martes, 30 de enero de 2024

LA SOCIEDAD DE LA NIEVE (2023), DE JUAN ANTONIO BAYONA.

Recreando unos hechos históricos muy conocidos - el accidente aéreo en los Andes que obligó a sus supervivientes, como medida extrema de supervivencia, a comer carne humana - Bayona entrega una película casi documental y muy meditada que es un reflejo perfecto de los claroscuros de la tragedia. Con retrato exquisito y respetuoso de los personajes se cuenta una historia muy humana cuyo dolor se transmite perfectamente al espectador gracias a su conseguido realismo basado, entre otras cosas en un magnífico conjunto de actores desconocidos que otorgan más sensación de verosimilitud a la historia que se está contando. Además, la película es muy entretenida y narra perfectamente las diferentes fases de los más de dos meses que pasaron los supervivientes aislados en las montañas: la confianza en el rescate, la desesperación cuando saben que no pueden esperar ser rescatados y la resolución de sobrevivir a cualquier precio, aunque sea a través de la transgresión de uno de los grandes tabúes humanos. Un buen homenaje a nuestro espíritu de supervivencia a través de los protagonistas de una de las grandes hazañas del siglo XX, en la que se rinde también cumplido homenaje a quienes no pudieron llegar al final del camino.

P: 8

sábado, 27 de enero de 2024

R.M.N. (2022) DE CRISTIAN MUNGIU.

Con su magistral estilo habitual, Mungiu imprime a R.M.N, un realismo que duele al espectador. La película retrata la vida y las tensiones de una pequeña comunidad fronteriza rumana, en la que conviven rumanos, húngaros y algunos alemanes a la que empiezan a llegar asiáticos para trabajar por el salario mínimo. Sorprende que Matthias, el bruto protagonista, se una a las protestas de sus conciudadanos cuando él mismo acaba de abandonar Alemania al agredir al supervisor del matadero en el que trabajaba por llamarle gitano. En la cara opuesta se encuentra Csilla, gerente de la fábrica de pan que ha contratado a los inmigrantes y que quiere integrarlos en la comunidad. Mientras tanto, R.M.N. ofrece también un retrato despiadado de la situación familiar de Matthias, peleado con su mujer, amante de Csilla (en una relación de amor-odio muy particular que solo se basa en lo físico) e intentando educar a su hijo a su manera, para que pueda sobrevivir en el mundo tan duro en el que le ha tocado vivir. El conflicto comunitario, que en tantas partes de Europa se está viviendo, está mostrado de una manera magistral: por una parte están los intolerantes, que llegan a difundir el rumor de que los inmigrantes asiáticos traen enfermedades y que van a utilizar la violencia para conseguir expulsarlos y por otro los representantes de la fábrica, que ofrecen unas condiciones de trabajo tan poco atractivas que tienen que buscar la mano de obra fuera, pese al gran nivel de paro existente en la zona. La de Mungiu es una película que retrata de forma convincente las tensiones actuales de Europa, sobre todo en la que es heredera del comunismo y todavía no ha sabido adaptarse al capitalismo sin tensionar la vida ciudadana.

P: 8

OCTOPUSSY (1983), DE JOHN GLEN.

A esta película le tengo mucho cariño, pues recuerdo haberla visto repetidas veces a lo largo de la infancia y ella fue la que hizo que me aficionara para el resto de mi vida al personaje de James Bond. No hay que buscar demasiada lógica a muchas de las escenas de Octopussy, hay que contemplarla como una muy entretenida película de aventuras, aunque en este aspecto resulta un poco contradictoria: a la simplicidad de su enfoque se añade un trasfondo bastante complejo, una trama protagonizada por un general ruso que pretende provocar la Tercera Guerra Mundial. Todo lo que tiene que ver con esta trama, bastante compleja, está bien hilvanado para que culmine en una escena inolvidable: James Bond vestido de payaso desactivando en el último momento una bomba nuclear preparada para estallar en una función de un circo. Aquí Roger Moore deja ver que no era mal actor en absoluto y sabe imprimir el suficiente dramatismo a ese momento clave. Por lo demás, Octopussy no ha envejecido nada mal. Cuenta con una escena precréditos realmente espectacular, ambientada en Cuba, y su ritmo es verdaderamente trepidante, tomándose sus descansos con momentos realmente elegantes, como el de la subasta con el huevo de Fabegé. En su debe, algunos enormes absurdos, como el grito de Tarzán cuando Bond está huyendo en plena jungla india.

P: 7

domingo, 21 de enero de 2024

DEJAR EL MUNDO ATRÁS (2023), DE SAM ESMAIL.

En ciertos aspectos, nuestros miedos actuales acerca de la llegada del fin del mundo tienen paralelismos con los terrores medievales del fin de los tiempos. Aunque en Occidente ya no somos muy religiosos, somos conscientes de que la tecnología ha alcanzado tal grado de virtuosismo y complejidad que por sí sola bastaría para provocar una catástrofe irreversible. La familia protagonista de Dejar el mundo atrás quiere tomarse unos días de descanso y alquilan una mansión a las afueras de Nueva York, en un lugar idílico a dos pasos de la gran ciudad. Pronto empezarán a notar que algo no va bien. Internet no funciona y tampoco la televisión. Además, los animales del entorno se comportan de forma extraña. Lo mejor de Dejar el mundo atrás es que la sensación de desasosiego y vulnerabilidad de los personajes ante una situación desconocida es transmitida perfectamente al espectador, un espectador que sabe que lo que está viendo en pantalla es una posibilidad no descartable en los próximos años en esta montaña rusa de sorpresas que nos está ofreciendo la Historia en los últimos tiempos. La poca información que le va llegando a los personajes acerca de su situación es la misma que se nos transmite y así compartimos con los protagonistas el anhelo de intentar saber más en un mundo en el que de pronto se han eliminado todas nuestras formas de confort tecnológico. Aunque Esmail se toma algunas libertades estilísticas y alguna que otra rareza de guion, el resultado final de Dejar el mundo atrás es muy sólido y consigue algo que no todas las películas logran: que sigamos reflexionando acerca de ella horas después de haberla visto. 

P: 7

sábado, 20 de enero de 2024

SEIS AÑOS QUE CAMBIARON EL MUNDO, 1985-1991 (2015), DE HÉLÈNE CARRÈRRE D´ENCAUSSE. LA CAÍDA DEL IMPERIO SOVIÉTICO.

La caída de la Unión Soviética es uno de los acontecimientos más sorprendentes del siglo XX. Recuerdo que crecí con la sombra del enfrentamiento entre dos potencias nucleares que se dedicaban a la contención mutua para evitar entrar en conflicto directo. Una de ellas era la Unión Soviética, un imperio enorme que se había cimentado en una violenta Revolución, en una Guerra Civil y en la victoria sobre la Alemania nazi, con la que había obtenido el control de toda Europa del Este. En revistas, periódicos, programas de televisión y películas a veces se hablaba abiertamente de la posibilidad de una guerra nuclear, sobre todo en periodos especialmente tensos en las relaciones entre estos dos colosos. Lo que nadie podía esperar es que uno de ellos se derrumbara de forma tan estrepitosa y sin que su rival hubiera tenido que disparar ni un solo tiro. Fue un acontecimiento milagroso a la vez convulso, uno de esos espasmos inesperados que a veces tiene la historia que hacen que todo cambie y que el mundo tenga que adaptarse a una situación inesperada:

"Fue un milagro como pocos ha conocido la historia. Extrañamente, un cuarto de siglo más tarde, la memoria colectiva continúa subestimando, cuando no olvidando por completo, esa extraordinaria serie de acontecimientos, la desaparición pacífica e incruenta de un sistema estatal todopoderoso que se creía eterno, y de un inmenso imperio fuertemente armado. Lo que se recuerda sobre todo fue la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989, que deja en la sombra el conjunto de la escena y se convierte en «el día que cambió el mundo». Sin embargo, la verdad es otra, y la resumió perfectamente Hubert Védrine, que fue uno de los grandes ministros de Asuntos Exteriores de la V República: «La caída del Muro de Berlín es emoción; la Historia es la caída del sistema soviético»."

Es evidente que la llegada Mijaíl Gorbachov fue el gran catalizador de unos cambios que llevaron un nombre que pronto se popularizó en todo el mundo: perestroika. Si algo favoreció la decisión aperturista de Gorbachov fue la reciente historia de la Unión Soviética, un Estado con un sistema en franca decadencia que ya no ilusionaba a nadie, cuyos últimos dirigentes habían sido ancianos inoperativos. Gorbachov intentó salvar al comunismo a base de restar autoritarismo, sumar transparencia - la gran prueba de fuego al respecto fue la tragedia de Chernóbil - y emprender una serie de reformas económicas que llegaban muy tarde. La principal consecuencia de todo ello fue la progresiva emancipación de los Estados satélites de Europa del Este (con la caída del muro de Berlín como hito realmente espectacular) y el comienzo de serios conflictos en la zona del Caúcaso.

Mientras Gorbachov disfrutaba de su inmensa popularidad en el escenario internacional dentro de casa las cosas iban cada vez peor. El nivel de vida de los ciudadanos se deterioraba y la ilusión de los cambios ya no era suficiente para evitar el descontento, circunstancia que aprovechó un dirigente tan singular como Boris Yeltsin para ir haciéndose progresivamente con cotas de poder cada vez más altas hasta que se llegó a una situación verdaderamente sorprendente, en la convivían la Unión Soviética con un nuevo Estado ruso con su propio Partido Comunista. La puntilla para un Gorbachov cuya influencia disminuía día a día mientras aumentaba la de Yeltsin fue el golpe de Estado de agosto de 1991, que fracasó pero acabó haciendo posible que a finales de año despareciera la URSS y diera paso a otra etapa de reformas radicales e inmensa corrupción que concluyó una década después con la llegada de Putin al poder. La historiadora francesa recorre magistralmente toda esta etapa y nos recuerda que la Historia nunca está escrita y que lo sorprendente siempre puede tener cabida en la misma.

UPON ENTRY (2022), DE ALEJANDRO ROJAS Y JUAN SEBASTIÁN VASQUEZ.

Vivimos en unos Estados cada día más controladores. Con la excusa de la seguridad, de la lucha contra el terrorismo, contra el tráfico de drogas y la inmigración ilegal, el paso, por ejemplo, por esos no-lugares fronterizos que son los aeropuertos se convierte en una experiencia desagradable. O en una pesadilla de tintes kafkianas, como le sucede a la pareja protagonista de Upon Entry, residentes en Barcelona que quieren vivir en Estados Unidos y creen llevar todos los papeles en regla. Ambos son sacados de la cola y llevados a una habitación aparte, donde tienen que enfrentarse a una espera inquietante - con la angustia de perder su vuelo de conexión - y después a un incomodísimo interrogatorio que en muchos momentos roza lo íntimo. La principal característica de Upon Entry es que sabe transmitir perfectamente la incomodidad de los personajes, su inquietante situación, al espectador. Y así sus directores pueden hablar del desasosiego que nos produce a veces una Administración que quiere protegernos a toda costa, obviando en ocasiones nuestros derechos y libertades e incluso las formas más elementales de educación. En cualquier caso, no todo es lo que parece en la película y también se aprovecha para reflexionar sobre las formas de pareja contemporánea, esas relaciones que transcurren sin que los miembros de la misma conozcan del todo al otro, a través de unas relaciones líquidas e intercambiables. Sistema y relaciones deshumanizadas se dan cita en un pequeño habitáculo del aeropuerto JFK.

P: 7

jueves, 18 de enero de 2024

OTRA RONDA (2020), DE THOMAS VINTERBERG.

 Vintenberg, el cineasta transgresor propone parte en esta película de una premisa muy sencilla: una especie de pacto o conspiración de cuatro profesores de mediana edad que, hartos de su mediocre existencia deciden acogerse a la teoría de un psiquiatra noruego llamado Finn Skarderud. Dicha teoría recomienda una ingesta moderada de alcohol cada día para estar al máximo de nuestra capacidades ya que nuestros cuerpos "tienen un déficit de alcohol del 0.05". Así pues, Otra ronda retrata este experimento y la degradación, cada vez más acusada, a la que se van sometiendo los personajes, contada en un tono más bufo que realista, lo cual quizá resta interés a una película que parece no tomarse en serio a sí misma (la premisa en sí es muy interesante) y le interesa más la parte cómica que la dramática de las consecuencias de tales decisiones. Quizá el filme funciona bien como retrato de la decadencia de un Occidente que prefiere mirar hacia otro lado frente a los problemas que se acumulan en sus orillas y en su seno y se dedica a festejar antes de su degradación definitiva. O quizá no es más que un mero divertimento por parte de Vinterberg que tiene su absurda razón de ser en el llamativo baile final que se marca su protagonista.

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