jueves, 21 de abril de 2016

EL JUEZ (2015), DE CHRISTIAN VINCENT. EL PESO DEL CORAZÓN.

El ejercicio de la profesión de juez implica sostener sobre los hombros unas responsabilidades considerables. Al volumen y complejidad del trabajo cotidiano se suman de vez en cuando los focos de la prensa, cuando el magistrado debe resolver acerca de algún asunto que interesa a la opinión pública. El caso del juez Michel Racine, que nos presenta la nueva película de Christian Vincent, es un tanto peculiar. Se trata de uno de esos seres que no pueden sacudirse de encima, ni por un instante, el halo de autoridad que les acompaña en todos los aspectos de su vida, incluso en los más nimios. Racine es un hombre serio y solemne, que cuenta con pocos amigos y que es objeto de las burlas del resto del personal del juzgado. Para los acusados es un tipo temible, que no pestañea cuando debe hacer recaer sobre ellos todo el peso de la ley.

Pero el juez también es un ser humano con su corazoncito, como iremos comprobando más adelante. En el curso de un importante proceso por infanticidio, advierte que entre los miembros del jurado se encuentra una mujer que conoció hace unos años y a la que amó en secreto. Algo se despierta en él, un deseo oculto que no está acostumbrado a manifestar al exterior y, a partir de ese momento deberá cambiar sus pautas de comportamiento para acercarse a esa mujer (aunque no se trate de una maniobra muy legal que un juez intime con un miembro del jurado de un proceso que preside).

El juez es una película con pretensiones: pretende mezclar la intriga judicial, en un tono realista, acercándose al funcionamiento de las leyes procesales francesas con una forma de entender la comedia romántica muy descafeinada. Al final esta mezcla de géneros tiene como resultado una obra francamente poco interesante y aburrida, protagonizada por unos personajes poco empáticos. Las interpretaciones de Luchini y Sidse Babett Knudsen no están mal, pero están lastradas por un guión que debería haber optado por desarrollar alguna de las múltiples direcciones por las que se desliza el filme.  

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