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lunes, 11 de agosto de 2025

SESENTA MILLONES DE ROMANOS (2009), DE JERRY TONER. LA CULTURA DEL PUEBLO EN LA ANTIGUA ROMA.

La historia la escriben no solo los vencedores, sino también las clases sociales más pudientes. Visitar hoy el Foro romano, esa maravilla que atestigua la grandeza de esta civilización puede parecer un poco engañoso, ya que la gran mayoría de la población de esta gran urbe vivía en condiciones de precariedad, cuando no de extrema pobreza. Sesenta millones de romanos se adentra en las duras condiciones de vida de esa mayoría que apenas podía disfrutar de las ventajas de habitar en el seno de un Imperio victorioso, poseedor de gran parte del mundo conocido. Si conocemos más o menos bien la historia política y militar de Roma gracias a numerosos escritos, estudiar las condiciones de vida de la gente común se convierte en un ejercicio mucho más complicado. Pero hay muchos indicios - también de fuente escrita - que permiten hacernos una idea de que el esplendor imperial era un privilegio reservado solo a unos pocos:

"Este es un libro acerca de la cultura del pueblo en el mundo romano. La mejor forma de definir la cultura del pueblo es, probablemente, de manera negativa: la cultura de la no élite. La no élite (a la que también me referiré como «la gente» o «el pueblo») comprende toda una multitud de grupos sociales diferentes: campesinos, artesanos, peones, curanderos, adivinadores, cuentacuentos y artistas del espectáculo, tenderos y comerciantes; pero también incluye a sus mujeres e hijos y a los desposeídos de la sociedad romana: los esclavos y aquellos que se habían visto reducidos a la indigencia y la mendicidad. La cultura que estos grupos compartían era en gran medida la cultura no oficial y subordinada de la sociedad romana."

Los pobres de Roma vivían hacinados y cada día era una lucha por la supervivencia, por repartirse los escasos recursos existentes. La gente tenía que arreglárselas para pedir créditos, para consultar a curanderos o adivinos cuando padecían una enfermedad o un problema grave y velar por la seguridad de su familia en una sociedad en la que no existía policía ni apenas servicios públicos. Problemas que siguen existiendo en nuestro mundo moderno, como la salud mental, eran de muy difícil resolución en aquellos tiempos remotos y los males podían atribuirse a demonios o a maldiciones de los dioses, con lo que la solución a los mismos podían ser tan caros como ineficaces. La mayoría de la población debía vivir bajo niveles muy altos de ansiedad, ya que a la muerte era algo muy presente, sobre todo a edades muy tempranas. Que fuera un fenómeno frecuente, no quiere decir que afectara menos que ahora a los seres queridos del fallecido. También eran frecuentes los abusos sexuales, respecto de los cuales, la víctima normalmente no obtenía ningún apoyo de su entorno.

Entre toda esta miseria también existían válvulas de escape: el reparto de grano que se generalizó con algunos emperadores, la diversión que ofrecían los juegos públicos y celebraciones como las Saturnales, una especie de Carnaval del mundo antiguo en el que por unos días los pobres y los esclavos podían olvidar su condición puesto que "eran más que una simple vacación; eran un mundo alternativo sancionado por las autoridades. Todo lo que era culturalmente dominante quedaba derrocado, lo que significa que el comportamiento de la gente se tornaba blasfemo, ordinario, sucio y ebrio. Se establecía un nuevo orden mundial en oposición directa a la seriedad de la alta cultura. Para expresar esta transformación, se usaban tres métodos: en primer lugar, los espectáculos, cabalgatas y números cómicos del mercado; luego, las parodias y chistes que desacreditaban la cultura oficial; y, finalmente, los tacos." Sesenta millones de romanos no es un libro de historia al uso, es más bien una visión antropologica, escrita con un lenguaje claro y sencillo, de lo que significaba ser un ciudadano poco privilegiado del Imperio.

viernes, 23 de agosto de 2024

EL DÍA QUE EL EMPERADOR MATÓ UN RINOCERONTE (2015), DE JERRY TONER. PARA ENTENDER EL CIRCO ROMANO.

Uno de los aspectos más llamativos del Imperio Romano es la organización de sus juegos en anfiteatros y circos situados por toda la geografía del Mediterráneo, aunque los principales se daban en Roma, patrocinados en muchas ocasiones por el mismo emperador. Toner comienza su libro con el caso de Cómodo, el emperador con alma de gladiador que participó activamente en los juegos ofreciendo espectáculos de caza de animales (rinoceronte incluido) y luchando personalmente como gladiador, aunque en circunstancias muy diferentes a las retratadas en la película de Ridley Scott. Los juegos eran un espectáculo tan siniestro como fascinante. Requerían una organización muy estricta, empezando por la caza de los numerosos animales que formaban parte del espectáculo y por la formación de los cientos de gladiadores que poblaban las distintas escuelas existentes en Roma. 

Para el ciudadano occidental contemporáneo los juegos representan una verdadera barbarie sádica que reflejaban la fascinación del ciudadano romano por la sangre y la muerte, aunque tampoco hay que olvidar la inmensa popularidad de las carreras de cuadrigas, cuyo recinto en Roma podía albergar a un cuarto de la población. Pero para los romanos eran un elemento fundamental de su vida cotidiana y los consideraban un factor de civilización, ya que se trataba de violencia organizada a la mayor gloria de las tradiciones militares y conquistadoras de los dueños del mundo conocido en aquel entonces. Además, la masa de población ociosa que vivía en Roma y en otras ciudades exigía entretenimiento (el famoso pan y circo) para dar sabor a su existencia:

"Pero una de las razones de la popularidad de los juegos era el alto valor que los romanos concedían al ocio. En latín, la palabra otium era la primera en el orden conceptual frente a su opuesto, el trabajo, que se denominaba como «no ocio», o lo que es lo mismo, negotium. Cierto autor afirmaba en una carta que al pueblo romano le preocupaban por encima de todo dos cosas, el abastecimiento de trigo y los juegos, pero de lo que más se preocupaba era de la segunda. Esto a nosotros podría parecernos contrario al sentido común. Pensaríamos que la gente se preocupa más de la comida que del entretenimiento. El autor, Frontón, era un miembro de las clases altas y acomodadas y podría haberlo malinterpretado. Pero lo cierto es que la mayoría de los emperadores parecen haber creído que el circo era, cuando menos, tan importante como el pan, y gastaron generosas sumas en ambas cosas. Tener dinero para disfrutar de caros entretenimientos era lo que caracterizaba a los ricos. A los romanos de a pie les gustaba participar de esa forma de vida ociosa, y los juegos eran el medio para permitírselo."

El libro de Jerry Toner supone un intento de interpretación de los juegos que va más allá de la tradicional calificación de los mismos como violencia bárbara y gratuita. Se trata de una lectura muy placentera, repleta de anécdotas y de acontecimientos históricos que nos acerca con minuciosidad a un espectáculo que conocemos sobre todo por las numerosas representaciones que ha realizado Hollywood del mismo. Aquí se retratan tanto a los protagonistas del espectáculo - gladiadores, condenados y fieras - como a quienes se encontraban detrás de los mismos, los empresarios que los organizaban y, como no podía ser de otra manera, al público que asistía entusiasmado al anfiteatro o al circo. Una historia fascinante y que ofrece aspectos inéditos que resultan muy interesantes para el lector.