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martes, 2 de abril de 2024

VIVIR PARA GOZAR (1938), DE GEORGE CUKOR.

Johnny Case es un tipo que hasta sus treinta años ha sido esclavo del trabajo. Se ha ganado la vida duramente y está pensando en retirarse humildemente, al menos por un tiempo. Cuando va a Nueva York a conocer a la familia de su nueva novia, se da cuenta, después de perderse entre las habitaciones de su fastuosa mansión, de que pertenece a una de las estirpes más adineradas del país. Ahora se le ofrece la tesitura de adaptar una forma de vida hipócrita y que no le gusta, de vender su alma al diablo para vivir una existencia regalada el resto de sus días. Pero entre las dudas ve un atisbo de esperanza en la hermana de su novia, un ser rebelde que odia las convenciones de la clase social a la que pertenece. Vivir para gozar es una especie de fábula muy bien intencionada que basa buena parte de su atractivo en la pareja Cary Grant-Katharine Hepburn. No resulta tan alocada como otras comedias similares, porque intenta basar toda su fuerza en el mensaje de vivir la vida sin servilismos, por mucho que al protagonista se le esté ofreciendo una atractiva jaula de oro.

P: 7

jueves, 4 de agosto de 2022

DOBLE VIDA (1947), DE GEORGE CUKOR.

Guion concebido a mayor gloria de Ronald Colman en un papel que permite lucir sus dotes como actor. Anthony John es un excelso actor de teatro con tendencia a ser devorado por sus papeles. Cuando protagoniza un montaje de Otelo, el espíritu del celoso veneciano se apodera de él, poniendo en peligro la buena relación que mantiene con su exmujer. Lo mejor de Doble vida lo constituye el muy preciso acercamiento a la vida y exigente preparación de los actores profesionales de teatro, que deben transformarse totalmente para ser convincentes en los papeles que representan ante el público. Lo que lastra un poco la película, que por otra parte cuenta con una dirección y una fotografía exquisitas, es la poca credibilidad del guion, sobre todo en la segunda mitad, que se vuelve un tanto excesivo, con un Colman realmente desatado que se convierte en un asesino. La investigación del crimen, repleta de casualidades y conveniencias del guion, tampoco ayuda mucho a la solidez del resultado final. Posiblemente la intención de Cukor era rodar una fábula acerca de los peligros de la obsesión y el exceso de método en el trabajo de actor, pero consigue el resultado solo a medias.

P: 6

sábado, 5 de febrero de 2022

LUZ QUE AGONIZA (1944), DE GEORGE CUKOR.

Adaptación de una mediocre obra teatral de Patrick Hamilton, Luz que agoniza es una película que adquiere entidad por el ambiente de tensión que Cukor logra crear a través de una historia que va entrando, parafraseando a las recomendaciones de Netflix, cocinada a fuego lento. Además de ser una trama de suspense, Luz que agoniza tiene otro punto fuerte en el retrato de la evolución psicológica de los personajes principales. Ella, una ingenua mujer atrapada en un matrimonio falso, pues el único interés de su marido es perturbarla psicológicamente en razón de unos oscuros intereses que se desvelarán al final de la trama. La casa de Thornton Square es casi otro personaje de la película, un lugar muy inquietante, muy apropiado para desarrollar los planes del malvado Gregory Anton. Todo un clásico muy recordado por el público, hasta el punto de que la expresión luz de gas ha llegado hasta nuestros días en el ámbito de la lucha contra la violencia de género. 

P: 8

domingo, 1 de mayo de 2016

LA COSTILLA DE ADÁN (1949), DE GEORGE CUKOR. FEMINISMO Y GUERRA DE SEXOS.

El cartel de La costilla de Adán, una de las mejores comedias que ha producido jamás el cine norteamericano, resume muy bien su argumento: se trata de la disputa de una pareja para ver quien lleva los pantalones. Pero no se trata de una pareja cualquiera: él es fiscal y ella abogada y ambos asumen sus papeles en el caso de una mujer que ha disparado contra su esposo cuando lo ha descubierto con su amante. Amanda (Hepburn), mujer liberal y feminista, asume la defensa cuando se entera de que a su marido le ha sido encargada la acusación. Las bases para un juicio hilarante están servidas. En él se disputan dos asuntos igualmente importantes: la culpabilidad o inocencia de la acusada y el status quo del matrimonio: después de cada jornada en los juzgados, la escena pasa a mostrar la intimidad de los Bonner. Ambos se lamen las heridas de la batalla y siguen desatando las tensiones acumuladas en su enfrentamiento jurídico e ideológico.

Sobre la actuación de Amanda, hay que decir que es muy loable que se alce en nombre de todas las mujeres, pero lo hace de una manera un tanto particular, intentando en todo momento que la acusada pase a ser víctima y humillando a su marido siempre que puede. También es verdad que el marido, casi recuperado ya del disparo, se muestra en sus declaraciones como un hombre zafio y vulgar, al que le parece normal agredir de vez en cuando a su esposa y dejarla sola por las noches para irse con su amante, a pesar de sus tres hijos en común. Ella tampoco es retratada como un dechado de virtudes, puesto que es capaz de devolver los golpes cuando él duerme y se muestra como una mujer histérica y poco educada. ¿Es este matrimonio de clase media representante del promedio estadounidense de la época? Difícil es saberlo, pero si es así, el panorama social debía ser desolador, a pesar de las apariencias.

En cualquier caso, no hay que olvidar que La costilla de Adán es una comedia y que actitudes que hoy nos pueden resultar un tanto chocantes funcionaban como grandes golpes de humor en la época (la concepción del humor y de lo políticamente correcto cambian con mucha facilidad, y si no que se lo digan a Cervantes). Nadie como Katharine Hepburn podía alzarse como portavoz contra una sociedad que todavía no se toma en serio las reivindicaciones feministas. Más bien se rie de ellas (algo de esto hay también en la propuesta de Cukor), por lo que la mejor manera de hacerlas visibles es organizar un espectáculo en el juicio para ser portada en la prensa del día siguiente. Al final todo se reduce a un conflicto de más baja intensidad, a una guerra de desgaste entre un matrimonio que parece entrar en barrena, pero al que sin duda el amor mutuo, en conflicto con grandes dosis de ironía en su convivencia diaria, acabará salvando.