martes, 9 de febrero de 2021

BARRIO LEJANO (1998), DE JINO TANIGUCHI. VOLVER.

Se trata de un pensamiento que ha compartido alguna vez buena parte de la humanidad: si yo pudiera volver a la infancia con la experiencia y conocimientos que poseo en la actualidad, mi vida sería mucho mejor, no cometería los estúpidos errores mediante los cuales yo mismo puse piedras en el camino a mi felicidad. Es posible que así fuera y también que cometiéramos otros diferentes o incluso más graves. En cualquier caso, esto es lo que le sucede a Hiroshi, un hombre de cuarenta y ocho años, desencantado ya de la vida que, volviendo resacoso de un viaje de negocios, se equivoca de tren y acaba bajándose en su ciudad natal. Cuando está visitando la tumba de su madre, se duerme inesperadamente. Cuando despierta, lo hace transformado en el adolescente de catorce años que fue hace décadas. De nuevo es un estudiante, de nuevo va a estar en clase junto a la chica que le gustaba y a la que nunca se atrevió a hablar y además va a tener la oportunidad de resolver el misterio de la desaparición de su padre, que un buen día los abandonó sin más explicaciones.

Lo primero que va a sentir Hiroshi en esta nueva-antigua realidad es el calor de su familia, un sentimiento que permanecía olvidado en lo más profundo de su alma y que ahora renace con fuerza, haciéndole comprender lo feliz que fue en aquella época. Aunque desconcertado al principio, creyendo que es víctima de un extraño sueño, el protagonista no tiene más remedio que aceptar lo que le ha sucedido y tratar de disfrutar de la situación. En cierto modo para él es un alivio no tener más responsabilidades que las derivadas del curso escolar. Como es lógico, el cambio de personalidad de Hiroshi va a ser captado por sus compañeros, convirtiéndose así a sus ojos en una especie de ser extraño, poseedor de una experiencia vital que no corresponde con un joven de su edad. 

La lectura de esta obra maestra de Taniguchi constituye una auténtica delicia accesible también a cualquier lector que no esté acostumbrado al cómic. Se trata de de una historia muy emotiva que, aunque transcurra en Japón y a veces esté influida por valores propios de aquel país, apela a sentimientos universales: la sencilla felicidad de la rutina familiar, las oportunidades perdidas del pasado y, por encima de todo ello, el sentido de nuestro lugar en el mundo frente a la tentación de considerar la existencia como un absurdo. Además, cualquiera que se acerque a Barrio lejano, además de sentirse plenamente identificado con el protagonista, va a disfrutar de la deliciosa armonía entre un guión perfecto y un dibujo a la vez sublime y delicado. 

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