jueves, 28 de abril de 2011

EL SEÑOR DE LAS MOSCAS (1949), DE WILLIAM GOLDING. EL PENSAMIENTO SALVAJE.


La tercera vez que leo este clásico del siglo XX. Y son pocas, porque este libro admite muchas más. Esta ha sido la más interesante, con diferencia, por el debate que sostuvimos en el club de lectura de la Biblioteca Provincial. Gran parte del artículo se lo debo a las ideas de mis compañeros. A quien tenga esta laguna, le recomiendo encarecidamente la lectura de esta novela, uno de los retratos más certeros que se han escrito acerca de la naturaleza humana:

William Golding es uno de esos autores que es conocido sobre todo por una sola obra. "El señor de las moscas" es una fábula tan universal y ha seducido a tantas generaciones de lectores que ha eclipsado al resto de su interesante obra, siempre dominada por un acusado simbolismo y la batalla permanente entre el dualismo bien-mal, en la que suele imponerse este último, ya que toda las narraciones de Golding están impregnadas de un hondo pesimismo. Las razones por las que el autor británico fue merecedor del Premio Nobel fueron explicadas por el propio Comité en esta nota:

"Las novelas e historias de William Golding no son sólo sombrías enseñanzas morales u oscuros mitos sobre el mal y las fuerzas de traición y destrucción. También son relatos llenos de aventuras y color que pueden ser disfrutados como tales, por su alegre narrativa, inventiva y emoción. Sus obras, con la perspicacia de la narrativa realista, y la diversidad y universalidad del mito, iluminan la condición humana del mundo actual".

El planteamiento de "El señor de las moscas" no puede ser más cruel: un avión se estrella en una isla desierta. Los adultos fallecen y solo sobrevive un grupo de niños de diversas edades, pero no mayores de doce años, que deberán organizarse para sobrevivir. En una entrevista ofrecida a James Keating en 1962, Golding resume el punto de partida de sus personajes:

"Son inocentes por naturaleza. Ellos no entienden sus propias tendencias naturales y por lo tanto, cuando llegan a la isla, pueden esperar ilusionados un futuro brillante, porque no comprenden las cosas que los amenazan. Esto me parece a mí la inocencia: supongo que podría casi igualarlo con la ignorancia de los atributos básicos de los hombres, y esto es inevitable en algo que ha nacido y empieza a crecer. Obviamente, no entienden su propia naturaleza".

En este punto, el desarrollo de la novela podría adaptarse a dos soluciones. Por un lado, tendríamos la que postulaba Jean Jacques Rousseau, cuando aseguraba en "Emilio o la educación" que el hombre es bueno por naturaleza, pero es corrompido por la organización social existente. Como los personajes son niños, proyectos de hombre aún no contaminados por los usos sociales, esta podría haber sido la elección de William Golding. De hecho, Julio Verne lo hizo así cuando, setenta años antes, planteó una situación similar en su novela "Dos años de vacaciones". Los niños náufragos de Verne se adaptan perfectamente a la situación y, venciendo todas las dificultades físicas y morales, saben construir una pequeña sociedad para salir adelante con dignidad y salvarse como individuos.

Pero "El señor de las moscas" no es una novela decimonónica. Su autor había sido recientemente testigo de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, lo cual desmoronó su fe en el ser humano. La elección para su novela es la perspectiva de Thomas Hobbes, que en su "Leviatán" escribió que "el hombre es un lobo para el hombre". No hay frase que defina mejor lo que va a suceder en la pequeña comunidad democrática que intentarán organizar al principio los críos, que acabará derivando en el tribalismo más salvaje. El propio autor justifica su visión del ser humano en una entrevista que publicó El País el 25 de septiembre de 1988:

"Sí, yo soy hasta cierto punto un escritor simbolista, y eso me parece muy respetable. Pesimismo... Conozco la guerra: he visto a la humanidad cometer tales crímenes, que un marciano que aterrizase en este mundo se diría: 'Acabemos con esta peste'. Mis novelas se ocupan de eso, porque no creo que se trate de aberraciones exclusivas de mi generación, sino de la humanidad en su conjunto. El escritor debe descubrir la verdad sobre los seres humanos."

Este simbolismo predominante en la obra de Golding se hace patente en sus inolvidables personajes. Ralph representa el talante democrático, el ser racional que aspira a liderar una sociedad organizada cuya principal finalidad sea mantener viva una fogata que sea visible desde lejos para tener la opción de ser rescatados. Su antítesis es Jack, el líder carismático cuyo afán es ser jefe de una tribu de salvajes cuyo objetivo principal es la caza: la posibilidad de comer carne a diario es el principal atractivo de su oferta. Donde Ralph ofrece orden y esperanza, Jack va a ofrecer las ceremonias de iniciación propias del pensamiento salvaje y la falsa libertad que otorga la irresponsabilidad por los propios actos.

Mención aparte merece Piggy, quizá uno de los personajes más humanos de la literatura universal. Desde el principio es consciente de que, a pesar de ser el más inteligente del grupo, su debilidad y su físico le invalidan para liderarlo, por lo que se convierte en el consejero y en la conciencia de Ralph. Quizá es el personaje que más sufre de todos, porque es el más consciente de la deriva catastrófica de la situación en la isla y el más impotente para ponerle remedio. El lector no podrá evitar sentir simpatía y ternura hacia Piggy, el náufrago más inadaptado de todos. Si la caracola que sirve para llamar a las asambleas es una especie de tótem mágico que ha de ser respetado por todos, las gafas de Piggy son lo más parecido a un instrumento científico con que los chicos cuentan, por lo que su destino va a ser particularmente cruel, como restos de la civilización anterior que son.

La deriva del grupo de niños-náufragos hacia la amoralidad y el salvajismo se produce progresivamente. Al principio el más nimio acto de violencia, por lo que son incapaces de acuchillar a un jabalí cercado:

"Sabían muy bien por qué no lo habían hecho: hubiera sido tremendo ver descender la navaja y cortar carne viva; hubiese sido insoportable la vista de la sangre."

Pero bien pronto el instinto se sobrepone a las convenciones sociales, todavía no sólidamente arraigadas en personas tan jóvenes y los escrúpulos se transforman en alegría y orgullo al vencer una batalla en la lucha darwiniana por la supervivencia:

"Su alegría le hacía sentir un generoso deseo de hacerles compartir lo que había sucedido. Su mente estaba llena de recuerdos: los recuerdos de la revelación al acorralar a aquel jabalí combativo, la revelación de haber vencido a un ser vivo, de haberle impuesto su voluntad, de haberle arrancado la vida, con la satisfacción de quien sacia una larga sed."

La nueva sociedad salvaje que se impondrá en la isla estará fundada en un crimen, cuando la fina capa de nuestra cultura, de la que hablaba Freud, quede rasgada y los niños vuelvan a un cruel estado de naturaleza en el que una religión basada en el miedo va a tener suma importancia. La bestia que se oculta en la selva va a ser tan venerada como temida. No en vano el título de la novela hace referencia a Belcebú, uno de los demonios del infierno. Las necesidades quedan reducidas al mínimo indispensable: comida y seguridad:

"La tribu danzaba. En alguna parte, tras aquella rocosa muralla, habría un círculo oscuro, un fuego resplandeciente y carne. Estarían saboreando tanto el alimento como el sosiego de su seguridad."

William Golding escribió con "El señor de las moscas" una de las novelas fundamentales del siglo XX, pues no solo refleja su pesimismo existencial, sino que es un retrato completo de sus obsesiones, entre las que se encontraba sus pocas esperanzas en la evolución del hombre como ser racional.

lunes, 25 de abril de 2011

CAMPOS DE NÍJAR (1954), DE JUAN GOYTISOLO. VIAJE AL SURESTE PROFUNDO.


Leí "Campos de Níjar" la semana pasada, el día antes de viajar a Almería, donde he tenido la oportunidad de visitar los escenarios descritos magistralmente por Juan Goytisolo en esta crónica de la desdicha cotidiana de los habitantes de estas tierras en los años cincuenta: un auténtico tercer mundo desesperanzado y sin gusto por la vida, donde los seres humanos arrastran su existencia en un terreno yermo soñando con emigrar.

En la actualidad las cosas han cambiado mucho, pero en el mar de plásticos que son actualmente muchas zonas del campo almeriense siguen cometiéndose injusticias, esta vez con inmigrantes que vinieron buscando una vida mejor cuando cambiaron las tornas y Almería se convirtió en una tierra próspera.

Recomiendo realizar el viaje desde Granada. El contraste entre paisajes es único, desde la nieve de Sierra Nevada hasta el desierto de Tabernas. La capital almeriense también ha cambiado para mejor desde la última vez que la visité, hace algunos años. Se han rehabilitado edificios (aunque todavía quedan muchos solares y ruinas en el centro) y hay mucha actividad en la zona comercial en torno a la Puerta de Purchena. El paseo por el centro de Almería es muy agradable. Mientras llovía en el centro de Andalucía, allí ha hecho buen tiempo, solo perturbado levemente por las rachas de viento típicas de la zona. La foto es de una playa en los alrededores del Cabo de Gata. Aquí el artículo:


Desde siempre, la escritura de Juan Goytisolo se ha erigido como literatura de combate e ideas, de compromiso, en suma. Su literatura siempre ofrece un análisis nada complaciente de la realidad. Su defensa del oprimido, del inmigrante, su acercamiento a los pueblos del Magreb, sus crónicas como corresponsal de guerra en Bosnia, su rescate de escritores heterodoxos y casi olvidados o la sinceridad de sus libros autobiográficos. Un escritor que se define a sí mismo como apátrida, lo cual le permite mirar con distancia y objetividad la realidad española. Tal y como declaró en una entrevista concedida a la revista Espéculo en 1999:

"Yo diría entonces que mi nacionalidad es cervantina. Si miro hacia atrás en mi vida veo que he pasado la mayor parte de mi tiempo hablando otros idiomas. Así el castellano ha sido el objeto de mi trabajo. Normalmente cuando estoy en Marraquech hablo árabe, cuando estoy en París hablo francés, cuando estaba en los Estados Unidos hablaba inglés. El español no lo practico tanto. Por ejemplo, a veces, cuando estoy en Marraquech paso bastante tiempo sin hablar castellano. Esto lo vio muy bien Vicente Llorens en uno de sus ensayos, cuando dijo que para el exiliado, al perder la tierra y la sociedad en la que vive, la lengua adquiere para él un valor importantísimo. Esto explica que algunos escritores se hayan convertido en grandes escritores en el exilio. Este es el caso claro de Cernuda. Él era un poeta más de su grupo y en el exilio se convirtió en el gran poeta de su generación."

El viajero que llega a Almería en la actualidad va a encontrar una ciudad muy diferente a la que visitó Juan Goytisolo en los años cincuenta, aunque los paisajes que ha tenido que atravesar son muy similares a los que describe el escritor catalán.

Si el viaje se realiza siguiendo la carretera de la costa desde Málaga, se sufrirán muchos tramos de ausencia de autovía y el viajero descenderá a un pasado no tan remoto donde los trayectos duraban muchas más horas y había que atravesar el centro de las poblaciones, que formaban parte de la carretera. El automóvil avanzará cercado por dos mares: el Mediterráneo, siempre presente a su derecha y el mar de plásticos que inunda sus campos, que cubre los cultivos tropicales, una de las riquezas de Almería.

Si el viajero opta por realizar el trayecto desde Granada, por la autovía A-92, encontrará un paisaje lleno de contrastes: comenzará con campos de olivos, antes de llegar a la capital. Una vez sobrepasada esta podrá contemplar una vista magnífica de Sierra Nevada mientras sube por el puerto de la Mora. Después tocará atravesar los sobrecogedores paisajes lunares de Guadix, repletos de cuevas excavadas como viviendas por sus habitantes, para tomar posteriormente dirección al sur en medio de un paisaje serrano, repleto de pinos. Pasados algunos kilómetros de descenso hacia la costa el horizonte va cambiando paulatinamente hasta convertirse en un paraje desértico. Es la zona de Tabernas, con un clima, fauna y flora que lo emparentan con el Norte de África.

La Almería de "Campos de Níjar" es la tierra maltratada por la historia y particularmente por el franquismo. Para sus habitantes, Barcelona es la tierra prometida en la que sueñan instalarse algún día y se sorprenden de que el protagonista, que vive allí, dedique sus vacaciones a recorrer estas tierras resecas y poco agraciadas, cuya principal característica es un calor inmisericorde presente a casi todas horas y un viento que erosiona continuamente el paisaje. Precisamente uno de los problemas descritos por Goytisolo, que azotaba a los almerienses casi como una plaga bíblica, es el tracoma, enfermedad ocular que fue erradicada de la provincia en fechas muy recientes.

La vida de los habitantes de Níjar y sus alrededores hace medio siglo puede ser perfectamente definida como tercermundista. A la pobreza material, debido a sus condiciones geográficas, había que sumar la falta de instrucción y los alarmantemente bajos niveles de escolarización. La falta de control de natalidad era otro de los grandes problemas:

"Los niños se ocultan otra vez bajo sus faldas y ríen excitadamente.
- Son cuatro y otro que viene en camino - aclara José.
- Aquí las mujeres están siempre encintas - dice uno de sus camaradas.
- Toas las familias son de cuatro, cinco, seis chavales.
- Hay una mujé al final de la calle que tuvo hasta trece.
- Cuanto más pobres, más hijos.
- La noche es larga y la gente no tié distracción como en las capitales."

Quizá una de las mejores representaciones de un franquismo presuntamente paternalista y en realidad opresor sea la figura de don Ambrosio, una especie de cacique propietario de gran cantidad de casas en la costa del cabo de Gata, cuyo mayor anhelo es que el turismo comience a llegar a aquel lugar para que cuadrupliquen su valor. Los habitantes de los alrededores se dirigen a él con un inmenso respeto y temor, peticionarios en busca de un favor proveniente de un ser superior. Pero para don Ambrosio, los almerienses son gente despreciable que merece su destino:

"No son como nosotros, creáme. En Valladolid, por lo menos, la gente es de otra manera. Cuando alguno tiene algo contra usted, se lo dice abiertamente, a la cara. En esta tierra, no. Muchas alharacas, sonrisas y cuando uno se va, lo ponen como a un trapo. Son verdaderamente esclavos, se lo aseguro. Ganan cuatro cuartos y ya los tiene usted en la taberna, cantando y batiendo palmas. Se mantienen con una pizca de pimiento y sardinas y, viéndolos usted, creería que han comido pollo. Todo se les va en apariencia y fachada."

Los clásicos agravios a los habitantes de unas tierras castigadas por la historia que afortunadamente comenzó hace años a remontar el vuelo gracias a la agricultura y al turismo. Esto sucedió hasta tal punto que los oprimidos llegaron a convertirse en opresores, explotando a inmigrantes en situación ilegal, situación que estalló con los tristes sucesos de El Ejido sucedidos en el año 2000, asunto al que Goytisiolo ha dedicado muchas páginas, denunciando las condiciones de vida infrahumanas de estos trabajadores y el comportamiento despiadado de muchos nuevos ricos almerienses.

"Campos de Níjar" se erige como una obra fundamental para comprender la vida en los años del franquismo en la Andalucía más profunda. Al valor literario de las descripciones del paisaje desolado se une el valor antropológico y sociológico de la observación directa de las costumbres de sus habitantes, seres desesperanzados atrapados por la pobreza y la ignorancia que parecen haber perdido el gusto por vivir, vigilados por la presencia omnipresente de dos de los pilares del régimen: la iglesia y la guardia civil. El escritor, en una entrevista realizada por Elena Adrián para la página "Pensamiento crítico", define su obra en estos términos:

"La composición de Campos de Níjar cierra un capítulo de mi narrativa en relación a España.Escrito con cuidado extremo, a fin de sortear los escollos de la censura, es un libro cuya técnica, estructura y enfoque se explican ante todo en función de aquélla: empleo de elipsis, asociaciones de ideas, deducciones implícitas que si resultan oscuras a un público habituado a manifestarse libremente no lo son para quienes, sometidos largo tiempo a los grillos de una censura férrea, adquieren, como observara agudamente Blanco White, la viveza de los mudos para entenderse por señas. Alumno aventajado en el arte de dirigirme a los sin voz, conseguí la proeza de redactar una obra llena de guiños y mensajes cifrados a los lectores despiertos sin que los probos funcionarios del Ministerio de Información y Turismo –de la información al servicio de la imagen grata al turismo– pudieran agarrarse a nada concreto ni me quitaran un párrafo del que entonces me sentí orgulloso, una reflexión subsiguiente me convenció de que se trataba de un arma de doble filo, si se quiere, de una victoria pírrica". 

Hoy día ya no podrían suscribirse las palabras de Goytisolo cuando afirma que "si tuviera que caracterizar el Sur en tres palabras citaría seguramente a las barberías, junto a los niños y a las moscas". Andalucía es una región que ha sabido modernizarse y emparentarse en muchos factores con el resto de Europa. Aún así, permanecen problemas estructurales que no han podido ser erradicados como el paro o el escaso nivel cultural de muchos de sus habitantes, sobre todo de las generaciones de mayor edad, que no tuvieron posibilidad de instruirse. En cualquier caso, ahí siguen los estremecedores paisajes de Níjar y sus alrededores, para recordarnos que la tierra a veces puede ser muy ingrata con sus hijos.

CÓDIGO FUENTE (2011), DE DUNCAN JONES. ATRAPADO POR EL PASADO.


El cine no ha aprovechado suficientemente las posibilidades que ofrecen las historias de ciencia ficción inteligente. Las especulaciones científicas o sociológicas, mostradas con pasión y rigor, pueden dar origen a obras que traten con inteligencia al espectador y le hagan salir de la sala reflexionando sobre lo que ha visto, algo cada vez más infrecuente en el cine actual.

Duncan Jones puede ser una buena esperanza en este sentido. Tanto "Moon" como este "Código fuente" son dos obras todavía imperfectas, pero que van por el buen camino. En todo caso, el realizador ha acertado al no querer plasmar historias grandilocuentes, sino a seres humanos atrapados en circunstancias que les sobrepasan.

"Código fuente" recuerda a otras películas anteriores sobre viajes en el tiempo (o sobre gente que se queda atrapada en el peor día de su vida) como "Atrapado en el tiempo" o "Doce monos" y nos introduce en la piel de un soldado al que se le asigna la extraña misión de volver al mismo pasado durante cortos periodos de tiempo en los que tendrá que descubrir quien es el terrorista que ha puesto una bomba en un tren. Duncan Jones se las arregla para que las escenas no sean repetitivas y va subiendo poco a poco los grados de emoción hasta que el espectador se implica con el destino del personaje.

Si bien las explicaciones científicas que ofrece la película están cogidas con alfileres, esto no es lo importante, pues en caso contrario deberiamos entrar en especulaciones acerca de la frontera entre la vida y la muerte, e incluso en los dominios de la mente para establecer si es posible rescatar las vivencias de un individuo e invadirlas en una especie de realidad virtual. A pesar de ello, la película funciona perfectamente como un emocionante thriller en el que la ciencia ficción está bien integrada si aceptamos la lógica del relato. En cualquier caso, hay que advertir que esta es de las películas en la que la gente sale con división radical de opiniones. Yo soy de los que la defienden, ya que me ha parecido una película bastante equilibrada, entretenida y con humildad de pretensiones.

lunes, 18 de abril de 2011

EL MUNDO Y SUS DEMONIOS (1996), DE CARL SAGAN. EL ESPEJISMO DE LAS PSEUDOCIENCIAS.


Reconozco que soy bastante ignorante en cuestión de ciencias, pero estoy intentando remediarlo a través de una selección de libros divulgativos que pienso ir leyendo poco a poco. La pasión de Carl Sagan por el pensamiento racional es indudable y eso es precisamente lo que trata de transmitir al lector: que se deje de explicaciones fáciles y acuda a las mucho más complicadas pero más fundamentadas que ofrece la ciencia. Sagan arremete contra las pseudociencias de manera implacable. Lo hace con conocimiento de causa, pues ha investigado a fondo sus posibles fundamentos y ha encontrado la nada más absoluta, es decir, que sus postulados no resisten un análisis serio y concienzudo, que es de donde surgen las verdades científicas. Este es un libro que debería ser obligatorio en todas las escuelas:

Carl Sagan fue uno de los más populares divulgadores científicos del siglo XX. Su serie "Cosmos" contó con millones de seguidores en todo el mundo, al igual que su novela "Contacto", llevada al cine en 1997 por Robert Zemeckis. La obsesión de Sagan siempre fue transmitir su fascinación por lo científico de la manera más sencilla y comprensible posible, abogando siempre por un sano escepticismo frente a las pseudociencias y las explicaciones religiosas del mundo. Sagan apostó por la ciencia desde muy temprana edad:

"Yo fui niño en una época de esperanza. Quise ser científico desde mis primeros días de escuela. El momento en que cristalizó mi deseo llegó cuando capté por primera vez que las estrellas eran soles poderosos, cuando constaté lo increíblemente lejos que debían de estar para aparecer como simples puntos de luz en el cielo. No estoy seguro de que entonces supiera siquiera el significado de la palabra "ciencia", pero de alguna manera quería sumergirme en toda su grandeza. Me llamaba la atención el esplendor del universo, me fascinaba la perspectiva de comprender cómo funcionan realmente las cosas, de ayudar a descubrir misterios profundos, de explorar nuevos mundos..."

La denuncia principal de Sagan, centrándose en su país, Estados Unidos, es la gran ignorancia que existe entre la ciudadanía en estas materias. La tecnología, con sus avances continuos y vertiginosos, influye cada día más en la vida cotidiana de la gente, pero nadie parece interesarse en comprender las leyes que la hacen funcionar. Más bien, sigue argumentando el autor, la superstición y la ignorancia han adquirido un insólito prestigio, lo cual deja indefensos a los ciudadanos frente a los poderes públicos y económicos, sumidos en una oscuridad que solo la luz del conocimiento puede mitigar.

La ciencia como explicación racional del mundo

Los mayores ataques a la ciencia suelen provenir de aquellos que critican sus lagunas, sus teorías siempre sujetas a cambios, su compleja explicación del mundo, en suma, que suele refutar las concepciones tradicionales, sostenidas normalmente por las religiones y por las creencias en lo paranormal. El método científico no es perfecto: sus resultados siempre están sujetos a revisiones y modificaciones, debido a su complejidad, pero, como bien dice Carl Sagan, es lo mejor que tenemos.

Las religiones ofrecen certezas absolutas, sistemas presuntamente sólidos y sin grietas, donde todas las preguntas tienen respuestas. Claro que, exigen a sus seguidores una fe absoluta sin ofrecer prueba alguna. La ciencia no ofrece respuesta a todas las preguntas y cuando ofrece alguna, siempre puede ser objeto de revisión, pero cuando las leyes científicas quedan establecidas no lo hacen a través de meras suposiciones o especulaciones, sino gracias a pruebas rigurosas, a las que puede tener acceso cualquiera. No es tan fácil como aceptar unos dogmas de fe irracionales, pero mucho más revelador, más hermoso y más auténtico. Cuando alguien enferma gravemente tiene muchas más probabilidades de recuperarse a través de la ciencia médica que por el poder de la oración:

"La razón por la que la ciencia funciona tan bien es en parte este mecanismo incorporado de corrección de errores. En la ciencia no hay preguntas prohibidas, no hay temas demasiado sensibles o delicados para ser explorados, no hay verdades sagradas. Esta apertura a nuevas ideas, combinada con el escrutinio más riguroso y escéptico de todas las ideas, selecciona el trigo de la cizaña. No importa lo inteligente, venerable o querido que sea uno. Debe demostrar sus ideas ante la crítica decidida y experta. Se valoran la diversidad y el debate. Se alienta la formulación de opiniones en disputa, sustantivamente y en profundidad."

Los ovnis y la creencia en las abducciones

El siglo XX, el siglo de la tecnología y de la aviación, ha creado un mito propio: los ovnis y los visitantes extraterrestres, cuyos avistamientos se agudizaron con la llegada de la Guerra Fría, en la segunda mitad de los años cuarenta. Sagan hace especial referencia a la multiplicación de testimonios de personas que aseguran haber sufrido una abducción por parte de entidades alienígenas, al igual que en la Edad Media muchos decían recibir visitas nocturnas de demonios, algo ya superado hoy día, una época en la que la tecnología hace sombra a la religión:

"Así, en una época en que las religiones tradicionales se han visto sometidas al fuego abrasador de la ciencia, ¿no es natural envolver a los antiguos dioses y demonios en un atuendo científico y llamarlos extraterrestres?"

Curiosamente, el término "platillo volante" surgió de un equívoco. Fue un piloto civil, que observó algo inusual en el cielo en una de sus rutas, el que describió el movimiento de unos objetos que volaban con el mismo movimiento que un platillo cuando se lanza contra el agua. Los periódicos interpretaron mal sus palabras y publicaron que el testigo había visto unas naves con forma de platillos volantes, cuando lo que él vio fueron unos artefactos alados. La descripción hizo fortuna y a partir de entonces pareció calar en la conciencia colectiva, pues se multiplicaron los avistamientos de naves con esas características.

El mismo Carl Sagan siempre ha especulado acerca de la posibilidad del encuentro con civilizaciones extraterrestres, impulsando, entre otras cosas, el proyecto SETI, de búsqueda de señales electromagnéticas en el espacio, pero siempre lo ha hecho con una perspectiva tan apasionada como racional. Casi todos los avistamientos de ovnis, cuando no son engaños o patrañas, tienen una explicación científica (prototipos de nuevos aviones, meteoritos, globos sonda...). Si los extraterrestres nos visitaran tan habitualmente como se pretende, hace tiempo que tendríamos alguna evidencia irrefutable. Existen otras variantes, como los dibujos geométricos realizados en campos de maíz, una elaborada broma que se extendió por varios países, hasta que sus inventores originales se descubrieron.

Las curaciones milagrosas

Algunas de las más populares creencias irracionales tienen origen religioso. La gente se acerca a la talla de un Cristo o una Virgen o peregrina a algún lugar santo famoso por sus apariciones marianas, como Lourdes, esperando que se produzca el milagro de que sus peticiones sean atendidas, pero las posibilidades de curación espontánea de enfermedades en estos casos es más o menos la misma que la que se produce en condiciones normales: una entre un millón. Es normal que cuando se produce una, se atribuya a la intervención divina y no a una fortuna estadística.

La enseñanza de la ciencia

Los últimos capítulos de este libro excepcional son un llamamiento a la enseñanza de la ciencia en Estados Unidos, a combatir la ignorancia fomentada por grupos como los creacionistas, que quieren borrar de un plumazo las sólidas teorías darwinistas para imponer su doctrina religiosa y a que el ciudadano medio sea consciente que el poder que proporciona el conocimiento científico ha de estar en manos adecuadas y utilizarse de manera correcta, sobre todo en el ámbito militar.
Quien no se interesa por el conocimiento es fácilmente manipulable. La necesidad de creer en algo, de encontrar un sentido a la existencia es la madre de las explicaciones fáciles. Esto es lo que ofrecen las pseudociencias: la astrología, la parapsicología o la ufología. El escepticismo es la mejor arma contra las creencias irracionales:

"El pensamiento escéptico es simplemente el medio de construir, y de comprender, un argumento razonado y - especialmente importante - reconocer un argumento falaz o fraudulento. La cuestión no es si nos gusta la conclusión que surge de una vía de razonamiento, sino si la conclusión se deriva de la premisa o punto de partida y si esa premisa es cierta."

"El mundo y sus demonios" debería ser una lectura obligatoria en todas las escuelas, pues se trata de un catecismo laico que enseña a ejercitar el pensamiento crítico, que nos previene contra las pseudociencias y nos enseña a valorar el método científico como la mejor manera de acercarnos a la verdad, en unos tiempos especialmente necesitados de la iluminación de la diosa razón.

viernes, 15 de abril de 2011

LOS SOPRANO COFRADIEROS.


Los periódicos están últimamente repletos de noticias asquerosas. Leo que Teléfonica quiere despedir a miles de sus empleados y al día siguiente sus directivos anuncian un plan para repartirse unos cuantos millones de euros en dividendos. Ojalá se le atraganten. Pero no acaba ahí la cosa: nuevos despidos en grandes empresas, como PC City, que cierra todas sus tiendas o Panrico, que "externaliza" servicios, un eufemismo para referirse a que despide a sus repartidores y les propone que se hagan autónomos y así reducir mágicamente costes. Todo esto está muy bien: es la libertad de empresa sin regulaciones de ningún tipo. Y además, ya viene China a rescatarnos, no hay que preocuparse. Para que la gente no piense mucho en todo esto, tenemos sobredosis de Real Madrid-Barcelona en las próximas semanas.

Tampoco tenemos que pensar en lo paradójico que resulta que el malvado Gadafi ataque a sus rebeldes con bombas de racimo de fabricación española, mientras nuestros aviones patrullan sus cielos. No sé si le vendimos las armas con una claúsula que impidiera atacarnos con ellas.

Pero ¡qué importa! En Málaga estamos de suerte. Estuve el miércoles en la conferencia de Baltasar Garzón en el Ateneo. Se llenó y le aplaudimos, pero este fue un acto minúsculo comparado con el baño de masas que se dio Belén Esteban en un centro comercial cuando fue a vender unos zapatos ante el público entregado. Pero no acaban ahí los prodigios en mi ciudad. Hoy he visto un capítulo de la última temporada de Los Soprano, esa virtuosa familia que mueve todos los hilos económicos en New Jersey, en el que sacaban partido a una procesión tradicional de un santo, previa negociación de comisiones con el cura de la parroquia. En Málaga se ha tomado ejemplo y dos miembros de las dos cofradías que se disputan el barrio de Miraflores se enzarzaron en una violenta pelea que acabó con ambos en el hospital. No lo digo yo, lo dice el diario Sur: "el trasfondo del suceso es una rivalidad por el territorio". No quiero ser mal pensado, pero parece que la información esté dando a entender que las cofradías se dividen el territorio de la ciudad, como hacen las bandas mafiosas. No creo que la cosa sea tan exagerada, pero estimo que lo que ha ocurrido es un síntoma de como las cofradías parecen estar por encima del bien y del mal y son una máquina de hacer dinero, aun reconociendo que realizan una importante labor social. Si no no se explica que el nuevo manto de de la Virgen de Mena, realizado nada más y nada menos que con cuarenta kilos de oro. Sin duda esta era una necesidad prioritaria para esta ciudad, que la virgen luzca cuanto más oro mejor, mientras cada día más gente pierde su trabajo.

En fín, ya tenemos otra vez encima la Semana Santa. Las procesiones benefician a la ciudad, porque atraen turismo, pero todo depende de que el tiempo sea bueno. Creo que este año eso está prácticamente garantizado, lo que unido a los conflictos en el norte de África prevén un lleno absoluto en los hoteles, con lo cual mucha gente tendrá ocupación, aunque solo sea una semana. Ojalá tuviéramos una ciudad con más alternativas económicas. Aquí les dejo el artículo de Sur, para que vean que no me invento las cosas:

http://www.diariosur.es/v/20110414/malaga/violento-cruce-cofrade-20110414.html

lunes, 11 de abril de 2011

A SANGRE Y FUEGO (1937), DE MANUEL CHAVES NOGALES. HÉROES, BESTIAS Y MÁRTIRES DE ESPAÑA.


Manuel Chaves Nogales ha sido todo un descubrimiento para mí. A pesar de que venían recomendándolo, no esperaba que tuviera esta calidad literaria tan excepcional. Estoy deseando leer sus reportajes acerca de la vida en la Rusia soviética o en la Alemania nazi, incluso su biografía de Belmonte, a mí que nunca me han interesado los toros. Parece un cronista excepcional de una época crucial para la historia de Europa. Ilustro la entrada con esta foto, tomada en Toledo en los primeros días del asedio del Alcázar, con unos milicianos todavía confiados en la victoria. Quien visita hoy día la plaza Zocodover, donde está tomada, puede hacerse una idea de la corta distancia que existía entre asaltantes y asediados.

Aquí dejo el artículo:


La recuperación de la figura de Manuel Chaves Nogales, escritor injustamente olvidado durante décadas, durante estos últimos años, es una excelente noticia para las letras españolas. El periodista sevillano fue uno de los más destacados representantes de su oficio durante la primera mitad del pasado siglo y, en algunos aspectos, puede hablarse de él como de un pionero.

Chaves Nogales nació en Sevilla en 1897. Hijo de periodista, su tío fue el conocido José Nogales, director de "El Liberal" y cronista de los violentos sucesos de 1888 en las minas de Riotinto, así que desde pequeño Chaves Nogales aprendió a amar la profesión. Su método de trabajo era el de la evaluación de la realidad desde todos sus ángulos, así que llegó a entrevistar a una amplia gama de personajes, desde reyes y dirigentes políticos, hasta los estratos más humildes de la sociedad, pasando por artistas o toreros como su amigo Juan Belmonte, cuyas conversaciones serían el germen de uno de sus libros más populares, "Juan Belmonte matador de toros".

Como observador de los fenómenos sociales de su tiempo, la mirada de Chaves Nogales no podía ser ajena al ascenso en Europa de dos totalitarismos de distinto signo: el comunismo en la Unión Soviética y el fascismo y nazismo en Italia y Alemania respectivamente, viajando a estos países y escribiendo siempre acerca de la verdad de lo que veía, aunque resultara hiriente para los simpatizantes de uno u otro régimen. Tal y como escribe en el prólogo de "A sangre y fuego":

"Yo era eso que los sociólogos llaman un "pequeñoburgués liberal", ciudadano de una república democrática y parlamentaria. (...), ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionando periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés de los grandes temas de nuestro tiempo. Cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan una dictadura que se hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas a la espalda. Cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado ni un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales, mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mí ni creía que yo fuese realmente un buen periodista."

Si hubiera un solo elemento que destacar en los escritos de Chaves Nogales, obviando su evidente calidad literaria, sería el compromiso de su autor con la verdad, por encima de versiones interesadas de la historia auspiciadas por determinados partidos políticos o clases sociales. Una de sus entrevistas más conocidas es la que realizó en 1933 a Joseph Goebbels, el apóstol de la mentira. Los nazis le permitieron realizarla a condición de que el periodista no incluyera juicios de valor en su artículo y se limitara a transcribir las frases del Ministro de propaganda alemán. Aún así, el periodista no pudo evitar escribir las siguientes palabras, un testimonio elocuente de la pasión por su oficio:

"Es un tipo ridículo, grotesco; con su gabardinita y su pata torcida, se ha pasado diez años siendo el hazmerreír de los periodistas liberales. Toda Alemania está llena de anécdotas pintorescas sobre este tipo estrafalario, al que –verdad o mentira- se le ha colgado todo aquello que puede hacer polvo a un hombre. Siendo, como es, el azote de los judíos, se ha dicho incluso que era judío, aunque, según parece, la única verdad es que su suegra llevaba un apellido israelita."

"A sangre y fuego" es uno de esos libros imprescindibles y reveladores que hablan acerca de la historia (y fatalidad) de un país. No se trata en esta ocasión estrictamente de un reportaje periodístico. Son nueve relatos representativos de lo que el autor tuvo ocasión de presenciar o de escuchar acerca de la contienda, pero dotados de una autenticidad estremecedora. Quizá junto al tercer volumen de "La forja de un rebelde", de Arturo Barea, constituye uno de los más lúcidos testimonios del horror que se extendió por España con el golpe de Estado del 18 de julio de 1936.

El prólogo es una auténtica reivindicación de la llamada "Tercera España", es decir, de aquellos ciudadanos de la República que se vieron de pronto inmersos en una guerra entre dos radicalismos ("todo revolucionario, con el debido respeto, me ha parecido siempre algo tan pernicioso como cualquier reaccionario"), en la que solo querían tomar partido por la legalidad y la democracia:

"Los caldos de cultivo de esta nueva peste, (...) nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas de comunismo, fascismo o nacionalsocialismo, y el desapercibido hombre celtíbero los absorbió ávidamente. Después de tres siglos de barbecho, la tierra feraz de España hizo pavorosamente prolífica la semilla de la estupidez y la crueldad ancestrales."

España como preámbulo, como campo de pruebas de la próxima guerra civil europea. España como experimento en el que soltar todos los demonios de los fanatismos del siglo XX y dejarlos campar a sus anchas. Desde un primer momento se cometen absolutas barbaridades en uno y otro bando, si bien es cierto que, cuando el gobierno republicano pudo hacerse con el control de la situación, el número de crímenes bajó mucho en esta zona.

Chaves Nogales testimonia estas matanzas en sus cuentos sin escatimar crueldades: los campesinos huyendo ante el avance de las tropas de Franco, los bombardeos indiscriminados sobre Madrid y las no menos indiscriminadas represalias, el terror desencadenado contra los trabajadores que no estuvieron sindicados durante la República... Pero también el valor, la bravura y la cabezonería de unos hombres empeñados en matar y en dejarse matar por defender unas ideas, en unas batallas tan confusas como la amalgama de ideologías que en ellas se enfrentaban:

"Las batallas no se ven. Se describen luego gracias a la imaginación y deduciéndolas de su resultado. Se lucha ciegamente, obedeciendo a un impulso biológico que lleva a los hombres a matar y a un delirio de la mente que les arrastra a morir. En plena batalla, no hay cobardes ni valientes. Vencen, una vez esquivado el azar, los que saben sacar mejor provecho a su energía vital, los que están mejor armados para la lucha, los que han hecho de la guerra un ejercicio cotidiano y un medio de vida."

Si bien al comienzo de la guerra permaneció en Madrid como director del diario Ahora (controlado por un Consejo Obrero), se consideró legitimado para exiliarse cuando el gobierno, ante el peligro de que Madrid cayera en manos de los nacionales, se desplazó a Valencia. Chaves Nogales se fue aún más lejos, a Francia, asqueado de una lucha cuya victoria, venciera quien venciera, no le iba a pertenecer a él. Aún así, en los pocos años que le quedaban de vida, siempre conservó sus simpatías por el pueblo, a pesar de definirse a sí mismo como "pequeñoburgués liberal" y, sobre todo, demócrata, ese pueblo que el marqués fascista del relato "La gesta de los caballistas" describe con tanto desprecio:

"El pueblo (...) siempre es cobarde y cruel. Se le da el pie y se toma la mano. Pero se le pega fuerte y se humilla. Desde que el mundo es mundo los pueblos se han gobernado así, con el palo. De esto es de lo que no han querido enterarse esos idiotas de la República."

Después de la huida o muerte de esos idiotas de la República, a España le tocó pasar por cuarenta años de franquismo, en los que la figura del periodista sevillano fue sepultada bajo la losa del olvido que afectó a tantos intelectuales españoles. Tan solo en los últimos años (excepción hecha de su biografía de Belmonte) están haciendo fortuna sus escritos, que son pequeños (y merecidos) éxitos de ventas. Manuel Chaves Nogales murió en 1944, sin tener oportunidad de ver el fin del nazismo en Europa. El mejor homenaje que puede prestársele es dar a conocer sus escritos, los trabajos de un periodista honesto que siempre quiso contar las terribles verdades del mundo en el que le había tocado vivir.

¡INDIGNAOS! (2011), DE STEPHANE HESSEL. LA REVOLUCIÓN QUE VIENE.


Hay un aspecto de los periódicos que se publican por internet que me encanta: los comentarios que libremente los lectores podemos hacer en las diferentes noticias. Cuando se trata de noticias referentes a nuevas reformas o a las cifras de paro, que suben mes a mes, la tónica general de dichos comentarios suele ser la indignación. Lo mismo sucede con las tertulias televisivas o con los comentarios que se escuchan en cualquier conversación: parece que la gente esté a un paso de echarse a la calle, exigiendo que las cosas cambien, pero nunca sucede.

Este librito, escrito por un antiguo miembro destacado de la Resistencia francesa y además uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos está dirigido preferentemente a los jóvenes, pero no debe hacerle ascos cualquier miembro de la sociedad que se encuentre desconcertado ante la situación en la que nos encontramos, donde los muy ricos siguen ganando dinero a espuertas, el Estado financia sus pérdidas y los demás nos vamos hundiendo poco a poco. Se ríen de nosotros descaradamente. Pero nadie reacciona.

Como bien dice Hessel, si fue posible instaurar el estado del bienestar en la destrozada Europa de la postguerra ¿cómo es posible que ahora, que somos infinitamente más ricos, se tenga que desmantelar? Es la codicia infinita de unos pocos lo que está logrando esto. Casi todo el mundo es consciente ya de que los gobiernos son títeres en manos de los mercados. Miren el caso de Portugal. Salga el gobierno que salga de sus elecciones, su actuación va a ser meramente testimonial, pues será un mero ejecutor del plan de rescate que, al igual que ha sucedido con Irlanda y Grecia, endeudará durante generaciones a la población para pagar los desmanes de unos responsables a los que los ciudadanos han de sacar las castañas del fuego sin más razón que porque así lo dictan los mercados.

¿Y quienes son los mercados? Los mercados son aquellos que Tom Wolfe en su magnífica novela "La hoguera de las vanidades" definía como "amos del universo", aquellos que ganan dinero a espuertas en operaciones ficticias cuyo fundamento son meras expectativas de futuro fabricadas por auténticos arquitectos financieros que solo buscan dinero fácil y rápido. Hablar hoy día de banca pública, o de redistribución de riquezas por parte del Estado es casi como ser bolchevique. Lo más gracioso es que quienes se oponen a ello dicen hablar en nombre de la libertad (económica, se sobreentiende, que es la única que les interesa):

"Los bancos, una vez privatizados, se preocupan mucho por sus dividendos y por los altos salarios de sus dirigentes, no por el interés general. La brecha entre los más pobres y los más ricos no ha sido nunca tan grande, ni la búsqueda del dinero tan apasionada."

El mensaje de Hessel es la búsqueda de una revolución por medios pacíficos, que cambie el rumbo actual. Hemos flirteado ya con el desastre. La próxima crisis, de seguir así las cosas, podría ser verdaderamente catastrófica, con unos Estados endeudados, incapaces de hacer frente a las necesidades básicas de sus ciudadanos. "¡Indignaos!" no es un ensayo erudito, es más bien un manifiesto escrito por un autor de noventa y tres años con el fín de despertar conciencias. Que tenga que ser un hombre tan anciano el que nos inyecte vigor a los demás no deja de ser una deliciosa ironía:

"Os deseo a todos, a cada uno de vosotros, que tengáis vuestro motivo de indignación. Es algo precioso. Cuando algo nos indigna, como a mí me indignó el nazismo, nos volvemos militantes, fuertes y comprometidos."