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martes, 16 de julio de 2024

EL TRIÁNGULO DE LA TRISTEZA (2022), DE RUBEN ÖSTLUND.

El triángulo de la tristeza es una especie de fábula sobre el mundo de hoy que transcurre durante un crucero, en el que las clases sociales se encuentran muy estructuradas. La película de Östlund comienza como una ácida crítica al frívolo mundo de los influencers y los modelos, de esa búsqueda de perfección que no puede ocultar el más inmenso vacío. Vivimos en un mundo tan peculiar que, lo que a primera vista parece un retrato de personajes surrealistas se convierte en un acertado retrato de personajes muy reales. Al final la película enfrenta a los ricos a una situación en la que su dinero no tiene validez, en la que las clases más humildes de los trabajadores del barco deben tomar el poder para que la supervivencia sea posible. La necesidad del pobre para cimentar el bienestar de los que están por arriba se convierte en una cuestión de vida o muerte, lo que produce situaciones extremas después de un aparatoso naufragio. Aunque no es perfecta y se inscribe en un conjunto de series y películas que han salido últimamente y retratan a los ricos de forma grotesca, El triángulo de la tristeza es un espectáculo muy divertido y gratificante, un retrato de la estupidez de nuestra civilización.

P: 6

domingo, 18 de febrero de 2024

EL ROSTRO (1958), DE INGMAR BERGMAN.

El rostro comienza con una compañía de artistas ambulantes, que parecen atormentados por algún tipo de maldición, llegando a una ciudad para realizar una actuación. La primera reacción de la gente es reírse de ellos y, extrañamente, son llamados por las autoridades del lugar para examinar la naturaleza de su arte a través de una representación privada. Aquí el gran tema que expone Bergman es la contraposición entre lo artístico o místico y lo racional, lo cual es una gran idea, pero no se encuentra bien materializada en la película debido a sus cambios de tono y de registro. El rostro es a la vez una película de terror, una comedia absurda y un drama profundo. Hay momentos, como el de la seducción de las muchachas a través de las pociones mágicas, que parecen sacados del más rancio cine de destape español de finales de los setenta. Además, las actuaciones de sus protagonistas son absolutamente teatrales (en el peor sentido del término), lo que hace que el espectador no se encuentre cómodo ante una historia en la que todo parece falso e impostado. Aun con todo esto, la película de Bergman tiene momentos muy conseguidos, como el enfrentamiento, con truco incluido, del doctor Vogler con el doctor Vergerus, que incluye una inteligente utilización de una de las obsesiones del director: los espejos.

P: 6

martes, 7 de julio de 2015

UN VERANO CON MÓNICA (1953), DE INGMAR BERGMAN. CUANDO HARRY ENCONTRÓ A MÓNICA.

La vida es un don que viene sin manual de instrucciones. Nacemos sin experiencia alguna y en muchas ocasiones solo se aprende a través de los errores. Además, hay una eterna lucha entre la razón y el instinto y en cuestiones sexuales, la victoria suele decantarse hacia el segundo, sobre todo cuando somos jóvenes. Esto es lo que le sucede a Harry Lund, un muchacho trabajador de Estocolmo, cuando conoce a Mónica, una adolescente hastiada de su labor en un almacén, donde el acoso a una mujer atractiva como ella es una práctica común. Mónica es una soñadora optimista y quiere escapar de su opresiva realidad, porque tampoco en casa encuentra acomodo, una vivienda masificada gobernada por un progenitor borracho. Harry puede ser una vía de escape: basta con dejarse llevar por el sentimiento amoroso y la vida empezará a tene sentido. Pero para eso hay que huir de la ciudad y pasar el verano en el campo. Solos los dos, rompiendo radicalmente con el trabajo y con la familia.

Y ellos pasan un verano maravilloso, los instantes de mayor felicidad en sus vidas: sin obligaciones, entregados a la holganza y al erotismo. Ojalá la entera vida fuera así, luminosa y plena de libertad. Pero las sombras de la realidad van cerniéndose poco a poco sobre el amor de los dos jóvenes. El dinero se acaba y también llega cierto hastío, porque también lo novedoso acaba trocándose en cotidiano. Hay problemas, hay discusiones y, lo peor de todo, ella queda embarazada. El paraíso se convierte en purgatorio. Hay que volver a la realidad, buscar trabajo, organizar una existencia en el Estocolmo del que huyeron hace apenas tres meses: el brutal desencanto de los locos sueños juveniles. La luz poderosa del verano se transforma en la oscuridad del invierno. A propósito de Un verano con Mónica, escribió Terenci Moix en La gran historia del cine:

"(...) espacios exuberantes, potenciados por una fotografía luminosa, son características de actitudes vitales y periodos de realización plena; así la culminación erótica de Un verano con Mónica. En este filme, que tuvo el valor de escandalizar a Europa, la pareja protagonista pasa de una realidad urbana mediocre y agobiante a los esplendores de la naturaleza, transmitidos mediante una estética propia de producto naturista, pero ampliamente evocativa de una atmósfera de erotismo liberado y, lo que es más importante, de los fugaces esplendores de la juventud."

Godard dijo que "solo Bergman puede filmar a los hombres tal y como las mujeres los aman, pero los odian, y a las mujeres tal y como los hombres las odian, pero las aman". Un verano con Mónica contiene un mensaje cruel, porque las esperanzas de felicidad juveniles son efímeras. Pero haber alcanzado esos momentos de dicha absoluta ya es un triunfo. Quizá un desencantado Harry pueda pensar que al menos los recuerdos de ese verano merecen la pena.

martes, 3 de junio de 2014

EL SÉPTIMO SELLO (1957), DE INGMAR BERGMAN. JUEGO CON LA MUERTE.

Las representación de la danza de la muerte fue algo muy típico en el arte de los últimos siglos de la Edad Media. En el pensamiento medieval, esta era una vida de penalidades y sufrimientos, que eran necesarios para ganarse la gloria eterna en la otra. La religión lo dominaba todo: la ideología, el estilo de vida, el arte y la cultura, que estaba encerrada en los conventos, esperando mejores tiempos para ser divulgada. Esta es la época que nos presenta Ingmar Bergman en la que quizá es la más célebre de sus obras. El comienzo es toda una declaración de principios: fragmentos del Apocalipsis, un clima de juicio final y un caballero (Max Von Sydow), que regresa al hogar después de una década luchando en las Cruzadas, cuyo lema era, recordémoslo, "Dios lo quiere".

Antonius Blovk, que así se llama el caballero, vuelve a un país que ya no puede reconocer como suyo. La alegría de vivir, que era moneda corriente diez años antes, se ha transformado en una ansiedad generalizada por el triunfo de la muerte. La peste negra asola campos y ciudades y hay rumores - típicos rumores medievales - sobre prodigios que se suceden en el cielo y en la tierra: cuatro soles a la vez en el firmamento, nacimiento de niños deformes... Símbolos del mal en alianza con una muerte a la que Antonius conoce personificada como un misterioso señor vestido de negro. La película va a jugar con la ambigüedad acerca de si es una presencia real o es simplemente la personificación de la nada más absoluta. El caballero se teme que la segunda opción sea la verdadera y reta a la Muerte a una partida de ajedrez, con el fin de ganar un poco de tiempo a la sentencia inapelable.

Hay otros personajes más mundanos, menos metafísicos. El escudero, un ser mucho más práctico y, sobre todo, la pareja de comediantes, que representan la alegría de vivir. La risa siempre puede ganar alguna escaramuza al oscurantismo. Las representaciones, la música, hacen que el pueblo olvide durante unos minutos su triste condición. Pero enseguida penetra de nuevo en sus vida la omnipresente religión, en forma de terrible procesión de penitentes. No hay motivos para reir. Arrepiéntete, mortifícate y espera que Dios tenga a bien perdonar a un miserable mortal pecador. La religión que presenta Bergman es puro masoquismo, el triunfo del miedo y la culpa, dos conceptos que han influido poderosamente en la configuración de la civilización europea, como bien nos recuerda Jean Delumeau en El miedo en occidente.

Porque el avance de la peste negra parece dar la razón a aquellos que esperan el fin del mundo inminente, el terrible juicio de Dios, que ha mandado a su heraldo, la Muerte, para ir recogiendo una enorme siega de cadáveres. Pero ¿dónde está Dios? ¿será posible que su existencia sea solo un mito? Terribles preguntas para un caballero medieval que lo ha sacrificado todo por un futil intento de reconquistar Tierra Santa, al igual que para muchos otros hombres que le sucedieron. Dios no responde a sus preguntas. Ni siquiera el diablo. Porque la nada, la no-existencia es la peor destino posible. Si Dios no existe, no es que todo esté permitido, sino que nada tiene sentido. El caballero deviene así en un personaje absolutamente unamuniano, que pasa de jugar con la Muerte una interesante partida de ajedrez a dudar de la existencia de su propia alma. Los atisbos de felicidad que aprecia en los seres que lo rodean, no pueden consolarle. Si la nada es el todo, nuestra existencia no es más que una pequeña isla de aturdimiento y absurdo, que se remata con una danza enloquecida hacia ninguna parte.

viernes, 5 de agosto de 2011

SECRETOS DE UN MATRIMONIO (1973), DE INGMAR BERGMAN. UNA INSTITUCIÓN EN ENTREDICHO.


De esta historia existen dos versiones: una de 168 minutos, la estrenada cinematográficamente y la versión para televisión, dividida en seis capítulos, de 290 minutos. Yo he podido ver la segunda.

El matrimonio de Johan, profesor universitario y Marianne, abogada especializada en divorcios, parece perfecto: los dos son profesionales respetados, poseen la casa de invierno y la de verano, un pequeño barco, tienen dos hijos y, sobre todo, parecen entenderse a la perfección. Las nubes comienzan a emborronar este idílico paisaje cuando, durante una cena con una pareja amiga, estos les confiensan que están a punto de separarse y protagonizan una escena de un patetismo inigualable. Marianne ha presenciado muchas escenas de divorcio desde la distancia profesional: ahora se enfrenta al de dos seres muy cercanos y puede identificarse con su sufrimiento.

Pronto se dará cuenta de que su propio matrimonio lleva tiempo haciendo aguas, aunque ella no lo percibiera. Su marido le sorprende una noche con la confesión de que tiene una amante mucho más joven que él y que piensa irse al extranjero al día siguiente. La reacción de Marianne oscila entre la incredulidad y la desesperación: ha de enfrentarse con un duro golpe, a un cambio repentino en su vida que le parece inconcebible, por inesperado.

Y es que a partir de esta escena Johan se desvela como un egoísta radical. Confiesa sentirse atrapado en un matrimonio vacío, repleto de obligaciones burguesas y de convenciones que dice no poder soportar. Ni siquiera le interesan sus propias hijas, de las que apenas querrá tener noticias en los meses siguientes. Marianne es todo lo contrario: una mujer entregada a su marido que percibe la separación como un abismo que se abre a sus pies. Ni siquiera es capaz de enfadarse, sino que enfoca el problema desde un punto de vista mucho más racional que pasional, a pesar de la humillación que supone que todos sus amigos supieran de los devaneos de Johan y nadie le dijera nada. Como buena sueca, deja que los sentimientos le ahoguen sin manifestarlos al exterior.

Johan y Marianne se verán más veces. Marianne parece superar la pérdida externamente, pero en realidad es capaz de romper con su pareja por pasar una noche con un Johan que en un determinado momento incluso la maltrata (al menos a nuestros ojos de espectadores del siglo XXI), buscando redención, paradójicamente.

"Secretos de un matrimonio" pretende ser una mirada lúcida a la institución matrimonial. La unión entre dos personas, supuestamente para toda la vida, es evidentemente cuestionada en la visión de Bergman, pero también se retrata como un refugio en el que dar algo de sentido a la existencia. Podría ser también perfectamente una obra teatral (supongo que alguna adaptación habrá, aunque lo ignoro), ya que todo está centrado en las conversaciones entre estos dos personajes, que solo adquieren un poco de pasión en los capítulos finales. En cualquier caso, creo que Bergman podría haber desarrollado más otros aspectos de la pareja que se deja en el tintero, sobre todo la relación con sus hijas, que brilla por su ausencia, más allá de breves referencias en las conversaciones. Una obra para ver y reflexionar con tranquilidad, desde un punto de vista antropológico, si se quiere.