sábado, 5 de febrero de 2022

LUZ QUE AGONIZA (1944), DE GEORGE CUKOR.

Adaptación de una mediocre obra teatral de Patrick Hamilton, Luz que agoniza es una película que adquiere entidad por el ambiente de tensión que Cukor logra crear a través de una historia que va entrando, parafraseando a las recomendaciones de Netflix, cocinada a fuego lento. Además de ser una trama de suspense, Luz que agoniza tiene otro punto fuerte en el retrato de la evolución psicológica de los personajes principales. Ella, una ingenua mujer atrapada en un matrimonio falso, pues el único interés de su marido es perturbarla psicológicamente en razón de unos oscuros intereses que se desvelarán al final de la trama. La casa de Thornton Square es casi otro personaje de la película, un lugar muy inquietante, muy apropiado para desarrollar los planes del malvado Gregory Anton. Todo un clásico muy recordado por el público, hasta el punto de que la expresión luz de gas ha llegado hasta nuestros días en el ámbito de la lucha contra la violencia de género. 

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martes, 1 de febrero de 2022

PETULIA (1968), DE RICHARD LESTER.

Muchos especialistas dicen que el cine clásico terminó en torno a 1968. Los grandes realizadores habían filmado una gran cantidad de obras maestras y el medio cinematográfico buscaba nuevos caminos. En Petulia no es solo que se traten abiertamente temas como el desamor, los conflictos violentos de pareja o el adulterio, es que Lester desbarata el lenguaje cinematográfico tradicional y ofrece una narración caótica y moderadamente fascinante: muchos planos, movimientos confusos de cámara, traslación a imágenes como flashes de los pensamientos o recuerdos de los personajes... La estética de la película es absolutamente informal, quizá en referencia a los anhelos de libertad de aquel presente. Una historia hija de su tiempo adecuadamente  dirigida por el realizador de las películas de los Beatles. Es curioso que un actor como el ya maduro Joseph Cotten abandere la incomprensión conservadora a estas nuevas costumbres tan escandalosas. Petulia merece la pena verse, aunque sea como curiosidad que capta el espíritu de una época.

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sábado, 29 de enero de 2022

LOS PELIGROS DE LA MORALIDAD (2021), DE PABLO MALO. POR QUÉ LA MORAL ES UNA AMENAZA PARA LAS SOCIEDADES DEL SIGLO XXI.

La palabra moralidad siempre ha gozado de muy buena prensa, como una de las más elevadas construcciones del espíritu humano, pero precisamente en esto radica su debilidad: como todas las creaciones abstractas de la humanidad - la ley, el Estado... - es una idea constantemente sometida a cambios en el devenir social e histórico. Por eso la idea de moral de una determinada sociedad es siempre imperfecta, aunque se considere por la mayoría como un espejo en el que deben reflejarse las acciones individuales y colectivas. Somos seres con acceso a una tecnología propia de dioses, pero todavía absolutamente influidos por nuestro pasado biológico. Nuestras formas de moralidad se aplican ante todo entre los individuos de nuestro grupo, de nuestra comunidad. Con los que no pertenecen a la misma, solemos aplicar, aunque sea de forma inconsciente, otro tipo de normas morales.

Bien es cierto que existen normas morales universales, que se aplican a todos los grupos, porque hay circunstancias vitales que son indispensables para que cualquier grupo humano sobreviva y prospere: "ama a tu familia, ayuda a tu grupo, devuelve los favores, sé valiente, obedece a la autoridad, sé justo, respeta la propiedad de otros". Quizá todas estas reglas provengan de la leyes de la evolución, es decir que quienes mejor se adaptan a las mismas son los que acaban progresando. Si por un capricho de la naturaleza para la supervivencia de grupo fuera necesario, por ejemplo, que la madre se comiera al primer hijo varón que concibiera, ésta se hubiera adaptado por los grupos humanos como una norma moral indiscutible y posiblemente hubiera llegado hasta nuestros días. 

El problema de los imperativos morales es que no se consideran elecciones estrictamente personales. Quien posee una determinada moral, sea religiosa, política o social, tenderá a creer que debe ser impuesta a todos los demás, con lo que esto implica para la libertad personal de los que se consideran disidentes: 

"La historia está repleta de atrocidades que fueron justificadas invocando los principios morales más elevados y perpetradas sobre personas que estaban igualmente convencidas de su superioridad moral. La justicia, el bien común, la ética universal y Dios han sido utilizados para justificar todo tipo de opresión, asesinato y genocidio. Dado que las convicciones morales se asocian a considerar que el fin justifica los medios y a apoyar la violencia, es una prioridad de la ciencia investigar cómo promueven formas constructivas, pero también destructivas, de acción política."

Lo peor de todo esto es que lo usual - a menos que estemos hablando de un psicópata - es que quienes perpetran todas estas barbaridades contra otros grupos creen estar obrando correctamente. La defensa de la nación, de la religión o de una determinada idea utópica justifica cualquier acción atroz, puesto que e realiza en defensa del bien absoluto. Cualquiera que se oponga a dicha idea es un enemigo al que hay que exterminar sin piedad. Estas creencias tan fuertemente arraigadas en la psique humana son las que alimentan esos conflictos que nos parecen tan absurdos cuando los analizamos racionalmente. 

La tendencia a dividir el mundo entre nosotros y ellos es algo que está en nuestra naturaleza desde tiempos inmemoriales y es muy difícil escapar de su influencia en nuestras acciones diarias. Las peores atrocidades del siglo XX fueron alimentadas a través de imperativos morales lanzados a una población sensible a éstos, por lo que es rigurosamente cierto que cualquiera de nosotros podríamos haber participado en las mismas si se dieran las circunstancias adecuadas, porque casi nadie quiere quedarse fuera de la ideología moral imperante en una sociedad. Como dijo el gran Isaac Asimov, en una frase que precede unos de los capítulos de este libro: "El problema más difícil al que nos enfrentamos para evitar la destrucción de la civilización y la humanidad es la costumbre diabólica que tiene la gente de dividirse en pequeños grupos, cada uno ensalzándose a sí mismo y acusando a sus vecinos."

Teniendo en cuenta todo esto, no es raro que nuestro tiempo se haya llenado de indignados morales, gente que, aprovechando la nueva tecnología de las redes sociales necesita exhibir su virtud frente a la maldad de quienes pretendidamente se desvían de la moral imperante. Todas esas condenas que se lanzan contra aquel que pretende discutir los dogmas establecidos es vilipendiado y a veces se provoca su muerte social. Hay casos tan extremos de personas con un pensamiento disidente que ha llegado a perder su puesto de trabajo y a sus amigos por una determinada opinión expuesta en un tweet. Lo que antes podía resolverse con una discusión de barra de bar ahora puede hacerse viral a nivel mundial, con lo que esto implica para aquel que tomó la decisión de escribir algo políticamente incorrecto, independientemente de que lo expresado sea o no una barbaridad. No son raros los casos de suicidio por estas causas. ¿Cómo podría conseguirse una moralidad que fomentase el altruismo y la tolerancia con las opiniones de los demás? La respuesta no es nada fácil, puesto que se topa con el muro de la ancestral naturaleza humana y nuestra tendencia a dividir a la gente en grupos. El magnífico libro de Pablo Malo ofrece un completísimo repaso al estado de la cuestión y, lo que es más importante, consigue que el lector reflexione sobre todas estas realidades con la necesaria serenidad. 

viernes, 28 de enero de 2022

THE BOXER (1997), DE JIM SHERIDAN.

Extraordinaria reflexión acerca de lo que significa nacer y crecer en una sociedad en conflicto, The boxer es incluso superior a la magnífica En el nombre del padre, del mismo director. En esta ocasión Sheridan se centra en el drama intimista de un hombre que ha pasado toda la juventud en la cárcel por haber colaborado con el IRA. Una vez que es puesto en libertad intenta romper con el pasado y vivir su vida al margen, pero él mismo intuye desde el primer momento que sus pretensiones son imposibles cuando la violencia y el fanatismo se han instalado en el día a día de su ciudad desde hace décadas. Además, hay una preciosa historia de amor que se quedó pendiente, presidida por una química entre Daniel Day-Lewis y Emily Watson que la hace absolutamente verosímil para el espectador. El sufrimiento callado de ambos ante la injusticia a la que se vieron sometidos por las circunstancias pasadas y presentes es una de las piedras de toque de la película, porque el hecho de que Danny haya renunciado a la lucha armada y que ella esté casada con un preso - el mejor amigo de la juventud del protagonista - son factores que propician que su relación se convierta en algo políticamente prohibido. Conmueve contemplar como Danny quiere seguir luchando por su dignidad en un cuadrilátero, el espacio del que nunca debió salir. The boxer muestra lo difícil que es superar los conflictos más enconados, puesto que cualquier pequeña chispa, por mucha voluntad negociadora que se ponga por ambas partes, puede hacer que la moral de grupo se imponga irracionalmente a los deseos de una convivencia justa para todas las partes. Una auténtica obra maestra que vi en su momento en el cine y que veinticinco años después me ha emocionado igual que entonces.

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miércoles, 26 de enero de 2022

¿QUÉ OCURRIÓ ENTRE MI PADRE Y TU MADRE? (1972), DE BILLY WILDER.

De nuevo Jack Lemmon se reúne con el gran Billy Wilder para protagonizar una comedia y de nuevo su personaje representa al americano medio, aunque esta vez sea con matices. Wendell Armbruster pertenece a lo que sería equivalente a la nobleza en Europa: es el heredero de una multinacional que viaja a Italia a recoger los restos de su difunto progenitor. Wendell es ante todo un hombre práctico, quiere terminar cuanto antes con los enojosos trámites y volver a su existencia programada y práctica. Pero se va a encontrar con el impactante secreto de su padre y además va a conocer a la hija de la amante del mismo. Sus certezas empiezan a resquebrajarse y en pocos días se convierte en un hombre nuevo. Aunque la película de Wilder no fue muy bien valorada en su momento, quizá por no renunciar a una narrativa clásica a la hora de afrontar el tema un tanto tópico del contraste Estados Unidos-Europa, y fue un fracaso de taquilla, el tiempo ha puesto en su lugar a esta obra, considerándose solo levemente por debajo de obras señeras del director como El apartamento o Irma la dulce. Si algo tiene de innovador Avanti! es el destape de sus protagonistas, lo que enfatiza el aire de liberación frente al conservadurismo impuesto a Wendell que destila la cinta. Uno de los últimos clásicos de Wilder, muy a reivindicar. 

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domingo, 23 de enero de 2022

RUFUFÚ (1958), DE MARIO MONICELLI.

Maravillosa mezcla de neorrealismo y comedia, Rufufú es una parodia del cine de atracos perfectos, protagonizada por unos perfectos perdedores. Se trata de una serie de personajes entrañables encarnados por algunos de los mejores actores italianos del momento. El espectador sabe desde el primer instante que el plan saldrá mal, pero la idea y el desarrollo del mismo no pueden ser más hilarantes, con magníficos momentos de puro surrealismo. Lo mejor de todo es que también sabemos que ninguno de ellos va a aprender nada de la experiencia, seguirán dando tumbos, evitando trabajar como los gatos evitan el agua y entrando y saliendo de la cárcel en una rutina vital que difícilmente tendrá fin. Otro de los puntos fuertes del film de Monicelli es el retrato que ofrece de la Roma de los desarraigados, el hábitat de la gente sin esperanza que deambula esperando un milagroso golpe que consiga sacarlos de la miseria cotidiana. En este sentido la película tiene también algo de retrato sociológico, aunque no sea su principal intención. 

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sábado, 22 de enero de 2022

VIVE Y DEJA MORIR (1954), DE IAN FLEMING Y DE GUY HAMILTON (1973). BOND EN AMÉRICA.

La segunda novela que Ian Fleming publicó de la saga de James Bond lleva al agente secreto hasta Estados Unidos tras la pista de un señor del crimen de raza negra al que llaman Mr. Big. Lo más interesante de la narración es contemplar como Fleming iba incorporando rasgos a un personaje que lograría lo que muy pocos: convertirse en un mito. En realidad aquí Bond apenas visita hoteles de lujo, no dispone de alta tecnología y casi todo el tiempo va por detrás de los acontecimientos. La novela está muy descompensada y se nota el interés del autor por demostrar los conocimientos adquiridos durante sus viajes por Estados Unidos y Jamaica. En algunas ocasiones sus descripciones de lugares por los que transcurre la acción parecen escritas por una especie de Julio Verne muy interesado en que sus lectores aprendan un poco de geografía y costumbres del lugar. Además aparecen ciertos comentarios que rozan lo racista, según la sensibilidad de los nuevos tiempos, y que le hubieran supuesto problemas al autor de haberse publicado hoy la obra.

Este es un Bond de contrastes: a veces aparece como un personaje muy humano que se pregunta por qué arriesga la vida con tanta frecuencia y otras se transforma en un tipo frío y distante. Quizá Daniel Craig (y en menor medida Timothy Dalton) fueron los actores que más se acercaron a esta psicología que Fleming otorgó a su creación. No fue así la interpretación de Roger Moore que, si bien en esta película toma como referencia el trabajo anterior de Connery, pronto derivaría su actuación hacia la comicidad e incluso hacia el disparate.

Quedan en esta novela, que aburre por momentos, muchos puntos de interés, debido a que elementos de su trama han sido aprovechados al menos en otras dos películas: Solo para sus ojos (el final) y Licencia para matar (la parte más escabrosa, es decir, la mutilación de Félix Leiter). Además podemos ir contemplando algunas divertidas excentricidades de Bond, como el desayuno que pide en un hotel: "Zumo de naranja, tres huevos revueltos poco hechos, con tocino y dos cafés expresos con crema de leche. Tostadas y mermelada de naranja". Bond aquí ya es Bond - por ejemplo, el final de la trama deriva en la incursión en el llamativo escondite del villano, algo ya clásico - pero todavía le faltan algunos elementos para que lo reconozcamos como ese gran mito del siglo XX.