sábado, 11 de diciembre de 2010

SEGUNDO ANIVERSARIO DE "EL HOGAR DE LAS PALABRAS".

No quisiera dejar pasar esta fecha sin recordar que hoy hace dos años comencé esta aventura personal. Es muy satisfactorio tener una plataforma para escribir y llegar a los lectores, que son los que me motivan a seguir.

Un abrazo a todos.

martes, 7 de diciembre de 2010

ELOGIO DE LA OCIOSIDAD (1935), DE BERTRAND RUSSELL. LA UTOPÍA DE LAS CUATRO HORAS.


Bertrand Russell es uno de mis escritores de cabecera, a pesar de que, por desgracia, tengo que evitar sus escritos consagrados a las matemáticas. Desciende de una línea de filósofos libres, como Voltaire, que afortunadamente van apareciendo aquí y allá en distintos momentos de la historia. Quien me conoce sabe que "¿Por qué no soy cristiano?" es uno de los libros que más me ha influido.Lo que más me gusta de Russell son sus ensayos divulgativos, esas pequeñas perlas de sentido común en los que el pensador se expresa con plena libertad, aún sabiendo que sus opiniones pueden ser escandalosas o incluso le pueden valer encontronazos con la justicia, como le sucedió más de una vez.

En el provocativo "Elogio de la ociosidad", Russell se atreve a arremeter contra la economía capitalista para abogar por su transformación en un sistema mucho más humano, donde se establezca un reparto equitativo del trabajo y la gente disfrute de tiempo libre para su desarrollo personal. ¿Una irrealizable utopía? Por supuesto que sí, por desgracia, pero una hermosa utopía, me atrevo a añadir:


El pensamiento de Bertrand Russell abarca casi enteramente el siglo XX y se nutrió en gran parte de los acontecimientos de los que fue testigo. El filósofo inglés gozó de tiempo en su larga vida (98 años) para estudiar y escribir acerca de una gran variedad de temas: matemáticas, lógica, ética, religión, historia... En su producción destacan sus escritos divulgativos, dirigidos al gran público. Los artículos suelen versar sobre asuntos de actualidad, escritos con sencillez, rigor y valentía, siempre bajo el prisma de su gran sabiduría y sentido común. Ganador del Premio Nobel de Literatura de 1950, fue definido como "un campeón de la humanidad y de la libertad de pensamiento".

El título de este conjunto de ensayos, "Elogio de la ociosidad" puede parecer un contrasentido viniendo de un autor tan prolífico. Partiendo del manido refrán que asegura que "la ociosidad es la madre de todos los vicios", Russell realiza un análisis crítico de la carga de trabajo que soportan sus contemporáneos. Distingue entre ociosidad negativa, la de los terratenientes que viven del trabajo de los demás y la positiva, la del trabajador que, una vez cumplida su obligación, puede dedicarse a cultivar sus aficiones o a atender a su familia:

"El tiempo libre es esencial para la civilización, y, en épocas pasadas, sólo el trabajo de los más hacía posible el tiempo libre de los menos. Pero el trabajo era valioso, no porque el trabajo en sí fuera bueno, sino porque el ocio es bueno. Y con la técnica moderna sería posible distribuir justamente el ocio, sin menoscabo para la civilización."

En estos tiempos de altas tasas de paro, donde la carga de trabajo de los que conservan su empleo es cada vez mayor, sería bueno asomarse a las palabras de Russell, que postula las cuatro horas diarias como la jornada ideal que debe encomendarse a cada trabajador. Esto solo es posible a través de un sistema socialista de corte democrático, en el que el Estado tenga poder planificador sobre la economía y establezca las prioridades de bienestar de sus ciudadanos, algo parecido a lo conseguido por la socialdemocracia en los países del norte de Europa.

"Elogio de la ociosidad" parece haberse escrito ayer mismo, pero es un artículo de 1932. Desde hace años, muchos pensadores políticos vienen abogando por el reparto de un bien escaso como es el trabajo. Se conseguiría abolir el paro y dotar de mayor libertad a los trabajadores, cambiando la competencia feroz de las empresas por una cierta planificación dirigida por el Estado, lo cual evitaría escándalos económicos como los que el mundo padece desde hace unos años.

El Estado sería el garante del bienestar de sus ciudadanos, a los que se les asignaría de un equilibrio entre sus ganancias dinerarias y su disfrute del tiempo libre e incluso se incrementarían de manera notable sus posibilidades de formación y de participación democrática (aunque es razonable pensar que habría quien usaría su ocio para su embrutecimiento personal). Russell se atreve a hablar incluso de felicidad:

"Para que una población ociosa sea feliz, tiene que ser población educada y educada con miras al placer intelectual, así como a la utilidad directa del conocimiento técnico".

Resulta curioso constatar que para la consecución de esta razonable utopía Russell estudia incluso cual sería la arquitectura ideal de las viviendas de trabajadores: se trataría de grandes edificios dotados de un gran patio central donde se establecerían servicios comunitarios, como cocina o guardería para los niños, con lo cual las parejas ahorrarían mucho trabajo al volver a casa diariamente, y se fomentaría la vida vecinal.

Una de las obsesiones de Russell, de gran actualidad en los años treinta, cuando estos escritos fueron publicados, es la confrontación entre fascismo y comunismo. El filósofo es impecablemente crítico por los dos. Respecto al fascismo, se trata de un régimen racista, violento e irracional, fundamentado en la supremacía de unos hombres sobre otros. Tampoco se deja seducir por los cantos de sirena en los cayeron otros intelectuales de su tiempo respecto a la Unión Soviética. Russell entiende que el comunismo soviético se trata de una forma más de autoritarismo, en la que la explotación de los trabajadores se desplaza del patrón al Estado, que promete en todo momento una felicidad utópica en un futuro que no acaba de llegar nunca:

"Por mi parte, aun cuando soy un socialista tan convencido como el más ardoroso marxista, no considero el socialismo como un evangelio de la venganza proletaria, ni aun, primordialmente, como un medio para asegurar la justicia económica. Lo considero, en principio, como un ajuste a la producción mecanizada exigido por consideraciones de sentido común y calculado para incrementar la felicidad no sólo de los proletarios, sino de todos, excepto una exigua minoría de la raza humana."

La realidad económica de este momento tiene más que ver con la ficción que con los bienes materiales. Como si de un vidente se tratara, Russell dejó escrita estas reveladoras palabras, que engloban el gran problema de nuestro tiempo:

"No se consiente a un hombre que practique la medicina a menos que sepa algo del cuerpo humano, pero se consiente a un financiero que opere libremente sin el menor conocimiento de los múltiples efectos de sus actividades, con la única excepción del efecto que tengan sobre su cuenta bancaria."

Quizá vaya siendo hora de dejar atrás una economía basada en la especulación y en burbujas de deuda que acaban reventando y mirar hacia una economía mucho más sostenible, la economía basada en los bienes materiales, una economía verdaderamente democratizada, en la que sean partícipes todos los ciudadanos y no sólo unos pocos iluminados capaces de crear desastres globales con tal de obtener lucro personal. ¿Es esto compatible con el capitalismo? Quizá esta era la refundación de la que hablaba Sarkozy en los primeros momentos del desastre.

lunes, 6 de diciembre de 2010

LA VIDA NUEVA (1994), DE ORHAN PAMUK. EL LIBRO MALDITO.


Muy desconcertante esta novela de Pamuk, pues el lector, por muy atento que esté a la narración, puede perderse fácilmente. Lo mejor es atenerse a las anárquicas reglas que Pamuk imprime al relato y tratar de disfrutar de su estilo. En todo caso, me ha parecido una novela fallida, pues el mensaje del autor no queda nada claro y me ha producido momentos de irritación ante la abundancia de pasajes demasiado oscuros. Aquí el enlace:

Una de las grandes ventajas de la literatura es que permite asomarse a las realidades cotidianas de otros países de manera mucho más profunda respecto al conocimiento meramente superficial que obtiene un turista circunstancial o el lector de un periódico donde aparezca de vez en cuando mencionado este país, casi siempre en relación con la política.

El caso del escritor turco Orhan Pamuk resulta paradigmático en este sentido, pues en sus ficciones se desprende un intenso amor a su país, aunque desgraciadamente no puede afirmarse así a la inversa, pues Pamuk es un personaje muy polémico en Turquía. Sus problemas con la justicia tienen su origen en sus opiniones sobre el genocidio armenio cometido a principios del siglo XX, un tema tabú por el que Pamuk debió exiliarse durante un tiempo debido a las amenazas de muerte que recibió.
Y es que Turquía es un país que padece graves problemas de identidad: enclavado entre oriente y occidente, oficialmente laico, pero propenso al islamismo en amplias capas de su población (algo que preocupa mucho a los estadounidenses, según informaciones confidenciales recogidas en Wikileaks), nacionalista y a la vez deseoso de ingresar en la Unión Europea... Pamuk ha sido capaz de reflejar todas esas contradicciones en su extensa obra, lo que le valió hacerse acreedor del Premio Nobel en el año 2006.

En su celebrado discurso de recepción titulado "La maleta de mi padre", Orhan Pamuk realizaba un elogio de la literatura partiendo de un episodio de su juventud, la maleta repleta de sus propios escritos que su padre le encomendó poco antes de morir, lo que a la postre despertaría su pasión por contar historias. A partir de ahí el escritor define a la literatura como la capacidad de extraer material del propio interior para plasmarlo en unas páginas que sean capaces de reflejar la entera realidad, recurriendo al método de "contar las historias propias como si fueran de los otros y contar las historias de los otros como si fueran las propias."

"La vida nueva", es una novela que tiene muchos puntos en común con otras del autor, en su exploración del alma turca, pero se diferencia de éstas por la opacidad de su auténtico mensaje y su intrincado argumento, marcado por incoherencias que desconciertan al lector más atento y pueden llegar a desesperarle, por lo que solo puede penetrarse en el relato olvidando las formas narrativas más convencionales y dejándose llevar por las nuevas reglas impuestas por Pamuk, unas reglas bastantes anárquicas en cualquier caso.

La novela comienza con el hallazgo, por parte de su joven protagonista, de un atrayente libro que le perturba hasta tal punto que acaba obsesionándole, transcurriendo sus días y sus noches enfrascado en su lectura. Su realidad de apacible estudiante va ser trocada por una sed de búsqueda de esta vida nueva, a la que alude el título, en compañía de la muchacha de la que se ha enamorado y que indirectamente le ofreció el libro. Ciertamente, el objetivo de la muchacha es el reencuentro con otro amor, Mehmet, que fue quien le ofreció el libro a ella.

Los siguientes meses para Osman y Canan van a estar marcados por un eterno viaje en autocar y sus únicas ventanas al mundo serán las estaciones de autobús en las más remotas ciudades y las películas de vídeo que verán en ruta. Las colisiones con otros vehículos que derivan en aparatosos y sangrientos accidentes serán apreciados por Osman como oportunidades de cambio, como una especie de revelación espiritual. En realidad son los accidentes los que marcan los puntos de inflexión del relato:

"¿Qué es la vida? ¡Un periodo de tiempo! ¿Qué es el tiempo? Un accidente. ¿Qué es un accidente? Una vida, una vida nueva..."

Al final el mensaje de Pamuk es muy difuso: ¿una defensa de la tradición turca frente a la invasión comercial de occidente?, ¿una advertencia contra el fanatismo que emanan algunos libros? Bien es cierto que en la historia de la humanidad existen un puñado de libros que han cambiado radicalmente el rumbo de la historia: a los libros religiosos podemos sumar algunos científicos de autores como Darwin, Freud o Einstein o políticos (con algún punto en común con los religiosos) como "El manifiesto comunista" de Marx y Engels o "Mi lucha", de Adolf Hitler. El libro del relato de Pamuk cambia radicalmente las vidas de los protagonistas. Que esa cambio derive en fanatismo o se trate de una búsqueda positiva, queda a elección del lector.

MEGAMIND (2010), DE TOM McGRATH. LAS MOTIVACIONES DEL SUPERVILLANO.

He dicho alguna vez que el cine de animación está superando a muchas películas de imagen real en cuanto a originalidad en los guiones e incluso, aunque parezca insólito, en cuanto a la calidad de sus interpretaciones.

No es exactamente el caso de "Megamind" cuyo argumento no brilla precisamente por su originalidad, pero que en conjunto constituye un buen espectáculo, por encima de la media del cine que se estrena hoy en día. El cine de superhéroes está de moda desde hace algunos años. La mirada que adopta este film resulta sorprendemente íntima para tratarse de animación. Su idea central me recuerda poderosamente a la genial mirada de Peter Bagge en la parodia que dibujó de Spiderman. En un determinado momento, en lo más crudo de una pelea, Peter Parker se da cuenta de que la vida que lleva es en realidad infantil y decide dejar de ser superhéroe y madurar, ante la desesperación del doctor Octopus, que le necesita como enemigo para continuar con la diversión. Esto es precisamente lo que le sucede a Megamind: una vez que derrota definitivamente a su némesis (un trasunto de Superman, pero sin la humildad del original) se da cuenta de que su existencia entra en el vacío, sin más perspectiva que el gobernar la ciudad conquistada según sus caprichosos deseos.

Esto es lo que ha manifestado más de una vez el Joker en algunos de los más celebrados comics de Batman: que sin el murciélago no es nadie, casi como si estuviera enamorado de él. En realidad una de las tesis más interesantes del origen de Batman es que está vinculado al surgimiento de todos esos psicópatas que pueblan Gothan City, que no hubieran sido posibles sin su existencia previa.

Para mí lo mejor de la película es la presentación de los personajes: como la fortuna sonrie a Metro Man desde la más tierna infancia y castiga a Megamind, que se da cuenta (aunque después descubrirá lo contrario) de que no se puede luchar contra el destino y como los enfrentamientos entre los dos son una película que se repite semana tras semana, como sucede en los viejos comics de superhéroes, donde siempre el supervillano termina encerrado para volver a escaparse de prisión.

"Megamind" es una buena diversión para estas fechas. Aunque de manera un tanto ligera, habla de temas universales, como la redención o la responsabilidad, trasladados, eso sí, a las reglas del mundo de los superhéroes, un mundo tan absurdo como seductor.

sábado, 4 de diciembre de 2010

LOS CONTROLADORES CONTROLADOS.

Al final va a ser culpa de los pasajeros, que se empeñan en volar en fechas clave, como el puente de la Constitución, Navidad o el mes de Agosto. ¿No han aprendido ya que las huelgas de los servicios aeroportuarios son una de nuestras más arraigadas tradiciones? Últimamente son los controladores los que se llevan el gato al agua, pero recordemos como los pilotos han protagonizado (y protagonizarán, sin duda) episodios similares en fechas no muy lejanas. Es una máxima perversa: los colectivos de trabajadores con mejores condiciones laborales son los que mayor capacidad tienen para protestar.

Y en este caso, las circunstancias de la huelga han sido especialmente sangrantes: sin previo aviso los controladores no han acudido a su puesto de trabajo y algunos de ellos se atrincheran en un hotel próximo al aeropuerto de Barajas. El gobierno reacciona militarizando el servicio y generando noticias en los periódicos que parecen sacadas de la Guerra Civil: "El ejército ya controla Madrid, Barcelona, Ceuta y Canarias..." Y esta mañana se amaga con la declaración del estado de alarma, algo inédito en nuestra democracia. Si después de esto, los controladores quieren continuar el pulso, la situación puede ser desastrosa.

Aquí tenemos el resultado de la acción de un colectivo que cree estar por encima del bien y del mal, que puede jugar con el destino de cientos de miles de personas simplemente por ejercer su derecho al pataleo. Un médico lo ha explicado gráficamente, en uno de los miles de testimonios que van llegando de la gente atrapada en los aeropuertos: "es como si un cirujano abandonara de pronto al paciente al que está operando a corazón abierto."

No entraremos aquí en la discusión de si son lícitas las razones de los controladores para ir a la huelga, aunque se ha publicado ampliamente en la prensa cual es su sueldo y cuales sus privelegios. Si se recompensa de esta manera a este colectivo, es porque su trabajo requiere una alta responsabilidad, de él dependen millones de personas que confían en que comprar un billete de avión no puede ser nunca equivalente a quedar atrapado en un aeropuerto. La acción de anoche es altamente irresponsable y posiblemente delictiva. Y llega en el peor momento posible, cuando la imagen de España ante el resto del mundo se encuentra en sus horas más bajas. Este caos no ayudará nada a recompenerla.

No soy partidario de usar a los militares para arreglar problemas políticos o laborales, pero lo cierto es que el gobierno tenía poco margen de maniobra en este caso, porque estos trabajadores han hecho un uso abusivo de su poder para convertirse en chantajistas. Cualquier grupo de trabajadores que hiciera algo parecido en cualquier otro sector, estaría fulminantemente despedido. Mientras miles y miles de familias sobreviven precariamente a la crisis, contemplamos estupefactos la acción salvaje de personas que ganan más de 300.000 euros al año. Ya veremos como acaba este intento de controlar a los controladores.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

"PALABRAS LITERARIAS", DE RICARDO GUADALUPE. BRILLANTE PRESENTACIÓN EN EL ATENEO DE MÁLAGA.

Ayer tuve la suerte de ser invitado al acto de presentación del primer libro de mi amigo Ricardo. Y el escenario de su puesta de largo en Málaga no podía haber estado mejor escogido: el Ateneo.

Ricardo es un enfermo de la literatura. Durante un año fue colaborador del programa "El planeta de los libros", de Radio Círculo, cuyo concurso literario había ganado poco antes. Hasta hace pocos meses ha dirigido un taller literario en Benalmádena. Ahora, nuevas inquietudes le han llevado a establecerse en Valencia.

Las presentaciones literarias suelen tener un guión establecido, que más o menos conocemos los que asistimos de vez en cuando a ellas. Después de una presentación elogiosa por parte de otro escritor, el autor hilvana un discurso más o menos brillante acerca de su obra. En esta ocasión el guión se siguió al dedillo y, tras la introducción de dos de sus colegas, Ricardo comenzó a hablar con rigor y amenidad del contenido de su ensayo: nos recordó lo maravilloso que resulta el lenguaje, tanto el oral como el escrito y todas las herramientas que posee, para hermosearlo o darle más significado. Acrósticos, epigramas o prosopopeyas eran presentadas al público como auténticas realizaciones del ingenio humano. Pero no era Ricardo quien recitaba los ejemplos. Allí estaban las personas-libro del Proyecto Fahrenheit 451 que se levantaban de su asiento para recitar los poemas o fragmentos de Neruda, Borges, Lorca o García Márquez que ilustraban las palabras teóricas de Ricardo. Una presentación hermosa, didáctica y muy amena.

Comparto con ustedes algunas frases de la introducción de "Palabras literarias":

"Y es que para escribir hay que aceptar una soledad enorme. Las grandes obras surgen de ahí, son el resultado de un proceso de crecimiento largo y hondo y terminan brotando cuando el escritor es capaz de expresar su propia complejidad interior, cuando encuentra su propio camino en ese laberinto lleno de brumas misteriosas y belleza terrible , cuando entra en esa soledad única, de la que surgirá el milagro en el instante en que llegue el momento y para la que debe preparse." (Ángeles Lorenzo Vilme).

"Con las palabras damos forma a nuestros pensamientos, por lo que la claridad de la expresión debería ser el precepto dominante del lenguaje, cuyo cuidado es responsabilidad de quienes lo usamos y, de manera especial, de aquellos que lo emplean como herramienta de trabajo, tal vez porque son los que descubren y se deleitan con sus frutos secretos." (Francisco Muñoz Guerrero).

"A ese fin se han dedicado los escritores a lo largo de toda la historia de la literatura, a traducir el pensamiento en expresiones que fueran capaces de tocarnos, incluso de cambiar la química de nuestros cuerpos. Para ello crearon cada vez más recursos y técnicas del lenguaje con que construir estas frases, muchas de las cuales están en la memoria colectiva de todos nosotros y para siempre." (Ricardo Guadalupe).

Dejo aquí el enlace a su blog, un lugar donde constantemente se experimenta con las palabras:

http://tienesmipalabra.blogspot.com/

CLUBES DE LECTURA EN MÁLAGA EN DICIEMBRE: DESPEDIR OCIOSAMENTE EL AÑO.

El año se acaba, y como es tradicional en diciembre, la actividad cultural se ralentiza para dar paso a las fiestas. Hago el habitual repaso a los clubes de este mes, teniendo en cuenta que ni en la Fnac ni en la Casa del Libro van a celebrarse hasta enero.

En la Biblioteca Provincial estamos leyendo "Elogio de la ociosidad", de Bertrand Russell, una serie de interesantísimos ensayos del escritor británico que, a pesar de estar escritos hace ochenta años, están de plena actualidad.

En Cincoechegaray se va a leer un libro muy corto, pero de gran calidad, de un escritor portugués al que estuve visitando este verano: "El banquero anarquista", de Fernando Pessoa.

En Club de Lectura de la Biblioteca Cristóbal Cuevas, toda una dama de nuestras letras: "Caperucita en Manhattan", de Carmen Martín Gaite.

En el Centro Andaluz de las Letras, "Lo que me queda por vivir", de Elvira Lindo, con presencia de la autora, acto que se realizará en el Museo Picasso.

Respecto al cine forum, sigue adelante, pero todavía no he podido ajustar la fecha. Veremos y debatiremos acerca de "Lo que queda del día", de James Ivory.

Si van surgiendo novedades, como es costumbre, se irán colocando en la columna de la derecha. Felices lecturas navideñas a todos.