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martes, 10 de marzo de 2026

AL FINAL DE LA ESCAPADA (1960), DE JEAN-LUC GODARD.

La nueva película de Richard Linklater ha vuelto a poner de actualidad a la que es considerada como la impulsora de la nouvelle vague francesa, un movimiento que quería ir más allá del cine clásico rompiendo sus reglas. Lo mejor de Al final de la escapada es que se trata de un experimento que sale bien, tan bien que se ha convertido en una obra mítica y la imagen de Jean Seberg vendiendo periódicos junto a Jean Paul Belmondo en una de las más icónicas de la historia del cine. El espectador debe entrar en el juego para disfrutar plenamente de la obra, debe comprender que se trata de una película con rodaje realizado al natural, improvisando, en el que hay numerosas personas que miran directamente a la cámara y no hay planificación de planos y secuencias. El guión sigue las andanzas de Michel, un criminal de poca monta que regresa a París buscando refugio después de haber cometido un asesinato. Michel cuenta con un buen puñado de mujeres dispuestas a prestarle dinero, pero su interés principal se centra en Patricia, una joven americana de no muchas luces, pero con la que existe una química indudable. Al final de la escapada se debate entre lo cómico y lo trágico. No hay duda de que es puro cine, aunque sea por el retrato naturalista y auténtico que ofrece de las calles de un París muy diferente al de hoy día, el de finales de los cincuenta, un París repleto de vida que es el escenario ideal para rodar esta historia de amor loco protagonizada por unos personajes sin propósito, que solo quieren vivir un poco más sin saber lo que va a pasar mañana. Un rodaje caótico, que podría haber dado como resultado un auténtico desastre, dio lugar a una obra que puede gustar más o menos, pero que ha influido en el cine posterior como pocas lo han conseguido.

P: 8

sábado, 11 de diciembre de 2021

EL DESPRECIO (1954), DE ALBERTO MORAVIA Y DE JEAN-LUC GODARD (1963). EL DESAMOR CONYUGAL.

Esta es la historia de una ruptura sentimental, contada en primera persona por un hombre que se siente traicionado y desconcertado por la nueva actitud de su pareja hacia él. La narración se encuentra con frecuencia salpicada por reflexiones del protagonista acerca de la angustia que siente ante esta nueva e inédita situación: en los dos primeros años de su relación todo ha sido perfecto o al menos así lo cree él. Riccardo se está abriendo camino como guionista de cine. Su verdadera ambición es escribir obras de teatro, pero se dice a sí mismo que acepta los encargos cinematográficos para pagar las letras del piso y tener contenta a su mujer, por lo que no entiende que dicho sacrificio no se vea recompensado con una devoción permanente por parte de ésta. El mecanismo que activa el sentimiento de desprecio de Emilia es complejo, pero tiene que ver con la subordinación de Riccardo a los deseos de su jefe, que se muestra en todo momento como un macho alfa, que incluye la pequeña humillación de permitir que ella viaje en el coche lujoso de él mientras Riccardo los sigue en un taxi. Un pasaje tan anecdótico es el que va a desatar esta nueva apreciación del protagonista como un ser lleno de defectos, acomplejado e indigno de ser amado.

Entonces el papel preponderante de Riccardo, que se siente intelectualmente superior a su mujer y entiende que su responsabilidad es sostener la economía común se va a ver cuestionado, a la vez que su autoestima se va haciendo añicos en un mar de inseguridades. El desprecio es también una novela sobre el mundo del cine y precisamente otra de las dudas que va a tener que despejar el protagonista es la de si quiere o no quiere aceptar el encargo de escribir el guion de una adaptación de La Odisea que va a dirigir un sesudo director alemán con el que pronto va a chocar, frente a un productor que lo único que desea es lanzar al mercado un producto comercial. Este es un material perfecto para Godard, que puede filmar a su gusto las interioridades del mundo del cine y darse el lujo de contratar nada menos que a Fritz Lang para que se interprete a sí mismo, una de las grandes curiosidades de esta película. Al director francés le encanta rodar a Brigitte Bardot, recrearse con su cuerpo, hasta el punto de que a veces Michel Piccoli parece un secundario. Las razones del conflicto las expuso el mismo Godard, asegurando que ella es una mujer "opuesta a su marido, que siempre actúa como resultado de una serie de complicados razonamientos, ella no actúa psicológicamente, lo hace por instinto, una especie de instinto vital, como el una planta que necesita agua para seguir viviendo. El drama vital entre ambos surge del hecho que ella existe en un estado puramente vegetal, mientras que él vive en un estado animal."

Por último, es muy interesante resaltar un párrafo de Moravia en el que el productor desprecia el cine neorrealista italiano:

"Cuando digo que el cine neorrealista no es sano, quiero decir que no es un cine que estimule a vivir, que aumente la confianza en la vida... El cine neorrealista es deprimente, pesimista, gris..., aparte el hecho de que presenta a Italia como un país de harapientos, con gran alegría de los extranjeros, muy interesados en pensar, precisamente, que nuestro país es una tierra de harapientos; aparte este hecho, ya de por sí muy importante, insiste demasiado sobre los lados negativos de la vida, sobre todo lo que hay de feo, de sucio, de anormal en la existencia humana... En suma, es un cine pesimista, insano, un cine que recuerda a la gente sus dificultades, en vez de ayudarle a superarlas."

lunes, 3 de junio de 2013

BANDA APARTE (1964), DE JEAN-LUC GODARD. RELACIONES EXTRAÑAS.


Según comentaba Godard, con esta película intentó homenajear al cine negro americano, aunque lo hizo de una manera muy personal, a la manera de la nouvelle vague, una forma de hacer cine que, a mi entender, ha envejecido muy mal, como todo lo que pretende ser moderno e innovador hasta la médula.

Los protagonistas, dos chicos y una chica, se conocen en una academia en la que asisten a clases de inglés. Sus relaciones son extrañas, ambos compiten por el amor de la muchacha y ella se decanta por el más tosco y autoritario de los dos (aunque el otro tampoco parece una joya) al que ofrece su amor incondicional a pesar de ser tratada con desprecio por éste, incluso usando la violencia física. Es una chica con tan pocas luces que les ofrece robar en la casa donde vive, aunque tampoco está muy segura de por qué lo hace y se arrepiente varias veces... No me queda claro si el personaje tiene algún desorden mental o simplemente se la quiere retratar como extremadamente ingenua.

Hay que ver este film más como un ejercicio de estilo que como una historia coherente, ya que si intentamos establecer una lógica en las acciones de los protagonistas, acabaremos rindiéndonos. Además, no se trata de personajes con los que el espectador pueda identificarse, sino más bien lo contrario: resultan irritantes en su nihilismo borde y sus diálogos absurdos disfrazados de ingenuidad. No tiene nada que ver Banda aparte con el cine negro americano: en éste existen análisis y crítica social, personajes complejos, drama... Nada de esto se da en la película de Godard, que más bien parece una parodia del género.

A pesar de todo, la película también es capaz de regalar buenos momentos, que han sido homenajeados en películas más recientes: el baile en el bar, las carreras en el Louvre... Pero, como conjunto, Banda aparte, resulta un ejercicio mediocre y algo pedante de un director al que le interesa mucho más romper con el estilo cinematográfico establecido que contar una buena historia a través de unos personajes creíbles. No todo lo moderno es magnífico por el hecho de serlo.