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jueves, 20 de marzo de 2025

OPOSICIÓN (2025), DE SARA MESA. RUIDO ADMINISTRATIVO.

Ser funcionario es el gran sueño de un gran número de trabajadores y de empleados en España. Y no solo le sucede a los más jóvenes. Mucha gente muy madura sigue opositando en busca de una plaza que le otorgue estabilidad y un trabajo menos estresante en sus últimos años de vida laboral. La protagonista de Oposición llega a una Consejería como interina para cubrir temporalmente un puesto vacante. Parece ser, por lo que se intuye en una de las conversaciones que mantiene con sus compañeros que ha llegado allí con cierta facilidad, recién terminada su carrera, porque alguien ha movido los hilos adecuados. Quizá este es un fenómeno que tristemente se sigue produciendo. Pero lo más sangrante es que Sara, que así se llama la protagonista, carece de funciones en sus primeros meses como empleada pública. Sus aburridos días transcurren a la espera de que se ponga en funcionamiento un nuevo sistema de reclamaciones a la Consejería que ella deberá gestionar. Pero, mientras tanto, puede dedicar su tiempo a reflexionar acerca del lugar donde ha ido a parar y sobre las motivaciones de sus compañeros. Pero tampoco la carga de trabajo de Sara se incrementa demasiado cuando por fin se pone en marcha la aplicación. Apenas llegan reclamaciones de ciudadanos por esa vía, pese al dinero gastado en una campaña de promoción y a ella se le ocurre, de puro aburrimiento, empezar a inventarse reclamaciones, que envía desde su propio ordenador, a cual más grotesca. 

Oposición describe muy bien el ambiente funcionarial, tal y como se lo puede imaginar alguien que se encuentra fuera del mismo. Los fichajes en nombre del compañero, los largos desayunos, las escapadas para fumar en la prohibida terraza del último piso y las intrigas entre funcionarios por los más variados asuntos, que suele ser el tema de conversación estrella entre ellos. A nadie se le ocurriría renunciar a su cómoda situación y aunque se describe a gente muy trabajadora e implicada en mejorar la existencia de los ciudadanos, también abundan los expertos en el arte del escaqueo y los que directamente no parecen contar con función alguna, como el jefe de negociado que llega todas las mañanas y se encierra en su despacho misteriosamente sin relacionarse con nadie. La novela cuenta con un tono kafkiano muy apropiado a los ambientes que se están describiendo y la protagonista critica íntimamente los complejos procedimientos administrativos que podrían resolverse por vías más sencillas.

Lo único malo de Oposición es que se trata de una novela cuyo asunto principal se estira demasiado, aunque su último tercio resulta interesante por la intriga de saber cuál va a ser el destino de la protagonista. Una protagonista a la que todos los que la rodean no paran de repetir que tiene mucha suerte de haber ido a parar a esas oficinas, que debe consolidar su futuro aprobando una oposición para poder llevar esa vida sosegada - y aburrida, piensa ella - hasta su jubilación, evitando la crueldad del mundo laboral de fuera. Lo que sucede es que Sara no es una persona que no sabe integrarse (salvo la amistad que consigue con una compañera informática) y tampoco le entusiasma la idea de pasar el resto de sus días con esa rutina, por lo que, sin tener mucha conciencia de ello, se dedica a autosabotearse. Es de agradecer que aparezca una novela que describe el mundo laboral desde el punto de vista de los afortunados, de quienes poco tienen que temer a despidos, impagos u horas extras no retribuidas.

jueves, 6 de mayo de 2021

UN AMOR (2020), DE SARA MESA. DESOLACIÓN E INCOMUNICACIÓN.

Nat, la protagonista de Un amor, es una de esas mujeres de mediana edad que pertenecen de pleno derecho a eso que se ha dado en llamar precariado. Aunque hasta hace poco tenía un buen empleo, lo perdió por haber cometido un pequeño hurto. Ni ella misma comprende porque llevó a cabo esa acción sin sentido, pero lo cierto es que le ha llevado a buscar el alquiler más barato que pudiera encontrar e instalarse en una remota pedanía rural, un lugar desolado de casas dispersas. Allí va a intentar concentrarse en su nueva ocupación como traductora, mientras intenta   adaptarse a la vida en un lugar que se presenta un tanto hostil para quien está acostumbrada a la gran ciudad. Además, Nat es una mujer sola y eso llama la atención en un sitio como aquel.

Para empezar, su casero es un ser mezquino que se niega a arreglar los abundantes desperfectos de la casa y, cuando se decide a hacerlo, es capaz de entrar en la misma sin permiso de la moradora, como subrayando su superioridad como propietario y como hombre. El resto de los vecinos de La Escapa están más o menos adaptados a esta forma de vida semi solitaria en la que el tiempo pasa lento y aburrido. Nat no tiene mucho interés en relacionarse con nadie, pero al final acabará entablando una relación sentimental que comienza de una manera moralmente ambigua y termina a raíz de un ataque de celos de la protagonista, que acaba comportándose de una manera totalmente tóxica, quizá influida por el ambiente malsano - al menos lo es para ella - en el que se ha obligado a habitar. 

En todo momento Nat se siente como un personaje fuera de lugar, incapaz de adaptarse de manera plena a un medio que le es hostil de muchas maneras distintas. Hasta educar al perro que le lleva el casero y conseguir que el animal le tenga un poco de afecto va a convertirse en una tarea hercúlea. La casa, que es casi otro personaje de la novela, tampoco se va a mostrar compasiva con la protagonista y no le va a permitir vivir con un mínimo de tranquilidad: los insectos, las humedades, las goteras y electrodomésticos que no funcionan bien se conjuran para que su bienestar dependa de la voluntad de su brutal casero, del que acaba temiendo que se atreva a agredirla sexualmente. Al final su impotencia deriva en pasividad. Sabe que en el fondo está sola y que no posee muchos medios económicos, por lo que no cuenta con la fuerza de voluntad necesaria para exigir sus derechos. Esto denota en el fondo una pobre autoestima por parte del personaje.

Un amor puede dar en principio da la impresión de novela costumbrista, pero pronto deriva en una narración de carácter psicológico. Nat, que parece no tener familia ni pasado, más allá del episodio laboral que conocemos, está sola en un lugar cuyas reglas no comprende, cuya realidad se convierte a veces en poco menos que pesadillesca. El título puede llevar a equívoco: la obra de Sara Mesa es todo lo contrario a una novela romántica. Se trata de una narración excelentemente escrita cuya cualidad más destacada es la ambigüedad moral que impregna todo el relato. Se trata de una historia de exilio exterior e interior que es capaz de mantener en todo momento el interés del lector. Yo la he leído de una sola sentada.