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sábado, 30 de septiembre de 2023

TIEMPO (2021), DE M NIGHT SHYAMALAN.

Uno de las tragedias más íntimas del ser humano es la conciencia del paso del tiempo, tiempo que pasa cada vez más deprisa conforme se van cumpliendo años. En la película de Shyamalan, unos turistas en busca de experiencias exclusivas son llevados a una playa paradisiaca en la que pronto se dan cuenta de que están envejeciendo a pasos acelerados - su existencia completa va a durar una sola jornada - y de la que es imposible salir. Con esta premisa tan interesante, el famoso director construye una obra irregular, ya que dedica el mismo esfuerzo a narrar los intentos de fuga del grupo que a reflexionar sobre la angustiante situación que están experimentando, esa angustia por la muerte que conseguimos aplazar en el día a día y que para ellos, de pronto se ha acelerado. Además, alguna escena un tanto ridícula resta tensión a la trama, aunque lo peor es ese final anticlimático más interesado en ofrecer una explicación detallada a todo lo que ha sucedido que a mantener un halo de misterio mucho más conveniente si se quiere ser coherente con lo que ha sido hasta ese instante la película.

P: 6

domingo, 7 de mayo de 2023

EL BOSQUE (2004), DE M. NIGHT SHYAMALAN.

Después de sus memorables tres primeras películas, Shyamalan armó su próxima historia en un escenario único y pequeño, una aldea del siglo XIX sometida a unas reglas muy estrictas de convivencia debido a un peligro indeterminado que acecha en el bosque circundante. Como es costumbre, el director de Señales, va dosificando la información al espectador, para que pueda disfrutar de la sorpresa final, la cual es difícil ver venir. El bosque funciona muy bien como retrato del momento histórico que en aquel momento estaban viviendo los Estados Unidos. Después de los atentados del 11 de septiembre, la disyuntiba entre seguridad y libertad era objeto de intensos debates. En esta historia el individuo debe elegir si traiciona a su comunidad internándose en lo desconocido, algo que puede matarle, pero también otorgarle conocimiento y libertad, elementos que se echan a faltar en la monótona existencia a la que están sometidos los habitantes de la aldea. Al final todo deriva en una especie de manual de instrucciones de cómo superar el miedo, ese gran condicionador de la especie humana. El bosque puede gustar más o menos, pero es indudable que detrás de la cámara (y delante, por unos instantes) hay un director que impone su personalidad a la historia que quiere contar y no tiene miedo de las varipintas reacciones que va a generar en el público una historia como ésta. Solo por eso, ya merece la pena acercarse a ella.

P: 7

miércoles, 6 de septiembre de 2017

MÚLTIPLE (2016), DE M. NIGHT SHYAMALAN. EL HOMBRE FRAGMENTADO.

Según los últimos descubrimientos acerca del cerebro, resulta que eso de de la personalidad única, es algo del pasado. En realidad somos uno y a la vez muchos, quizá por eso uno no se reconoce de vez en cuando en sus reacciones. El aprendizaje y las circunstancias nos van moldeando y la plasticidad de nuestro órgano más importante hace el resto. Parece ser que el nuevo personaje de Shyamalan se ha tomado estos postulados de forma radical, ya que se trata de un tipo que es capaz de desarrollar veinticuatro personalidades totalmente distintas y diferenciadas (algunas antagónicas entre sí) e ir cambiando las mismas según las circunstancias. Esto, por supuesto lo convierte en alguien muy peligroso e imprevisible, sobre todo porque su retorcida mente esconde más de una sorpresa.

Múltiple comienza de manera excelente: tres adolescentes son secuestradas por una especie de perturbado y encerradas en una habitación. Pronto van descubriendo cosas raras en el tipo, que a cada visita se muestra más inquietante. Cuando advierten el asunto de las personalidades, pueden ir trazando un plan de fuga, aprovechando las debilidades de algunas de ellas. Hay que decir, a todo esto, que el trabajo de James McAvoy, un actor siempre solvente, es encomiable, pero el guión hace que su personaje sea poco creíble e incluso risible a veces. Las escenas de las visitas a su psicóloga son un mero relleno, dedicadas a explicar un poco más profundamente en que consiste la enfermedad de Kevin y el destino de la misma es bastante obvio, una vez que empieza a investigar acerca de las últimas locuras de su paciente.

Quizá lo que más ha sorprendido de la película es su final - su segundo final, para ser más exactos - que emparenta a Múltiple con una especie de universo cinematográfico Made in Shyamalan. No seré yo quien le reste expectativas al posible futuro de dicho universo, pero los elementos con los que se está construyendo no dan para poner demasiadas esperanzas en el mismo. Aunque con Múltiple el director de El sexto sentido supera la calidad de sus últimas obras, todavía le queda mucho para llegar al grado de perfección de sus primeras producciones.

viernes, 19 de julio de 2013

EL SEXTO SENTIDO (1999), EL PROTEGIDO (2000) Y SEÑALES (2002), DE M. NIGHT SHYAMALAN. MIEDOS ANCESTRALES.

Es sabido que hacer reir es mucho más difícil que hacer llorar. Asustar también es relativamente sencillo, lo auténticamente complicado - cinematográficamente hablando - es producir inquietud, crear un clima que envuelva al espectador, lo retenga en la butaca durante las dos horas que dura la película y no lo abandone hasta mucho después de que esta termine.

M. Night Shyamalan, realizador que no está viviendo sus mejores horas artísticas, se dio a conocer con El sexto sentido, un thriller de factura prácticamente perfecta que enseguida alcanzó una enorme popularidad, entre otras cosas gracias al boca a boca (cuando fue estrenado internet todavía no era algo mayoritario). En primer lugar, la película de Shyamalan apela a nuestro sentido de lo cotidiano: nos muestra el caso de un niño raro, que necesita tratamiento psicológico, pero en principio no sabemos si detrás de esa aparente disfunción hay algo más. Cole es un muchacho solitario, que vive aislado en una permanente nube de angustia. El doctor Crowe (un magnífico Bruce Willis que junto a El protegido, la siguiente película de Shyamalan realiza las mejores interpretaciones de su carrera) es la única persona que puede franquear las barreras que ha construido Cole. Y cuando profundice más en el caso, va a encontrarse con elementos anómalos: el muchacho parece padecer algo aún más terrorífico que una enfermedad, pues manifiesta la capacidad de ver lo que para los demás está oculto.

A partir de aquí lo sobrenatural hace su aparición en El sexto sentido y las escasas escenas en las que el director de origen indio nos lo muestra son excepcionales y auténticamente terroríficas, ya que apelan a los miedos más íntimos del ser humano, a aquellas preguntas primigenias acerca de cuál es nuestro destino después del fallecimiento. Entonces el ritmo sosegado, la atención al detalle que han dominado las escenas precedentes dejan paso al vislumbre de lo desconocido, a un mundo oculto cuyas claves de funcionamiento debe intentar comprender Cole si quiere convivir con él durante el resto de su vida sin caer en el pozo de la locura. La película funciona como un mecanismo de relojería perfecto, caminando, con toda lógica, hacia el destino final de los protagonistas.

Parecía difícil que después de una realización tan perfecta que Shyamalan pudiera mantener el nivel en su siguiente película, pero fue capaz de tal hazaña, entregando al año siguiente, El protegido, protagonizada de nuevo por Bruce Willis. Aquí nos encontramos con un film de temática superheroíca pero observada desde un punto de vista muy especial. Es el villano (Samuel L. Jackson) el que lleva la iniciativa en esta historia. Como el Cole de El sexto sentido, el guardia de seguridad David Dunn es un ser aislado de sus semejantes al que atormentan sus propios poderes, unos dones que no comprende: invulnerabilidad, fuerza sobrehumana y otros que no ha descubierto aún por su absoluta falta de interés por sí mismo. En El protegido, el villano (Samuel L. Jackson) apela a la lógica de los populares comics books estadounidenses  para llevar la iniciativa en la historia que, como no podía ser de otra manera, trata de su enfrentamiento con un héroe que lucha por no serlo. El resultado no es tan brillante como en El sexto sentido, debido a un excesivo uso de la contención por parte del protagonista, pero en conjunto constituye una interesantísima reflexión sobre los héroes anónimos, aquellos buenos samaritanos que se ven impelidos a ayudar a los demás sin obtener recompensa personal alguna: la definición de héroe o de superhéroe en este caso.

Señales es seguramente la obra maestra de Shyamalan hasta la fecha. Una obra en la que se equilibran las mejores virtudes de las dos películas anteriores para ofrecer un cuadro completo de los intereses y las obsesiones de su director. Protagonizada por Mel Gibson, lejos de sus habituales papeles de héroe de acción, la película entronca con El sexto sentido, al utilizar otra de las leyendas urbanas de nuestro tiempo (en aquel caso era la existencia de fantasmas, en éste los famosos dibujos en los campos de cultivo, que han estimulado la imaginación de muchos hasta el punto de otorgarles un fantástico origen extraterrestre). En cualquier caso, al usar un hito de la cultura popular, Shyamalan ya tiene un punto ganado en el interés del espectador desde antes de que empiece a proyectarse la película. 

En esta ocasión el protagonista es un personaje muy interesante, Graham Hess, un pastor episcopal cuya vida se ha hundido tras la pérdida de su mujer en un accidente hasta el punto de haber renegado del don que consideraba más precioso hasta la fecha: su fe en Dios. Precisamente, el componente religioso va a tener una importancia fundamental en la trama de una película que es un contínuo in crescendo de suspense pocas veces igualado en el séptimo arte (y aquí se nota la influencia de Hitchcock y de Spielberg) en el que el director va enseñando poco a poco sus cartas, mientras el espectador se siente plenamente identificado con el desasosiego y el miedo que va apoderándose irresistiblemente de las vidas de los Hess ante la posibilidad de una invasión extraterrestre a la Tierra (y para ello se utilizan magistralmente imágenes televisivas observadas desde el punto de vista de los protagonistas). El final es plenamente consecuente con su mensaje religioso: no existen las coincidencias en esta película y todo está orientado hacia lo que sucede en la última escena, que sirve también como redención para el padre Hess y, por ende, para su familia.