domingo, 4 de enero de 2026

EL INCIDENTE (1967), DE LARRY PEERCE.

Acercarse a esta película supone todo un descubrimiento, pues El incidente es una adelantada a su época en el tratamiento de la violencia, en la tensión desasosegante que produce en el espectador y en su ambición de realismo. El guión primero presenta al espectador a los dos protagonistas, dos criminales de poca monta, unos nihilistas que solo quieren divertirse aterrorizando a los demás. Después se irá mostrando al resto de pasajeros que van a montarse en ese vagón del metro neoyorkino en una madrugada de domingo a lunes. Tras este necesario prólogo, la película se desarrollará en el asfixiante espacio del furgón, del que se hacen dueños desde el primer momento los dos criminales con una actitud bufonesca a la vez que amenazante. En este punto El incidente empieza a funcionar también como un estudio sociológico y psicológico acerca de la reacción de gente común ante una violencia inesperada de la que no se puede escapar. Lo que vemos es a gente tratando de pasar desapercibida, intentando no llamar la atención de los criminales, mirando hacia otro lado cuando ellos violentan a alguno de los pasajeros. La tensión se va haciendo insoportable minuto a minuto, no solo para los personajes, sino también para un espectador que no puede sino sentirse identificado (aquí las neuronas espejo funcionan a máximo rendimiento) con la situación que se está produciendo y reflexionar sobre lo que haría de encontrarse en la misma. Porque los dos protagonistas son la vez unos payasos y una amenaza indefinida. Desde luego, entre todos los pasajeros podrían reducirlos fácilmente, pero nadie se atreve a dar ese primer paso que podría dejarlo expuesto frente a la mirada aterrorizada de los demás. Rodada con gran maestría, resulta bastante lógico que el servicio de metro de Nueva York negara el rodaje de El incidente en sus instalaciones. La película es una especie de advertencia acerca del deterioro de la seguridad en la gran ciudad que llegaría a su paroxismo en los difíciles años setenta.

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GOOD BOY (2025), DE BEN LEONBERG

La originalidad de una propuesta como Good Boy se encuentra en que nos ofrece una película de terror desde el punto de vista de un perro. La cámara baja a su altura y rueda desde su perspectiva, lo que se convierte en una narración muy tópica de este tipo de género, limitándose el guión a ofrecer una serie de momentos inquietantes y algún que otro susto. Es una lástima que no se haya explorado mejor la presuntas novedades que ofrece esta cinta, ya que la actuación del perro (lo mejor de Good Boy) queda como algo muy aislado del resto de propuestas de la misma. Aquí se sugiere que lo que está contemplando el animal no es la maldición de una casa encantada, sino las fuerzas espirituales de la muerte que están asediando a su dueño enfermo. La tragedia de la mascota es que su instinto de protección de nada sirve en una tesitura como esta y - aquí sí - la película conmueve cuando se muestran los esfuerzos de un animal tremendamente asustado ante lo desconocido que sigue intentando ejercer su función como guardián pese a todo. Por lo demás, una vez pasados los primeros minutos, la película se establece como una repetición en bucle de las mismas escenas con ligeras variantes entre ellas, lo que hace que incluso durando poco más de una hora, se acabe haciendo larga para el espectador.

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sábado, 3 de enero de 2026

INSUMISA (2008), DE YEVGUENIA YAROSLÁVKAIA-MARKÓN. UN ESPÍRITU INDOMABLE.

Uno de los testimonios vitales más impresionantes que he leído es el de Yevguenia Yaroslávkaia. Escrito poco antes de ser ejecutada en el Gulag de la Unión Soviética, Insumisa es una autobiografía escrita para sus verdugos. La narración de Yaroslávakaia tiene la cualidad de ser brutalmente sincera, el testimonio de alguien que ya lo ha perdido todo menos su capacidad de pensar libremente, por lo que constituye una acusación sin paliativos contra el régimen soviético y una exhortación a actuar contra él. En este sentido el texto es valioso para un lector de nuestros días, ya que podemos asomarnos a través de él a lo que significaba querer ser libre en una sociedad tan opresiva como la Rusia en aquel tiempo:

"Durante mi niñez siempre pensé lo bueno que sería si los seres humanos fuéramos transparentes como el cristal y si todos nuestros deseos, pensamientos y verdaderos motivos de nuestras acciones fueran visibles, como a través de una cajita de vidrio. De ser así, todos veríamos a los demás como nos vemos a nosotros. Y, en realidad, nadie tiende a pensar mal de sí mismo."

La existencia de Yaroslávkaia (fusilada a las veintinueve años) es la de una idealista que apoyó la revolución rusa a primera hora, pero que pronto fue consciente del régimen totalitario en el que se estaba transformando, por lo que prefirió abandonar a su familia y vivir de modo marginal, primero como conferenciante y agitadora junto con su esposo, el escritor Aleksandr Yaroslavski y, cuando este fue hecho prisionero por el Estado, como ladrona e integrante del mundo del hampa, hasta que ella misma fue capturada algunos años después. Entre otras cosas, Yaroslávkaia acusaba a la Unión Soviética de haberse convertido en un régimen conservador, puesto que solo puede definirse como revolucionarios a quienes luchan contra el poder establecido. También denuncia el trato ejercido por el régimen sobre la clase trabajadora: son considerados "como menores de edad o débiles mentales; en cualquier asunto le imponen una opinión ya formada con el temor a que se rebele y tome el poder de verdad en sus manos".

Desde luego, con esa forma de pensar tan impetuosa y libre, con esa rebeldía a prueba cualquier prisión o régimen de aislamiento, Yaroslávkaia era considerada una enemiga de la Unión Soviética, por lo que su destino - como ella bien sabía - no podía ser otro que la muerte. Una muerte especialmente cruel, pues poco antes de ser llevada a cabo su sentencia, se le informó de la ejecución de su marido, lo que no hizo sino incrementar su rabia y su decisión de proseguir su lucha dentro de los muros de prisión, tan idealista como inútil, tratando incluso de matar con una piedra al verdugo de su esposo. Quizá ella jamás sospechó que su escrito sería publicado muchas décadas después y que quedaría como uno de los testimonios más elocuentes de lo que significa querer vivir en libertad frente a viento y marea.

jueves, 1 de enero de 2026

UNA BATALLA TRAS OTRA (2025), DE PAUL THOMAS ANDERSON.

He intentado ver esta película objetivamente, sin pensar en las grandes polémicas que ha generado por parte de la crítica, puesto que las opiniones están divididas entre quienes la consideran una obra maestra y quienes aseguran que es la obra más floja de su reputado director. Desde luego su temática me interesa mucho, puesto que esos grupos pseudo terroristas que surgieron a finales de los años sesenta en occidente y que protagonizaron episodios tan llamativos como el secuestro de Patty Hearts. El grupo que se presenta aquí pretende desestabilizar al Estado golpeando objetivos tan delicados como la frontera Sur de Estados Unidos para denunciar su política migratoria, aunque es una lástima que no se profundice más en los objetivos del mismo ni en la personalidad de sus principales líderes, más allá de unos trazos gruesos. Lo que sí descubrimos inmediatamente es que las ideas utópicas que presuntamente se quieren aplicar a la sociedad no son válidas para sus relaciones personales, por lo que Perfidia, que ha tenido una hija con otro de los líderes, Bob, la abandone a manos de su padre, traicionando al movimiento que consideraba lo más importante de su vida cuando es capturada. Aquí entra en escena un personaje muy esperpéntico que afecta negativamente a cualquier pretensión de verosimilitud de la trama. Se trata del coronel Steven Lockjaw, un supremacista blanco que es una caricatura de lo debe ser un buen villano. Es una lástima que una propuesta tan interesante como la de Una batalla tras otra tenga estas carencias. Profundizando un poco más en las motivaciones y estructura del grupo criminal y creando unos villanos más realistas tendríamos una trama mucho más sólida y no meramente una película bien hecha y muy entretenida, que es la sensación final que produce esta última obra de Paul Thomas Anderson.

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miércoles, 31 de diciembre de 2025

CANCIÓN DULCE (2016), DE LEILA SLIMANI. LA MANO QUE MECE LA CUNA.

No es ningún secreto: desde las primeras páginas de esta fascinante novela que es Canción dulce sabemos que la niñera que una joven pareja ha contratado para que se haga cargo de sus dos hijos en las numerosas horas en las que están ausentes del hogar los va a asesinar de una manera horrible. Entonces el interés de la trama no reside en descubrir quien es la asesina, sino en ofrecer un retrato psicológico de la misma e intentar adivinar sus motivaciones. Y el resultado que ofrece Slimani es francamente desolador.

Louise, la niñera, es una mujer de cuarenta años pero de aspecto juvenil y rostro muy agradable. Es una persona discreta, entregada a su trabajo y - aparentemente - enamorada de los niños que tiene a su cargo, que pronto la consideran su segunda madre. Mientras tanto Myriam y Paul, los padres biológicos están entregados en cuerpo y alma al desarrollo de sus respectivas carreras profesionales, ella como abogada y él como productor musical. Están tan ocupados que no saben y ni siquiera les interesa cómo es la vida de Louise cuando termina su jornada laboral. En realidad esta vida es inexistente, el vacío más absoluto. Louise vive en un pequeño estudio que se cae a pedazos y apenas tiene relaciones sociales. Su verdadera existencia se encuentra junto a los niños que cuida, dentro de los muros del hogar de sus empleadores, que considera también que es el suyo.

Lo que hace a Canción dulce una gran novela es que no se recrea en el crimen, sino en las circunstancias que lo han hecho posible. Slimani desliza constamente una tensión latente en la diferenciación de clases sociales entre la niñera y una Louise que no comprende como Myriam no asume sus responsabilidades como madre y abandona cada día un hogar que para ella constituye un paraíso. Porque la protagonista es alguien sin identidad, cuya vida solo tiene sentido cuando se entrega a los demás, ya que su labor va más allá de lo meramente contractual. Su existencia fuera de la casa de sus patrones es tan oscura que ha construído un relato mental en el que ella es la que sostiene el desarrollo vital de ambos hermanos. Y en parte dicho relato es cierto. Los padres biológicos se sienten algo culpables de no atender como debieran sus deberes familares, pero han desarrollado una relación de dependiencia absoluta con el papel de Louise en su vida. Tanto es así que cuando la niñera empieza a manifestar algunos comportamientos inquietantes, le restan importancia para no tener que enfrentarse a la tesitura de prescindir de sus imprescindibles servicios.

En conclusión, en la novela de Slimani nos encontramos una historia psicológicamente muy compleja, pues describe a un personaje que depende de la familia a la que sirve, pero a la vez va desarrollando un profundo odio hacia ellos, puesto que ella jamás alcanzará el bienestar material y espiritual del que gozan. Se trata de un personaje profundamente humano y, por ello, profundamente incómodo para un lector que es tan capaz de entender sus motivaciones como de horrorizarse ante las mismas.

sábado, 27 de diciembre de 2025

EL PRESTAMISTA (1964), DE SIDNEY LUMET.

Si por algo destaca El prestamista es por la asombrosa interpretación de Rod Steiger de un superviviente del Holocausto. Sol Nazerman regenta una tienda en la que ejerce como prestamista en una sórdida zona de Harlem. Los recuerdos lo atormentan de manera constante, por lo que su realidad cotidiana no es más que neblina que afronta con la voluntad de quien no tiene nada ya que perder, puesto que lo perdió todo hace un par de décadas. Lumet retrata con precisión milimétrica tanto el entorno en el que se mueve el protagonista como su peculiar psicología dominada por un inmenso trauma. Sol ha conocido el mal absoluto y lo que contempla ahora en su barrio (tráfico de drogas, robos, prostitución) le es indiferente. Por eso es un mal candidato para cualquiera que pretenda robar en su tienda, puesto que él está afectado por una especie de anestesia emocional, por lo que sus reacciones podrían ser viscerales y suicidas. Él es culpable por haber sobrevivido donde todos murieron y a la vez culpabiliza al resto de la humanidad por haber permitido unos hechos tan inenarrables. Su tienda es una estación de paso hacia el nihilismo más absoluto y su gesto final no es más que un patético intento de experimentar algo en un universo donde se ha perdido el sentido. Pero lo único que encuentra es dolor: no hay redención posible para quien ha convivido en el centro del horror. El prestamista es el testimonio de una época en la que a ciertos directores de Hollywood no les importaba arriesgar y presentar personajes muy incómodos al espectador, además en una época en la que el público general no contaba con el conocimiento del Holocausto que se tiene hoy día a nivel popular.

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miércoles, 24 de diciembre de 2025

EL HOMBRE GRATIS (2024), DE MARIO JARAMILLO. ESCLAVOS DEL ALGORITMO.

Uno puede ir a la gasolinera y echarse el combustible del surtidor por sí mismo. Luego, en el supermercado, puede verse obligado a pasar los productos por las cajas de autopago y después acudir a un cine sin taquillas, debiendo realizar uno mismo el proceso de elección de películas, butaca y pago. El mundo se ha convertido en un lugar con ofertas infinitas, pero también en una fábrica de esclavos del consumo, pues todo está diseñado no solo para el consumidor haga el trabajo que antes realizaban los empleados retribuidos de una compañía, sino para que sus niveles de ansiedad frente a tantas posilidades se disparen, por lo que todos terminamos comprando un buen número de cosas que jamás usaremos. Internet, esa herramienta que prometía tantas bondades hace veinte años, se ha convertido en el principal instrumento de la nueva sociedad de consumo:

"Internet ha puesto algo en el mercado que parecía inalcanzable antes de su invención: el comercio de masas, el consumo de masas. Hombres tras las cosas, cosas que se consumen, hombres consumidos, hombres-cosas. La sociedad uniformada. Internet es producto de un capitalismo que lo nutre a niveles exponenciales."

La realidad del presente ha echado por tierra todas las teorías económicas clásicas acerca del trabajo retribuido. Ahora la recompensa por el trabajo que realiza el consumidor no es dinero, sino el placer del consumo. Todo lo que creemos que es gratis repercute económicamente en los beneficios de las grandes multinacionales, que se han convertido en las auténticas dueñas del mundo. Las máquinas no nos liberan, como se llegó a pensar hace ya bastantes años, sino que se posicionan a favor de los intereses de quienes las programan, que usan al consumidor como conejillo de indias para ir renunciando a cada vez más costes laborales. Si comprar un billete de avión, por ejemplo, se ha convertido en un proceso angustioso y dotado a veces de una intolerable incertidumbre es gracias a que nos hemos acostumbrado a hacer estas cosas solos, estimulados por la idea de que así ciertos productos y servicios nos saldrán más económicos. 

Así pues, la idea de libertad de elegir se ha ido transformando en una especie de docilidad por parte del consumidor, que tolera ciertos tratos por parte de las empresas que jamás hubiera permitido en el pasado. Indudablemente no hay marcha atrás en este proceso. Como la rana que nada en el agua hirviendo, poco a poco nos han ido acostumbrando a todos estos desmanes que al final identificamos con comodidad y abundancia de oferta. Pero esto es solo la punta del iceberg. La verdadera riqueza que extraen las multinacionales de nuestros comportamientos son datos muy valiosos que serán traducidos a nuevos beneficios económicos. Vivimos en un mundo distópico que contribuimos a consolidar ¿libremente? día a día.