domingo, 22 de julio de 2012
THE AMAZING SPIDERMAN (2012), DE MARC WEBB. LAS HISTORIAS YA CONTADAS DE SPIDERMAN.
Últimamente se han puesto muy de moda los llamados reboots cinematográficos, con los que se intentan revitalizar franquicias que se consideraban agotadas, algo muy común en el mundo del cómic de superhéroes, donde no es raro que se creen nuevos universos con los mismos personajes de siempre pero adaptados a gustos que se suponen más modernos. En el cine la operación fue muy rentable en el caso de Batman, porque las entregas que firmó Joel Schumacher eran meros delirios concebidos por una mente infantil. Batman era otra cosa y así lo entendió Christopher Nolan cuando narró el origen del personaje desde un punto de vista mucho más adulto, rizando el rizo en la magistral "El caballero oscuro", donde tomó elementos del mejor cine negro para contar una historia muy cruel filmada de un modo espectacular.
¿Era necesario un reinicio de Spiderman? A mi entender, la tercera parte de la saga de Sam Raimi pecó de excesiva, presentando demasiados personajes y situaciones en una historia que avanzaba a trompicones y cuyo principal handicap era precisamente el personaje de Peter Parker, una caricatura del de los cómics en buena parte del metraje.
Quizá la principal motivación de Webb al afrontar este nuevo origen del personaje ha sido la redención de Peter Parker: intentar darle un nuevo rostro y volver a presentarlo como un adolescente con un pasado problemático que trata de ser decente ante unas circunstancias que le sobrepasan. En este sentido la elección como intérprete de Parker de Andrew Garfield es adecuada: ya había dado muestras de su talento interpretativo en "La red social" y aquí se hace desde el principio con el protagonismo sin tener que ser tan mojigato como su antecesor, Tobey Maguire.
En cualquier caso, aunque agradable, la primera parte de la película no deja de ser una versión más de una historia que ya se contó bastante bien en la primera entrega de la saga de Raimi. La única novedad reseñable es la breve aparición de los padres de Peter, que sirve para acentuar el sentimiento de desarraigo del protagonista. Por lo demás, todo rutinario. Los efectos especiales, aunque mejorados, recuerdan mucho a lo que vimos hace diez años y el villano no tiene demasiada entidad. Además, a pesar de que se quiere narrar la historia en un tono oscuro, no faltan algunas ridiculeces, como el pasillo de grúas que ciertos operarios le organizan al héroe para que llegue con más comodidad al enfrentamiento con su enemigo. Poco justificado, en fin, este relanzamiento arácnido, cuando tantas décadas de cómics hubieran dado para contar una historia más original. A ver si en la secuela los responsables afinan más.
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viernes, 13 de julio de 2012
MARÍA ANTONIETA EN EL CONGRESO.
A María Antonieta se le atribuye una famosa frase, cuando se enteró de que el pueblo carecía de pan para comer: "Si no tienen pan, que coman pasteles". Aunque probablemente nunca la pronunciara, el que se le atribuyera fue uno de los acicates que estimuló al pueblo francés a hacer estallar una revolución.
Ahora no sucede como en el siglo XVIII, que no había televisión. Ahora sí que hemos visto a los diputados del PP aplaudiendo con entusiasmo las medidas de recorte que van a condenar a la exclusión social a muchas personas. Una de las más entusiastas, precisamente la hija de Carlos Fabra, el tristemente famoso y afortunado (por haberle tocado la lotería en repetidas ocasiones) político valenciano, era la más entusiasta y, en el gesto más feo que se ha visto en el Congreso desde que Tejero entró pistola en mano, soltó un entusiasta "¡Qué se jodan!", cuando se anunciaban las estimulantes medidas en contra de los parados, que para su partido son meramente unos vagos a los que hay que aguijonear para que busquen empleo. Saquen ustedes sus conclusiones.
lunes, 9 de julio de 2012
LA SOLUCIÓN (2012), DE ARACELI MANJÓN-CABEZA. LA NORMALIZACIÓN DE LA DROGA.
Una imagen muy dura la que ilustra esta entrada, pero es una de las que mejor resumen el fracaso absoluto de la prohibición de las drogas a nivel mundial. Un combate costoso e inútil, que ha causado unos niveles de sufrimiento inimaginables, gran parte de ellos a personas inocentes, que ni tienen nada que ver con este mundo ni quieren tener que ver. La exhibición de cuerpos torturados es habitual en la ciudad de Monterrey (México), una urbe antaño próspera que está siendo martirizada por la guerra contra el narcotráfico, una guerra que no puede ganarse. La profesora Manjón-Cabeza ha escrito un ensayo valiente en el que aboga por la opción más inteligente: arrebatar a las mafias el más que lucrativo mercado de la droga y ponerlo bajo control del Estado. Aquí el artículo:
Quedan pocos supervivientes de aquellos años, pero,
aunque parezca mentira, hubo un tiempo, a finales del siglo XIX y
principios del XX en el que el tráfico y consumo de drogas no se
consideraba una conducta penalmente ilícita. El problema de la droga
podía ser un asunto de salud individual, pero jamás un problema que
afectara a la seguridad ciudadana. La llamada "guerra contra las drogas"
fue un invento surgido en Estados Unidos que se ha extendido al resto
del mundo y que solo ha dado como resultado un caos de violencia,
miseria y delincuencia.
Por su carrera profesional, Araceli Manjón-Cabeza ha vivido muy de cerca la problemática de la droga. Como profesora titular de Derecho Penal de la Universidad Complutense de Madrid, magistrado suplente en en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y directora del Gabinete del Plan Nacional contra la Drogas, Manjón-Cabeza fue advirtiendo que la política actual de lucha contra la droga y tolerancia cero es una especie de tarea de Sísifo para los Estados implicados y acaba favoreciendo a los grandes narcotraficantes, que se hacen con las riendas de un negocio inmenso y seguro: la demanda de droga no ha hecho sino acrecentarse en los últimos años. La idea de escribir La solución le surgió como una necesidad absoluta, como un llamamiento al cambio de política por parte de los distintos gobiernos:
"Las afirmaciones recién hechas valen para un régimen de prohibición planetaria de drogas como el que todavía padecemos. En un régimen de permisión y estricto control estatal de la producción y distribución de drogas no hablaríamos de los "problemas de la droga", sino del "problema de la droga", e iría referido solamente a los casos de consumo abusivo generador de efectos negativos que además serían menores que los que hoy se detectan; y ello porque desaparecerían de la circulación las adulteraciones que hoy se detectan (...) Por otro lado, el consumidor de un mercado legal acudiría a la farmacia (...) a adquirir la droga y no a ciertos ambientes especialmente insalubres y peligrosos, a veces caldo de cultivo de la criminalidad, como ocurre en un mercado clandestino."
Una de las más fuertes acusaciones que se lanzan en el libro contra Estados Unidos la constituye el hecho de que su propio gobierno, a través de la CIA, fue quien introdujo el crack , la droga imperante durante los años ochenta en la calles de las ciudades estadounidenses. La introducción de este auténtico veneno, que en realidad está compuesto por los residuos que deja la fabricación de la cocaína, permitió a la CIA financiar a la Contra nicaraguense. Mientras tanto, en los barrios más pobres, el crack, como alternativa barata a la cocaína hacía furor. Las desdichadas víctimas de esta sustancia se vieron atrapadas en un auténtico infierno, pues necesitaban decenas de dosis al día, las cuales les procuraban un bienestar efímero. En un mundo con droga legalizada y controlada por el Estado, nunca hubieran sucedido hechos semejantes. Es como si, con el alcohol legalizado, alguien pudiera sacar beneficios de la venta de mero garrafón.
Este mismo Estados Unidos que concibe ante sus ciudadanos y ante el resto del mundo la lucha contra la droga como una auténtica cruzada, niega cualquier experimento de legalización o meramente de despenalización al consumo en los paises sudamericanos, negándoles ayuda económica si se atreven a abordar un cambio de de política semejante. Mientras tanto, en estos países las cruzadas contra las drogas se transforman paulatinamente en guerras de baja intensidad, donde cada vez mueren más inocentes y poblaciones enteras, prósperas en el pasado, caen en la decadencia y en el terror, sumidas en el fuego cruzado de una violencia sin sentido.
Es lo que sucede actualmente en México, el nuevo paraíso de los narcotraficantes. En 2006, el nuevo presidente Felipe Calderón lanzó lo que denominó "guerra total contra el narco", utilizando al ejército para intentar combatir a los cada vez más poderosos clanes de la droga. Esta desastrosa y poco inteligente polítca ha llevado el infierno a ciudades como Monterrey, antaño una urbe muy próspera. El ejército, poco entrenado para este tipo de operaciones, actua de un modo salvaje, poco policial. El narcotráfico no se adedra, el negocio es demasiado beneficioso como para abandonarlo. Es más, sus medios superan en muchas ocasiones a los del Estado y pueden plantarle cara con armas aún más sofisticadas.
El resultado es una guerra de todos contra todos: el ejército contra los narcotraficantes, estos entre ellos, por sus eternas querellas mafiosas y todos contra los civiles inocentes. En el proceso quedan muchos muertos y muchos políticos corrompidos. Los jóvenes, sin otras expectativas, se enrolan, ya sea de grado o por fuerza, en las filas de los narcotraficantes, que aumentan su poder día a día. Los telediarios de los últimos meses están salpicados de terribles imágenes llegadas de la ciudad de Monterrey: cadáveres colgados en puentes, asaltos armados a casinos... desafíos permanentes a una autoridad estatal que cada vez brilla más por su ausencia. "Monterrey está hasta la madre", gritan sus ciudadanos. Pero la guerra sigue, después de haberse cobrado más de sesenta mil víctimas.
Frente a todo esto, Araceli Manjón Cabeza propone una política nueva, mucho más valiente e inteligente, algo que acabe con esta dicotomía perversa en la que México nutre a Estados Unidos de droga y Estados Unidos a México de armas cada vez más sofisticadas, que acaban llegando a las manos menos adecuadas. En Europa, la percepción del problema se ha relajado, puesto que el espacio marginal de la droga se ha ido reduciendo y ahora es un asunto más privado y discreto, sin olvidar la problemática que supone su consumo por parte de jóvenes en las fiestas de fines de semana. Hay que empezar por legalizar las drogas blandas, como muy valientemente está haciendo en Uruguay. Intelectuales de la talla de Mario Vargas Llosa apoyan que este sea el camino y que se deje atrás un siglo de prohibicionismo que sólo ha dado como frutos una expansión planetaria del crimen, de la corrupción y de sustancias sin ningún control sanitario.
Por su carrera profesional, Araceli Manjón-Cabeza ha vivido muy de cerca la problemática de la droga. Como profesora titular de Derecho Penal de la Universidad Complutense de Madrid, magistrado suplente en en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y directora del Gabinete del Plan Nacional contra la Drogas, Manjón-Cabeza fue advirtiendo que la política actual de lucha contra la droga y tolerancia cero es una especie de tarea de Sísifo para los Estados implicados y acaba favoreciendo a los grandes narcotraficantes, que se hacen con las riendas de un negocio inmenso y seguro: la demanda de droga no ha hecho sino acrecentarse en los últimos años. La idea de escribir La solución le surgió como una necesidad absoluta, como un llamamiento al cambio de política por parte de los distintos gobiernos:
"Las afirmaciones recién hechas valen para un régimen de prohibición planetaria de drogas como el que todavía padecemos. En un régimen de permisión y estricto control estatal de la producción y distribución de drogas no hablaríamos de los "problemas de la droga", sino del "problema de la droga", e iría referido solamente a los casos de consumo abusivo generador de efectos negativos que además serían menores que los que hoy se detectan; y ello porque desaparecerían de la circulación las adulteraciones que hoy se detectan (...) Por otro lado, el consumidor de un mercado legal acudiría a la farmacia (...) a adquirir la droga y no a ciertos ambientes especialmente insalubres y peligrosos, a veces caldo de cultivo de la criminalidad, como ocurre en un mercado clandestino."
Una de las más fuertes acusaciones que se lanzan en el libro contra Estados Unidos la constituye el hecho de que su propio gobierno, a través de la CIA, fue quien introdujo el crack , la droga imperante durante los años ochenta en la calles de las ciudades estadounidenses. La introducción de este auténtico veneno, que en realidad está compuesto por los residuos que deja la fabricación de la cocaína, permitió a la CIA financiar a la Contra nicaraguense. Mientras tanto, en los barrios más pobres, el crack, como alternativa barata a la cocaína hacía furor. Las desdichadas víctimas de esta sustancia se vieron atrapadas en un auténtico infierno, pues necesitaban decenas de dosis al día, las cuales les procuraban un bienestar efímero. En un mundo con droga legalizada y controlada por el Estado, nunca hubieran sucedido hechos semejantes. Es como si, con el alcohol legalizado, alguien pudiera sacar beneficios de la venta de mero garrafón.
Este mismo Estados Unidos que concibe ante sus ciudadanos y ante el resto del mundo la lucha contra la droga como una auténtica cruzada, niega cualquier experimento de legalización o meramente de despenalización al consumo en los paises sudamericanos, negándoles ayuda económica si se atreven a abordar un cambio de de política semejante. Mientras tanto, en estos países las cruzadas contra las drogas se transforman paulatinamente en guerras de baja intensidad, donde cada vez mueren más inocentes y poblaciones enteras, prósperas en el pasado, caen en la decadencia y en el terror, sumidas en el fuego cruzado de una violencia sin sentido.
Es lo que sucede actualmente en México, el nuevo paraíso de los narcotraficantes. En 2006, el nuevo presidente Felipe Calderón lanzó lo que denominó "guerra total contra el narco", utilizando al ejército para intentar combatir a los cada vez más poderosos clanes de la droga. Esta desastrosa y poco inteligente polítca ha llevado el infierno a ciudades como Monterrey, antaño una urbe muy próspera. El ejército, poco entrenado para este tipo de operaciones, actua de un modo salvaje, poco policial. El narcotráfico no se adedra, el negocio es demasiado beneficioso como para abandonarlo. Es más, sus medios superan en muchas ocasiones a los del Estado y pueden plantarle cara con armas aún más sofisticadas.
El resultado es una guerra de todos contra todos: el ejército contra los narcotraficantes, estos entre ellos, por sus eternas querellas mafiosas y todos contra los civiles inocentes. En el proceso quedan muchos muertos y muchos políticos corrompidos. Los jóvenes, sin otras expectativas, se enrolan, ya sea de grado o por fuerza, en las filas de los narcotraficantes, que aumentan su poder día a día. Los telediarios de los últimos meses están salpicados de terribles imágenes llegadas de la ciudad de Monterrey: cadáveres colgados en puentes, asaltos armados a casinos... desafíos permanentes a una autoridad estatal que cada vez brilla más por su ausencia. "Monterrey está hasta la madre", gritan sus ciudadanos. Pero la guerra sigue, después de haberse cobrado más de sesenta mil víctimas.
Frente a todo esto, Araceli Manjón Cabeza propone una política nueva, mucho más valiente e inteligente, algo que acabe con esta dicotomía perversa en la que México nutre a Estados Unidos de droga y Estados Unidos a México de armas cada vez más sofisticadas, que acaban llegando a las manos menos adecuadas. En Europa, la percepción del problema se ha relajado, puesto que el espacio marginal de la droga se ha ido reduciendo y ahora es un asunto más privado y discreto, sin olvidar la problemática que supone su consumo por parte de jóvenes en las fiestas de fines de semana. Hay que empezar por legalizar las drogas blandas, como muy valientemente está haciendo en Uruguay. Intelectuales de la talla de Mario Vargas Llosa apoyan que este sea el camino y que se deje atrás un siglo de prohibicionismo que sólo ha dado como frutos una expansión planetaria del crimen, de la corrupción y de sustancias sin ningún control sanitario.
CLUBES DE LECTURA EN MÁLAGA EN JULIO. LIBROS EN EL CONGELADOR.
La temporada estival ya ha llegado con toda su fuerza y las actividades culturales relacionadas con los clubes de lectura se relajan... Es tiempo de atreverse con esa novela clásica y tan voluminosa para la que nunca encontramos tiempo y relatar luego tamaña hazaña a los compañeros de club.
Por ahora solo tengo noticia de dos actos: el primero de ellos, el cine forum de la biblioteca Cristóbal Cuevas, donde hablaremos sobre una película maravillosa: "El último rey de Escocia". También sigue activo el club de lectura de la Fnac: se debatirá acerca de la novela "Intimidad", de Hanif Kureishi.
Si me llegan noticias de otros eventos, tendrán cumplida noticia en la columna de la derecha. Nada mejor que una nevera llena de libros para gozar de la frescura de la literatura. ¡Feliz verano!
domingo, 8 de julio de 2012
AURA (1962), DE CARLOS FUENTES. LA MANSIÓN DE LAS TINIEBLAS.
Como a otros muchos grandes hombres, la muerte alcanzó a Carlos Fuentes mientras trabajaba en una nueva novela "Federico en su balcón", que seguramente aparecerá, inconclusa, a finales de este año. No soy un gran conocedor de la obra del escritor mexicano. Además de numerosos artículos de prensa, solo alcancé a leer, hace ya muchos años, "La muerte de Artemio Cruz", novela que me pareció tan compleja como magistral, una reflexión estupenda acerca de los últimos años de historia mexicana.
Entre compromisos laborales y lecturas obligatorias, sólo he alcanzado a realizarle mi particular homenaje a través de la lectura de una novela corta, la afamada "Aura" se adentra en los terrenos de lo sobrenatural comenzando con la cita que abre el afamado estudio de Michelet "La bruja":
“El hombre caza y lucha. La mujer intriga y sueña; es la madre de la fantasía, de los dioses. Posee la segunda visión, las alas que le permiten volar hacia el infinito del deseo y de la imaginación....Los dioses son como los hombres: nacen y mueren sobre el pecho de una mujer..."
El afán de Fuentes es la implicación del lector en la novela, casi como si él fuera el protagonista, de ahí el uso de la segunda persona del singular. Que tú penetres en esa misteriosa mansión que casi siempre permanece a oscuras y subas a tientas los escalones para encontrarte con una decrépita anciana que vive más en el pasado que en el presente y con la misteriosa presencia de la joven Aura, resulta perturbador en una prosa cuyo punto más fuerte es la descripción de un ambiente decadente que se conecta perfectamente con el estado de ánimo de los personajes.
Otra de las perturbaciones que produce el libro es el desajuste entre tiempos verbales, que cambian constantemente entre presente y futuro, produciendo una impresión de atemporalidad, como si los hechos estuvieran sucediendo en una especie de eterno retorno. No importa que, como lector, haya sospechado ya a mitad de la narración cual iba a ser la resolución de la misma. Aún asi, esto no me ha evitado quedarme con la sensación incómoda que producen un determinado tipo de buenos relatos.
FREUD, PASIÓN SECRETA (1962), DE JOHN HUSTON. UN MÉTODO PELIGROSO.
Para que la ciencia avance, para que abra nuevos e insospechados caminos, tienen que darse ciertas circunstancias. La primera y más importante es que los gobernantes fomenten, o al menos no obstaculicen, el progreso científico. Cuando las supersticiones religiosas invaden la existencia, esto no es posible. Muchos innovadores que se atrevieron a pensar de manera independiente acabaron en la hoguera. Afortunadamente, este no fue el caso de Freud. Sus teorías podían provocar el escándalo o aún la risa de sus colegas, pero nunca se le impidió seguir con sus investigaciones. Como bien cuenta Stefan Zweig, la Viena anterior a la Primera Guerra Mundial fue un paraíso para las artes y la ciencia. Los tambores de guerra llevaron de nuevo la irracionalidad a centroeuropa. El periodo de entreguerras fue un espejismo, puesto que el antisemitismo y la conquista nazi acabaron con todo atisbo de la Viena esplendorosa de finales del XIX.
El comienzo de la película ya nos predispone hacia un determinado estado de ánimo: los descubrimientos científicos no siempre son complacientes con el orgullo del ser humano. Copérnico estableció que la Tierra no era el centro del universo, Darwin probó que el ser humano no era más que un animal evolucionado y Freud concluyó que el hombre ni siquiera era dueño de la totalidad de sus procesos mentales, un descubrimiento éste que, a pesar de haberse realizado en un clima cultural favorable. Aquí Freud es todavía un joven e inseguro médico que, fascinado por los métodos de hipnosis practicados en Francia por Charcot, comienza a investigar la neurosis, la enfermedad maldita que en la Edad Media se había asociado a la brujería y en aquellos años se estimaba propia de farsantes. Su investigación le va a ir ofreciendo resultados tan sorprendentes como inquientantes: la vida del ser humano no termina en sus pensamientos conscientes, sino que existen experiencias reprimidas, en muchos casos traumáticas, que hay que dejar aflorar para permitir la curación del paciente. El hecho de que casi todas ellas, según concluyó Freud, tengan que ver con la sexualidad, causó un gran escándalo en la comunidad científica, en una época en la que, pese a los avances sociales, el sexo seguía siendo un tema tabú.
Montgomery Clift da vida a un Sigmund Freud genial, curioso y atormentado , porque en el curso de sus investigaciones descubre que él mismo es víctima de experiencias reprimidas. Las imágenes de sus sueños aportan ese halo de misterio e incluso de terror que podemos atisbar cuando intentamos mirar con cierta profundidad al interior de nosotros mismos. A partir de aquí el ser humano tiene que enfrentar una nueva realidad: no somos lo que creemos ser, existen impulsos naturales que deben reprimirse para lograr una vida social razonable. Muchos de los descubrimientos de Freud se han visto superados posteriormente por otros investigadores, pero es indudable que la importancia del médico vienés como explorador de una demarcación del ser humano tan fascinante como perturbadora, le hace merecedor de un puesto de honor en la historia de la ciencia, con el mérito añadido de que sus escritos constituyen una experiencia, tanto literaria como científica, de primer orden.
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viernes, 29 de junio de 2012
GLENGARRY GLEN ROSS (1992), DE JAMES FOLEY. SOBRE LA PROFESIÓN DE COMERCIAL.
Las profesiones más cinematográficas son las de policía y abogado. También la de periodista da mucho juego a la hora de elaborar guiones interesantes. Los comerciales han tenido tradicionalmente mucha peor fortuna en el mundo del cine. Hace unos años vi una obra de teatro (de la que existe versión cinematográfica) titulada "El pez gordo", que abordaba el tema desde un punto de vista muy interesante, pero, sin duda, "Glengarry Glen Ross", que está basada en una obra teatral del gran David Mamet (yo creía erróneamente que la adaptación a la gran pantalla era también suya) es la más conocida aproximación al cruel mundo de los agentes comerciales.
El planteamiento de esta película puede parecer exagerado, pero no cabe duda de que en el mundo real se dan todos los días situaciones muy parecidas a las que refleja el guión del dramaturgo estadounidense. La oficina donde trabajan los vendedores es mostrada a los ojos del espectador como un acuario lleno de pirañas a la que acude un gran tiburón, un vendedor despiadado y triunfador para motivarles. El discurso de Alec Baldwin por sí solo ya merecería el visionado de una película que cuenta con un elenco de estrellas extraordinario: Jack Lemmon, Al Pacino, Jonathan Pryce, Kevin Spacey y Ed Harris. De todos ellos destacaría al personaje de Jack Lemmon, que recibió varios premios por este papel. Se trata de un comercial ya veterano que se encuentra con el agua al cuello, por una serie de avatares familiares, y necesita vender uno de los infames productos inmobiliarios que su firma ofrece. Como espectador uno no puede sino sentir cierta simpatía por este perro viejo, que cree conocer todos los trucos del oficio, pero al que la vida se le ha ido escapando de las manos al ofrecerla íntegramente a la compañía como un producto más. Porque aquí los comerciales no son tratados como personas, sino como meros instrumentos que deben utilizar todas las armas a su alcance (la palabra ética está desterrada de su vocabulario) en pos de un único objetivo: la venta.
Para la compañía el éxito no es la satisfacción del cliente, sino la credibilidad del vendedor, que debe ser capaz de conseguir la máxima cantidad de dinero del inversor y saber darle largas en caso de que a éste se le ocurra querer recuperar su capital después de habérselo pensado mejor. Se trata de la venta más agresiva posible: aquella que necesita una decisión inmediata por parte del comprador. Partiendo desde este pequeño universo, la obra de David Mamet es toda una disección del sistema capitalista: aquel que busca el máximo beneficio al mínimo coste dejando abundantes cadáveres por el camino.
Bien es cierto que es de justicia romper una lanza por la profesión de comercial. Existen muchos profesionales estupendos en este oficio, que no están sometidos a grandes presiones y que verdaderamente se esfuerzan por ofrecer soluciones a necesidades reales. De todo hay en la viña del Señor.
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