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lunes, 27 de marzo de 2017

UNA MIRADA A LA OSCURIDAD (1977), DE PHILIP K. DICK Y DE RICHARD LINKLATER (2006). MUERTE LENTA.

Lo primero que hay que decir acerca de una novela tan extraña como Una mirada a la oscuridad es que procede de la mente de uno de los escritores más peculiares del siglo XX, el autor de ciencia ficción Philip K. Dick, un hombre cuyas obsesiones y paranoias se veían estimuladas día a día por el uso y abuso de drogas. De hecho, a principios de los años setenta, después de una separación matrimonial, Dick se sometió a sí mismo a una espiral de consumo autodestructiva, hasta el punto de que abrió su casa a cualquier yonqui que quisiera acompañarle. Volver a la escritura solo fue posible después de una durísima estancia en un centro de desintoxicación.

En realidad, el hecho de que Una mirada a la oscuridad se inscriba en el género de la ciencia ficción es meramente anecdótico. La historia que se cuenta (que en el libro transcurre en el futurista 1994) podía haberse narrado en los años setenta sin perder ni un ápice de su esencia. Fundamentalmente la trama sigue a un grupo de drogadictos en un día a día que no lleva a ninguna parte. El protagonista, Bob Arctor, dueño de la casa que los acoge, es en realidad un policía infiltrado para detener a traficantes, aunque poco a poco su personalidad se diluye y empieza a tener problemas de identidad, hasta el punto de que a veces no está seguro de si en realidad está a un lado u otro de la ley, porque se ha convertido en un adicto como los demás de la sustancia de moda, la muerte lenta. De hecho, sabe que el suyo no es el primer caso similar:

"Mientras conducía, Arctor pensó en otras irónicas maniobras propias de agentes y traficantes especializados en narcóticos. Varios policías conocidos suyos se habían hecho pasar por traficantes en su trabajo clandestino, acabando por vender hachís e, incluso, hero. Era una buena coartada, pero el agente veía como sus ingresos iban superando cada vez más el salario que cobraba oficialmente y el dinero que obtenía al colaborar en la requisa de un buen lote de mercancía. Además, los agentes se acostumbraban a tomar sus propios productos; era algo inevitable, un elemento vital. Con el tiempo se convertían en adictos y traficantes de fortuna, mientras seguían desempeñando su trabajo para la policía y en defensa de la ley..."

Pero lo más importante de la novela de Dick no es la trama, ni los pequeños toques de ciencia ficción que salpican la misma, sino la descripción del mundo de la droga desde dentro, lo cual resulta ciertamente estremecedor, pues el lector lo visualiza como un laberinto sucio y falto de luz del cual no se puede salir, si no es ingresando en una de esas clínicas en las que el individuo queda totalmente despersonalizado y de las que tampoco podrá salir en el resto de su existencia si no quiere volver a experimentar el deseo de consumir. La versión cinematográfica de Richard Linklater abunda en ese ambiente como de pesadilla, acentuado por la decisión de realizar la película en animación a partir de la actuación de los actores, pero sin llegar al extremo de crear una obra desagradable a la vista. Se trata de una de las adaptaciones más fieles de Philip K. Dick, por lo que se mantiene la trama caótica e irracional a ratos, de la novela. El arte también debe estimular la fascinación por lo inquietante y esta es la principal sensación que se va a llevar quien se aproxime a Una mirada a la oscuridad en cualquiera de sus dos versiones.

jueves, 20 de septiembre de 2012

TOTAL RECALL (2012), DE LEN WISEMAN. PODEMOS RECORDARLO TODO PARA USTED.


Acabo de leer el cuento de Philip K. Dick en el que se basa esta película y la versión anterior, de Paul Verhoeven. Es un relato mucho más filosófico de lo que dan a entender sus adaptaciones cinematográficas, mucho más orientadas hacia la acción y el espectáculo. Sorprende que el director Len Wiseman haya declarado que su película nada tiene que ver con la anterior, y que él se ha basado simplemente en el cuento de Dick sin tenerla en cuenta para nada. No es verdad. "Total Recall" de 2012 tiene mucho más de la versión de 1990 (de la que, por cierto, recuerdo haber asistido a su estreno, emocionado, ya que siempre he sido un fan de Philip K. Dick, aunque llevaba tiempo sin leer nada suyo), que del relato original. 

La versión de Verhoeven era una película muy divertida, que optaba por una violencia exagerada para aprovechar las virtudes de su protagonista, un Arnold Schwarzenegger que, a pesar de ser mal actor, tiene un indudable carisma en pantalla. En esta ocasión se ha querido dotar de un poco más de realismo a la historia (si aquí puede hablarse de realismo) y dar un poco de profundidad al universo donde se mueve Quaid, un mundo postapocalíptico, donde gran parte de la Tierra es inhabitable, debido a los agentes químicos, herencia de una reciente guerra. Las calles y el ambiente que se muestran al espectador contienen un claro homenaje a la mejor adaptación que se  le ha hecho a Dick en la gran pantalla: "Blade Runner" (1982), de Ridley Scott. 

Aún con un prometedor comienzo, al final la película deriva en la típica historia de persecuciones, donde poco tiempo le queda al personaje para filosofar sobre su situación. Porque la historia original trata de una de las grandes obsesiones del autor: si lo que observan nuestros sentidos es la auténtica realidad, si podemos fiarnos de nuestros recuerdos, si poderes que están más allá de nuestro alcance pueden manipularnos... Es una lástima que estos temas no hayan sido desarrollados en una adaptación que apabulla con su espectacularidad, pero que deja poco espacio a las reflexiones del protagonista. En cualquier caso, me parece que un autor como Dick tiene la suficiente entidad como para poder escoger algo nuevo que adaptar en su prolífica obra. Y si no, hay otros magníficos libros de ciencia ficción de otros autores esperando su oportunidad en la gran pantalla. Como espectador, quiero que se me sorprenda con algo nuevo y no que se homenajee (por muy espectacular y entretenida que sea la producción) una película de hace veinte años, que ya desarrolló muy correctamente el cuento.