sábado, 7 de febrero de 2026

SEXO EN OSLO (2024), DE DAG JOHAN HAUGERUD.

La película comienza con la conversación de dos amigos y compañeros de trabajo que se confiesan lo inconfesable. Uno de ellos tiene fantasías con David Bowie. El otro ha llegado más lejos y ha practicado sexo casual con otro hombre. Sexo en Oslo se va a centrar sobre todo en el segundo de ellos y en la reacción de su mujer cuando le confiese lo que ha hecho. Pero su confesión no es la de un hombre arrepentido, sino la de alguien que habla sin el tono emocional que sería preciso cuando se cuenta algo así. Jay simplemente le resta importancia a un acto sexual que para él ha sido más una experiencia curiosa que un adulterio. Su mujer intenta racionalizar, como hace él, pero no puede. Aunque no reacciona con escándalo, los fundamentos de la relación con su marido se vienen abajo en un instante. Aquí ella considera que su marido está siendo honesto de una manera brutal, limpiando su conciencia y esperando que ella asuma aquello con la misma frialdad que él. Aunque el planteamiento de Sexo en Oslo parte de una premisa muy interesante, finalmente resulta una película larguísima y poco creíble. Los diálogos intentan ser naturales, pero consiguen ser todo lo contrario, sobre todo porque al espectador le cuesta digerir la extrema ingenuidad del protagonista respecto a la reacción comprensiva que espera de su esposa. Una película curiosa que podría haber sido muy original - el tema de las fantasías que todos guardamos en nuestro interior puede dar para mucho cinematográficamente - si se hubiera planteado con un poco más de realismo.

P: 5

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