentarse en esta nueva etapa. Poco a poco Quintá fue cerrándose sobre sí mismo y quedándose sin amigos. Solo su última pareja aceptó quedarse junto a él cuando se sintió demasiado enfermo como para valerse por sí solo. El dramático final es bien conocido: asesinato de su mujer y suicidio, noticia que fue ampliamente difundida en su momento por diferentes medios de comunicación.
Jordi Amat ha sabido construir una narración en la línea de El adversario de Emmanuel Carrère, una crónica de no ficción que se lee como si fuera una novela, un relato que quizá tendría algo de inverosímil si hubiera sido inventado. El mismo autor, en las últimas páginas, reconoce sus influencias y comenta las dificultades a las que se tuvo que enfrentar a la hora de abordar la escritura de la biografía de un personaje tan singular:
"El desafío era intentar ir más allá del suceso o del relato histórico para construir una narración, pero asumir al mismo tiempo que el ejercicio literario de ir hacia dentro del caso y el personaje era una forma de embrutecimiento. Implicaba no solo descubrir realidades turbias, sino también embrutecer de sordidez mi conciencia y la del lector."
domingo, 5 de septiembre de 2021
CONTRA LA CINEFILIA (2020), DE VICENTE MONROY. HISTORIA DE UN ROMANCE EXAGERADO.
"Más bien en contra de la excesiva manipulación de la realidad, el cinéfilo se inclina por explorar los vínculos secretos que conectan un lado y otro de la pantalla. No se conforma con contemplar desde el patio de butacas la imagen de un mundo embellecido y estético. Desea "desaparecer" en él. Cuando una película le gusta especialmente, siente que las imágenes anulan su juicio, le arrebatan, se sume en un estado de olvido parcial de sus penurias y dificultades. Se siente desplazado al interior de una película. Este sometimiento del ego a las imágenes goza de un gran prestigio y a veces llega a servir como vara de medir la calidad de una historia."
Como bien nos recuerda Vicente Monroy en este estimulante ensayo, el cine no solo puede provocar amor en el espectador. También puede dar lugar a sentimientos muy distintos que pueden llegar a lindar con la indignación o el odio. Todos hemos conocido a gente (seguramente cualquiera de nosotros ha adoptado ese papel en alguna ocasión), que defiende o ataca a una determinada película o director con una pasión desmesurada, lo que suele provocar que el resto de contertulios callen o le den la razón con tal de no discutir frente a un discurso tan vehemente.
El propio autor confiesa haber sido así en su juventud, alguien obsesionado en visionar toda la historia del cine y cuyos juicios al respecto eran inapelables. Entrar a una sala de cine podía ser un aislamiento completo de la realidad que podía prolongarse durante horas después de terminada la película. A partir de esta idea casi religiosa de la relación del espectador con la pantalla, Monroy hace un repaso de los numerosos profetas que han dado al cine por muerto en un momento u otro del siglo XX, algo que se sigue repitiendo puntualmente en nuestros días.
En cualquier caso, el lector de Contra la cinefilia tiene la impresión de que existe una especie de resentimiento por parte del autor contra una pasión que acabó convirtiéndose en tedio para él, quizá porque la abordó en su momento con excesiva desmesura. La solución quizá sea compatibilizar cine y vida y, al igual que sucede con la literatura, saber sacar provecho de las lecciones que podemos extraer de las mejores ficciones. Hay que resignarse a que una vida humana es insuficiente para ver o leer todo lo que nos gustaría, porque existen otras responsabilidades, quizá no tan estimulantes, pero necesarias para llevar una existencia equilibrada. Personalmente me quedo con las ventajas que ofrecen actualmente plataformas como Filmin, en las que uno puede acceder a títulos cuyo acceso hasta hace poco era muy complicado. El cine es pasión, pero también hay que reivindicarlo como diversión.
lunes, 16 de agosto de 2021
ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA (1885), DE FRIEDRICH NIETZSCHE. LA MUERTE DE DIOS.
martes, 27 de julio de 2021
TRABAJO (2020), DE JAMES SUZMAN. UNA HISTORIA DE CÓMO EMPLEAMOS EL TIEMPO.
El ser humano no siempre vivió así. Durante muchos miles de años, los cazadores-recolectores no conocieron lo que era el estrés laboral. Se calcula que nuestros antepasados solo necesitaban trabajar unas doce horas al día para tener cubiertas sus necesidades básicas. El resto de tiempo era dedicado al ocio y a las relaciones sociales. Fue la llegada de la agricultura la que lo cambió todo. La ventaja evolutiva de disponer de un terreno firme donde asentarse, fundar las primeras comunidades humanas verdaderamente numerosas y asegurarse un sustento labrando la tierra costaba sangre, sudor y lágrima a sus promotores, pues bastaba una mala cosecha para sumir a la comunidad en una desastrosa hambruna. No obstante, todo este esfuerzo acababa dando frutos en el futuro y las comunidades acababan derivando en ciudades y algunas de estas ciudades fueron la semilla de los primeros imperios.
Desde entonces, el trabajador de a pie ha dependido de su diario sacrificio de tiempo y energías para sobrevivir. Durante siglos los trabajos más duros han sido los peor pagados o han sido realizados por esclavos. En la actualidad, en cierto modo sigue siendo así, puesto que hay muchos oficinistas en despachos con aire acondicionado que ganan mucho más que los que se suben todos los días a un andamio. El problema, como nos recuerda Suzman, es que muchos economistas llevan décadas advirtiéndonos de que al ritmo actual de explotación de los recursos y consumo, nuestro sistema colapsará en un futuro no muy lejano. El actual capitalismo, que se basa en la avaricia infinita de unos pocos y en el deseo insaciable de nuevos productos de la mayoría, debe ser paulatinamente cambiado por un sistema mucho más conformista respecto al consumo, pero también bastante menos estresante para la vida cotidiana. En cualquier caso, muchos empleos están siendo ya sustituidos por ordenadores y máquinas y muchos más van a verse afectados en el futuro, incluso los que hoy consideramos intocables. Así pues, queramos o no, el sistema deberá ser cambiado. De nosotros depende que dicha metamorfosis sea lo menos traumática posible para la gran masa social de trabajadores:
"Es mucho más probable que el catalizador sea un cambio rápido del clima, como el que provocó la invención de la agricultura; la ira causada por las desigualdades sistemáticas, como las que suscitaron la Revolución rusa; o quizá una pandemia viral que exponga la obsolescencia de nuestras instituciones económicas y nuestra cultura laboral y nos lleve a preguntarnos qué trabajos son de verdad valiosos y cuestionarnos por qué nos conformamos con dejar que nuestros mercados recompensen mucho más a quienes desempeñan cargos con frecuencia inútiles o parasitarios que a aquellos que reconocemos como esenciales."
martes, 20 de julio de 2021
DIARIOS (1976), DE STEFAN ZWEIG. LA INTIMIDAD DE UN EUROPEO.
https://elplacerdelalectura.com/2021/07/diarios-de-stefan-zweig.html
lunes, 14 de junio de 2021
LA SOCIEDAD DECADENTE (2020), DE ROSS DOUTHAT. CÓMO NOS HEMOS CONVERTIDO EN VÍCTIMAS DE NUESTRO PROPIO ÉXITO.
El hombre occidental del siglo XXI pisa un terreno líquido y pantanoso donde debería hollar suelo firme. La actualidad nos ha devuelto el eterno debate sobre políticas de identidad, nacionalismos y toda clase de asuntos estériles, como la importancia desmesurada que ha adquirido el concepto de lo políticamente correcto, dejando de lado los verdaderos fundamentos del progreso, que se basan en la investigación y en la economía productiva. La sociedad es rica, hay menos guerras y violencia que nunca en la historia de la humanidad, pero a la vez hay un desencanto hacia grandes proyectos y una alarmante falta de líderes carismáticos (democráticos, se entiende), capaces de motivar a sus pueblos de llevarlos a cabo. Además, aunque las libertades siguen siendo garantizadas por el Estado, el individuo se autoimpone limitaciones por miedo a ofender a cada vez más colectivos propensos a acusar a quienes se salen de los límites de lo que se supone decente. Las Universidades estadounidenses hace tiempo que sobreprotegen a sus alumnos para que no se vean sometidos al intercambio de ideas con individuos con formas de pensar distintas a la propia.
Si un hombre de hace cincuenta años nos visitara encontraría nuestra sociedad bastante parecida a la nuestra en cuanto a la vida cotidiana: vería que seguimos viajando en aviones, trenes y vehículos de cuatro ruedas, utilizando televisores, ascensores, cocinando de manera muy parecida... Quizá lo más revolucionario lo encontraría en la informática y en internet, la gran innovación de nuestro tiempo, pero no serían conceptos que le costara aprender y manejar. Los diseños de los objetos cotidianos le parecerían más elegantes, pero en el fondo comprobaría desilusionado que, en cualquier caso, como diría Julio Iglesias, la vida sigue igual. Los grandes éxitos de emprendimiento de nuestro tiempo tienen que ver, no con innovaciones en sí mismas, sino en la utilización más inteligente y rentable de servicios que ya son conocidos (Amazon, Uber...):
"Pero la trayectoria de Uber hasta el momento, la extraña irrealidad de su meteórico éxito, la convierte en un buen punto de partida para el debate sobre la decadencia económica, como un estudio de caso que defina qué es lo que se ve cuando una sociedad extraordinariamente rica no encuentra suficientes ideas nuevas que justifiquen la inversión de toda la riqueza acumulada y acaba escogiendo entre ir almacenando el dinero dentro de un colchón o bien jugar a una especie de juego de simulación. En una economía decadente, aquello que se presupone como lo más puntero del capitalismo se está definiendo cada vez más como una simulación: de tecnologías que ya casi están aquí, de modelos de negocio que están en la senda de la rentabilidad, de pistas de despegue que se extienden más y más sin que se logre jamás levantar el vuelo."






