sábado, 7 de febrero de 2026

ESCRITO BAJO EL SOL (1957), DE JOHN FORD.

Escrito bajo el Sol comienza como una comedia, con el personaje principal - piloto de la Marina - realizando unas acrobacias prohibidas con una avión que ha cogido sin permiso, pero pronto se va a convertir en una obra mucho más sombría. En la primera mitad de la película el personaje al que da vida de forma magistral John Wayne es un brillante piloto, pero también alguien amante de la juerga con sus compañeros del estamento militar y que fomenta la rivalidad con el cuerpo de infanteria, hasta el punto de verse involucrado en varias peleas multitudinarias que no son sino una especie de ritual simbólico en espera de que surja un enemigo común que una a ambos cuerpos en un mismo objetivo. Poco a poco se nos irá mostrando que esa vida consagrada al ejército afecta a su matrimonio, hasta el punto de llegar a la separación. Posteriormente existirá una reconciliación, pero casi inmediatamente sucederá el faltal accidente. Wead no queda inválido protagonizando una gloriosa acción militar, algo que quizá hubiera aceptado, sino a través de un estúpido accidente doméstico cuando cae por unas escaleras. Pero lo verdaderamente trágico es que ella la abandona cuando él más lo necesita, una escena concebida para incomodar la moralidad del espectador. La lealtad femenina está muy lejos de ser idealizada en esta película, a pesar del presunto final feliz. Desde mi punto de vista Escrito bajo el Sol hubiera sido mucho mejor obra si Ford se hubiera centrado más en las interioridades de la conflictiva relación de pareja y un poco menos en las anécdotas de la Marina protagonizadas por Wead. Así la separación hubiera dolido más, pero también podría haber sido más comprensible. Pero lo que al director le interesa ante todo es centrarse casi de manera absoluta en el personaje de John Wayne, en su psicología y en su estrepitosa caída como futuro mito militar, que se hubiera sentido en su elemento combatiendo en la Segunda Guerra Mundial. Que termine como asesor militar, asistiendo a las batallas casi como un espectador, es un sucedáneo de la verdadera gloria que él estaba destinado a disfrutar. 

P: 7

SEXO EN OSLO (2024), DE DAG JOHAN HAUGERUD.

La película comienza con la conversación de dos amigos y compañeros de trabajo que se confiesan lo inconfesable. Uno de ellos tiene fantasías con David Bowie. El otro ha llegado más lejos y ha practicado sexo casual con otro hombre. Sexo en Oslo se va a centrar sobre todo en el segundo de ellos y en la reacción de su mujer cuando le confiese lo que ha hecho. Pero su confesión no es la de un hombre arrepentido, sino la de alguien que habla sin el tono emocional que sería preciso cuando se cuenta algo así. Jay simplemente le resta importancia a un acto sexual que para él ha sido más una experiencia curiosa que un adulterio. Su mujer intenta racionalizar, como hace él, pero no puede. Aunque no reacciona con escándalo, los fundamentos de la relación con su marido se vienen abajo en un instante. Aquí ella considera que su marido está siendo honesto de una manera brutal, limpiando su conciencia y esperando que ella asuma aquello con la misma frialdad que él. Aunque el planteamiento de Sexo en Oslo parte de una premisa muy interesante, finalmente resulta una película larguísima y poco creíble. Los diálogos intentan ser naturales, pero consiguen ser todo lo contrario, sobre todo porque al espectador le cuesta digerir la extrema ingenuidad del protagonista respecto a la reacción comprensiva que espera de su esposa. Una película curiosa que podría haber sido muy original - el tema de las fantasías que todos guardamos en nuestro interior puede dar para mucho cinematográficamente - si se hubiera planteado con un poco más de realismo.

P: 5