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domingo, 9 de junio de 2024

DUNE: PARTE DOS (2024), DE DENIS VILLENEUVE.

La segunda parte de uno de los grandes proyectos cinematográficos de nuestro tiempo arranca en el mismo instante en el que finalizaba la anterior, después de la destrucción de la casa Atreides, siguiendo a los dos supervivientes, madre e hijo, que se refugian con los presuntamente primitivos Fremen. En realidad esta película no se diferencia en nada de la anterior, pudiendo visionarse ambas partes como una sola. Si acaso aquí el espectáculo se engrandece, ofreciéndonos escenas tan memorables como la doma de los enormes gusanos de arena, utilizados por los Fremen para recorrer grandes distancias. Hasta ese momento los Fremen han sido un pueblo que ha vivido de profecías y promesas de redención. La llegada de Paul Atreides, al que muchos identifican como su Mesías, empezará una ola de fanatismo religioso muy parecido en sus formas al del islam. Solo Chani, la amante del presunto mesías verá todo eso como una gran locura y se abandonará a su pueblo. Como lector de la novela - solo la primera, por el momento - me siento muy identificado con la traslación en imágenes que ha logrado Villeneuve y me alegro de que la tercera parte se encuentre ya en producción.

P: 8

sábado, 23 de abril de 2022

DUNE (1965), DE FRANK HERBERT Y DE DENIS VILLENEUVE (2021). UN PLANETA LLAMADO ARRAKIS.

Mi segunda lectura del gran clásico de la ciencia ficción me ha hecho recordar por qué lo consideré mi libro favorito durante muchos años. Y es que Dune es una de esas obras que es capaz de crear un universo complejo, interesante y coherente en el que se mueven personajes que actúan según las leyes y costumbres del mismo. La novela de Herbert tiene también muchos de Shakespeare. Es la venganza de un hijo por el asesinato de su padre. Pero Paul Atreides es mucho más que eso, es un personaje predestinado - mística y genéticamente, en una extraña mezcla de religión y ciencia - a ser un líder mesiánico para los fremen, el pueblo que habita el desértico planeta Arrakis. 

Y es que Arrakis es casi como un personaje más de la novela, un planeta que es descrito magistralmente por Herbert geográfica y antropológicamente. Se trata de un lugar absolutamente desolado por la falta de agua en el que sus verdaderos dueños son esos enormes gusanos de las arenas que acuden en pocos minutos al movimiento de los recolectores de especia, la verdadera riqueza de ese mundo, lo que lo hace un punto estratégico para las casas nobles y el emperador que gobiernan este universo. A esta existencia hostil se han adaptado perfectamente los fremen, uno de los grandes hallazgos de la novela. Sus costumbres, su antropología, su tecnología, su religión... todo está en consonancia con la realidad de Arrakis.

Mientras tanto, las grandes casas conspiran entre ellas en un verdadero precedente de Juego de tronos. Las intrigas imperiales están magistralmente descritas, así como la impresión de que lo que estamos leyendo no es más que un episodio de una historia miles de años más amplia. Las intrigas tienen cierto aire al Renacimiento, con esas traiciones y administraciones de veneno - también la botánica es importante en la novela - que proliferan entre los miembros de las grandes casas.

La adaptación de Denis Villeneuve - que adapta solo la primera mitad de la primera novela del ciclo - hace justicia a una obra tan compleja y opta por poner la última tecnología en efectos especiales al servicio de la historia. Aquí el espectador puede disfrutar de imágenes bellísimas que compendian muchas páginas de descripciones de la obra literaria. Felizmente está anunciada una segunda parte que esperemos que continúe con la senda abierta por esta interesantísima visión tan personal que nos ofrece uno de los mejores directores de los últimos años.

P: 8

jueves, 19 de octubre de 2017

BLADE RUNNER 2049 (2017), DE DENIS VILLENEUVE. EL ALMA DE LA MÁQUINA.

Dejo aquí mi comentario acerca de una de las películas más esperadas del año, la segunda parte de la madre de todas las películas de culto. En esta ocasión, junto con mi compañero Eduardo González. Aquí el enlace:

http://astoria21.es/critica-blade-runner-2049/

viernes, 16 de diciembre de 2016

LA LLEGADA (2016), DE DENIS VILLENEUVE. LA HISTORIA DE TU VIDA.

Basada en un relato de Ted Chiang, La llegada es una película muy ambiciosa por su sentido filosófico y especulativo. Aunque al final la narración resulte un tanto fallida, su visionado es absolutamente recomendable. Mi primera colaboración en la magnífica página Astoria 21:

http://astoria21.es/critica-la-llegada/

lunes, 23 de noviembre de 2015

SICARIO (2015), DE DENIS VILLENEUVE. UN PASEO POR EL LADO SALVAJE.

En un artículo publicado en el diario El Universal, al hilo de los recientes atentados en París, el periodista Ricardo Alemán nos recuerda que en su país, México, hace años que libra una lucha contra un terrorismo a primera vista diferente, pero incluso más devastador: el que practican los narcotraficantes en su guerra permanente contra bandas rivales, contra el Estado y contra la población en general. Se trata de una cuestión tan antigua como de imposible resolución si no se actúa en coordinación con otros países y escuchando a aquellas voces que claman por la legalización bajo el control de los distintos Estados. Pero hoy por hoy, eso es imposible. La droga es presentada ante la ciudadanía como el mismísimo demonio y la guerra contra la misma como una cruzada que no puede ser cuestionada en modo alguno. Mientras tanto siguen produciéndose todos los días víctimas inocentes y los asesinos, ebrios de poder y de dinero, corrompen a los funcionarios o los atemorizan. México, o al menos partes de su territorio, padecen un presente funesto y un futuro incierto. 

Pero la película de Denis Villeneuve no pretende aportar soluciones, sino realizar un retrato hiperrealista de la situación actual en la frontera de Estados Unidos con su vecino del Sur para que el espectador saque sus propias conclusiones, siguiendo la trayectoria de Kate Mercer, una agente del FBI especializada en secuestros, que es fichada por un alto cargo de la CIA para que les ayude en la lucha fronteriza contra el narcotráfico. El mundo en el que se movía Kate era ya de por sí aterrador, pero nada la había preparado para lo que se va a encontrar ahora, sobre todo cuando aborde su primera misión: formar parte de un convoy que va a entrar a la peligrosa Ciudad Juarez para trasladar a Estados Unidos a un importante miembro de uno de los principales cárteles mexicanos. El corto y tenso viaje equivale a penetrar en las antesalas del infierno: recorrer las calles de una urbe en guerra permanente de todos contra todos y en las que exhiben colgados bien altos los cadáveres mutilados de las víctimas más recientes. Además sus compañeros Alejandro (Benicio del Toro) y Matt Graver (Josh Brolin) resultan casi tan inquietantes como los sicarios que presuntamente esperan escondidos para emboscarlos.

Desde que se incorpora a su nuevo destino el princial sentimiento de Kate es una profunda desorientación, porque en ningún momento (salvo en la última parte de la película) llega a conocer cuál es su papel en el operativo dispuesto para una misión con no pocos puntos oscuros. Y en este sentido el personaje interpretado por Emily Blunt peca de demasiado ingenuo, como si hasta aquel momento su experiencia policial se hubiera movido exquisitamente en los márgenes de la ley y no pudiera caberle en la cabeza que la lucha contra el narcotráfico, tal y como está concebida en la actualidad, es sin duda una guerra sucia, puesto que el enemigo no ofrece concesiones.

Sicario es una película extraordinariamente bien dirigida, que es capaz de manejar la tensión de muchas escenas (como la que transcurre en Ciudad Juárez) de manera magistral, así como dotar de verosimilitud a sus momentos de acción. Bien es cierto que peca de cierto abuso de los tópicos que abundan en este tipo de temáticas (y se me ocurre remitirme, sin pensarlo mucho, a películas recientes como Salvajes, de Oliver Stone y El consejero de Ridley Scott, así como a la literatura de Cormac McCarthy), aunque en esta ocasión se intenta profundizar más en aspectos de la vida al otro lado de la frontera. El film del director de Prisioneros nos deja claro que la existencia de muchos habitantes de México está marcada por la violencia que impone el narcotráfico y que a lo más que puede aspirar el gobierno de Estados Unidos es a que estas actividades se desarrollen en un cierto orden, con violencia de baja intensidad. Que las últimas imágenes de Sicario se dediquen a las próximas generaciones, dice mucho del futuro de un problema que se antoja eterno.

viernes, 14 de febrero de 2014

PRISIONEROS (2013), DE DENIS VILLENEUVE. LA CASA DEL PADRE.

Que una película como Prisioneros solo haya obtenido una nominación en los Oscars de este año - y en un premio menor, como es fotografía - no hace sino demostrar lo poco importantes que deben ser los premios a la hora de elegir la película que vamos a ver. Es mejor fiarse de ciertos críticos y de ciertos conocidos con buen gusto cinematográfico. Porque lo que es indudable es que la propuesta de Vileneuve es una de las mejores realizaciones que se estrenaron el año pasado.

El tema de la desaparición y secuestro de niños es uno de los más espinosos que puede abordar el cine. Lo ha hecho repetidamente en cintas maniqueas destinadas directamente a la televisión, para consumo de un público eminentemente emocional. Pero las aproximaciones inteligentes al tema son mucho más escasas. Adiós, pequeña, adiós, de Ben Affleck, es una de ellas. En La caza, de Thomas Vintenberg, magistral cinta que tuve la oportunidad de ver hace poco (de esta sí que se han acordado en la Academia de Hollywood), aunque no se trate de un secuestro, sí que se profundiza en las complicadas relaciones entre la infancia y los adultos, en ese instinto de protección que a veces hace que nos comportemos irracionalmente, ante la menor sospecha de que se ha dañado a un ser inocente. Aunque personalmente no soy padre, puedo comprender la angustia permanente que soportan los progenitores responsables, ante la tesitura de ser excesivamente protectores con sus hijos o dejarles un grado de libertad que siempre puede entrañar un peligro, un peligro que se manifiesta de la forma más terrible al comienzo de Prisioneros.

La cinta de Vileneuve comienza mostrandonos una reunión ordinaria de dos familias razonablemente felices. Viven en un entorno casi idílico, rodeados de naturaleza, aunque la meteorología del mes de noviembre en el que transcurre la historia sea particularmente desapacible. Este frío y lluvia constante en un ambiente de poca luz proporcionan el escenario adecuado para acentuar la inquietud permanente que se transmite al espectador en esta narración cruda de la desaparición de dos niñas. La existencia normal de estas dos familias cae, en los pocos minutos en los que se dan cuenta de que sus hijas no van a aparecer, en un auténtico infierno de impotencia y reproches. Pero Keller Dover, personaje magistralmente interpretado por Hugh Jackman, no es un hombre que pueda quedarse de brazos cruzados. Habiendo interiorizado una filosofía que le prepara siempre para lo peor, nunca pensó que la vida le iba a traer una pesadilla más terrible que la más siniestra que pudiera imaginarse. Así pues, deja de lado sus principios morales y secuestra al principal sospechoso del secuestro, un individuo con las facultades mentales perturbadas, que piensa como un niño de diez años. Con la complicidad del otro padre - que manifiesta razonables dudas acerca de la naturaleza de la acción emprendida, pero que tiene que rendirse ante los hechos consumados - se dedica a torturar a su prisionero con la esperanza de salvar a las niñas en una auténtica carrera contra el reloj, ya que, como es sabido, cuantas más horas pasen, menos esperanzas habrá de encontrarlas con vida.

Por otro lado, Prisioneros sigue los pasos del inspector al que se le ha asignado el caso, interpretado por Jake Gyllenhaal, un policía íntegro y que se entrega a su trabajo hasta el punto de no dormir apenas en los días que dura el caso del secuestro. Aún así, se siente bastante impotente en un caso en el que no deja de recibir presiones de Keller, alguien que, irónicamente, parece ir siempre un paso por delante de él en la investigación, quizá porque él tiene que seguir los procedimientos estrictamente legales. La película es de esas que golpea contínuamente al espectador con dilemas morales desde varios puntos de vista. ¿Es lícita la actitud de un padre que tortura ciegamente al sospechoso de secuestrar a su hija? ¿Está la ley suficientemente pertrechada de medios para afrontar casos tan delicados como éste? Son preguntas incómodas a las que no podemos sustraernos, que nos realizan unos personajes prisioneros de unas circunstancias en las que se han encontrado sin merecerlo. El mal, siempre acechante, golpea en los momentos en los que menos se le espera. ¿Cómo afrontar lo brutalmente inesperado? Ahí quedan esas cuestiones, a las que Vilenenueve solo puede responder a través de una muy bien elaborada intriga, que al final funciona de manera tan ambigua como la vida misma: los acontecimientos son independientes de la moral, que no es más que un invento humano que poco puede contra la fatalidad.