"Durante mi niñez siempre pensé lo bueno que sería si los seres humanos fuéramos transparentes como el cristal y si todos nuestros deseos, pensamientos y verdaderos motivos de nuestras acciones fueran visibles, como a través de una cajita de vidrio. De ser así, todos veríamos a los demás como nos vemos a nosotros. Y, en realidad, nadie tiende a pensar mal de sí mismo."
La existencia de Yaroslávkaia (fusilada a las veintinueve años) es la de una idealista que apoyó la revolución rusa a primera hora, pero que pronto fue consciente del régimen totalitario en el que se estaba transformando, por lo que prefirió abandonar a su familia y vivir de modo marginal, primero como conferenciante y agitadora junto con su esposo, el escritor Aleksandr Yaroslavski y, cuando este fue hecho prisionero por el Estado, como ladrona e integrante del mundo del hampa, hasta que ella misma fue capturada algunos años después. Entre otras cosas, Yaroslávkaia acusaba a la Unión Soviética de haberse convertido en un régimen conservador, puesto que solo puede definirse como revolucionarios a quienes luchan contra el poder establecido. También denuncia el trato ejercido por el régimen sobre la clase trabajadora: son considerados "como menores de edad o débiles mentales; en cualquier asunto le imponen una opinión ya formada con el temor a que se rebele y tome el poder de verdad en sus manos".
Desde luego, con esa forma de pensar tan impetuosa y libre, con esa rebeldía a prueba cualquier prisión o régimen de aislamiento, Yaroslávkaia era considerada una enemiga de la Unión Soviética, por lo que su destino - como ella bien sabía - no podía ser otro que la muerte. Una muerte especialmente cruel, pues poco antes de ser llevada a cabo su sentencia, se le informó de la ejecución de su marido, lo que no hizo sino incrementar su rabia y su decisión de proseguir su lucha dentro de los muros de prisión, tan idealista como inútil, tratando incluso de matar con una piedra al verdugo de su esposo. Quizá ella jamás sospechó que su escrito sería publicado muchas décadas después y que quedaría como uno de los testimonios más elocuentes de lo que significa querer vivir en libertad frente a viento y marea.






