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martes, 21 de febrero de 2023

LOS PAPELES DE ASPERN (1888), DE HENRY JAMES Y DE JULIEN LANDAIS (2018). SACRIFICIO Y CULTURA.

Los papeles de Aspern está narrada en primera persona por un crítico literario que viaja a Venecia con la esperanza de apoderarse de unas cartas que el poeta Jeffrey Aspern escribió a su amante y que permitirían aclarar muchos puntos oscuros de su biografía. El protagonista sabe que la antigua amante, una mujer ya muy anciana, se niega a que nadie pueda leer los documentos, así que consigue quedarse unos meses como huésped en el decadente palacio que ella habita junto a su sobrina con la esperanza de que al menos los papeles no sean destruídos. La seducción de la sobrina será otra de sus estrategias, pero transcurren varios meses sin que su campaña consiga avance alguna, más allá de las vagas promesas de ayuda de la sobrina. Dicha mujer es un personaje muy interesante, pues ha pasado los mejores años de su vida alejada del mundo, consagrada a los cuidados de su tía, de quien al menos espera heredar una cantidad de dinero que le permita mantenerse. La llegada del protagonista al palacio es como un rayo de luz que le da esperanzas de mejorar su situación, pero su absoluta inocencia y falta de picardía en las relaciones sociales le impiden mostrar abiertamente lo enamorada que está.

Los papeles de Aspern representan para el protagonista la escurridiza culminación de su vida intelectual, un tesoro de valor incalculable que se encuentra a pocos metros de donde duerme todas las noches, pero respecto a los cuales debe armarse de paciencia para tener esperanza de conseguirlos. Como lector no puedo sino sentirme identicado con los anhelos del personaje, que es una especie de explorador en busca de un tesoro que promete riquezas inconmensurables, ya que la cultura tiene valor por sí misma. Llega al punto de declarar que para él Aspern es una especie de Dios y que cualquier texto suyo alberga la categoría de lo divino, por lo que está dispuesto a cualquier sacrificio con tal de obtenerlos. Cualquier sacrificio menos el que le es ofrecido a la muerte de la señora Bordereau. 

Adaptar la maravillosa novela de James al medio cinematográfico es posible: Venecia, los palacios, la intriga de los papeles, la relación del protagonista con la sobrina... Todo ello puede tener una buena plasmación en imágenes y la película de Landais, sin ser precisamente una obra maestra, lo consigue con bastante solvencia, ahondando también fantasiosamente en el pasado del poeta Aspern. La película está rodada en los escenarios adecuados y posee la marca de las películas de época del estilo James Ivory. Se contempla con bastante interés, sobre todo cuando una acaba de terminar la novela.

P: 6

domingo, 15 de septiembre de 2013

VUELTA DE TUERCA (1898), DE HENRY JAMES. LOS FANTASMAS NEBULOSOS.

El comienzo de la nueva temporada de clubes de lectura no ha podido ser más positivo: una asistencia numerosa a la biblioteca Cristóbal Cuevas, nuevos amigos que se incorporan a las sesiones y un debate muy interesante, en consonancia con la ambigüedad de la obra de Henry James, una historia de fantasmas que se puede calificar como novela psicológica. Aquí el artículo:

http://asociacioncristobalcuevas.blogspot.com.es/2013/09/otra-vuelta-de-tuerca-de-henry-james.html

lunes, 25 de marzo de 2013

WASHINGTON SQUARE (1881), DE HENRY JAMES. UNA MUJER SIN AMOR.


El viernes pasado acudí por primera vez al magnífico club de lectura de la librería Luces. Como era de esperar, encontré allí a muchos conocidos y pasamos una tarde muy interesante intercambiando puntos de vista acerca del clásico de Henry James. Casi todos conocíamos también la adaptación de William Wyler, por lo que estuvo presente casi todo el tiempo.

Podríamos calificar Washington Square como un drama psicológico, protagonizado por una mujer débil de carácter y de una bondad extrema. Catherine es uno de esos seres que pasarían totalmente inadvertidos por la existencia si no fuera por la familia a la que pertenece. De su padre, viudo, recibirá una cuantiosa herencia, lo que llama la atención de Morris Townsend, un hermoso joven que conoce perfectamente las artes de la seducción amorosa y que nunca va a encontrar una víctima tan propicia a sus habilidades como la protagonista. El padre de Catherine, el doctor Sloper, es un hombre marcado por la temprana muerte de su esposa, una mujer idealizada en su pensamiento. Su hija es una decepción: una joven sin carácter que cae irremisiblemente en las redes de un seductor sin escrúpulos, cuyas intenciones lucrativas son para él transparentes desde el primer instante. Para proteger a su hija de las garras de Townsend el doctor no dudará en ser cruel, hasta el punto de agredir psicológicamente a la joven enamorada. Para el lector, la actuación brutal del doctor Sloper acaba siendo contraproducente: produce muchos más perjuicios en su hija que dejarla contraer matrimonio con quien estima que es un sinvergüenza.

Washington Square es uno de esos raros ejemplos en los que la versión cinematográfica (al menos la de William Wyler) resulta superior al original literario. La interpretación de Olivia de Havilland dota de muchos matices a un personaje que en la novela es un poco plano: la actriz hace evolucionar a Catherine desde su candidez inicial a la amargura del final, donde ha perdido el amor devoto que hasta aquel momento sentía por su padre, reivindicando su derecho a equivocarse y a comprar con su dinero el amor de cualquier galán del que pueda encapricharse. Al final Catherine es una mujer con el corazón roto que no ha podido superar la aplicación por parte de su padre de una estricta ética derivada de la clase social a la que pertenece, cuya razón de ser termina siendo de una estricta crueldad con tal de que su hija abra los ojos y sea capaz de contemplar al desnudo el alma contaminada (no en vano Morris ha dilapidado en la depravada Europa su pequeña fortuna) del hombre al que ama. Es curioso que la labor de encajes que realiza recuerde mucho a la expresión española que se aplica cruelmente a ciertas mujeres solteras: que quedan para vestir santos.