lunes, 29 de noviembre de 2010

NUESTRA IDENTIDAD VIRTUAL.


Cada día se habla más de la importancia de la imagen que damos de nosotros mismos en la red. Durante el Seminario de Recursos Humanos al que asistí recientemente se nombró en varias ocasiones el término "marca personal", referido precisamente a la presencia que tenemos en las distintas redes sociales, a como nos juzgaría un extraño que tuviera acceso a nuestras publicaciones. Pero es obvio que no todas las aplicaciones que nos ofrece internet sirven para lo mismo. Yo hablaré de las que utilizo con más asiduidad.

La más popular sin duda es la polémica Facebook. Para la mayoría de la gente Facebook sirve para estar en contacto con los amigos y publicar sus fotos. Aún cuando ese sea el único uso que se le de, hay que ser muy prudentes con lo que se publica. Si bien es cierto que Facebook ofrece varios niveles de seguridad a sus usuarios, también lo es que para un extraño con un mediano conocimiento informático saltárselos no supone un gran problema. Si estamos buscando empleo, es bueno saber que ciertas empresas tienden a mirar el perfil que tenemos publicado, nuestras fotos e incluso con quien nos relacionamos. Cuidado con exhibir demasiadas fotos de juergas. Y recordar que Facebook también puede ser usado para difundir nuestras propias publicaciones, a través de la herramienta de enlaces. Personalmente, desde que la uso, han aumentado las visitas a este blog. No hay por qué subir solo enlaces propios, se puede hacer lo mismo con noticias interesantes de periódicos o artículos de otros blogs. A veces se generan debates interesantes.

Linkedin
es una red social de muy distinto calado. Podriamos decir que es el reverso de Facebook, pues se define a sí misma como "red profesional". Personalmente, no me gusta demasiado su sistema grupal, pero sin duda se conoce a gente interesante y uno mismo se puede vender como trabajador eficiente. Ya voy conociendo casos de personas que encuentran empleo (aunque sea temporal) a través de esta red, por lo que es muy interesante tener presencia en ella. Para quienes están ya trabajando, resulta un instrumento muy útil, pues le permite estar en contacto con profesionales del mismo ramo.

Mi relación con Twitter es un poco extraña. Cuando empecé a usarlo, hace unos meses, me pareció muy limitada en relación con Facebook, pero no me dí cuenta de que tiene unas reglas de juego totalmente distintas. En Twitter las relaciones son mucho más intelectuales que en Facebook. En realidad se trata de una tormenta de enlaces a diversos temas (en mi caso, de Recursos Humanos) que hay que saber priorizar. Lo cierto es que se toma contacto con mucha gente interesante, algunos de ellos muy especializados en sus respectivos ámbitos, pero hay que dedicarle tiempo y echarle un vistazo de vez en cuando para no perder el hilo. Y, por supuesto, saber hacer aportaciones interesantes. Al principio, Twitter agobia mucho, pero cuando uno se acostumbra, puede resultar muy útil.

El mayor puntal de la identidad virtual es el blog propio. Dicen los expertos que el blog hay que mimarlo, pues es el principal espejo de nosotros mismos en la red. Yo todavía no me puedo considerar veterano en esto, pues solo llevo dos años publicando, pero si tuviera que aconsejar a un principiante le diría que no se lo tome excesivamente en serio, que se divierta escribiendo acerca de los temas que domine y que sea constante, que lo actualice con regularidad. Los lectores irán llegando poco a poco si el bloguero se sabe publicitar bien, si va escribiendo en otras páginas que tengan mayor difusión (en mi caso en Suite 101), comentando en periódicos u otros blogs y si sus artículos se van posicionando favorablemente en google. Todas labores arduas, que hay que ir construyendo día a día. Por eso para algunos llevar un blog es una tarea esclavizadora. Para otros, entre los que me incluyo, es algo muy satisfactorio, una posibilidad de compartir las propias ideas impensable hace solo una década. Además, el propio reciclaje profesional, de gustos o incluso ideológico puede tener cabida en un blog. Dentro de algunos años, quizá pueda advertir las sutiles evoluciones que se dan en mi forma de escribir o los cambios en mis filias o fobias.

A todo esto ¿puede la identidad virtual acabar devorando a la tradicional? Hay que ser muy friki para plantearse esto, pero seguramente existen casos. Por muchas horas que se pase delante de un ordenador, no hay que descuidar la vida real, la de todos los días. La oferta de internet es infinita y para todos los gustos, pero las formas de lectura y de conocimiento de ofrece (de lo que hablaré otro día) dejan bastante que desear si no entrenamos la capacidad de encontrar lo que buscamos con rapidez y eficacia.

La buena reputación en la red, no lo olviden, se está convirtiendo en un atributo muy importante en esta sociedad del conocimiento en la que estamos inmersos. Internet nos da la posibilidad de vendernos a nosotros mismos, de aportar a los demás y de que nos aporten, de gozar de mayor proyección profesional. Nunca en la historia del hombre se ha contado con un instrumento tan poderoso y tan eficaz en nuestras manos. Lo inteligente es aprovecharlo. Y aprender algo nuevo todos los días.

WIKILEAKS DESNUDA LA DIPLOMACIA ESTADOUNIDENSE.


Sin haber podido todavía digerir el golpe que supuso la filtración de documentos acerca de sus actuaciones en las guerras de Irak y Afganistan, la diplomacia estadounidense se enfrenta ahora a un golpe aún más demoledor: la filtración de miles de documentos referentes a las órdenes y actuaciones en embajadas de todo el mundo.

Una de las acepciones del término "diplomacia" tiene que ver con la elegancia en las relaciones con los semejantes. Si leemos las primeras revelaciones de estos documentos, dicha idea salta por los aires y podemos hacernos una idea de lo que en realidad se cuece en las relaciones internacionales: el juego sucio y el cinismo

Esta mañana he estado analizando con atención la información de "El País". No hay grandes revelaciones en los documentos, ya que no los hay con el más alto grado de protección (Top Secret), pero sí que resulta divertido constatar que temas que son de máxima actualidad constituyen grandes obsesiones para el que todavía es el país más poderoso de la Tierra: las dudas sobre si es mejor atacar a Irán ahora o dejar que construya una bomba nuclear, la constatación de que Putin sigue mandando en Rusia, las fiestas salvajes de corrupto emperador romano de Berlusconi, los intentos de aislamiento a Hugo Chávez, las dudas sobre el islamismo del turco Erdogan, el afán de protagonismo de Sarkozy o la desconfianza en Zapatero, o, lo que me parece más grave, las presiones a ciertos países para favorecer las posiciones económicas de los Estados Unidos. Todo ya sabido. El auténtico escándalo es, como ya dije en su día, los fallos de seguridad que han permitido que estos papeles se difundan entre el gran público.

"El País", en una maniobra que parece asemejarse a las de los programas del corazón promete más revelaciones durante el resto de la semana. Muchas de ellas serán de consumo interno, donde parece ser que veremos la catadura moral de algunos de nuestros políticos o empresarios (como si no la sospecháramos ya). En todo caso, será divertido leer lo que vaya saliendo en los próximos días. A algunos no nos interesa ni nos da morbo las andanzas de Belén Esteban, pero sí que nos da verdadera curiosidad conocer los entresijos de la política internacional.

Cuando ayer salieron los primeros titulares de esta noticia, temí que la difusión de estos papeles pudiera provocar conflictos. Ahora que se van conociendo, parece que más que conflictos fomentarán alguna que otra pataleta, muchas risas y al final las aguas acabarán volviendo a su cauce. Estados Unidos se está acostumbrando peligrosamente a hacer el ridículo.

domingo, 28 de noviembre de 2010

LA LEY DEL SILENCIO (1954), DE ELIA KAZAN. EL SINDICATO DEL CRIMEN.


No existen los creadores que puedan exhibir un expediente vital inmaculado. El escritor, el pintor o el director de cine necesitan imbuirse de experiencias, ya sea de manera personal o a través de otros, no siempre moralmente aceptables, para dotar de credibilidad a sus creaciones. Elia Kazan casi es más nombrado por su protagonismo durante la llamada "Caza de brujas", como delator de compañeros de profesión con carné del Partido Comunista, que como espléndido director de cine. Precisamente el tema de "La ley del silencio", la más conocida de sus realizaciones es la moralidad de la delación, de la traición al grupo.

La historia nos lleva con gran realismo al ambiente portuario de Nueva York, a la vida cotidiana de los estibadores, cuyo trabajo está controlado por un sindicato mafioso, al que se adscribe como mero matón, Terry Malloy (Marlon Brando). Como es lógico, la disciplina es férrea en este microcosmos, por lo que cualquier disidencia es aplastada y publicitada como advertencia a los demás.

La elección moral de Terry no es fácil. Él es un hombre simple, un ex boxeador que fue víctima de los manejos mafiosos, y que sobrevive como mero peón sin querer darse cuenta de que sus acciones son reprobables. A través de Terry, Kazan quiere justificar sus propias acciones. Querer identificar a miembros del Partido Comunista con mafiosos es un poco forzado, pero en el clima de Guerra Fría de aquellos años podía ser un discurso aceptable en ciertos ambientes.

En todo caso, si nos atenemos a sus valores estrictamente cinematográficos, "La ley del silencio" se alza como una verdadera obra maestra, donde la elección de ambientes, la fotografía, la interpretación de sus magníficos actores y su realismo se conjugan perfectamente para atrapar al espectador, que casi puede oler el clima de miedo que impregna toda la película. La imagen última de un Brando cubierto de sangre y avanzando hacia su puesto de trabajo es la imagen de la dignidad, la dignidad del hombre que va a sacrificarse para que los trabajadores recuperen el control de su propia actividad.

CONGRESO DE NEOLENGUA EN ANDALUCÍA.


Victor Klemperer fue un catedrático de filología judío que tuvo la desgracia de vivir en la Alemanía de Hitler. Sus diarios (una de mis lecturas pendientes, pero sobre los que he leído muchos comentarios) son un referente acerca de la vida cotidiana en el Tercer Reich y de como se hacía la vida cada día más imposible a las personas que el régimen consideraba enemigas. Entre los más celebrados pasajes de este diario se encuentran los referidos a lo que denominaba LTI (Lingua Tertii Imperii), es decir al nuevo lenguaje que se estaba creando desde el poder, un lenguaje manipulador al servicio de una ideología perversa, un lenguaje auspiciado desde el Ministerio de Propaganda de Goebbels capaz de justificar lo injustificable en la mente de sus ciudadanos.

Con George Orwell y "1984" nos familiarizamos con el término "neolengua", algo muy parecido al LTI de Klemperer. Las palabras pierden su significado tradicional y se lo otorgan otros nuevos al servicio del Poder Totalitario. El protagonista de este libro, funcionario del Partido, se dedica a reformar el pasado a capricho de los intereses del Gran Hermano. Borra de la memoria documental (y por tanto, de la colectiva) a determinadas personas o hechos que pueden ser incómodos para el status quo al que sirve.

Sin llegar a estos extremos, por supuesto, me vinieron a la cabeza estos ejemplos cuando leí una información en ABC (sí, no solo leo "El País") que hablaba de un Congreso que está celebrándose en Sevilla, auspiciado por la Junta de Andalucía, un Congreso dedicado a una nueva ciencia, denominada "Ecofeminismo".

Leyendo el artículo, parece que esto del Ecofeminismo es uno más de tantos intentos de cambiar nuestro lenguaje cotidiano en pos de una presuntamente herida dignidad feminista. Después de patinazos como el famoso "miembros y miembras", de Bibiana Aído, el dinero de los andaluces, tan necesitados en esta tesitura de otro tipo de ayudas, se gasta en patrocinar encuentros como este, en el que se pretende buscar "nuevos patrones comunicativos", para fomentar una presunta igualdad entre hombre y mujer a través del lenguaje. Les dejo este fragmento del artículo, que no tiene desperdicio:


El estudio, para el que se ha realizado un cuestionario a 280 mujeres de 15 a 85 años y se han analizado recortes de prensa remontándose al año 2006, tiene también como finalidad evitar el «androcentrismo», es decir, la «estructura social conformada a partir de los valores masculinos», explica la guía. Así, la publicación propone evitar —sobre todo en los medios de comunicación— algunos términos muy extendidos que califica como sexistas. Así, «el actor» debe evitarse y ser sustituido por «la persona que actúa» o «quien actúa». «Los futbolistas» pasarían a ser «quienes juegan al fútbol», y «el interesado» se convertirá en «a quien interesa».
También hay otros términos para sustituir: expresiones como «el número de parados» es, según la Junta, lenguaje sexista y debe cambiarse por «el número de personas sin trabajo». «Los ciudadanos» deben convertirse en «la ciudadanía», y «el hombre» en «la humanidad». Tampoco debe utilizarse «los andaluces», ya que la forma no sexista es «el pueblo andaluz». También es sexista para la Junta de Andalucía decir «los niños», que propone cambiar por «la infancia», o «los trabajadores de medio ambiente», que «recomienda sustituir por «el personal de medio ambiente».
Otras de las recomendaciones que realiza el manual es cambiar «los ecologistas» por «los/as ecologistas». Otros ejemplos son más complejos, como la siguiente frase: «Los maestros les prohíben usar el móvil a los niños», que proponen cambiar por «el profesorado le prohíbe usar el móvil al alumnado».
Un último ejemplo de periodismo no sexista: «El señor Páez estuvo magnífico en su intervención y su acompañante la señora Martínez iba muy elegante». La Junta recomienda a los periodistas que redacten «el señor Páez estuvo magnífico en su intervención, la señora Martínez realizó unas aportaciones muy inteligentes durante el debate».

Todo esto sería risible si no se estuviera tomando en serio, como si de una ciencia se tratara. Ya que se utiliza a los parados para tan gratificantes ejemplos (como estamos en Andalucía, es lógico que se usen nuestras más arraigadas tradiciones) y en lógica consonancia con todo esto, tampoco creo que sea justo llamar a algo tan pernicioso como "la crisis" con denominación femenina. Propongo denominarla "etapa transitoria hacia la feliz recuperación económica". Así, todos más contentos y nuestro estado de ánimo propicio a seguir creyendo en la eficaz acción de nuestros políticos.

Creo que es un gran error avanzar en la igualdad de hombres y mujeres por ese camino. En la igualdad se avanza a través de la educación, no imponiendo palabras nuevas. Se avanza con el mérito cotidiano, no imponiendo cuotas de mujeres ni de hombres. Y sobre todo se avanza luchando contra la incultura popular, algo que se fomenta todos los días a través de la infame programación que imponen las diferentes televisiones, públicas incluidas (Canal Sur se encuentra a la vanguardia en este ámbito). Y contra el maltrato a las mujeres es mejor pelear con medidas inteligentes, no demagógicas, como hacerse una foto con una tarjeta roja en la mano o proponiendo reformas de la ley que pulverizan la presunción de inocencia. Que se fomente el trabajo para todos, los medios de subsistencia y la dignidad personal. Muchas mujeres aguantan los maltratos porque no ven un futuro sin los medios económicos que le aporta su pareja. Trabajen por ahí, por favor, y ayuden a salir a tantas personas del pozo de miseria e ignorancia en el que están atrapadas. Por supuesto, mi apoyo desde aquí a las víctimas de la violencia machista.

Por cierto, y a la vista del cartel que preside la reunión: ¿como se echa una mirada de género al medio ambiente?

viernes, 26 de noviembre de 2010

CINCO HORAS CON MARIO (1966), DE MIGUEL DELIBES. RETRATO DE LA SOCIEDAD FRANQUISTA.


La lectura de esta novela, una de las más conocidas de Delibes, me ha dejado sensaciones contradictorias. Por una parte, me pareció que ha envejecido un poco mal, en el sentido de que resulta una lectura pesada y reiterativa. Pero, por otro lado, finalmente se erige como un estupendo retrato de la sociedad franquista, del que aún nos sigue sorprendiendo que burlara la censura con tanta facilidad. Por cierto, el viernes pasado celebramos una charla interesantísma en torno a este libro, tratando de averiguar, entre otras muchas cosas, si las Carmenes Sotillos siguen habitando entre nosotros. Aquí el enlace:

La muerte de Miguel Delibes en marzo de este año supuso un tremendo golpe para las letras españolas, pues desaparecía el que quizá fue el mejor novelista de su generación, el escritor más humanista y el más querido por los lectores, por la maestría de su escritura y su bondad personal. Siempre humilde, el austero autor castellano dejó una obra muy arraigada a su tierra, pero cuya lectura es universal. Novelas como "Los santos inocentes" o esta "Cinco horas con Mario" le convierten en un maestro en la creación de personajes veraces, que parecen tener vida más allá de las páginas que protagonizan.

Precisamente el propio Miguel Delibes era muy consciente de la importancia que supone la creación de buenos personajes para que una novela funcione. En el artículo Los personajes de la novela, publicado en el diario "La Vanguardia" el 20 de diciembre de 1980, escribía:

"Crear tipos vivos, (...) he ahí el principal interés del novelista. Unos personajes que vivan de verdad pueden hacer verosímil un absurdo argumento, relegar, hasta diluir su importancia, la arquitectura novelesca (...) Poner en pie unos personajes de carne y hueso e infundirles aliento a lo largo de doscientas páginas es, creo yo, la operación más importante de cuantas el novelista realiza. (...) Me atrevo a formular esta conclusión: una novela es buena cuando pasado el tiempo después de su lectura, los tipos que la habitan permanecen vivos en nuestro interior y no solo los recordamos, sino que somos capaces de presumir sus reacciones ante las incidencias de la vida diaria."

Delibes cuenta que el proceso de gestación de "Cinco horas con Mario" no fue nada fácil. En principio trató de construir un armazón de novela tradicional para su historia: las vicisitudes de Mario y su esposa Carmen a través de un narrador omnisciente. Cuando llevaba escritos varios capítulos, se dio cuenta de que la fórmula no funcionaba: era demasiado evidente el contraste entre la bondad de Mario y el egoísmo de Carmen. Entonces se le ocurrió que la narración tomara la forma de un largo monólogo interior en el que Carmen Sotillo rememora algunos episodios de su vida marital con Mario desde su propio punto de vista. A través de esta técnica conseguía que fuera el propio personaje de Carmen el que se echara tierra encima, sin que fuera tan evidente la mano del autor y sorteaba la censura, pues en la novela primaba el punto de vista tradicional de la protagonista, condenándose (en una lectura muy somera de la obra) las actitudes "antisociales" de Mario.

En realidad, cualquier lector medianamente atento encontrará en el soliloquio de Carmen una crítica demoledora a la sociedad franquista. La mujer de Mario es tan superficial que no es capaz de entender la dimensión intelectual de su marido ni su actitud ante la vida, su denuncia de las injusticias sociales y su humanismo cristiano, alimentado por la doctrina del Concilio Vaticano II, muy polémico para el catolicismo tradicional español de la época. Está claro que hay mucho del propio Delibes en el personaje de Mario, tal y como confiesa el propio autor en las páginas de su libro "Un año de mi vida":

"A mi juicio, el novelista auténtico se nutre de la observación y la invención tanto como de sí mismo. El novelista auténtico tiene dentro de sí, no un personaje, sino cientos de personajes. De aquí que lo primero que el novelista debe observar es su propio interior. En este sentido, toda novela, todo protagonista de novela, lleva en sí mismo mucho de la vida del autor."

Carmen es una mujer con una arraigada conciencia de clase, que cree que la pobreza es algo consustancial al orden natural de las cosas, que los pobres son necesarios para practicar la caridad. Es incapaz de comprender la manera de actuar y de pensar de Mario, su falta de interés por ganar dinero y prestigio social. Carmen, que declara haber disfrutado de los días de Guerra Civil (para ella una Cruzada, por supuesto), ha sido y sigue siendo una muchacha de muy buen ver, dotada de un gran apetito sexual, que no consigue ocultar en su monólogo, aunque tiene remordimientos por haber flirteado con otros hombres. Sus reproches e insultos a Mario son constantes, pero ante todo le duelen dos cosas: que la rechazara en su noche de bodas y que no le comprara un coche.

Está claro que "Cinco horas con Mario" se erige como una diáfana metáfora del franquismo, representado por la protagonista, machista, reprimida y represora, defensora de un status quo que privilegia a su propia clase social e incapaz de tener una visión más allá de su propia realidad cotidiana:

"Convéncete de una vez Mario, los intelectuales con sus ideas estrambóticas, son los que lo enredan todo, que están todos medio chiflados, porque creen que saben pero lo único que saben es incordiar, lo único, fíjate bien, y sacar a los pobres de sus casillas , que el que no acaba de rojo, acaba de protestante o algo peor."

Al final, hay lugar para la esperanza a través de las nuevas generaciones, en esta ocasión el hijo de Mario, que hilvana un discurso tan maduro como conciliador ante su sorprendida madre:

"¡Ya salió nuestro feroz maniqueísmo: buenos y malos... ¡los buenos a la derecha y los malos a la izquierda! Eso os enseñaron ¿verdad que sí? Pero vosotros preferís aceptarlo sin más ni más, antes que tomaros la molestia de miraros por dentro. Todos somos buenos y malos, mamá. Las dos cosas a un tiempo. Lo que hay que desterrar es la hipocresía ¿comprendes? Es preferible reconocerlo así que pasarnos la vida inventándonos argumentos. En este país, desde los Comuneros venimos esforzándonos en taparnos los oídos y al que grita demasiado para vencer nuestra sordera y despertarnos, le eliminamos y ¡santas pascuas!"

Quizá esta novela de Delibes haya envejecido peor que otras muchas suyas y resulte de lectura algo pesada para los gustos actuales, pero contiene el espíritu de una época y fue revolucionaria en aquellas fechas, al menos por dos razones: por su estilo casi experimental y por haber logrado burlar a la censura de manera tan absoluta.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

GESTIONAR LA INCERTIDUMBRE.


El otro día, como buen alumno participativo, le pregunté al profesor de Gestión por competencias del Master de Dirección de Recursos Humanos que estoy terminando acerca de como podía afectarnos en nuestra vida profesional las malas noticias económicas que nos llegan todos los días. Él contestó que, por su parte, él solo podía gestionar su propia área de influencia, es decir, que se ocupaba de hacer lo que estaba en su mano para transitar por estos tiempos de la mejor manera posible. Respecto a lo que estaba fuera de su alcance, poco podía hacer, así que preocuparse por ello es inútil.

He estado reflexionando sobre ello. ¿Es la actitud correcta? Sin duda es lo mejor para sobrevivir en el día a día sin caer en el miedo, el gran acosador en este joven siglo XXI. Mi compañera Snow twitteaba (¿se dice así?) acerca de una competencia llamada "gestión de la incertidumbre". Quizá las empresas busquen hoy día perfiles capaces de desarrollar esta forma de comportamiento.

Lo cierto es que, queramos o no, la incertidumbre se ha instalado en las hasta hace poco confortables vidas de muchos ciudadanos de este país. Trabajar, hacer negocios, en una situación de expansión económica es relativamente fácil. En las situaciones de crisis hay que unir la imaginación al trabajo para salir adelante. Está probado que en las situaciones límite, como en las guerras, los países contendientes suelen establecer record de producción en sus fábricas y las ciencias avanzan a paso de gigante.

No estoy de acuerdo con esa famosa máxima que dice que las crisis engendran oportunidades. Las oportunidades se dan más bien cuando la economía funciona y los negocios son constantes. Los periodos de crisis son más bien idóneos para dedicarlos al aprendizaje, al reciclaje personal, para salir reforzados de la misma. Es este un gesto de generosidad de quienes tenemos esta dedicación en estos momentos. Estamos dispuestos a dar parte de nuestro tiempo, cobrando irrisorias prestaciones, para ser ciudadanos mejor preparados cuando se nos vuelva a llamar a la vida económica activa. El hábito de estudio y aprendizaje que hemos vuelto a adquirir será muy valioso en ese momento para la empresa a la que ofrezcamos nuestros servicios. Nuestro objetivo es que la relación con la organización en la que nos integremos sea retroalimentada por continuos procesos de aprendizaje mutuo. A todos nos gusta enseñar y ser enseñados.

Pero para poder volver a avanzar es necesario combatir a nuestro gran enemigo: el miedo. Lo primero que hay que decir que la señora incertidumbre no se va a ir, ha venido para quedarse y hay que aprender a convivir con ella. Lo mejor es no quedar paralizados, tomar decisiones, meditar sobre las mismas, retrotraernos a situaciones similares que se hayan dado en el pasado, analizar las soluciones que se dieron en aquel momento y, ante todo, ser imaginativos y generosos. Unidos, generando confianza mutua, el miedo acaba disipándose y la incertidumbre se convierte en un reto apasionante a la hora de gestionar el día a día.

lunes, 22 de noviembre de 2010

BANDERAS DE NUESTROS PADRES (2006), DE CLINT EASTWOOD. HISTORIA DE UNA FOTO.


Aunque no se puede decir que sea una película redonda, lo cierto es que este trabajo de Eastwood resulta muy interesante cuando reflexiona acerca de la manipulación que el gobierno de Estados Unidos realizó de la famosa foto de Joe Rosenthal. Como es tradición, la fotografía bélica siempre está unida a la polémica. Aquí el enlace:

A principios de 1945 la suerte de la Segunda Guerra Mundial estaba decantada claramente hacia los Aliados. En el frente del Pacífico, la caída de Japón sólo era cuestión de tiempo, pues los americanos llevaban muchos meses liderando una victoriosa (y costosa) campaña que iba desalojando al Ejército del Sol Naciente isla a isla, acercándose cada vez más al Japón. En esta tesitura, la conquista de la isla de Iwo Jima se hizo imprescindible para los americanos, sobre todo desde el punto de vista de su aviación, pues su aeródromo resultaba imprescindible para hacer más efectiva la campaña de bombardeo sobre las islas japonesas.

La isla de Iwo Jima tiene una superficie de unos veinte kilómetros cuadrados y su negra superficie es de origen volcánico, por lo que raramente crecen plantas en la misma. Su principal característica es la presencia de un polvo negruzco, una mezcla de cenizas, azufre y arena. Los japoneses, en previsión del ataque del ejército americano, se dedicaron a fortificar la isla a conciencia. Sus defensores no se hicieron ilusiones: sabían que acabarían sucumbiendo ante el mayor poderío de sus enemigos, pero la conciencia de estar defendiendo ya su propia patria les otorgaba una motivación especial, por lo que casi todos los soldados japoneses aceptaron que no saldrían vivos de la isla. De hecho, en la batalla de Iwo Jima fueron escasas las rendiciones de soldados nipones.

"Banderas de nuestros padres" describe muy bien a través de sus imágenes el momento del desembarco del ejército americano en la isla. Un impresionante despliegue de barcos y aviones se posicionó ante la isla e inició un intenso bombardeo preliminar, que no sirvió de gran cosa frente a la profundidad de las posiciones defensivas, muchas de ellas excavadas en la misma roca. Los primeros soldados que desembarcaron lo hicieron sin oposición. Los japoneses esperaron hábilmente a que avanzaran algunos metros tierra adentro para iniciar un devastador fuego de artillería desde sus ventajosas posiciones. Comenzaba así una de las más duras batallas de toda la guerra.

Resulta inevitable comparar la concepción del desembarco de Clint Eastwood con la de Steven Spielberg en "Salvar al soldado Ryan". Si bien la del primero es mucho más descriptiva, pues narra todo el proceso desde que los soldados bajan desde el barco a la lancha de desembarco, resulta demasiado cinematográfica y espectacular, en contraposición al descenso hacia el punto de vista de los soldados que ofrece Spielberg: el crudo realismo y horror que se atisba en su película es lo que falta en la de Eastwood, aunque a este último cineasta le interesa más profundizar en otro asunto: la manipulación que el gobierno estadounidense puede llegar a hacer de una acción bélica determinada.

El autor de "Invictus" cuenta en esta ocasión la historia de tres combatientes de esta histórica batalla, recreando cruentos episodios de la misma junto a a su periplo por los Estados Unidos recaudando dinero para los bonos que los Estados Unidos emitían para financiar el esfuerzo bélico, pues los tres fueron inmortalizados en la célebre foto de Joe Rosenthal en la cumbre del monte Suribachi, la mayor elevación de Iwo Jima, en la que los marines plantan en tierra una gran bandera americana.

La historia de esta foto, quizá la más reproducida de la Segunda Guerra Mundial, es muy peculiar. Los marines llegaron a la cumbre del monte Suribachi al cuarto día de la batalla. Allí plantaron una pequeña bandera que fue vista por sus compañeros desde todos los puntos de la isla y desde el interior de las embarcaciones que la rodeaban. Fue casi un momento mágico, pues muchos hicieron un alto para vitorearla, mientras los barcos hacían ulular sus sirenas. Fue precisamente el teniente coronel Johnson, el mismo que había tenido la idea de colocar la bandera, el que dio orden de retirarla, para preservar lo que consideraba un objeto que se iba a convertir en una leyenda para el Cuerpo de Marines y sustituirla por otra más grande.

La orden fue cumplida unas horas después. El fotógrafo Rosenthal llegó a tiempo para inmortalizar la colocación de la nueva bandera y plasmó el momento en una instantánea de gran fuerza gráfica, una composición casi hipnótica, perfecta en la captación del esfuerzo de los marines y de un gran simbolismo patriótico. La fotografía llegó a tiempo a los Estados Unidos para ser publicada en los periódicos del domingo, por lo que su difusión y popularidad fue inmediata. Los protagonistas de la misma fueron llamados de vuelta a su país. El gobierno había hallado lo que llevaba meses buscando: una imagen que galvanizara los esfuerzos de la población estadounidense, ya cansada de la larga confrontación, hacia la compra de los imprescindibles bonos de guerra.

En aquel momento, nadie se preocupó por conocer la verdadera historia de la foto. De hecho, contra lo que comúnmente se cree, el momento que refleja la instantánea no supone el fin de la batalla. Ni siquiera significó la conquista del monte Suribachi pues, como los marines comprobaron amargamente instantes después, los japoneses tardarían todavía algunas semanas en abandonar sus posiciones, algunas de ellas prácticamente inexpugnables, tanto que los americanos optaron al final por usar el lanzallamas contra cualquier acceso a grutas que encontraran en su camino, procediendo posteriormente a tapiarlos.

Los meses siguientes, tal y como se muestra en la película, fueron muy difíciles para los tres soldados devueltos a la vida civil. El gobierno les encomendó una gira por los Estados Unidos, publicitándolos como los "héroes de Iwo Jima". Los soldados tenían sentimientos contradictorios al respecto. Por una parte, eran conscientes de que al ser retirados de la batalla, habían salvado la vida, pero por otro lado no podían olvidar a los compañeros que habían dejado en la pelea, tanto a los vivos como a los muertos y se daban cuenta de la profunda manipulación a la que eran sometidos, tratados casi como fenómenos de feria en el afán de recaudar dinero para continuar la guerra.

Cada soldado asumió su condición de héroe como pudo, pero uno de ellos, nativo americano para más señas, sucumbió a la presión, no pudo soportar el recuerdo de sus compañeros muertos y acabó recorriendo las cunetas de las carreteras convertido en un borracho. Quien ha vivido un combate real, sabe que los héroes no existen y que los protagonistas se dividen entre asesinos y quienes luchan por salvar sus propias vidas. Como hizo notar Joanna Bourke en su notable "Sed de sangre", es extremadamente dificultoso recuperar a los soldados que han vivido toda clase de horrores para la vida civil.