domingo, 27 de septiembre de 2026

ESTÁN VIVOS (1988), DE JOHN CARPENTER.

La idea es tremendamente simple, pero muy eficaz desde un punto de vista cinematográfico: hay una invasión extraterrestre en curso, los alienígenas están infiltrados entre nosotros y solo puede verlos quien consiga unas gafas especiales. Con esta premisa, Carpenter consigue una certera crítica al ultracapitalismo de los ochenta puesto que la invasión oculta no tiene como finalidad acabar con nuestra forma de vida consumista, sino estimularla al máximo para que los recursos acaben en manos de unos pocos (parece como si hoy día estuviéramos sufriendo un fenómeno similar). Hay que decir que existe una gran diferencia entre la primera mitad y la segunda en esta película. Están vivos comienza con un retrato muy acertado de las víctimas de una crisis económica y de los contrastes entre los más desfavorecidos y los más ricos. Los mejores momentos llegan cuando el protagonista encuentra las gafas y puede contemplar - junto al espectador - la realidad. La publicidad aparece sin filtros, desvelando sus auténticos mensajes: "Consume", "obedece", "no pienses", palabras que se repiten en periódicos y revistas. Además, también se puede descubrir que la gente acomodada, los ganadores en la batalla económica son extraterrestres de aspecto horrible. A partir de este descubrimiento la película no opta por el camino de llevar este argumento hasta sus últimas consecuencias y apuesta por encadenar escenas de acción en las que el protagonista, junto a algunos aliados, se dedica a matar extraterrestres con la misma credibilidad que podían tener las películas imitadoras de Rambo que surgieron como rosquillas por esa misma época. Están vivos ha quedado como una película mítica, no por sus mediocres escenas de acción, sino por el ataque a la línea de flotación al capitalismo más inhumano que contiene.

P: 7

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