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sábado, 14 de septiembre de 2024

LA CASA EN LA SOMBRA (1951), DE NICHOLAS RAY.

El protagonista de La casa en la sombra es una especie de predecesor de Harry el sucio. Se trata de un policía con métodos muy particulares y violentos, pero que son efectivos a la hora de resolver los casos que se le asignan. Sus compañeros lo aprecian, pero ven en él a un ser atormentado, excesivamente afectado por la basura humana con la que debe tratar día tras día. La primera parte de la película trascurre en un ambiente urbano con un estilo del más puro cine negro y el espectador puede contemplar como la ira y la frustración de Jim Wilson va creciendo: él es un ser que parece vivir solo para su trabajo y al que no le importa agredir a los sospechosos en busca de información. En la segunda mitad al protagonista le asignan una misión en el medio rural, quizá para que se despeje un poco de sus traumas urbanos. Se trata del asesinato de una niña por un perturbado. Allí conocerá al padre de la criatura, que no se despega de su rifle, en busca de venganza y también a una muchacha ciega (extraordinaria Ida Lupino), que parece tener cosas que ocultar. Para Wilson el campo no va a ser más que una prolongación de la ciudad: ante ciertas circunstancias la gente puede enloquecer y paradójicamente, ahora él va a tener que adoptar un papel más comedido para contrarrestar la ira ciega del padre. Todo un clásico del cine negro que crea un personaje inolvidable y que seguro que ha influido en películas muy posteriores. 

P: 8

sábado, 11 de marzo de 2023

MÁS PODEROSO QUE LA VIDA (1956), DE NICHOLAS RAY.

De Ed Avery, el protagonista de esta película, sabemos ante todo que es un buen tipo, trabajador y amante de su familia, hasta el punto de que oculta a su esposa uno de sus empleos para que ella no sepa que pasan por dificultades económicas. Pero este no es el principal argumento de Más poderoso que la vida, sino la terrible enfermedad que empieza a padecer Ed, que se ve obligado, si quiere permanecer vivo, a tomar un medicamento que se encuentra en fase experimental: la cortisona. Entonces la película se centra en los laberintos de la mente de un protagonista que empieza a tener delirios que llegan al punto de intentar sacrificar a su hijo emulando el episodio bíblico de Abraham e Isaac. ¿Hay aquí una crítica soterrada a la vida en la América profunda? En cierto modo la película es fallida, porque no se atreve a llevar sus interesantes planteamientos - al final la medicación es para Ed una droga que no puede dejar bajo ninguna circunstancia y acaba comportándose como un adicto, algo totalmente opuesto a su papel social de padre y esposo - pero ver en pantalla una interpretación tan enorme de uno de mis actores favoritos justifica, junto a la excelente dirección de Ray, acercarse a esta obra.

P: 7 

miércoles, 4 de mayo de 2022

CHICAGO, AÑOS 30 (1958), DE NICHOLAS RAY.

Curiosa mezcla de cine negro con melodrama, aderezada con unas buenas piezas musicales con as que se aprovecha ampliamente la presencia de Cyd Charisse. Con Thomas Farrell quizá Robert Taylor compone uno de sus personajes más complejos y memorables. Porque Farrell es nada menos que un abogado de la mafia que es capaz de cualquier truco sucio para defender a sus clientes, por lo que es muy apreciado por su jefe. Solo el flechazo amoroso que sufre por el personaje de Cyd Charisse le hace replantearse su existencia e intentar huir del mundo criminal en el que ha cimentado su carrera profesional. Y es Farrell es un tipo complejo, un resentido por el complejo que le produce su discapacidad física, pero también alguien que se da cuenta de que necesita desesperadamente redimirse a través de un amor verdadero. Y de eso va esta historia, de segundas oportunidades y del mundo criminal del que es tan difícil desembarazarse. Magnífica fotografía en color y una historia mucho más compleja de lo que parece a primera vista hacen de esta obra una película a reivindicar, una rara avis del cine negro que quizá no se adapta del todo a los cánones del género.

P:8

sábado, 26 de noviembre de 2016

REBELDE SIN CAUSA (1955), DE NICHOLAS RAY. UN ICONO ATEMPORAL.

Existen ciertas películas que emiten una aureola mítica, que dejan en el espectador un regusto a clásico tan evidente que es como si estas obras hubieran sido realizadas por una necesidad que trascendiera el mero arte cinematográfico. Es indudable que Rebelde sin causa está en el imaginario colectivo, aunque solo sea por esas imágenes de James Dean, uno de los cadáveres jóvenes más ilustres de la historia, que decoran bares, peluquerías y todo tipo de establecimientos. A pesar de haberla visto casi una decena de veces, la escena de la carrera frente al acantilado - toda una metáfora de la condición del antihéroe protagonista - sigue teniendo la misma fuerza y emoción que la primera vez que pude contemplarla. Pero sería interesante realizar un pequeño análisis de la obra desde un punto de vista más objetivo, observando que hay detrás de todo este misticismo llevado con mano maestra por el gran Nicholas Ray.

Porque si miramos con atención en el interior de Jim Stark, puede que nos encontremos con el más profundo vacío. A pesar de lo que dice el título, la rebeldía del joven sí que tiene causa, al menos una evidente: se averguenza del carácter de su padre, al que considera débil y poco viril. Esa falta de modelo paterno al que seguir le lleva a buscar eternamente conflictos con los que llamar la atención. Su familia ha de mudarse continuamente de ciudad en ciudad, evitando los escándalos de Jimmy, pero jamás ataca la raíz del problema. Mientras tanto, el joven no es capaz de hilvanar una frase coherente, de establecer relaciones sólidas con sus iguales: su vida se limita al continuo postureo al que le invita su físico privilegiado. En una sola jornada Jimmy es capaz de emborrarcharse, pasar de todo, interesarse por una chica, olvidarla, aceptar retos de honor y arrepentirse luego, huir y estar implicado en una rocambolesca historia de venganzas juveniles con muertos incluidos.

Rebelde sin causa refleja muy bien una época todavía inocente en la que la noticia de cualquier desaire protagonizado por un joven podía causar conmoción, aunque en realidad el personaje más interesante de la historia es Platón (con una increible interpretación de Sal Mineo), un muchacho solitario que ve en Jimmy a ese amigo íntimo que lleva buscando toda la vida, aunque éste se muestre bastante indiferente a sus atenciones. Pronto descubriremos que Platón padece problemas psiquiátricos graves y que tiene un concepto un poco exclusivo de la amistad, por lo que la presencia de la chica no le causa demasiada simpatía. Un tipo complejo e inquietante que es al fin y al cabo quien acaba dándole auténtico interés a un guión que sin él se hubiera quedado en una convencional historia de conflictos juveniles. En fin, la película se parece un poco a la vida de James Dean: todo sucede tan deprisa que no da tiempo a conocer la verdadera identidad del protagonista. Pero qué gran película... Me dan ganas de ponerla otra vez.