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sábado, 26 de octubre de 2024

YOU´RE THE ONE (2000), DE JOSÉ LUIS GARCI.

You´re the one es un viaje sentimental a la Asturias de finales de los cuarenta. La moral franquista se mantiene en el pueblo de Cerralbos del Sella gracias a la presencia de un cura que al final resulta no ser tan estricto como parecía al principio. Los habitantes sobreviven con pequeñas gratificaciones, como las películas que se proyectan en el bar del pueblo y en cierto modo el retrato que ofrece Garci de esa época es idílico, ya que se está evocando la propia juventud. La protagonista viaja al lugar donde transcurrió su infancia huyendo del trauma que le ha producido la muerte de su marido, un intelectual antifranquista que ha sufrido la represión del Régimen. Allí va a encontrar la paz de espíritu que ha perdido en la asfixiante capital. You´re the one es cine contemplativo, de sentimientos, un retrato preciso de la vida un lugar apartado al que el entorno natural convierte en un paraíso. Conocemos la vida cotidiana del profesor, de los alumnos y de algunos otros habitantes y cómo impacta en Julia su regreso a unos orígenes mucho más sencillos que la vida que ha llevado de adulta.

P: 6

viernes, 29 de octubre de 2021

LAS VERDES PRADERAS (1979), DE JOSÉ LUIS GARCI.

Estupendo retrato de un momento concreto de la historia de España, cuando con la reciente llegada de la democracia, muchos madrileños se lanzaron a adquirir una segunda residencia en el monte, una forma de estatus social que no todos se podían permitir. Un magnífico Alfredo Landa interpreta a uno de esos afortunados, un self made man a la española que, desde sus orígenes humildes ha conseguido llegar a ser ejecutivo de una importante empresa y cumplir con sus sueños de juventud: el chalé en la Sierra, los hijos, los amigos, las comidas... Una bucólica imagen que se convierte en una insoportable realidad cuando el protagonista adquiere conciencia de los sacrificios del pasado y las servidumbres del presente que tiene que asumir para poder permitirse ese estatus. En el fin de semana que retrata la película José no puede descansar ni hacer nada de lo que le apetece. Puede que tenga muchas cosas, pero en realidad está esclavizado por la necesidad de conservarlas: tiene que aguantar a su jefe, al empleado pelota (impagable Carlos Larrañaga) y a su familia política, cuando a él lo que le gustaría es descansar y acudir al estadio de fútbol el domingo por la tarde. Al menos sigue enamorado de su mujer - y ella de él -  y puede realizarle confidencias en ese sentido. Garci retrata con acierto los sentimientos del protagonista, aunque teniendo a un actor de la talla de Landa como protagonista, sin duda todo es más fácil.

P: 7

viernes, 11 de agosto de 2017

EL CRACK (1981), DE JOSÉ LUIS GARCI. EL DETECTIVE Y LA MUERTE.

Hace unos meses tuve la oportunidad de tener una conversación con un detective malagueño. No podía dejar pasar la ocasión sin preguntarle cual es la película, a su juicio, que mejor refleja la realidad en la que él se mueve habitualmente. Me sorprendió mucho que no se decantara por ningún titulo norteamericano, sino por El crack, un pequeño clásico de nuestro cine en el que José Luis Garci ofrece un continuo homenaje a los clásicos del género negro. 

El protagonista, el detective privado Germán Areta, es un personaje muy tópico, aunque con matices, puesto que la interpretación de Alfredo Landa (recordemos lo que representaba Landa en aquel entonces), le otorga una gran humanidad y diversos matices que lo hacen muy interesante. Está claro que Garci lo dibuja como un cruce entre Bogart y Harry el sucio, pero el hecho de que Areta busque refugio en un proyecto de familia, con la que vive momentos totalmente alejados del mundo sórdido por el que se mueve en su profesión, lo distinguen un tanto de estos iconos del cine negro y policiaco. Areta es presentado como un hombre tranquilo y cerebral, pero que es capaz de intimidar cuando la ocasión es propicia para ello. Más que un hombre de acción, Areta es un hombre rutinario, un muy buen conocedor de su oficio que sigue manteniendo relación con su pasado como policía.

Lo mejor de El crack es el retrato de época que ofrece, de una España que se estaba despertando del mal sueño del franquismo, de un Madrid todavía dibujado en tonos muy grises. A Garci le gusta cambiar de escenarios mostrando panorámicas de Madrid (sobre todo de la zona de la Gran Vía), pero la película transcurre sobre todo en sombríos y a veces opresivos interiores. Lo malo es que el ritmo de la película no siempre es el adecuado y al director a veces se le va la mano con los homenajes, hasta el punto de ambientar el desenlace en la mismísima Nueva York - una decisión no exigida por el guión - pero una ocasión ideal para ofrecer panorámicas de rascacielos y recrear un ambiente más auténtico si cabe. El crack es una película interesante por lo que representa para nuestro cine, pero ha envejecido un poco mal. Acercarse a ella supone gozar de un interesante ejercicio de arqueología nostálgica, pero también lamentar lo que pudo ser no llegó a ser, sobre todo por el mal acabado de demasiadas escenas.

viernes, 20 de noviembre de 2015

EL ABUELO (1897), DE BENITO PÉREZ GALDÓS Y DE JOSÉ LUIS GARCI (1998), EL LEÓN EN INVIERNO.

A finales del siglo XIX España estaba pasando por un momento complicado. El asesinato de Cánovas, que se produjo en el mismo año de publicación de El abuelo, afectó profundamente al sistema de turnos de los partidos Liberal y Conservador que se había establecido en la Restauración y la pérdida de las colonias de Cuba y Filipinas el año siguiente profundizó aún más en la crisis del Estado. Como no podía ser de otra manera, la escritura de Galdós refleja fielmente el momento histórico vivido, con personajes simbólicos y representativos de la realidad de lo que fue llamada en su momento "catástrofe nacional" y dio nombre a la generación literaria del 98 (aunque Galdós no formara parte de ella).

El protagonista absoluto de este drama es don Rodrigo, conde de Albrit, que vuelve a sus antiguas posesiones como un ser derrotado y arruinado. Albrit ha estado unos años en América, tratando de hacer valer sus derechos familiares sobre unas minas, pero sus pretensiones no han sido satisfechas y ahora vuelve a un mundo muy distinto al que dejó en el pueblo de Jerusa, donde el ecosistema social ha sufrido algunos cambios. Su residencia, la Pardina, por ejemplo, es ahora propiedad de una pareja de sus antiguos sirvientes y él debe acogerse a su hospitalidad para alojarse allí, aunque estime que, por su clase social, debe ser servido por éstos. Cuando advierte que es atendido de mala gana, se lamenta de la ingratitud de la que está siendo objeto. Para él, la nobleza no es una cualidad que pueda ser adquirida con dinero, sino algo con lo que se nace. Como dispone su divisa, Albrit es un león cansado, pero sigue teniendo terribles accesos de ira. Los reproches que les dedica resumen su visión del mundo:

"No tenéis ni un destello de generosidad en vuestras almas ennegrecidas por la avaricia; no sois cristianos; no sois nobles, que también los de origen humilde saben serlo; no sois delicados, porque en vez de dar un consuelo a mi grandeza caída, la pisoteáis; vosotros que en el calor, en el abrigo de mi casa, pasasteis de animales a personas. Sois ricos… pero no sabéis serlo. Yo sabré ser pobre, y puesto que con vuestras groserías me arrojáis, me iré de esta casa, en que no hay piedra que no llore las desgracias de Albrit."

En realidad el regreso del conde de Albrit, despojado de su antigua autoridad aunque con un halo de nobleza todavía visible en su figura, es una situación incómoda para algunas de las fuerzas vivas del pueblo, que intentan convencer al protagonista para que acabe sus días enclaustrado en un convento, que sea un nuevo Carlos V en su Yuste particular.

Porque lo que pretende Albrit es remover el pasado, arrojar luz sobre las dramáticas circunstancias de la muerte de su último hijo. Si bien nunca aceptó a Lucrecia, su nuera, la revelación de que una de sus nietas podría ser fruto de una relación extramatrimonial es más de lo que el honor del anciano puede consentir. "Yo... también te perdonaría... si pudieran ir juntos el perdón y el desprecio", son las terribles palabras que dedica a una nuera que ha mancillado la dignidad de su hijo difunto y, por ende, el de su familia. Es el honor, un concepto ya caduco en la España de hace más de un siglo, uno de los principales temas de la obra, ya que es lo que define a don Rodrigo:

"No he inventado yo el honor, no he inventado la verdad. De Dios viene todo eso; de Dios viene también la muerte, fácil solución de los conflictos graves. (...) La causa de que las sociedades estén tan podridas, la causa de que todo se desmorone es la bastardía infame… el injerto de la mentira en la verdad, de la villanía en la nobleza…"

Junto a don Rodrigo, encontramos a otro personaje memorable, don Pío Coronado, el preceptor de las nietas, un hombre que se define a sí mismo como un ser tan bueno que llega a despreciarse a sí mismo y a la vez odia a un género humano contra el que carece de medios de defensa. Don Pío, como poseedor de la sabiduría de los libros, es despreciado por todos (recuérdese un dicho de nuestra España eterna, pasar más hambre que un maestro de escuela) y actuará como una especie de escudero del noble Albrit, aunque su máximo anhelo sea un suicidio que ponga fin a sus sufrimientos.

El abuelo es una narración sobre la decadencia. La decadencia de un personaje que vive amargamente su ocaso y de un país que se aferra a grandezas pasadas mientras las tradicionales clases privilegiadas asisten perplejas al ascenso irresistible de quienes hasta entonces no han vivido más que para servir. El conde de Albrit, en su ancianidad, es un personaje que puede conmover a ratos, pero detentador de ciertas actitudes y comportamientos que causan rechazo al lector actual, en su obsesión por conocer la verdad, aunque sea dolorosa. Un personaje profundamente humano, víctima del irrefrenable paso del tiempo: 

"Historia, cosas pasadas, que sólo dejan tras sí un letrero, una inscripción… Todo se borra, ¡ay! aun las piedras escritas. Cuando la roña y el musgo las empuercan, y se han criado en ellas cien generaciones de arañas y lagartijas, viene el progreso, y las manda picar para escribir otra cosa… o aprovecharlas en una alcantarilla. No me quejo, no. Ese es el mundo. Rodamos todos hacia lo infinito."

La versión cinematográfica de José Luis Garci se apoya sobre todo en la magistral interpretación de Fernando Fernán Gómez de un personaje que parece concebido a medida para él, secundado por un solvente Agustín González que encarna a un Senén mucho más maduro que el original, pero igualmente rapaz. El resto del elenco está muy descompensado frente a estos dos monstruos de la interpretación, aunque lo más llamativo del conjunto (en sentido negativo) es que las voces de algunos actores y actrices están dobladas y eso le da un tono muy poco natural a las interpretaciones. Además Garci usa y abusa de las escenas presuntamente trascendentes hasta el punto de saturar al espectador. A pesar de todo esto y del ritmo cansino que le imprime a la historia en muchos momentos del metraje, se trata de una aproximación a la obra de Galdós que no carece de interés. 

sábado, 11 de julio de 2015

ASIGNATURA PENDIENTE (1977), DE JOSÉ LUIS GARCI. EL MITO DE LA TRANSICIÓN.

Repasando los imprescindibles documentales que Victoria Prego realizó sobre la Transición española, uno advierte la ingenuidad y la inocencia de la que estaban dotados buena parte de nuestros compatriotas en la época. Cuando un periodista salía a la calle a encuestar a la gente sobre algún tema político, la mayoría se inhibía, no sabía que decir o respondía alguna barbaridad pero, eso sí, tomándose la atención al entrevistador casi como un deber ciudadano. No se sabía nada o se hacía como que no se sabía, pero en el fondo de todo esto había un anhelo de aprendizaje, de mejora. Hoy día seguimos sin saber, pero no somos tan retraídos, por lo que no nos importa exhibir nuestra ignorancia e incluso estamos orgullosos de ella. De la oportunidad de cambio que traía la democracia, se aprovecharon muchos, pero la mayoría siguieron con sus vidas y sus trabajos (los que no lo perdieron), pero no se produjo el necesario esfuerzo colectivo por dotar a este país de su gran carencia histórica: una sociedad civil ilustrada e influyente.

José, el protagonista de Asignatura pendiente, es un buen representante de una tipología social de la España de la época. Abogado laboralista (lo que inevitablemente nos remite a la matanza de los abogados laboralistas en Atocha, perpetrada en enero del año del estreno de la película), es un hombre comprometido en la lucha contra el franquismo, pero trata de exponerse en la misma lo menos posible. Lo suyo es ayudar a quienes sí se arriesgan, ya que en aquellos tiempos tenebrosos, lo laboral y lo penal estaban estrechamente unidos. José es un hombre felizmente casado, pero parece más enamorado de su trabajo que de su mujer. Un día, precisamente la jornada histórica en la que Franco iba a ofrecer su último y patético discurso en la plaza de Oriente, encuentra por casualidad a su primera novia, Elena, una mujer atrapada en un matrimonio gris y aburrido y, después de un par de citas clandestinas, le propone que hagan el amor, terminar la asignatura pendiente, que les dejó un tiempo mucho más represivo. Sorprende la facilidad con la que José engaña a su ingenua mujer, inventándose viajes de trabajo y hablando por teléfono con Elena delante de ella con torpe disimulo, sin que albergue la más mínima sospecha acerca de la fidelidad de su marido.

José acaba viviendo dos existencias paralelas, dividiendo su tiempo entre la convivencia con su amante y con su mujer. Ambas se vuelven igualmente rutinarias. La ilusión del principio se ha convertido pronto en monotonía, en problemas y reproches. Mientras tanto España también está cambiando. Franco muere y el país entra en una etapa de incertidumbre que coincide con la que estaban viviendo los espectadores de la época. ¿Los anhelos de libertad van a volverse pronto rutina? Quizá la historia sea la misma que la de Elena y José: la felicidad de lo novedoso podría transformarse en una aplastante apatía, tal y como él había vaticinado al principio. Es posible que en este país haya sucedido algo parecido, que todo cambiara presuntamente en aquella época, para que todo siguiera igual, que los privilegiados siguieran siendo los mismos y la gente corriente todavía no haya llegado a la mayoría de edad que se supone a una sociedad madura. 

Garci realizó una acertada crónica de las ilusiones y miedos de los españoles de hace cuarenta años que, vista hoy, a pesar de haber envejecido mal en algunos aspectos (como algunos diálogos demasiado artificiosos, sobre todo al final), puede servir de instrumento para que hagamos balance y reflexionemos acerca de lo que ha cambiado y lo que sigue igual en este país.