Mostrando entradas con la etiqueta david ayer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta david ayer. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de agosto de 2016

ESCUADRÓN SUICIDA (2016), DE DAVID AYER. LOS SUPERVILLANOS SOMOS GENTE HONRADA.

En los tiempos en los que yo empecé a comprar comics, allá por los ochenta y los primeros noventa, ser fan de DC era una tarea complicada. En España se conocían desde hacía mucho las colecciones de Marvel (X-Men, Vengadores, Spiderman), pero la distribución de DC - a pesar de los loables esfuerzos de editoriales como la añorada Zinco - era muy irregular y no llegaba a todos los kioskos de la época. Así que, independientemente de la popularidad a toda prueba de personajes como Superman y Batman, el resto del Universo DC era un gran desconocido para mí. Bastante más tarde descubrí muchas de sus joyas destinadas a un público más adulto, como el Batman de Frank Miller, el Watchmen de Alan Moore o el Sandman de Neil Gaiman, pero de grupos como este Escuadrón Suicida apenas tenía noticia y nunca leí nada de ellos, así que me enfrenté el sábado a su versión cinematográfica sin referencia previa alguna.

Después de la gran decepción que supuso la reciente Batman v Superman, una película cargada de dramatismo y grandilocuencia mal entendida, lo lógico es que los responsables de la franqucia cinematográfica de DC virasen un poco hacia una manera más lúdica y divertida de entender el género, quizá influenciados por el éxito de Deadpool, una película que triunfó precisamente por saber cómo no tomarse en serio a sí misma. El encargado de revitalizar - a medias - el decaido Universo DC ha sido David Ayer, director que el año pasado nos regaló una lúcida visión de los últimos combates de la Segunda Guerra Mundial en Europa con Corazones de acero.

Escuadrón Suicida empieza muy bien, con una impecable presentación de cada uno de los personajes, con una efímera presencia de Batman como invitado especial. La clara inspiración de Ayer ha sido el clásico de Robert Aldrich Doce del patíbulo, cambiando soldados condenados a muerte por supervillanos: también en esta ocasión el gobierno tiene que reclutar a lo peor de lo peor para salvar una situación complicada. El punto más fuerte de Escuadrón Suicida es la evidente química que trasluce entre todos sus personajes, aunque hay dos en los que se profundiza bastante más que el resto: Deadshot (con una solvente interpretación de Will Smith, que se ve que se ha tomado el proyecto en serio) y Harley Quinn (a la que da vida una Margot Robbie que sabe convertirse por momentos en la estrella de la función). Se ve que los responsables de la película, como ya ocurriera con la celebrada Guardianes de la Galaxia, de James Gunn, han trabajado en la compenetración del grupo, para disfrute del espectador.

Pero, a diferencia de la última película nombrada, en la que prácticamente todos sus aspectos estaban equilibrados, Escuadrón Suicida cuenta con un gran problema en la segunda mitad: el villano, puesto que en este aspecto se ha optado por transitar por caminos demasiado conocidos. Se trata de una entidad ultrapoderosa, que lanza rayos y relámpagos y que tiene una debilidad demasiado obvia: no hay personalidad ni motivaciones claras, por lo que la película cojea demasiado en este aspecto. Otro punto polémico es la presencia del Joker de Jared Leto. Se trata de una versión tan radicalmente alejada del espectáculo que nos ofreció Heath Ledger en El caballero oscuro, de Christopher Nolan, que ha causado mucha división entre los fans. A falta de poder escucharla en versión original, a mí me ha parecido una interpretación muy interesante, pero que ofrece muchísimas más posibilidades que, supongo, se desarrollarán en el futuro, sobre todo respecto a sus pasados enfrentamientos con Batman. Frente al psicópata retorcido de Ledger, este Joker es más una especie de estrella criminal a la que le gusta la popularidad. La historia de amor con Harley Quinn está apenas entrevista. Todavía no sabemos si esta relación será un punto a favor o en contra en el progreso del personaje.

Mientras tanto nos quedamos con la diversión que genera Escuadrón Suicida, una película dotada de un buen ritmo cinematográfico, que nos hace recuperar las esperanzas en el futuro de un Universo que todavía transita varios pasos por detrás del de Marvel. 

martes, 13 de enero de 2015

CORAZONES DE ACERO (2014), DE DAVID AYER. MÁQUINAS DE GUERRA.

Para muchos el conocimiento de la intervención de Estados Unidos contra los alemanes en la Segunda Guerra Mundial se reduce prácticamente al episodio del Desembarco de Normandía, que tan magistralmente supo retratar Steven Spielberg en Salvar al soldado Ryan. Pero, por supuesto, hubo mucho más. Un comienzo titubeante en África, allá por el año 1942, con alguna derrota sonrojante, una campaña muy complicada en Italia y una invasión de Alemania, ya a finales del 44 y principios del 45, que a punto estuvo de convertirse en un desastre si hubiera triunfado la contraofensiva alemana en las Ardenas. Corazones de acero nos remite a abril de 1945, cuando faltaba solo un mes para que Hitler se suicidara y pusiera fin a la guerra en Europa. Pero no nos llevemos a engaño: a pesar de lo desesperado de su situación, las tropas alemanas - en parte formadas por ancianos y niños - constituían todavía un enemigo formidable que no se rendía fácilmente. Los soldados aliados se debatían entre su deseo de acabar cuanto antes con sus enemigos y la lógica necesidad de volver a casa de una pieza, sobre todo cuando faltaba tan poco para acabar.

En esta situación encontramos al sargento Collier (Brad Pitt) y a sus hombres, tripulantes de un carro Sherman, que llevan ya demasiados años de guerra a sus espaldas. Cada uno se las compone como puede para resistir a la experiencia del combate prolongado. Algunos de ellos han caído en un estado semisalvaje que apenas pueden ocultar. Otros, como el mismo sargento, tratan de mostrar un atisbo de humanidad y civilización que se desmorona cuando piensan en el enemigo, con quien no pueden tener piedad. El mejor alemán es el alemán muerto, sobre todo si pertenece a las SS. No hay que arriesgarse y ante la menor duda, la mejor política es disparar primero y preguntar después. Este es el ambiente al que llega el bisoño soldado Ellison, que estaba destinado a ejercer labores administrativas, pero que acaba formando parte de la primera línea de combate en la tripulación del Sherman. Con su llegada se va a destapar una especie de conflicto moral, puesto que todavía no conoce la crudeza de la guerra. Collier va a ejercer la labor de padre severo para el muchacho: cuanto antes aprenda a matar sin piedad, más posibilidades de supervivencia tendrán él y el resto de la tripulación. Las hermandades bélicas lo son simplemente para matar o no morir. Así de simple y así de complicado.

Aunque los americanos se encontraban en situación de privilegio respecto a su enemigo, que carecía casi de todo en esta fase agonizante de la guerra, para entender bien la situación de los protagonistas de Corazones de acero, hay que explicar que los carros de combate americanos eran muy superiores en número a los alemanes, pero muy inferiores técnicamente, así que eran necesarios muchos Sherman para vencer a un Tiger y en ocasiones no bastaban. Si bien en la película aparece una escena en la que los soldados contemplan a cientos de bombarderos aliados dirigiéndose a martirizar alguna ciudad alemana, la situación en tierra no parece ser de una superioridad tan apabullante. No sé si esta escasez de recursos que parece atenazar a los americanos describe una situación puntual o generalizada en esta época, pero más bien me parece lo primero, aunque los protagonistas padezcan de primera mano la misión de enfrentarse a los alemanes con demasiado poco apoyo de otros blindados.

Para la tripulación de Collier el carro Sherman que manejan, Fury, es casi un hogar, aunque un hogar claustrofóbico, en el que en cualquier momento puede sobrevenir la más espantosa de las muertes: ser abrasado vivo por un proyectil enemigo. Por eso llama tanto la atención, por contraste, la magnífica escena que transcurre en una casa alemana en la que Collier y su pupilo Ellison pueden vivir unas horas de engañosa paz hogareña junto a dos jóvenes germanas. La llegada del resto de compañeros parece traer consigo toda la barbarie del conflicto que había quedado más allá del umbral: aquellos instantes no han sido más que un espejismo, bien pronto va a volver a reinar la crueldad.

Así pues Corazones de acero puede ser interpretada como una recreación de la eterna lucha entre civilización y barbarie, entre la luz y la oscuridad. El personaje más puro, el joven Ellison pronto va a tener que empantanarse en acciones que considera totalmente incompatibles con su conciencia limpia y sus creencias religiosas. Lástima que una película que había funcionado razonablemente bien hasta el momento, naufrague en su tercio final, una mala imitación de Salvar al soldado Ryan, que sirve para glorificar lo que hasta ese instante había sido mostrado como sucio y deplorable. Quizá sea una especie de rito de paso para Ellison, pero a mí como espectador me deja frío y decepcionado respecto a lo que podría haber sido la obra de Ayer.