martes, 6 de enero de 2026

EL NADADOR Y OTROS CUENTOS (1964), DE JOHN CHEEVER Y EL NADADOR (1968), DE FRANK PERRY.

El protagonista de El nadador parece representar todas las promesas cumplidas del sueño americano de los años sesenta. Vive en una urbanización de ensueño, donde todo el mundo habita grandes casas con piscina y en su hábitat bulle una gran vida social repleta de fiestas y de relaciones de negocio. Un día decide emprender un viaje singular: volverá a su hogar nadando de piscina en piscina, no por nada en particular, sino como un reto que se impone a sí mismo, como un ritual que debe culminar pese a las dificultades de la empresa. Como un Ulises moderno, Neddy Merrill irá transitando desde la normalidad de una vida regalada a la inquietud que le produce escuchar ciertos comentarios en boca de algunos vecinos cuando no la abierta hostilidad en otros.

En realidad en la ruta emprendida por Merrill se impone la negación de la realidad, a pesar de los evidentes indicios que va encontrando en el camino de que algunas cosas no deben estar del todo bien. El nadador puede leerse - y contemplarse en su magnífica versión cinematográfica - como una parábola del posible derrumbe de la prosperidad de una clase media-alta, ya que se trata de un mundo que nació ya corrompido. En este sentido el protagonista es un personaje patético (algo que representa de manera magistral Burt Lancaster a medida que avanza el relato) que se aferra a los esplendores del pasado para no afrontar un futuro muy incierto. Bien es cierto que el relato y el filme cuentan con un ambiente casi onírico que refuerza su ambigüedad. Incluso podría interpretarse como los últimos pensamientos de un hombre moribundo que repasa su vida de forma simbólica. En la película de Perry esto se ve reforzado por ciertas escenas que tienen mucho de cine experimental y que no han envejecido demasiado bien, aunque esto apenas afecta a la fuerza de un resultado final que anticipa a los antihéroes que van a poblar el cine de la década siguiente, una época mucho más cínica y de valores mucho menos sólidos.

El libro que ha editado exquisitamente Random House cuenta con otros dos relatos magistrales. Uno es Adiós hermano mío, que analiza la distorsión que produce en una familia que pasa sus vacaciones en un lugar de ensueño el regreso del hermano pródigo, que visita a sus parientes después de años de ausencia. Lawrence es la quintaesencia del pensamiento negativo y pesimista, una actitud que irá desgastando la convivencia familiar a pasos agigantados en pocos días, porque el hermano díscolo es alguien que no sabe convivir en sociedad, alguien que no es capaz de utilizar esas pequeñas mentiras o distorsiones positivas de la realidad que hacen que las relaciones sociales fluyan. El final será tan trágico como ambiguo, algo muy propio de Cheever. 

El protagonista de El marido rural comienza el relato sobreviviendo a un accidente aéreo, una experiencia que debería hacerle reflexionar sobre su vida, pero a la que apenas se le presta atención cuando intenta relatarla en el seno familiar, a una normatividad en la que su papel social como padre de familia empieza a asfixiarle. Francis cree atisbar una salida en el enamoramiento que experimenta respecto a la adolescente canguro de sus hijos, a la que considera un ser puro con la que podría empezar una vida nueva alejada de las hipocresías de la presente. Poco a poco el protagonista se irá dando cuenta de que sus sueños son una quimera y que, haga lo que haga, la única solución para no acabar en la más absoluta marginación es reintegrarse en su vida social de siempre, por mucho que ésta le resulte insípida. Los tres magistrales relatos de Cheever se encuentran ilustrados en esta edición por unos preciosos dibujos de Pau Gasol Valls, un detalle que estimula más si cabe el placer de su lectura.

P: 8

domingo, 4 de enero de 2026

EL INCIDENTE (1967), DE LARRY PEERCE.

Acercarse a esta película supone todo un descubrimiento, pues El incidente es una adelantada a su época en el tratamiento de la violencia, en la tensión desasosegante que produce en el espectador y en su ambición de realismo. El guión primero presenta al espectador a los dos protagonistas, dos criminales de poca monta, unos nihilistas que solo quieren divertirse aterrorizando a los demás. Después se irá mostrando al resto de pasajeros que van a montarse en ese vagón del metro neoyorkino en una madrugada de domingo a lunes. Tras este necesario prólogo, la película se desarrollará en el asfixiante espacio del furgón, del que se hacen dueños desde el primer momento los dos criminales con una actitud bufonesca a la vez que amenazante. En este punto El incidente empieza a funcionar también como un estudio sociológico y psicológico acerca de la reacción de gente común ante una violencia inesperada de la que no se puede escapar. Lo que vemos es a gente tratando de pasar desapercibida, intentando no llamar la atención de los criminales, mirando hacia otro lado cuando ellos violentan a alguno de los pasajeros. La tensión se va haciendo insoportable minuto a minuto, no solo para los personajes, sino también para un espectador que no puede sino sentirse identificado (aquí las neuronas espejo funcionan a máximo rendimiento) con la situación que se está produciendo y reflexionar sobre lo que haría de encontrarse en la misma. Porque los dos protagonistas son la vez unos payasos y una amenaza indefinida. Desde luego, entre todos los pasajeros podrían reducirlos fácilmente, pero nadie se atreve a dar ese primer paso que podría dejarlo expuesto frente a la mirada aterrorizada de los demás. Rodada con gran maestría, resulta bastante lógico que el servicio de metro de Nueva York negara el rodaje de El incidente en sus instalaciones. La película es una especie de advertencia acerca del deterioro de la seguridad en la gran ciudad que llegaría a su paroxismo en los difíciles años setenta.

P: 9

GOOD BOY (2025), DE BEN LEONBERG

La originalidad de una propuesta como Good Boy se encuentra en que nos ofrece una película de terror desde el punto de vista de un perro. La cámara baja a su altura y rueda desde su perspectiva, lo que se convierte en una narración muy tópica de este tipo de género, limitándose el guión a ofrecer una serie de momentos inquietantes y algún que otro susto. Es una lástima que no se haya explorado mejor la presuntas novedades que ofrece esta cinta, ya que la actuación del perro (lo mejor de Good Boy) queda como algo muy aislado del resto de propuestas de la misma. Aquí se sugiere que lo que está contemplando el animal no es la maldición de una casa encantada, sino las fuerzas espirituales de la muerte que están asediando a su dueño enfermo. La tragedia de la mascota es que su instinto de protección de nada sirve en una tesitura como esta y - aquí sí - la película conmueve cuando se muestran los esfuerzos de un animal tremendamente asustado ante lo desconocido que sigue intentando ejercer su función como guardián pese a todo. Por lo demás, una vez pasados los primeros minutos, la película se establece como una repetición en bucle de las mismas escenas con ligeras variantes entre ellas, lo que hace que incluso durando poco más de una hora, se acabe haciendo larga para el espectador.

P: 4

sábado, 3 de enero de 2026

INSUMISA (2008), DE YEVGUENIA YAROSLÁVKAIA-MARKÓN. UN ESPÍRITU INDOMABLE.

Uno de los testimonios vitales más impresionantes que he leído es el de Yevguenia Yaroslávkaia. Escrito poco antes de ser ejecutada en el Gulag de la Unión Soviética, Insumisa es una autobiografía escrita para sus verdugos. La narración de Yaroslávakaia tiene la cualidad de ser brutalmente sincera, el testimonio de alguien que ya lo ha perdido todo menos su capacidad de pensar libremente, por lo que constituye una acusación sin paliativos contra el régimen soviético y una exhortación a actuar contra él. En este sentido el texto es valioso para un lector de nuestros días, ya que podemos asomarnos a través de él a lo que significaba querer ser libre en una sociedad tan opresiva como la Rusia en aquel tiempo:

"Durante mi niñez siempre pensé lo bueno que sería si los seres humanos fuéramos transparentes como el cristal y si todos nuestros deseos, pensamientos y verdaderos motivos de nuestras acciones fueran visibles, como a través de una cajita de vidrio. De ser así, todos veríamos a los demás como nos vemos a nosotros. Y, en realidad, nadie tiende a pensar mal de sí mismo."

La existencia de Yaroslávkaia (fusilada a las veintinueve años) es la de una idealista que apoyó la revolución rusa a primera hora, pero que pronto fue consciente del régimen totalitario en el que se estaba transformando, por lo que prefirió abandonar a su familia y vivir de modo marginal, primero como conferenciante y agitadora junto con su esposo, el escritor Aleksandr Yaroslavski y, cuando este fue hecho prisionero por el Estado, como ladrona e integrante del mundo del hampa, hasta que ella misma fue capturada algunos años después. Entre otras cosas, Yaroslávkaia acusaba a la Unión Soviética de haberse convertido en un régimen conservador, puesto que solo puede definirse como revolucionarios a quienes luchan contra el poder establecido. También denuncia el trato ejercido por el régimen sobre la clase trabajadora: son considerados "como menores de edad o débiles mentales; en cualquier asunto le imponen una opinión ya formada con el temor a que se rebele y tome el poder de verdad en sus manos".

Desde luego, con esa forma de pensar tan impetuosa y libre, con esa rebeldía a prueba cualquier prisión o régimen de aislamiento, Yaroslávkaia era considerada una enemiga de la Unión Soviética, por lo que su destino - como ella bien sabía - no podía ser otro que la muerte. Una muerte especialmente cruel, pues poco antes de ser llevada a cabo su sentencia, se le informó de la ejecución de su marido, lo que no hizo sino incrementar su rabia y su decisión de proseguir su lucha dentro de los muros de prisión, tan idealista como inútil, tratando incluso de matar con una piedra al verdugo de su esposo. Quizá ella jamás sospechó que su escrito sería publicado muchas décadas después y que quedaría como uno de los testimonios más elocuentes de lo que significa querer vivir en libertad frente a viento y marea.

jueves, 1 de enero de 2026

UNA BATALLA TRAS OTRA (2025), DE PAUL THOMAS ANDERSON.

He intentado ver esta película objetivamente, sin pensar en las grandes polémicas que ha generado por parte de la crítica, puesto que las opiniones están divididas entre quienes la consideran una obra maestra y quienes aseguran que es la obra más floja de su reputado director. Desde luego su temática me interesa mucho, puesto que esos grupos pseudo terroristas que surgieron a finales de los años sesenta en occidente y que protagonizaron episodios tan llamativos como el secuestro de Patty Hearts. El grupo que se presenta aquí pretende desestabilizar al Estado golpeando objetivos tan delicados como la frontera Sur de Estados Unidos para denunciar su política migratoria, aunque es una lástima que no se profundice más en los objetivos del mismo ni en la personalidad de sus principales líderes, más allá de unos trazos gruesos. Lo que sí descubrimos inmediatamente es que las ideas utópicas que presuntamente se quieren aplicar a la sociedad no son válidas para sus relaciones personales, por lo que Perfidia, que ha tenido una hija con otro de los líderes, Bob, la abandone a manos de su padre, traicionando al movimiento que consideraba lo más importante de su vida cuando es capturada. Aquí entra en escena un personaje muy esperpéntico que afecta negativamente a cualquier pretensión de verosimilitud de la trama. Se trata del coronel Steven Lockjaw, un supremacista blanco que es una caricatura de lo debe ser un buen villano. Es una lástima que una propuesta tan interesante como la de Una batalla tras otra tenga estas carencias. Profundizando un poco más en las motivaciones y estructura del grupo criminal y creando unos villanos más realistas tendríamos una trama mucho más sólida y no meramente una película bien hecha y muy entretenida, que es la sensación final que produce esta última obra de Paul Thomas Anderson.

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miércoles, 31 de diciembre de 2025

CANCIÓN DULCE (2016), DE LEILA SLIMANI. LA MANO QUE MECE LA CUNA.

No es ningún secreto: desde las primeras páginas de esta fascinante novela que es Canción dulce sabemos que la niñera que una joven pareja ha contratado para que se haga cargo de sus dos hijos en las numerosas horas en las que están ausentes del hogar los va a asesinar de una manera horrible. Entonces el interés de la trama no reside en descubrir quien es la asesina, sino en ofrecer un retrato psicológico de la misma e intentar adivinar sus motivaciones. Y el resultado que ofrece Slimani es francamente desolador.

Louise, la niñera, es una mujer de cuarenta años pero de aspecto juvenil y rostro muy agradable. Es una persona discreta, entregada a su trabajo y - aparentemente - enamorada de los niños que tiene a su cargo, que pronto la consideran su segunda madre. Mientras tanto Myriam y Paul, los padres biológicos están entregados en cuerpo y alma al desarrollo de sus respectivas carreras profesionales, ella como abogada y él como productor musical. Están tan ocupados que no saben y ni siquiera les interesa cómo es la vida de Louise cuando termina su jornada laboral. En realidad esta vida es inexistente, el vacío más absoluto. Louise vive en un pequeño estudio que se cae a pedazos y apenas tiene relaciones sociales. Su verdadera existencia se encuentra junto a los niños que cuida, dentro de los muros del hogar de sus empleadores, que considera también que es el suyo.

Lo que hace a Canción dulce una gran novela es que no se recrea en el crimen, sino en las circunstancias que lo han hecho posible. Slimani desliza constamente una tensión latente en la diferenciación de clases sociales entre la niñera y una Louise que no comprende como Myriam no asume sus responsabilidades como madre y abandona cada día un hogar que para ella constituye un paraíso. Porque la protagonista es alguien sin identidad, cuya vida solo tiene sentido cuando se entrega a los demás, ya que su labor va más allá de lo meramente contractual. Su existencia fuera de la casa de sus patrones es tan oscura que ha construído un relato mental en el que ella es la que sostiene el desarrollo vital de ambos hermanos. Y en parte dicho relato es cierto. Los padres biológicos se sienten algo culpables de no atender como debieran sus deberes familares, pero han desarrollado una relación de dependiencia absoluta con el papel de Louise en su vida. Tanto es así que cuando la niñera empieza a manifestar algunos comportamientos inquietantes, le restan importancia para no tener que enfrentarse a la tesitura de prescindir de sus imprescindibles servicios.

En conclusión, en la novela de Slimani nos encontramos una historia psicológicamente muy compleja, pues describe a un personaje que depende de la familia a la que sirve, pero a la vez va desarrollando un profundo odio hacia ellos, puesto que ella jamás alcanzará el bienestar material y espiritual del que gozan. Se trata de un personaje profundamente humano y, por ello, profundamente incómodo para un lector que es tan capaz de entender sus motivaciones como de horrorizarse ante las mismas.

sábado, 27 de diciembre de 2025

EL PRESTAMISTA (1964), DE SIDNEY LUMET.

Si por algo destaca El prestamista es por la asombrosa interpretación de Rod Steiger de un superviviente del Holocausto. Sol Nazerman regenta una tienda en la que ejerce como prestamista en una sórdida zona de Harlem. Los recuerdos lo atormentan de manera constante, por lo que su realidad cotidiana no es más que neblina que afronta con la voluntad de quien no tiene nada ya que perder, puesto que lo perdió todo hace un par de décadas. Lumet retrata con precisión milimétrica tanto el entorno en el que se mueve el protagonista como su peculiar psicología dominada por un inmenso trauma. Sol ha conocido el mal absoluto y lo que contempla ahora en su barrio (tráfico de drogas, robos, prostitución) le es indiferente. Por eso es un mal candidato para cualquiera que pretenda robar en su tienda, puesto que él está afectado por una especie de anestesia emocional, por lo que sus reacciones podrían ser viscerales y suicidas. Él es culpable por haber sobrevivido donde todos murieron y a la vez culpabiliza al resto de la humanidad por haber permitido unos hechos tan inenarrables. Su tienda es una estación de paso hacia el nihilismo más absoluto y su gesto final no es más que un patético intento de experimentar algo en un universo donde se ha perdido el sentido. Pero lo único que encuentra es dolor: no hay redención posible para quien ha convivido en el centro del horror. El prestamista es el testimonio de una época en la que a ciertos directores de Hollywood no les importaba arriesgar y presentar personajes muy incómodos al espectador, además en una época en la que el público general no contaba con el conocimiento del Holocausto que se tiene hoy día a nivel popular.

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