El autor de este artículo se levanta temprano una
mañana de sábado. Enciende el ordenador e, inadvertidamente, entra en
Facebook. En el chat le sorprende encontrarse a
,
el famoso periodista, al que había añadido como amigo unas semanas
atrás. Le saluda y, para su sorpresa, el aludido responde, le dice que
se encuentra en Kabul y se entabla una breve conversación. Este es el
mundo de
, un mundo en el que tan insólito diálogo es posible, un mundo repleto de contradicciones.
Facebook
es un fenómeno social que en muy pocos años ha cautivado nada menos que
a 500 millones de personas, lo que supone más o menos el ocho por
ciento de la población mundial. Hoy día parece que quién no está en
Facebook no existe para el resto del mundo, a pesar de las polémicas
sobre privacidad que dicha empresa ha despertado. Facebook es un
instrumento y, como cualquier otra herramienta, puede ser muy útil si se
usa sabiamente. Puede servir para entablar amistades provechosas o
rescatar alguna ya olvidada, para dar a conocer un blog, una empresa o
publicitar un evento.
A veces llegan noticias acerca de gente que
es despedida de su trabajo por colgar fotos de una fiesta celebrada
mientras presuntamente se hallaba de baja por depresión o de divorcios
que llegan por el mismo motivo. Los imprudentes pueden serlo en
cualquier ámbito de la vida. Lo mismo sucede con los candidatos a un
determinado puesto de trabajo. Unas fotografías comprometedoras pueden
decir más acerca de una persona que un elaborado currículum. Como bien
se advierte en la película de David Fincher en uno de sus magníficos
diálogos:
"Internet no está escrito con lápiz. Está escrito con tinta". Un aviso para navegantes, para que reflexionen antes de mostrar algo a un público potencial de millones de personas.
Hay que poner algo en claro antes de hablar sobre ella:
"La red social"
no es estrictamente una película sobre Facebook, sino sobre su creador.
En realidad, el instinto primario que hace que el público vaya a verla
no tiene mucho que ver con el nombre de su director, ni los elogios de
los críticos de cine, sino más bien con el morbo de conocer la historia
de, Mark Zuckerberg creador de la red social que visita puntualmente
todos los días. Si se hubiese estrenado una película con similar
argumento, pero dedicada a la vida del dueño de una empresa desconocida,
el éxito no hubiera sido tal. Este mismo morbo, el deseo de conocer la
vida de los demás con más detalle, fue una de las bases que cimentaron
el nacimiento de Facebook.
Mark Zuckerberg
nos es presentado como un ser tan contradictorio como su propia
creación: se trata de un estudiante de Harvard, tan brillante en los
estudios como negado para las relaciones sociales. Su carta de
presentación la podrá contemplar el espectador en los primeros minutos
de la cinta, a través de una conversación con su novia, en la que es
capaz de hilvanar varias temáticas distintas en la misma frase,
provocando el desconcierto de la chica, que termina rompiendo con él,
por considerarle un insoportable gilipollas.
Varias dudas van a
atenazar al espectador durante todo el metraje: ¿es Mark Zuckerberg un
gilipollas o un genio? ¿Actúa éticamente con sus compañeros o se
aprovecha de su confianza? En realidad, la verdadera personalidad de
Mark es una auténtica incógnita. Él quiere dar la imagen de que está de
vuelta de todo, incluso del dinero, de que trabaja por puro amor al
arte, para facilitar la vida de las personas a través de su creación.
Pero en realidad se nos hace ver que es un resentido, alguien que no es
capaz de resolver las presuntas afrentas que cree recibir de su círculo a
través del diálogo cara a cara, sino que las gestiona con absoluta
frialdad y las arroja a la cara cuando el otro menos lo espera, siendo
capaz de traicionar hasta al más íntimo de sus amigos, sin cuyo dinero
hubiera sido imposible arrancar la empresa.
Muchos criticos han comparado esta obra de David Fincher con
"Ciudadano Kane",
de Orson Welles. En cuanto a calidad, sería exagerado hacerlo, aunque
sí que se puede hablar de algunos puntos en común: ambas cuentan la
historia de un joven ambicioso y emprendedor que va dejando su alma en
la ruta que le lleva a su sueño: la construcción de un imperio
económico, en un caso basado en la prensa amarilla y en el otro en las
relaciones personales virtuales. Es curioso que ambos personajes hayan
arrastrado polémica acerca de la compatibilidad de sus respectivos
negocios con el derecho a la privacidad de las personas, debate que se
mantiene hoy acaloradamente en ambos casos.
De todas maneras, en
el retrato de Zuckerberg se puede apreciar que el ambiguo carácter del
personaje no cambia al avanzar el relato, pues desde el principio es
presentado como una especie de manipulador, que abusa de la confianza de
quienes le rodean y los utiliza a su antojo hasta que ya no le sirven.
Al final, al creador de Facebook también le atormenta su Rosebound
particular, el recuerdo de su antigua novia, a la que envía una patética
solicitud de amistad de la única manera que sabe hacerlo, a través de
su propio invento.
¿Constituye
"La red social" un retrato fiel del verdadero Mark Zuckerberg? La
respuesta del personaje real es una contundente negativa. Según sus
declaraciones, David Fincher solo ha acertado al reflejar su vestimenta.
Lo cierto es que la demanda que le interpusieron sus primeros
colaboradores e impulsores de la idea sí que fue real, episodio que se
refleja ampliamente en el film, donde los antiguos amigos libran una
lucha sin cuartel por los derechos del lucrativo negocio.
"La
red social" puede visionarse como una gran metáfora de nuestro tiempo,
lo que constituye el gran acierto de Fincher. Un tiempo en el que los
"Amos del Universo" de los ochenta, tan acertadamente retratados por Tom
Wolfe en "La hoguera de las vanidades" tienen que hacer sitio a estos
nuevos ricos, jóvenes triunfadores que no usan corbata, que con su
creatividad han sabido explotar las infinitas posibilidades de internet,
ese invento que en su origen solo iba a ser usado por militares, al
igual que Facebook estaba destinado en principio únicamente para los
estudiantes de la Universidad de Harvard, y que tanto ha cambiado las
vidas de la gente en tan poco tiempo.