sábado, 31 de enero de 2015

EL FILO DE LA NAVAJA (1944), DE WILLIAM SOMERSET MAUGHAM Y DE EDMUND GOULDING (1946). EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO.

Buena parte de la producción de William Somerset Maugham, uno de los escritores más exitosos del siglo XX, proviene de experiencias autobiográficas. Por eso no es extraño que que muchos de los ambientes que describe en El filo de la navaja estén relacionados con la vida sofisticada y a la vez frívola, de la gente más rica del periodo de entreguerras. En este mundo se mueve el protagonista, Larry Darrell, aunque, para escándalo y sorpresa de los que le rodean, ganar dinero sea la última de sus prioridades. Darrell ha combatido como piloto en la Primera Guerra Mundial y ha vuelto aparentemente entero, pero con el alma rota. La vida de lujo y riquezas a la que parece estar destinado no le satisface en absoluto y llega a romper con su novia con tal de ganar la libertad que necesita para encontrar respuesta a las muchas preguntas que le atormentan:

"-Verás. Larry es, me parece, la única persona que he conocido completamente desinteresada. Esto hace que su conducta parezca estrambótica. Y es que no estamos acostumbrados a ver personas que hacen cosas sencillamente por amor a un Dios en que no creen."

Poco a poco Larry se va descubriendo ante el lector como un ser excepcional, portador de una bondad poco común, una especie de superhombre, no en el sentido nietzscheano del término, sino como la mejor descripción de un ser cuyo único anhelo es la búsqueda de la sabiduría. Renunciando a cualquier idea de comodidad, llegará a codearse con los más pobres de la India, en un intento de alcanzar lo absoluto. Pero la novela de Maugham no solo es una narración de los esfuerzos del protagonista, sino que también se ocupa de los seres que le rodean en algunos momentos de su existencia, así que en cierto modo también puede leerse como una especie de catálogo de estilos de vida.

Elliott Templeton, por ejemplo, es un secundario de lujo, nexo de unión entre los distintos personajes. Su carácter e intereses no pueden ser más opuestos a los de Larry. Se trata de un ser que dedica todos sus esfuerzos a moverse por lo que el denomina la sociedad, es decir, los círculos en los que se mueven los ricos más frívolos: una vida de apariencia y fiestas tan brillante como vacía. En los años que lleva moviéndose en estos ambientes, Elliott ha devenido en una especie de árbitro del buen gusto de modales exquistitos, aunque los que él llama sus amigos no se lo tomen demasiado en serio. En resumen, es la perfecta definición de una palabra que estaba de moda aquellos años: es un snob. Isabel, la que fue novia de Larry, es una muchacha que no está dispuesta a sacrificar su nivel de vida, ni siquiera por amor y no es capaz de comprender la actitud de éste. El que será su esposo, Gray, representa el ideal del hombre americano: un tipo práctico que estima que su deber es ganar cuanto más dinero mejor, aunque eso no es incompatible con ser buena persona. 

Somerset Maugham, narrador y a la vez personaje de la historia, quizá sea el más equilibrado de todos: se mueve en círculos culturales, frívolos e incluso por los bajos fondos, como pez en el agua, quizá porque un novelista debe conocer todos los aspectos de la existencia. Hombre profundamente cosmopolita, él es el único que comprende en toda su grandeza la aventura espiritual en la que se ha embarcado Larry, un ser que provoca toda su admiración. Además de todo eso, el escritor sabe retratarse con cierta ironía en ocasiones:

"-Tío Elliott dice que algunas veces le sorprenden tus poderes de observación. Y añade que son pocas las cosas que se te escapan, pero que tu mayor mérito como escritor es tu gran sentido común. 

-Otras dotes me parecerían más útiles —contesté algo amargamente—, como, por ejemplo, el talento."

El filo de la navaja, que ha sido comparado a Siddhartha, de Herman Hesse, por su descripción, desde el punto de vista occidental, de una religión oriental, es una lectura imprescindible para cualquier aficionado a la narrativa del siglo XX. No es una novela perfecta, porque a veces se recrea en detalles que no tienen demasiado que ver con la trama principal, pero al final la voz de Maugham siempre resulta interesante, cuente lo que cuente, por su profundo conocimiento del ser humano que, como bien sabe Larry Darrell, suceda lo que suceda, al final está destinado a convertirse en un cadáver:

"Había yo visto muertos en mis tiempos de estudiante de Medicina, y muchos más durante la guerra. Lo que me había sorprendido desagradablemente acerca de todos fue siempre su aspecto de cosa insignificante. Eran fantoches que el titiritero había arrojado al montón de la basura."

La versión cinematográfica, rodada solo dos años después de publicada la novela por Edmund Goulding, es modélica, adaptándose casi literalmente al texto original, aunque se obvie algún que otro personaje secundario. En ella se logró captar la esencia de la novela y transmitir en qué consiste la búsqueda del protagonista, interpretado con solvencia por Tyrone Power. Pero si tuviera que destacar algo en esta película que me produce un singular placer es la presencia de un actor tan competente como Clifton Webb, que hace suyo el personaje de Elliot Templeton hasta el punto de que es difícil imaginárselo con otro rostro. Pocas veces la idea que yo tenía de un personaje literario se ha plasmado con tanta fidelidad en la gran pantalla. Creo que existe otra versión protagonizada por Bill Murray en los ochenta. No creo que supere a ésta, pero será curioso echarle un vistazo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada