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miércoles, 30 de agosto de 2023

¡ARMAS AL HOMBRO! (1918), DE CHARLES CHAPLIN.

Es evidente que cuando se estrenó esta película, los horrores de la Primera Guerra Mundial eran ya conocidos por el público en general. La genialidad de Chaplin consiste en mostrar la realidad de las trincheras desde un punto de vista cómico. Su personaje se presenta como un soldado extraordinariamente torpe al que se le salen muy bien las cosas cuando entra en combate. Además, se resigna a vivir situaciones incómodas - como dormir en una estancia inundada de agua - del modo más práctico posible. Película de una época de pioneros, en la que la consigna era sorprender al espectador a través de situaciones de aventura y riesgo en las que triunfa el protagonista actuando de la forma más inverosímil o absurda, como cuando se disfraza de árbol en una misión tras las líneas enemigas. No parece que la intención fuera criticar o denunciar un conflicto que acababa de terminar, con una cantidad de muertos y mutilados jamás conocida, sino sacar una sonrisa al espectador frente a tanta tragedia.

P: 7

viernes, 12 de noviembre de 2021

UNA MUJER DE PARIS (1923), DE CHARLES CHAPLIN.

Una película adelantada a su tiempo, el primer drama del gran genio de la comedia, que causó escándalo y rechazo por lo escabroso de la historia que presenta. La chica de pueblo que se traslada a la gran ciudad después de un presunto desengaño amoroso y vende su alma a la vida lujosa que le ofrece París. El genial personaje del millonario frívolo de vuelta de todo, incapaz de enamorarse de mujer alguna, pero sí de jugar con varias a la vez gracias a su sofisticación social y a su dinero. Y el primer enamorado de la protagonista, el inocente Jean que asiste estupefacto a la profunda transformación de la muchacha de la que se había enamorado. El demonio de una vida de lujo, pero vacía, se enfrenta a la posibilidad de llevar una existencia familiar y humilde, repleta de dificultades, pero también de profundas satisfacciones. Una genial película de Chaplin en la que se refleja como en pocas lo que significaba vivir los locos años veinte parisinos. 

P: 8 

sábado, 24 de abril de 2010

LUCES DE LA CIUDAD (1931), DE CHARLES CHAPLIN. GENTLEMAN CHARLOT.


Es quizá esta la película más representativa de uno de los cineastas más geniales de todos los tiempos. Primero porque, fiel a su estilo, a pesar de que el cine sonoro estaba ya más que consolidado en la época en que se rodó, Chaplin prefirió rodarla como una película muda concediendo, eso sí, que se escuchara una música coordinada con las acciones de los personajes y algunos efectos sonoros que reforzaran la comicidad de algunas escenas.

La preparación y el rodaje de esta obra llevaron casi tres años a su autor, lo que da idea del perfeccionismo de Charlot, que engendraba obras tan perfectas a base de no dejar ningún elemento a la improvisación y repetir las escenas cuantas veces hiciera falta. Sí que es cierto que no se llevó bien durante el rodaje con la protagonista, Virginia Cherrill, pero estas disensiones no se notan en pantalla y la química entre ellos es perfecta.

Hay que recordar que el estreno de "Luces de la ciudad" coincide con la fase más aguda de la gran depresión americana. El papel de Charlot, el eterno vagabundo, adquiere en esta ocasión una dimensión especial, cuando muchos estadounidenses que lo han perdido todo se han lanzado a las carreteras y caminos tratando de huir de la miseria. Las palabras que Charlot le dirige al suicida para que desista de su actitud son conmovedoras, y pueden ir dirigidas a todos los desesperados del mundo: "Mañana los pájaros volverán a cantar. Sea valiente, enfréntese a la vida".

La otra protagonista de la película es la gran ciudad. Aquella era una época de gran crecimiento en las grandes urbes y el cine lo reflejaba. La ciudad es otro personaje más, un personaje dinámico y sorprendente, capaz de poner a prueba al protagonista, de hacerle pasar de limpiador a boxeador en pocos minutos. Lo cierto es que uno de esos encuentros fortuitos que propicia la ciudad le hace enamorarse de una florista ciega. Charlot se sacrificará para salvarla, aunque ella no lo sepa, lo que da pie a una escena final verdaderamente sublime, plena de sensibilidad y sutileza. No sabemos lo que va a suceder después, pero el cine (y la vida) a veces nos regalan momentos imborrables, de los que quedan para siempre en el recuerdo.