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martes, 10 de marzo de 2026
AL FINAL DE LA ESCAPADA (1960), DE JEAN-LUC GODARD.
sábado, 11 de diciembre de 2021
EL DESPRECIO (1954), DE ALBERTO MORAVIA Y DE JEAN-LUC GODARD (1963). EL DESAMOR CONYUGAL.
Entonces el papel preponderante de Riccardo, que se siente intelectualmente superior a su mujer y entiende que su responsabilidad es sostener la economía común se va a ver cuestionado, a la vez que su autoestima se va haciendo añicos en un mar de inseguridades. El desprecio es también una novela sobre el mundo del cine y precisamente otra de las dudas que va a tener que despejar el protagonista es la de si quiere o no quiere aceptar el encargo de escribir el guion de una adaptación de La Odisea que va a dirigir un sesudo director alemán con el que pronto va a chocar, frente a un productor que lo único que desea es lanzar al mercado un producto comercial. Este es un material perfecto para Godard, que puede filmar a su gusto las interioridades del mundo del cine y darse el lujo de contratar nada menos que a Fritz Lang para que se interprete a sí mismo, una de las grandes curiosidades de esta película. Al director francés le encanta rodar a Brigitte Bardot, recrearse con su cuerpo, hasta el punto de que a veces Michel Piccoli parece un secundario. Las razones del conflicto las expuso el mismo Godard, asegurando que ella es una mujer "opuesta a su marido, que siempre actúa como resultado de una serie de complicados razonamientos, ella no actúa psicológicamente, lo hace por instinto, una especie de instinto vital, como el una planta que necesita agua para seguir viviendo. El drama vital entre ambos surge del hecho que ella existe en un estado puramente vegetal, mientras que él vive en un estado animal."
Por último, es muy interesante resaltar un párrafo de Moravia en el que el productor desprecia el cine neorrealista italiano:
"Cuando digo que el cine neorrealista no es sano, quiero decir que no es un cine que estimule a vivir, que aumente la confianza en la vida... El cine neorrealista es deprimente, pesimista, gris..., aparte el hecho de que presenta a Italia como un país de harapientos, con gran alegría de los extranjeros, muy interesados en pensar, precisamente, que nuestro país es una tierra de harapientos; aparte este hecho, ya de por sí muy importante, insiste demasiado sobre los lados negativos de la vida, sobre todo lo que hay de feo, de sucio, de anormal en la existencia humana... En suma, es un cine pesimista, insano, un cine que recuerda a la gente sus dificultades, en vez de ayudarle a superarlas."
lunes, 3 de junio de 2013
BANDA APARTE (1964), DE JEAN-LUC GODARD. RELACIONES EXTRAÑAS.
Según comentaba Godard, con esta película intentó homenajear al cine negro americano, aunque lo hizo de una manera muy personal, a la manera de la nouvelle vague, una forma de hacer cine que, a mi entender, ha envejecido muy mal, como todo lo que pretende ser moderno e innovador hasta la médula.
Los protagonistas, dos chicos y una chica, se conocen en una academia en la que asisten a clases de inglés. Sus relaciones son extrañas, ambos compiten por el amor de la muchacha y ella se decanta por el más tosco y autoritario de los dos (aunque el otro tampoco parece una joya) al que ofrece su amor incondicional a pesar de ser tratada con desprecio por éste, incluso usando la violencia física. Es una chica con tan pocas luces que les ofrece robar en la casa donde vive, aunque tampoco está muy segura de por qué lo hace y se arrepiente varias veces... No me queda claro si el personaje tiene algún desorden mental o simplemente se la quiere retratar como extremadamente ingenua.
Hay que ver este film más como un ejercicio de estilo que como una historia coherente, ya que si intentamos establecer una lógica en las acciones de los protagonistas, acabaremos rindiéndonos. Además, no se trata de personajes con los que el espectador pueda identificarse, sino más bien lo contrario: resultan irritantes en su nihilismo borde y sus diálogos absurdos disfrazados de ingenuidad. No tiene nada que ver Banda aparte con el cine negro americano: en éste existen análisis y crítica social, personajes complejos, drama... Nada de esto se da en la película de Godard, que más bien parece una parodia del género.
A pesar de todo, la película también es capaz de regalar buenos momentos, que han sido homenajeados en películas más recientes: el baile en el bar, las carreras en el Louvre... Pero, como conjunto, Banda aparte, resulta un ejercicio mediocre y algo pedante de un director al que le interesa mucho más romper con el estilo cinematográfico establecido que contar una buena historia a través de unos personajes creíbles. No todo lo moderno es magnífico por el hecho de serlo.

