Nos encontramos en un mundo distópico en el que el ser humano ha perdido la capacidad de soñar. Solo existe un llamado delirante que sigue inmerso en el mundo de los sueños y es perturbado por una mujer que tiene la capacidad de introducirse en los mismos. El espectador conoce esta premisa porque se la describen en rótulos al principio de la película, pero esto no tiene demasiada importancia, ya que Resurrection es una mastodóntica producción de casi tres horas dedicada casi en exclusiva a que el director se recree en sus preciosistas imágenes, las cuales evocan leventemente diferentes momentos de la historia del cine. El mismo Bi Gan ha declarado que su película el espectador no tiene por qué encontrar un hilo argumental, lo cual hace que enfrentarse a ella sea un ejercicio muy duro para que los que entienden que el buen cine tiene que ser un entretenimiento de calidad y no meramente una exhibición de las excelentes capacidades técnicas de un realizador. En resumen, Resurrection es una producción que puede fascinar en sus primeros instantes pero que va pesando como una losa para el espectador mientras transcurren sus lentos minutos y en pantalla no sucede nada medianamente comprensible.
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