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martes, 30 de enero de 2024

LA SOCIEDAD DE LA NIEVE (2023), DE JUAN ANTONIO BAYONA.

Recreando unos hechos históricos muy conocidos - el accidente aéreo en los Andes que obligó a sus supervivientes, como medida extrema de supervivencia, a comer carne humana - Bayona entrega una película casi documental y muy meditada que es un reflejo perfecto de los claroscuros de la tragedia. Con retrato exquisito y respetuoso de los personajes se cuenta una historia muy humana cuyo dolor se transmite perfectamente al espectador gracias a su conseguido realismo basado, entre otras cosas en un magnífico conjunto de actores desconocidos que otorgan más sensación de verosimilitud a la historia que se está contando. Además, la película es muy entretenida y narra perfectamente las diferentes fases de los más de dos meses que pasaron los supervivientes aislados en las montañas: la confianza en el rescate, la desesperación cuando saben que no pueden esperar ser rescatados y la resolución de sobrevivir a cualquier precio, aunque sea a través de la transgresión de uno de los grandes tabúes humanos. Un buen homenaje a nuestro espíritu de supervivencia a través de los protagonistas de una de las grandes hazañas del siglo XX, en la que se rinde también cumplido homenaje a quienes no pudieron llegar al final del camino.

P: 8

martes, 11 de octubre de 2016

UN MONSTRUO VIENE A VERME (2016), DE JUAN ANTONIO BAYONA. LA MUERTE Y SUS METÁFORAS.

Todos sabemos que vamos a morir, menos los animales y los niños. La relación de un niño con la muerte es episódica, pero cuando sucede, la extrañeza ante el fenómeno puede ser absoluta. No es un hecho concebible. Ni siquiera cuando somos adultos la aceptamos al cien por cien, puesto que apenas podemos soportar la idea de que es el futuro cierto que nos espera a todos. El fallecimiento de un ser querido es un momento especialmente difícil, para el que jamás podemos estar preparados. La muerte es un monstruo que devora la existencia, que establece un límite a un ser irrepetible, una idea tan real como aparentemente absurda. Por eso nos cuesta tanto acostumbrarnos a la ausencia de alguien, porque hemos trasladado nuestra idea de la propia inmortalidad al ser querido. Para un niño - yo he tenido la inmensa suerte de no tener que vivir la experiencia a esas edades - la pérdida de alguien tan cercano como la madre constituye un inmenso trauma. Y si el niño es ya casi un adolescente, que empieza a comprender la dimensión de lo que está sucediendo, el trago puede ser incluso más difícil de superar. La crueldad de la existencia en todo su esplendor, sobre todo si la muerte sobreviene a través de una enfermedad terminal. Susan Sontag lo expresa muy bien en su ensayo La enfermedad y sus metáforas:

"La enfermedad es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía más cara. A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos. Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar. (...) es casi imposible residir en el reino de los enfermos sin dejarse influenciar por las siniestras metáforas con que han pintado su paisaje."

Un monstruo viene a verme se ocupa de estos temas a través de una metáfora tan efectiva como excesiva. La idea de la que parte es excelente: el niño sufriente que quiere evadir la realidad a través de un personaje monstruoso creado por su imaginación, que le cuenta historias en buena medida también metafóricas, con el objetivo de que el joven Conor acabe contando la suya propia. Lo malo de la propuesta de Bayona no es lo que cuenta, sino cómo se cuenta. Con una puesta en escena impecable y una integración perfecta de los efectos especiales al servicio de la narración, la película se pierde en lo reiterativo, en unas escenas que son espejos unas de otras, provocando cierto hastio en el espectador. Pero lo peor no esto, sino que el director abunda en un defecto ya detectado en su anterior obra, la exitosa Lo imposible: su vocación lacrimógena. Bayona hace precisamente lo imposible para que el espectador sienta pena por el niño, apelando de manera brutal a sus sentimientos. Primeros planos del rostro de Conor, del sufrimiento de una madre sometida al cruel proceso de una enfermedad terminal y de la pena que transmiten ambos a los que le rodean. Y para más inri, resulta que el protagonista es un niño que sufre acoso escolar (situación que, por cierto, se resuelve de una manera bastante ridícula).

Así pues, Un monstruo viene a verme se nos presenta como una gran producción comercial que apela constantemente de manera bastante forzada (casi manipuladora) a quienes ven la película, controlando sus reacciones y poniendo toda la carne en el asador para que se identifiquen con la tragedia de Conor. Y tengo que decir que, cuando terminó la proyección, fui testigo de que dicho objetivo se había conseguido de una manera casi unánime. Si a la mayoría del público le gusta esta simplicidad emocional, auguro un gran futuro a Juan Antonio Bayona, un director con un gran potencial que debe empezar a explorar caminos más complejos si quiere parecerse a su gran ídolo Steven Spielberg.

lunes, 26 de noviembre de 2012

LO IMPOSIBLE (2012), DE JUAN ANTONIO BAYONA. EN EL CORAZÓN DE LA TRAGEDIA.


Hay tragedias que marcan épocas. El tsunami que arrasó las costas del Pacífico en 2004 y que acabó con miles de vidas es comparable, por su impacto, al terromoto de Lisboa, que en pleno siglo XVIII hizo dudar a Voltaire y a otros filósofos de la existencia de un Dios compasivo.

Existe un problema con las películas que muestran catástrofes contemporáneas: el espectador ya las ha visto con todo detalle en los distintos telediarios. Hoy día, que casi todo el mundo lleva cámaras en el bolsillo es casi imposible que un acontecimiento importante escape a la mirada de esta tecnología que se difunde en minutos por todo el mundo. Del tsunami existen numerosas imágenes impresionantes (en el siglo XVIII se divulgaban grabados con imágenes de una Lisboa en plena devastación), por lo que intentar impresionar al espectador por este lado resulta muy complicado. No obstante, Bayona ha reconstruido muy bien la catástrofe (como ya hizo Clint Eastwood en su día) y logra un punto de vista inédito: el de la víctima que es engullida por una ola gigantesca que lleva en su interior todo tipo de objetos y desperdicios, tan peligrosos como la misma fuerza del agua.

Lo imposible comienza mostrándonos las vacaciones de una familia ejemplar, sin fisuras, donde todo es armonía, quizá para conseguir desde el primer minuto la complicidad del espectador, que no va a tener más remedio que sentirse identificado con ellos, por supuesto para sufrir más intensamente con su desgracia. Es curioso que, cuando me senté en mi butaca, escuché a más de un espectador comentar que se iba a hinchar de llorar. Quizá esa sea una de las claves del desmesurado éxito que está teniendo esta película en nuestro país. La gente anhela emociones, cuanto más primarias mejor. En una época en la que las familias están atravesando una dura crisis, muchos ven en esta historia el mensaje de que la unidad familiar puede hacer frente a las peores dificultades.

Y es precisamente este punto el que hace naufragar la historia (nunca mejor dicho) desde que termina la escena de tsunami. El cine es, por definición, un medio manipulador, que en muchas ocasiones necesita la total complicidad del espectador para funcionar. Otras veces (y ese es el cine que yo prefiero, aunque con matices) lo que consigue es hacerte pensar, plantearte cuestiones acerca de lo que has visto. No es el caso de Lo imposible, cuya vocación manipuladora es tan evidente que termina molestando: esa música estridente, esos abrazos interminables, esas continúas lágrimas, esos gritos de los personajes llamándose unos a otros... Todo eso podría mostrarse con menos desgarro y más sutileza y el mensaje llegaría igualmente al espectador, pero no de forma tan directa y descarada. Puede parecer exagerado, pero algunas escenas me recordaban a un episodio de los Teletubbies, buscando continuamente abrazos fuertes.

Y que no se me tilde de insensible, que yo busco en el cine tantas emociones como cualquiera, pero no me gusta que me las muestren de manera tan obscena. En cualquier caso, la puesta en escena y la perfecta ambientación compensan en parte este defecto: Lo imposible posee una impecable factura técnica al servicio de una historia que hubiera ganado mucho con unos personajes mucho más complejos. Además (y esto no es una crítica) no hubiera estado mal echar una mirada a los efectos del tsunami entre la población local, que fue la gran afectada de todo aquello. Eso sí, en descargo de Bayona, hay que decir que su retrato es muy respetuoso: aparecen como héroes desinteresados que lo dan todo por ayudar a sus huéspedes, pero nada sabemos de sus pérdidas personales.

En cualquier caso, hay un gran efecto positivo en este fenómeno: esta película ha devuelto a la gente al cine como hacía tiempo que no sucedía. Sólo por eso, merece la pena echarle un vistazo y tratar de comprender con qué fórmula se ha conseguido tal hazaña.