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sábado, 9 de noviembre de 2024

NEXUS (2024), DE YUVAL NOAH HARARI. UNA BREVE HISTORIA DE LAS REDES DE INFORMACIÓN DESDE LA EDAD DE PIEDRA HASTA LA IA.

Si algo ha cimentado el éxito de la especie humana y su dominio de nuestro mundo ha sido la capacidad de establecer redes de comunicación cada vez más extensas. Este progreso se ha basado en nuestra capacidad de inventiva. Aunque muchos de estos avances tecnológicos fueron calificados al principio como peligrosos, como potenciales verdugos de la Humanidad, el resultado ha sido siempre positivo. Con la IA, las cosas, según Harari, pueden ser diferentes, pues se trata de una tecnología que puede escapar a nuestro control. El fundamento de la Inteligencia Artificial es ser creativa en la búsqueda de un objetivo y esa creatividad puede dar lugar a riesgos insospechados.

En Nexus, Harari incide en una idea que ya estaba presente en libros anteriores, la necesidad del ser humano de crear y creer en ficciones. La sociedad se fundamenta sobre leyes e instituciones que son pura creación humana y que cualquier acontecimiento disruptivo puede destruir, aunque sea brevemente, como hemos visto recientemente en Valencia. Los grandes imperios y naciones necesitan unidad en un objetivo común, y esto puede conseguirse también mediante libros sagrados que crean religiones que mantienen a la gente alejada de unas verdades que pueden ser peligrosas para mantener el orden social:

"Poseer gran cantidad de información no garantiza ni la verdad ni el orden. Utilizar la información para descubrir la verdad y al mismo tiempo emplearla para mantener el orden es un proceso complicado. Lo que empeora las cosas es que estos dos procesos suelen ser contradictorios, porque con frecuencia resulta más fácil mantener el orden mediante ficciones."

Así pues, tal y como dice el autor la burocracia y la mitología, puras creaciones humanas, son fundamentales para mantener nuestro modo de vida. A veces las redes de información propagan noticias tóxicas y no hay que esperar a la aparición de internet para encontrar ejemplos históricos La caza de brujas que se dio en Europa y en Estados Unidos surgió de una teoría de la conspiración completamente absurda, pero que gozó de singular éxito, arruinando miles de vidas de gente inocente. Las redes sociales de las que gozamos en la actualidad pueden multiplicar dichos efectos dañinos y si son utilizadas por gente inadecuada pueden intoxicar la información haciéndonos creer cualquier cosa que sirva a sus oscuros intereses.

Toda esta sofisticación en el manejo y manipulación de la información y en la rapidez de su divulgación era impensable para los más poderosos de hace siglos, como los emperadores romanos, que no podían ni soñar con un control de la población como el que es posible hoy en día. El principal problema es que una dictadura utilice esta tecnología para mantenerse en el poder, centralizando toda la información que llega a los ciudadanos, impidiendo así toda disidencia. El otro gran peligro que expone Harari es el de la IA. Se trata de algo tan revolucionario como peligroso, pues se puede escapar a nuestro control, hasta el punto de que si le dejamos tomar decisiones no sabemos cual será su patrón de pensamiento, pero es posible que se aleje mucho del humano. La clave está en dejar nuestros objetivos de progreso en una tecnología capaz de tomar decisiones por sí misma, sin intervención humana. Es posible que al final su comportamiento sea monstruoso si dicho comportamiento sirve a los resultados buscados. Lo que es seguro es que las próximas décadas esta tecnología se desarrollará de forma inevitable. Si esto nos lleva a una edad dorada o al más absoluto de los desastres, está por ver. 

lunes, 24 de diciembre de 2018

21 LECCIONES PARA EL SIGLO XXI (2018), DE YUVAL NOAH HARARI. EL FUTURO DEL PRESENTE.

Estamos a punto de entrar en 2019, el año en el que transcurre la película Blade Runner. Por mucho que en las fechas del estreno al público le pareciera una mirada fascinante acerca de un futuro todavía remoto, lo cierto es que el 2019 que llega dentro de una semana poco se va a parecer al que imaginó Ridley Scott. Y es que hacer previsiones de futuro, como nos recuerda Harari, es uno de los ejercicios más difíciles a los que puede prestarse la mente humana, puesto que son tantas las variables que lo condicionan que el resultado jamás tiene que ver con lo que imaginamos. 2019 no será un año de vehículos voladores (si excluimos los drones), sino del desarrollo de una tecnología que hubiera sido impensable hace treinta años.

En cualquier caso, observando la tremenda evolución de la inteligencia artificial sí que podemos intuir por donde van a ir los tiros, sobre todo porque yan son posibles hazañas como la del programa AlphaZero, que aprendió a jugar ajedrez mucho mejor que cualquier maestro humano en solo cuatro horas. En realidad, 21 lecciones para el siglo XXI no quiere ocuparse tanto del futuro como del presente. Analizar cual es la realidad actual, cuales son esos retos que están ya acuciando al ser humano y que deben ser resueltos en los próximos años: el cambio climático, la saturación de información que padece el ciudadano, el ascenso imparable de China, la crisis de la democracia... Uno de los más singulares, impensable hace solo algunos años es el Big Data. Google empieza a conocernos mejor que nosotros mismos, por lo que cada vez será capaz de afinar más a la hora de tentarnos con nuevos productos adaptados perfectamente a nuestros gustos y debilidades, incluso podrá llegarse al punto de que cree productos completamente personalizados (música, ropa) que nos sean absolutamente irresistibles: los algoritmos personalizados podrán llegar a tomar el timón de nuestras vidas y tomar decisiones por nosotros, lo cual acogeremos con plena satisfacción.

Otra de las realidades en la que hemos profundizado de manera frenética en los últimos tiempos es en la de la globalización. Ya no podemos controlar de donde viene lo que consumimos, ni siquiera sabemos si con nuestras acciones estamos contribuyendo a fomentar las injusticias que todavía janolan diversos puntos de nuestro planeta:

"¿Soy en verdad culpable de todo esto? No es fácil decirlo. Dado que dependo para mi existencia de una red alucinante de lazos económicos y políticos, y dado que las conexiones causales globales están tan enredadas, me cuesta responder incluso a las preguntas más sencillas, como de dónde viene mi almuerzo, quién elaboró los zapatos que llevo y qué está haciendo mi fondo de pensiones con mi dinero."

Los próximos años serán protagonizados por cambios jamás vistos ni esperados en la historia de la humanidad, hasta el punto de que el concepto de ser humano, podrá ser objeto de interpretaciones, ya que quizá lleguemos a ser capaces de mezclarnos con el flujo de datos que ya condiciona nuestras vidas y habitar en paraísos virtuales fabricados a medida de nuestros más íntimos deseos. Lo que vaya a ser realmente el futuro inmediato ya no depende de nuestras decisiones, porque nuestros márgenes de libertad cada vez serán más absorbidos por los algoritmos. Sin embargo, conservar un pequeño resquicio de personalidad que no pueda ser intuido ni analizado por las máquinas quizá sea lo que pueda conservar los lazos con nuestro antiguo ser.

miércoles, 19 de julio de 2017

HOMO DEUS (2016) DE YUVAL NOAH HARARI. EL SORPRENDENTE DESTINO DEL HOMBRE.

Cuando pensamos en el futuro de la Humanidad en las próximas décadas o siglos - un futuro cuyas bases empezamos a conocer en los días presentes - no es extraño sentir a la vez vértigo y fascinación. Es indudable que el progreso humano, basado en el conocimiento científico, es un tsunami imparable que va cambiando sutilmente la sociedad día tras día. Hace veinte años era difícil prever el impacto que tendría internet en nuestras vidas y en nuestra privacidad. Hoy se acepta como algo natural lo que por aquel entonces nos hubiera parecido una auténtica locura: exponer nuestra privacidad a coste cero. Nuestros datos personales, nuestras compras y hábitos de vida se han convertido en la mercancía más valiosa de estos tiempos. Y con esta base tan sencilla, se va construyendo el futuro.

Homo Deus se presenta como la continuación natural de ese magnífico ensayo superventas que fue Sapiens. Después de haber contado nuestro pasado y presente, Harari se aventura a guiarnos hacia nuestro posible destino. Por supuesto, sus conclusiones, como él mismo admite, podrían estar equivocadas, pero es indudable que existe cierta lógica en su exposición. Tradicionalmente los grandes enemigos de la Humanidad han sido el hambre, la peste y la guerra. Harari comienza su ensayo con palabras muy optimistas al respecto: a pesar de lo que podamos pensar, vivimos en el mejor momento de la historia (lo cual no quiere decir que no nos enfrentemos a retos gigantescos y que el peligro de destrucción del planeta siga siendo cierto). Pero por primera vez podemos decir que hay más muertes por obesidad que por desnutrición, que la guerra ya no es el principal método de resolución de conflictos y que muchas de las enfermedades que nos atenazaban, han sido erradicadas, por lo que la esperanza de vida es cada vez mayor. Partiendo de esta base, el escritor predice cuáles van a ser los objetivos de la Humanidad a medio plazo: la inmortalidad, la dicha y la divinidad.

Si Homo Sapiens acabó dominando prácticamente todos los recursos del planeta y sintiéndose infinitamente superior al resto de seres vivos que lo pueblan es porque el brote de inteligencia que surgió de la plasticidad de su cerebro le permitió poco a poco ir cooperando cada vez a mayor escala con sus semejantes. Dicha cooperación le permitió llegar a objetivos jamás soñados, incluso a explorar otros planetas. La Historia ha sido, entre otras muchas otras cosas, una gran lucha ideológica que acabaron ganando el capitalismo y el liberalismo como doctrinas menos imperfectas, que establecen el marco para un progreso más rápido de la Humanidad, aunque la otra cara de la moneda sean las profundas desigualdades que va dejando en su camino. Estas creencias conforman nuestra actual red de sentido, unas formas de vida que creemos inamovibles. Pero la Historia demuestra que nuestros ídolos ideológicos pueden caer tarde o temprano (quien iba a decir a los españoles del siglo XVI que algún día la religión ocuparía un lugar marginal en nuestras vidas):

"Así es como se desarrolla la historia. La gente teje una red de sentido, cree en ella con todo su corazón, pero más pronto o más tarde la red se desenmaraña, y cuando miramos atrás, no podemos entender cómo nadie pudo haberla tomado en serio." 

El futuro seguramente cambiará los relatos que sostienen nuestra existencia y los cambiará por otros que se adaptarán mejor a las nuevas realidades. Y lo que viene es un interés inusitado en el funcionamiento del hombre. Todavía sabemos muy poco de cómo toma sus decisiones el cerebro, pero los investigadores han llegado a la conclusión que captar la esencia última de nuestro ser es una tarea imposible, ya que no somos una única esencia, sino muchas y es la conciencia la que establece la ficción que de que somos uno y que tomamos nuestras decisiones en libertad. Quizá la angustia existencial, la falta de certezas del hombre una vez que ha abandonado los dogmas religiosos, pueda curarse con una exploración profunda de nosotros mismos, aunque al final no nos guste todo lo que encontremos por el camino. Las claves estarán en la conectividad profunda y en las mejoras de nuestro cuerpo a través de la fusión de hombres y máquinas:

"Los principales productos del siglo XXI serán cuerpos, cerebros y mentes, y la brecha entre los que saben cómo modificar cuerpos y cerebro y los que no será mucho mayor que la que existió entre la Gran Bretaña de Dickens y el Sudán del Mahdi."

Y lo que es aún más alarmante:

"Algunos economistas predicen que, más pronto o más tarde, los humanos no mejorados serán completamente inútiles. Mientras que robots e impresoras tridimensionales sustituyen a los trabajadores en tareas manuales como fabricar camisas, algoritmos muy inteligentes harán lo mismo con las ocupaciones administrativas."

Al final, casi todas las profesiones van a estar en peligro. Si poderosísmos algoritmos, capaces de actualizarse todos los días con millones de nuevos datos pueden ejercer la medicina o la abogacía de forma infinitamente más eficaz que un ser humano, ¿dónde quedaremos nosotros? ¿Esto será en nuestro beneficio o al final quedaremos marginados por formas de vida mucho más eficientes? Nos encontramos en los albores de un nuevo mundo que superará las tesis liberales y capitalistas y se centrará en una nueva ideología - o religión - : el tecnohumanismo, una doctrina que abogará por la reconexión de nuestros cerebros en una red casi infinita de datos y conocimiento. 

El movimiento más radical del tecnohumanismo, el dataísmo (que no dadaísmo), habla ya de superar nuestras limitaciones sentimientales y empezar a ser humano de maneras distintas y totalmente insospechadas, conectándose de manera permanente al flujo de información, que es el verdadero poder que nos permitirá hacernos amos del universo. Los primeros pasos en este sentido se están dando ya: el desarrollo del Internet de las cosas y del Big Data acabarán haciendo que Google y Facebook acaben conociéndonos mucho mejor que nosotros mismos, por lo que acabaremos cediéndoles la decisión de los pasos más trascendentales de nuestra vida (y lo más escalofriante es que decidirán con acierto pleno al respecto). ¿Llegaremos a experimentar esta revolución? ¿qué debates éticos tendremos que afrontar? Los próximos años serán decisivos al respecto.

martes, 8 de noviembre de 2016

SAPIENS. DE ANIMALES A DIOSES (2014), DE YUVAL NOAH HARARI. BREVE HISTORIA DE LA HUMANIDAD.

Hace setenta mil años, el Homo Sapiens, un animal que hasta entonces había seguido una rutina de supervivencia y reproducción muy parecida a la del resto de las especies, empezó a distinguirse del resto de animales. Parece ser que de alguna manera su cerebro se desarrolló de una manera especial a través de mutaciones genéticas accidentales y empezó a desarrollar un instrumento de cooperación extraordinario: el lenguaje. El hecho de ser capaz de comunicarse con otros seres de su especie y poder hacerlo mediante ideas complejas, le otorgó una ventaja decisiva, que sería la base de su futuro dominio de todo el planeta. Así, el hombre se convirtió ante todo en un animal social, en un ser que apenas era capaz de sobrevivir si se quedaba a solas, pero que junto al resto de compañeros de su tribu era capaz de hazañas asombrosas:

"La cooperación social es nuestra clave la supervivencia y la reproducción. No basta con que algunos hombres y mujeres sepan el paradero de los leones y los bisontes. Para ellos es mucho más importante saber quién de su tropilla odia a quién, quién duerme con quién, quién es honesto y quién es un tramposo."

Pero la clave de que esta cooperación se hiciera durarera y admitiera a extraños en su seno fue la capacidad de imaginar mitos, explicaciones del mundo que produjeran una sensación inédita respecto al resto de animales: otorgar sentido a la existencia y saber cual es el lugar que ocupa uno mismo en el grupo, estableciendo jerarquías que podían estar fundamentadas en la existencia de seres sobrenaturales o en reglas que solo tenían explicación en ese ámbito. Esta facultad de crear realidades de la nada es la que ha fundamentado el avance de la humanidad. Por ejemplo, otorgar valor a un trozo de papel que en realidad no sirve para nada, es la base de que se haya llegado al consenso de que el dinero tiene valor y es un medio de intercambio universal. Todas los Estados, instituciones y organizaciones humanas funcionan mediante esa lógica ficticia: existen porque todos creemos en su existencia. Si un buen día dejáramos de creer en el dinero o en las instituciones bancarias, la economía se desmoronaría. Estas entidades imaginadas se han ido haciendo cada vez más poderosas en nuestra vida cotidiana, hasta el punto de que no nos planteamos cual es su verdadero fundamento. 

A pesar de vivir en una sociedad sofisticada, de habitar entornos adaptados artificialmente a nuestro confort, la evolución del ser humano ha sido tan meteórica (y lo sigue siendo, cada vez más), que parte de nuestro subconsciente sigue siendo el de los cazadores recolectores que son nuestros antepasados. Nuestro gusto por el azúcar, hasta el punto de atiborrarnos compulsivamente de este producto tan dañino proviene de su escasez en tiempos remotos, por lo que encontrar un producto con tanto contenido calórico hacía que se aprovechara la ocasión para consumir del mismo cuanto más mejor. 

Una de las afirmaciones más curiosas de Harari tiene que ver con la invención de la agricultura. Según asegura, el asentamiento de pueblos nómadas hizo que la vida se volviera más difícil, que se tuvieran que crear aldeas difíciles de defender y que se dependiera de cosechas que podían echarse a perder por cualquier capricho del tiempo atmosférico. Los cazadores recolectores gozaban de una existencia relativamente más fácil, puesto que podían moverse por donde más les convenía, en busca de territorios vírgenes, repletos de caza abundante y huyendo de posibles competidores de la misma especie. En cualquier caso, el fin del nomadismo implicó el comienzo de la historia del progreso humano que nos ha llevado al punto en que estamos ahora, con la capacidad de transformar el planeta, destruirlo o incluso de conquistar nuevos mundos. Todo asentado, como se ha dicho antes, en nuestra capacidad de crear mitos:

"Acontenció que los mitos son más fuertes de lo que nadie podía haber imaginado. Cuando la revolución agrícola abrió oportunidades para la creación de ciudades atestadas e imperios poderosos, la gente inventó relatos acerca de grandes dioses, patrias y sociedades anónimas para proporcionar los vínculos sociales necesarios."

Teniendo en cuenta también lo siguiente:

"La mayoría de las jerarquías sociopolíticas carecen de una base lógica o biológica: no son más que la perpetuación de acontecimientos aleatorios sostenidos por mitos. Esta es una buena razón para estudiar historia."

Poco a poco el ser humano fue explorando todos los territorios vírgenes. Si hoy vivimos en un mundo globalizado, con sus ventajas e incovenientes ha sido sobre todo gracias a tres de nuestras invenciones: el dinero, la religión y los imperios. Estos elementos y no otros han sido los grandes unificadores de los seres humanos, por más que en muchas ocasiones dicho proceso no haya estado exento de sufrimientos e injusticias. Al final, la última gran resistencia de la vida tradicional, el poder de las familias, del patriarcado y de la propia tribu ha sido sustituido por el Estado y el mercado, que, al menos en teoría, son agentes que tienden a conseguir la igualdad y la libertad de todos los seres humanos. A ello debemos también que nuestras sociedades se hayan vuelto cada vez más pacíficas:

"La reducción de la violencia se debe gran parte al auge del Estado. En toda la historia, la mayor parte de la violencia era resultado de luchas locales entre familias y comunidades."

Yuval Noah Harari ha escrito una auténtica obra maestra del género ensayístico, pues no se conforma con ser riguroso en sus afirmaciones, sino que se esfuerza en que todas ellas sean comprensibles por cualquier lector. El futuro del ser humano es abordado en un segundo libro, de reciente aparición, que promete también ser una lectura apasionante: Homo Deus.