viernes, 22 de mayo de 2015

LA CAPTACIÓN DE LAS MASAS (2005). DE CARME MOLINERO. POLÍTICA SOCIAL Y PROPAGANDA EN EL RÉGIMEN FRANQUISTA.

Una vez acabada la Guerra Civil, los vencedores tuvieron que vérselas con la realidad de un país desolado, repleto de viviendas destruídas y gente hambrienta. La sublevación se había producido en nombre de la madre patria, para salvar a los españoles, pero ahora la mayoría de ellos se veían cercados por el fantasma de la pobreza. Desarrollar una cierta política social no era ya una cuestión de prestigio para los nuevos gestores, sino un asunto de supervivencia, ya que ni siquiera podían esperar ayuda de sus aliados naturales - Italia y Alemania - ya que estos se preparaban para combatir en la inminente Segunda Guerra Mundial.

Aunque de manera brutal, algunos de los dirigentes franquistas ya daban alguna pista en 1940 de los fines, más prácticos que humanitarios, de la integración de todas las clases sociales en un proyecto colectivo de nación. Tal y como decía Serrano Suñer:

"No queremos un Estado sin pueblo; nosotros dirigimos al pueblo, pero queremos llevarle organizado jerárquicamente a su estado nacional; hacerlo partícipe en su destino y en su responsabilidad para que se sienta autor de esta gran tarea pública que tenemos encomendada, y así identificados, él será la defensa más segura contra la codicia de sus enemigos (…). Y el Partido Nacional, que tiene esta misión, no puede ser un partido de clase, es un partido de todas las clases; es al menos una selección de los mejores en la fe común de la Patria, que tiene incluso la tarea ambiciosa, pero necesaria de absorber, de ganar a la gran masa de la zona roja que no se pueda destruir."

Así pues el Estado no olvidaba su tarea de acabar con los enemigos de la España eterna, pero a la vez se daba cuenta de que estos eran tan numerosos que habría que integrar a muchos de ellos en el nuevo orden de cosas. El nuevo régimen se presentaba como una especie de tercera vía (recordemos que todavía está vigente el auge de los fascismos en Europa) entre el capitalismo y el comunismo. Es más: su discurso asegura que pretenden superar al marxismo en lo social, aunque en realidad su legislación y su actuación administrativa se decantase casi siempre por salvaguardar los intereses de los patronos poderosos que, no en vano, eran una de las columnas del régimen.

Sería injusto no decir que, aún dentro del régimen, existían figuras, sobre todo dentro del Falangismo, que querían desarrollar una política social integral, pero la falta de recursos, la corrupción imperante y los intereses económicos de unos pocos eran una oposición formidable, por lo que los avances en este campo siempre eran muy deficientes. La política de vivienda, por ejemplo, no despegó por completo hasta entrados los años cincuenta, por lo que mucha gente debía practicar el chabolismo o vivir en cuevas, sobre todo cuando se desplazaban al extrarradio de las ciudades huyendo del hambre rural.

José Antonio Girón, Ministro de Trabajo en aquellos años de hambre, fue uno de los que intentó acercarse a los trabajadores para venderles el mito de la madre patria que protege a todos sus miembros, aunque la realidad fuera tozuda: los salarios bajaban mientras los precios subían dramáticamente. Se hacía necesario, para comer, acudir a ese mercado del estraperlo que controlaban precisamente algunos de los dirigentes cuya misión se suponía que era proteger al pueblo.  Aunque no pudieran ejercitarse de manera directa, el malestar y las protestas eran continuados y motivo de preocupación constante en el gobierno, no por el sufrimiento generado, sino por la posibilidad de revueltas patrocinadas por organizaciones obreras clandestinas, sobre todo después de la victoria de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial.

Es curioso constatar que algunos de los escasos avances de la época se consiguieron a pesar de la oposición de sectores poderosos, como los médicos, que se opusieron frontalmente a la creación de un Seguro Obligatorio por Enfermedad porque "creían que pretendía socializar la medicina y,  por tanto, la profesión (...) iba a sufrir un considerable desprestigio". La marea blanca, al revés.

En realidad todas estas actuaciones se hacían con un único objetivo: la propaganda. Se intentaba así transmitir una imagen aceptable al exterior, a la vez que se aprovechaba para adoctrinar a sus presuntos beneficiarios, haciendo pasar por justicia social lo que no eran más - en la mayoría de las ocasiones - que migajas de caridad presentadas como la política social más avanzada del momento en Europa. Instituciones como Auxilio Social eran más humillantes para sus presuntos beneficiarios que otra cosa. Además la Iglesia Católica veía en ellas una intromisión en sus atribuciones tradicionales de caridad con los pobres.

En resumen, la política social del primer franquismo estuvo marcada más por el voluntarismo que por una verdadera efectividad. La falta de fondos, la voluntad política de no molestar a los sectores económicos más poderosos, la escasez de militantes y voluntarios para llevarlas a cabo y, por qué no decirlo, la percepción de las clases trabajadoras como el enemigo reciente, llevaron a que sus resultados fueran muy pobres, más orientados a la exaltación propagandística del régimen y su cabeza visible que de remediar la desastrosa situación de las clases más desfavorecidas. Habría que esperar a los años sesenta para que las nuevas políticas tecnócratas, la emigración masiva a países europeos y el fin del aislamiento español produjeran algo de alivio.

jueves, 21 de mayo de 2015

LA SAL DE LA TIERRA (2014), DE WIM WENDERS Y JULIANO RIBEIRO SALGADO. EL HOMBRE TRAS LA CÁMARA.

Todavía recuerdo el impacto que me produjeron, hace muchos años ya, las fotografías de la mina de Serra Pelada en El País Semanal. El nombre de su autor me era desconocido por aquel entonces, pero mirando esas imágenes se intuía que Sebastiao Salgado debía ser poseedor de un don sobrenatural para disparar su cámara en el momento justo para que la composición del río humano que era aquella caótica mina reflejara una increible armonía. El instante como obra de arte.

Salgado mira a la cámara y sus palabras transmiten gran serenidad. La serenidad de quien ha comprendido en toda su crudeza la naturaleza humana pero no puede dar por perdido al hombre. Después de visitar zonas de conflicto, asistir a genocidios y conocer situaciones de hambruna bíblica, sabe que es necesario dar testimonio de estos hechos. A diferencia de otros fotógrafos, él no se limita a acudir al lugar, disparar la cámara y volver a casa cuanto antes, sino que intenta convivir en la medida de lo posible con los protagonistas de sus imágenes, para comprender su vida y sus motivaciones. Esta comprensión se va a ver reflejada después en las fotografías. Tal y como explica Wim Wenders en una entrevista publicada en caramelfilms.es:

"Para él fue muy difícil estar detrás de la cámara y para nosotros también porque algunos de los relatos y viajes son muy inquietantes, y algunos realmente terribles. A Sebastião le pareció que estaba volviendo a esos lugares, y para nosotros, todos esos viajes "al corazón de la oscuridad" también fueron abrumadores. A veces teníamos que parar y yo me iba a dar un paseo para distanciarme por un momento de lo que acababa de ver y oír. En lo que se refiere a si sus fotografías son demasiado bellas o estéticas, no estoy nada de acuerdo con esas críticas. Cuando fotografías la pobreza y el sufrimiento tienes que darle cierta dignidad al sujeto y evitar caer en el voyeurismo. No es fácil. Sólo se puede lograr si estableces una buena relación con la gente que está delante de la cámara, y consigues entrar en sus vidas y en su situación. Muy pocos fotógrafos lo consiguen. La mayoría llegan a un sitio, hacen unas cuantas fotos y se largan. Sebastião no trabaja así. Pasa tiempo con la gente a la que fotografía para comprender su situación, vive con ellos, simpatiza con ellos, y comparte sus vidas en la medida de lo posible. Empatiza con ellos. Hace este trabajo para la gente, para darles voz. Las imágenes tomadas sobre la marcha y las fotografías al estilo "documental" no pueden transmitir las mismas cosas. Si encuentras la forma de transmitir una situación de forma convincente, estarás más cerca de un lenguaje que corresponde a lo que estás ilustrando y al sujeto que está delante de ti. Cuanto más te esfuerces en hacer una "buena foto" más nobleza tendrá tu sujeto y más destacará. Creo que Sebastião sabía cómo revestir de dignidad a toda esa gente que se ponía delante de su cámara. ¡Sus fotografías no son sobre él sino sobre toda esa gente!"

En algunas de las secuencias de La Sal de la Tierra Wenders capta a Salgado trabajando. Un maestro de las imágenes capturando el trabajo de otro. Es sorprendente la paciencia infinita de que hace gala el fotógrafo para conseguir la imagen que quiere. Puede pasarse días esperando, como un francotirador pacífico, hasta conseguir su disparo perfecto. Pero este no debió ser el caso en su visita a las minas de Serra Pelada. Sin duda era imposible conseguir un disparo sereno enmedio de ese caos en constante movimiento, subiendo y bajando escaleras que daban al abismo, caminando entre cientos de personas, casi muertos en vida, hechizadas por la posibilidad de encontrar oro. Muy pocos lo consiguen, pero eso no es óbice para que permanezcan allí, jugándose la vida e insistiendo día tras día en su búsqueda, componiendo imágenes que parecen extraídas de los tiempos bíblicos.

La sal de la Tierra es un magnífico acercamiento a la obra de uno de los grandes fotógrafos de todos los tiempos. Si hubiera que ponerle un pero, sería que la implicación absoluta de Salgado y de su hijo en su realización le otorgan una especie de halo de santidad al personaje. Pero en cualquier caso, el documental no es tanto sobre Salgado como de su trabajo. La historia de la renuncia de un economista a una prometedora carrera por el súbito enamoramiento de una cámara de fotos, que derivó en la pasión de toda una vida.

miércoles, 20 de mayo de 2015

DEMIAN (1919), DE HERMAN HESSE. EL ESTIGMA DE CAÍN.

Sinclair es un niño que ha nacido en una familia acomodada. Bajo la sombra del padre, habita en un mundo de luz, organizado en torno al hogar, a la escuela y a la religión. Pero también intuye que existe una realidad alternativa, un mundo sombrío y a la vez atractivo, en el que existen el sexo, el crimen y la perdición. Es el mundo de los sirvientes y el de algunos alumnos de su colegio, como Franz Kromer, que somete a Sinclair a chantaje después de que éste ha querido pavonearse ante sus amigos. Solo la intervención de Max Demian, otro alumno, de misteriosa sabiduría y cualidades casi divinas, salvará al protagonista de su enemigo. Pero ¿quién es en realidad Demián? ¿alguien que sigue un camino de luz o de oscuridad? Lo cierto es que Sinclair no puede evitar verse atraído por la personalidad del joven puesto que "la tranquilidad que emanaba de su persona fue inundándome lentamente". La admiración es recíproca, puesto que Sinclair lleva dentro de sí la simbólica marca de Caín, algo que le diferencia de la mayoría de sus semejantes, siempre teniendo en cuenta que cada hombre es único:

"Pero cada uno de los hombres no es tan sólo él mismo; es también el punto único, particularísimo, importante siempre y singular, en el que se cruzan los fenómenos del Mundo, sólo una vez de aquel modo y nunca más. Así la historia de cada hombre es esencial, eterna y divina, y cada hombre, mientras vive en alguna parte y cumple la voluntad de la Naturaleza, es algo maravilloso y digno de toda atención. En cada uno de los hombres se ha hecho forma el espíritu, en cada uno padece la criatura, en cada uno de ellos es crucificado un redentor."

Recién acabada la Primera Guerra Mundial con una espantosa derrota, la generación de jóvenes que había sufrido en las trincheras acogió con enorme interés esta historia que les hablaba de una existencia alternativa, entre lo espiritual y lo corporal. En realidad el Sinclair del principio es un ser tan desorientado como estos adolescentes burgueses de existencia más o menos apacible que un día fueron instigados a tomar las armas en nombre de la Patria (el bien) y se encontraron inmersos en el más inimaginable de los infiernos. Sinclair está a punto de perderse en más de una ocasión, pero siempre es capaz de reanudar su búsqueda, instigado no solo por Demian, sino por otros personajes como Pistorius, un ser solitario con ideas esotéricas que a veces remiten a postulados jungianos, Beatrice, una joven con la que jamás toma contacto, pero cuya sola visión basta para hacerle tomar conciencia de la idea de pureza o
Knauer, un joven que le hace ver que él mismo puede acabar convertido en maestro de otros.

Una de las particularidades más interesantes de Demian es la invocación de Abraxas, una especie de dios que invocaban las sectas gnósticas y que representaba a la vez al bien y al mal, un dios totalizador que abarcaba dentro de sí a las dos mitades del mundo. En este sentido, Demian rechaza las interpretaciones literales de la Biblia que se transmiten en la escuela oficial y prefiere buscar sus propias explicaciones a distintos episodios, como el de Caín y Abel. Si el mundo no es absolutamente bueno ni absolutamente malo, quizá dios se parezca al mundo. 

Otra de las piedras angulares de la doctrina a la que intentan acercarse los personajes de la novela es la de la importancia del mundo interior, mucho más real que el exterior:

"- Las cosas que vemos - dijo Pistorius con voz apagada - son las mismas cosas que llevamos en nosotros. No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente; porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría."

En el fondo, el mensaje de Demian abunda en el eterno debate entre la visión del mundo de los apocalípticos (una minoría) y los integrados (la gran masa). Herman Hesse, en palabras de Thomas Mann, intenta una conciliación entre lo antiguo (la doctrina tradicional europea) y lo nuevo. Quizá esta novela no sea tan redonda como El lobo estepario, pero sigue siendo una lectura fascinante un siglo después.

martes, 19 de mayo de 2015

MAD MAX, FURIA EN LA CARRETERA (2015), DE GEORGE MILLER. LOS DIABLOS SOBRE RUEDAS.

Uno de mis recuerdos más entrañables que atesoro de los años ochenta son las conversaciones con los amigos acerca de cómo se podría sobrevivir a un ataque nuclear. Todos habíamos visto la mítica El día después y sabiamos que la Tercera Guerra Mundial no sería ninguna broma si llegaba a producirse. Muchos cómics de la época se acercaban al tema, siempre desde el punto de vista tremendista que correspondería a un acontecimiento semejante y revistas como Muy interesante o Algo Nuevo dedicaban muchas de sus portadas a llamativas imágenes de ciudades devastadas y supervivientes arrastrándose por ellas provistos de máscaras antigás.

En este ambiente surgió Mad Max, película mítica para mi generación, de esas que tenías que ver junto a los amigos, para reir a carcajadas, en vez de estremecerte, con las salvajadas que se veían en pantalla. Pero por muy divertido que nos pareciera, sabíamos que en el fondo la historia de Mad Max era trágica: la de unos seres humanos abandonados por los dioses que trataban de sobrevivir en un mundo sin gasolina, sin agua y ultradarwinista. El mismo George Miller, responsable de las tres entregas que se filmaron en los ochenta, ha querido volver a poner su mirada en su personaje, adaptándolo a los nuevos tiempos, lo cual es sinónimo de más espectacularidad, mejores efectos visuales, salvajadas aún más crueles y una fotografía increíble.

Lo más interesante de Mad Max, Furia en la carretera es la recreación de un mundo nuevo, con nuevas reglas y absolutamente alejado de nuestros valores.  El protagonista es un ser errante que bordea la locura y constantemente cae en ella, padeciendo visiones de su hija muerta, a la que previsiblemente no pudo salvar en algún terrible episodio cotidiano de esa realidad. Cuando es capturado por una de las comunidades que han podido sobrevivir a base de salvajismo y matanzas de enemigos, podemos atisbar, dentro de su base, cuales son las condiciones de vida infernales de esa gente, seres poco empáticos que solo mantienen un fuerte instinto de supervivencia que no es incompatible con tendencias suicidas cuando intuyen que van a sacrificarse por su gente y por su dios, el omnipotente Inmortan Joe, poseedor de riquezas inconcebibles: agua, gasolina y cinco jóvenes sanas que podrán darle descendencia.

Paradójicamente, la auténtica protagonista de Mad Max, Furia en la carretera va a ser una mujer, la Furiosa que interpreta Charlize Theron, que lo va a arriesgar todo para rescatar a las jóvenes, quizá una reminiscencia de reivindicación feminista en un mundo que ha barrido cualquier atisbo del pasado. Pero dejemos que sea el propio George Miller el que hable de las motivaciones del personaje:

"Esta película comenzó con una idea muy simple, iba a tratar de una persecución. Decidimos que la razón por la que unos iban a perseguir a otros no sería apoderarse de un objeto, sino de un ser, un cargamento de seres humanos. Las cinco esposas, los únicos seres humanos saludables en este páramo, capaces de dar a luz a un heredero de Inmortan Joe, son el botín. Necesitábamos a un guerrero de la carretera y queríamos que fuese una mujer. (...) La verdad es que no recuerdo que haya existido ningún personaje en el cine como Furiosa."

Advierto que esto no es para todos los públicos y es comprensible que para muchos la propuesta de Miller resulte excesiva y falta de sentido. Hay que ir a ver esta película preparado para recibir una portentosa descarga de adrenalina, pues casi todo el metraje está dedicado a narrar una larga persecución de factura impecable y en la que, en los breves momentos de descanso, jamás cesa la sensación de peligro. El guión es muy simple, apenas hay diálogos, pero lo que vemos en la pantalla es puro lenguaje cinematográfico, puro goce: excesos y salvajismo, sí, pero también una panorámica completa de un mundo estremecedor como pocos. Y todo esto tiene mucho mérito.

lunes, 18 de mayo de 2015

LAS VENAS ABIERTAS DE AMÉRICA LATINA (1971), DE EDUARDO GALEANO. EL CONTINENTE HUMILLADO.

Algunos años después de publicar Las venas abiertas de América Latina, Galeano vuelve a asomarse a su texto y constata que todo lo que escribió sigue vigente y en algunos casos multiplicado, como en Chile, donde Pinochet se había instalado cómodamente en el poder con el apoyo de los Estados Unidos. Y se pregunta a sí mismo para qué escribió el libro y sobre la repercusión que ha tenido entre sus principales destinatarios: los habitantes de Sudámerica:

 "Uno escribe para tratar de responder a las preguntas que le zumban en la cabeza, moscas tenaces que perturban el sueño, y lo que uno escribe puede cobrar sentido colectivo cuando de alguna manera coincide con la necesidad social de respuesta. Escribí Las venas para difundir ideas ajenas y experiencias propias que quizás ayuden un poquito, en su realista medida, a despejar las interrogantes que nos persiguen desde siempre: ¿Es América Latina una región del mundo condenada a la humillación y a la pobreza? ¿Condenada por quién? ¿Culpa de Dios, culpa de la naturaleza? ¿El clima agobiante, las razas inferiores? ¿La religión, las costumbres? ¿No será la desgracia un producto de la historia, hecha por los hombres y que por los hombres puede, por lo tanto, ser deshecha?"

Lo cierto es que, leído hoy día, el libro de Galeano sigue siendo uno de los grandes pilares de las injusticias históricas que los países del Norte, encabezados por Estados Unidos, siguen ejerciendo sobre los del Sur. La conquista de América fue un proceso muy diferente en ambos hemisferios. En el Sur se trató de la explotación brutal de la mano de obra indígena con el fin de saquear los inmensos recursos naturales de esas tierras. El Imperio Español dilapidó esta fortuna en guerras, en lujos de la clase dirigente y en la construcción de templos cada vez más suntuosos. La independencia de estos países solo significó la consolidación del poder de los dueños de la tierra. En el Norte el procedimiento fue distinto, quizá porque la población indígena no era tan numerosa. Los mismos emigrantes fueron los que se pusieron a trabajar en la creación de una tierra próspera que se convertiría en el futuro en el autodenominado faro de la libertad. Pero esta prosperidad acabaría asentándose en la pobreza perpetua de otros muchos.

Porque, una vez que España se replegó del continente fueron otras dos potencias, primero Gran Bretaña y después Estados Unidos, las que empezaron a aprovechar las inmensas posibilidades que ofrecían los flamantes países recién independizados y lo hicieron de una manera mucho más inteligente: practicando un colonialismo económico que les aseguraría unos beneficios mucho más elevados y permanentes en una relación de eterna dependencia. Con unas instituciones internacionales doblegadas a sus intereses y unas multinacionales con hambre insaciable de beneficios, la tarea se emprendió de modo implacable. Los recursos naturales son vendidos a los países del norte a precios irrisorios, o explotados directamente por estas mismas multinacionales y estos países proveen de bienes materiales, esta vez sí, a precios de mercado, con lo que los beneficios son descomunales, ya que la mano de obra en América Latina tiene salarios de hambre. Lo importante es que ni la industria ni la innovación se desarrollen en estos países, ni siquiera el pensamiento independiente. Cuando esto sucede, se organiza un golpe de Estado o incluso una guerra para derrocar al régimen rebelde. Hijos de esta situación fueron la dictadura de Pinochet en Chile, la de Videla en Argentina o, en sentido contrario, la revolución cubana.

Libro de permanente actualidad, Las venas abiertas de América Latina fue de nuevo noticia a nivel mundial cuando el fallecido Hugo Chávez regaló públicamente un ejemplar a Barack Obama. El de Eduardo Galeano es uno de esos ensayos sometidos a permanente controversia. Quizá tienen razón los que postulan que poner toda la responsabilidad de la situación de América Latina sobre los hombros de Estados Unidos es francamente exagerado, pero es indudable que esta nación ha intervenido en múltiples ocasiones en lo que debieran ser asuntos internos de la soberanía de cada país, sobre todo en el contexto de la Guerra Fría, con la excusa de parar los pies a la expansión del enemigo comunista. 

Gran parte de la prosperidad de los países del hemisferio norte se asienta sobre la explotación de un ejército de trabajadores oprimidos. Y hoy en día no sucede solo en América Latina, una región que ha realizado enormes progresos de democratización en los últimos años, pero cuyas enormes desigualdades sociales siguen siendo un cáncer para dicho progreso. Los múltiples ejemplos de injusticias que expone Galeano - algo desordenados, sin ser sistemático, pero expuestos de manera impecable -  nos dan la medida del esfuerzo que queda por realizar para que sean compensados y algún día estos países puedan gozar de una libertad económica en condiciones de igualdad, tal y como postulan (solo en teoría) los defensores del libre mercado. 

sábado, 16 de mayo de 2015

LA SAL DE LA VIDA (2009), DE ANNA GAVALDA. LA GRAN ESCAPADA.

No esperaba encontrar en La sal de la vida una de mis novelas favoritas, pero sí al menos descubrir y saborear las razones por las que Anna Gavalda se ha convertido en una de las narradoras más exitosas de Europa. Me he quedado con las ganas. Aquí el artículo:

http://asociacioncristobalcuevas.blogspot.com.es/2015/05/la-sal-de-la-vida-de-anna-gavalda.html

jueves, 14 de mayo de 2015

CAMINO DE LA CRUZ (2014), DE DIETRICH BRÜGGEMANN. LA ESTACIÓN DE PENITENCIA.

María escucha con atención las palabras del padre Weber, que asegura que ella y los otros jóvenes que están allí sentados son los soldados de Cristo y que su misión es evangelizar a los demás en la verdadera religión, con su ejemplo y sus renuncias cotidianas. El padre Weber utiliza el método socrático, realizando constantes preguntas cuyas respuestas deben ser evidentes para un cristiano que está a punto de recibir el sacramento de la confirmación. Pero cuando María le cuestiona acerca de los niños enfermos, como su propio hermano, el religioso apela a la típica apelación a los designios inexcrutables de Dios. La reunión se produce en la Sociedad de san Pío X, un grupo católico integrista que considera que la iglesia actual ha perdido la esencia de sus tradiciones y pretende volver a los tiempos anteriores al Concilio: misas en latín, comunión directamente en la boca y control estricto de las obras y los pensamientos de los creyentes.

Porque en realidad la Sociedad de san Pío X no es otra cosa que un instrumento de control social que somete a familias enteras a un sistema de vida retrógrado y estricto, cuyas normas son imposibles de cumplir, lo que estimula una continua ansiedad culpable, sobre todo en los más jóvenes, puesto que incluso la música rock o el soul están proscritos como instrumentos de Satanás. No es extraño que María sea vista como un ser extraño ante sus compañeros. Para ellos es un ejemplo, sí, pero no de virtudes, sino de beatitud, en el sentido más peyorativo del término. Y los jóvenes son crueles con quien es diferente...

Recuerdo una vez que me aleccionaron en clase de religión a que no comiera carne los viernes de Cuaresma y lo mal que me sentí cuando tuve que hacerlo, a pesar de mis protestas ante mi madre: me sentía un gran pecador. En mi caso aquello no pasó de una anécdota, pero en el caso de María, presionada por su familia, la sola posibilidad de sentirse atraída por un compañero de la clase de al lado le provoca un gran tormento que desencadena un par de mentiras inocentes que, a los ojos de su severísima madre, constituyen un descarrío intolerable, el primer escalón hacia una perdición cierta. Presionada y confundida, el infierno interior del remordimiento no tarda en desencadenarse para la protagonista, que debe luchar contra los impulsos naturales de cualquier adolescente creyendo que es su alma lo que está en juego.

Camino de la Cruz está estructurada magistralmente en catorce planos secuencia que se corresponden con el típico recorrido de un vía crucis, una metáfora evidente del estado de ánimo de la protagonista, que oscila entre la poderosa tentación de la atracción física y su deseo de renuncia y sacrificio. Brüggemann nos recuerda con su obra las tenebrosas consecuencias que engendra una visión fanática y excluyente de la existencia, sobre todo cuando se organiza a través de una cárcel familiar que anula por completo cualquier atisbo de pensamiento independiente en los hijos. Un director desconocido hasta ahora, pero muy a tener en cuenta.