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jueves, 9 de junio de 2016

LA MAGIA DE LOS DÍAS (2016), DE ANTONIO BÁEZ. EL MAESTRO DE LOS GESTOS INÚTILES.

Los perros son los seres más nobles de la creación. Y existe una relación especial entre el escritor Antonio Báez y estos animales, al igual que le sucede a su última criatura literaria, un Adán que, a pesar de su tendencia a evadirse de la realidad o, más bien de crear la suya propia, es un personaje que sabe ganarse al lector desde las primeras páginas. A Adán cabría definirlo como uno de esos seres que pasa por la existencia de manera discreta, sin pretender dejar huella alguna, porque sabe que la vida es un fragmento insignificante que transcurre entre la nada infinita. 

Quizá por todo eso Adán es un personaje perezoso y a la vez inquieto, capaz de ser repulsivo y adorable a la vez. Es un sabio irrreverente que conoce el gran secreto de la vida: su absoluto absurdo y por eso hace con ella lo que le da la gana, sin pasar por el aro de los usos sociales convencionales. Él se queda en su habitación, sale fuera a caminar o se sienta a esperar acontecimientos. Y el milagro es que siempre pasa algo, la vida evoluciona y él sigue su carrera de superviviente, de maestro socrático levemente traumatizado por una mala experiencia infantil. Adán es un chucho manso que a veces se deja acariciar por la vida y en otras ocasiones asume con absoluta naturalidad su papel de perro vagabundo.

Este párrafo, que me gusta mucho, lo define de manera mucho más memorable que mis palabras:

"Algunas veces él mismo, puesto que no era imbécil, pensaba en sus manías, en sus extravagancias de desocupado, en aquellos caprichos que lo aproximaban al comportamiento de los hombres con temperamento artístico (y neurótico), llegando a la conclusión, con una indulgencia inaudita, pero muy en consonancia con cierta faceta de su personalidad,  de que quizás era uno de los últimos ejemplares de bohemio vivo sobre la faz de la tierra, uno de los últimos hombres con curiosidad por los gestos inútiles."

Como en su libro de cuentos anterior, Griego para perros, Antonio Báez sigue practicando una escritura gamberra, un estilo que es compatible con una indudable calidad literaria. Báez continúa teniendo cierto gusto por lo sórdido, por los mundos ocultos que anidan preferentemente en la periferia de nuestras ciudades, aunque a veces también podamos contemplarlos en los centros históricos de las mismas, en un tono que a veces recuerda a las obsesiones del autor de cómic Daniel Clowes. Además es destacable su inusitada habilidad para pasar de un tema a otro, al hilo de la inestabilidad de la que suelen hacer gala sus personajes. La magia de los días se complementa con varios relatos cortos, de tono nostálgico e imbuidos de realismo sucio, entre los que destacaría Cumpleaños, que contiene, entre otras muchas cosas, un homenaje al voyeurismo, esa afición cuya práctica es obligada por cualquier novelista de talento:

"Desde allí observaba una ventana en la que en cierta ocasión había visto la sombra de alguien. Cualquier variación en la altura de la persiana o en el hueco de las cortinas me parecía sugerente y si por casualidad descubría el fugaz paso de un cuerpo al otro lado, el corazón me pegaba un salto en el pecho y sentía como si me fuese a empezar a latir de nuevo."

La magia de los días es un paso adelante en la carrera de Antonio Báez, al que conocí hace pocas semanas de una manera un tanto azarosa y literaria, como se conocerían dos personajes de sus cuentos. Me quedo con esta definición de la existencia, lúcida, filosófica y a la vez terrible:

"Siempre me pareció evidente que la vida era un trasiego de ir y venir entre no ser y volver a la nada. "

sábado, 31 de mayo de 2014

GRIEGO PARA PERROS (2012), DE ANTONIO BÁEZ RODRÍGUEZ. CUENTOS DE INQUIETUD.

El antequerano Antonio Báez trabaja como profesor de latín y griego en un instituto de Málaga.  Quizá sea su especial vínculo con el pensamiento heleno el que ha desarrollado su desmedida curiosidad ante los aspectos más ínfimos y personales aspectos de la vida humana. Porque Griego para perros es un conjunto de relatos - algunos tan cortos como para poder ser calificados como microrrelatos - que producen la extraña sensación de poder ver lo cotidiano con unos ojos totalmente distintos, transmitidos por unos instantes del escritor al lector. Y esto desemboca casi irremediablemente en una cierta adicción por explorar "todos esos mundos secretos y sórdidos que son contiguos a las rutinas familiares". Báez tiene la facultad de transformar la existencia cotidiana en la que nos sumergimos todos los días, apenas sin darnos cuenta, cuando nos levantamos de la cama, en algo sumamente inquietante. Quizá lo más aproximado a una declaración de intenciones del escritor se encuentre en este párrafo del relato titulado Literatura:


"Pensé que más allá de su mucho o poco talento un escritor es un ser pintoresco, casi estorbadizo. Saqué de la biblioteca pública Missing de Alberto Fuguet, donde dice, en la primera hoja: "Un escritor puede ser raro, puede vivir en su cabeza, no tiene que - no debe - vivir igual que los demás". A veces uno comienza a escribir una historia e igualmente sigue uno leyendo cosas, porque uno, si cree en algo es en la contaminación. Y es como cuando caes, te fracturas una pierna, te la escayolan y sales a la calle y no dejas de ver escayolados en todas partes. Del mismo modo en lo que escribes, en lo que lees, hasta en lo que sueñas empiezas a encontrar señales, marcas coincidentes que le dan al mundo una orientación, un atisbo de orden. No es por otro motivo sino por ese por lo que sigues adelante. A la espera de las serpientes que tienen que venir del mar."

Porque si existe algún punto en común que vertebre una buena parte de estos relatos es su vertiente autobiográfica, respecto a la que el lector no conoce donde empieza lo imaginario y termina lo real. Y aquí no tengo más remedio que utilizar de nuevo la palabra sórdido para calificar una experiencia vital en la que el realismo sucio puede convertirse en sexo sucio o la sucia vida de una vagubunda que, sin embargo, resulta fascinante por cuanto vive una existencia de plena libertad. La pérdida de un dedo en una noche de juerga juvenil - una ofrenda permanente a lo absurdo -, los paseos sin rumbo que desembocan en un quebranto del sentido de la orientación espacial y temporal, el placer de compartir un cigarrillo con un desconocido conversando sobre temas banales: la inquietud y la incongruencia existencial . Me gusta mucho el relato Modelo, que bien podría haberse titulado Continuidad de los parkings,  una visión de la posibilidad de una biografía subterránea, sin arraigo, que es la que desearía el protagonista, para poder observar a los seres humanos como lo haría un desapasionado científico que estudiara una variedad de plantas.

Les dejo aquí esta pequeña joya, para que puedan juzgar lo que pueden encontrar si se acercan a los relatos de Báez, Ludopatía, donde se recrea con suma sencillez la historia de una obsesión:

"La mujer inmadura cogió la última moneda y no sopesó la diferencia entre perderlo todo (aquella era su última moneda) y ganar. Había llegado hasta allí para pulirse una herencia. Finalmente tuvo lo que ella llamaba un presentimiento. Metió la moneda en la ranura y le dio un trago a su cubata. Detrás de su última moneda, debajo de ella, o en su canto, podían estar grabados muchos rostros mudos. La máquina hizo su trabajo de soniquetes y luces y cuando se detuvo la mujer ya no le prestaba atención. Supo de repente que el premio sería un castigo que la iba a encadenar a aquel lugar. Sintió una sed inconsolable. Apuró el cubata, recogió las monedas en un cubo y se acercó a la barra a pedir una nueva consumición."

Si quieren conocer mejor a este autor, pueden acercarse a su blog: 

http://cuentosdebarro.blogspot.com.es/