jueves 16 de febrero de 2012

MORTAL Y ROSA (1975), DE FRANCISCO UMBRAL. LA HABITACIÓN DEL HIJO.


Nunca le presté demasiada atención a la producción literaria de Umbral, quizá porque Umbral como personaje me caía bastante mal. Leía sus artículos allá por los años noventa, pero no era capaz de sacarles toda su sustancia. Ahora me doy cuenta de mi error, con la lectura de esta magistral obra, que me ha hecho mirar al autor con otros ojos. Seguiré recuperando el tiempo perdido y leyendo obras de Umbral. Aquí el artículo:

CABALLO DE BATALLA (2011), DE STEVEN SPIELBERG. SALVAR AL CABALLO JOEY.


No entré muy esperanzado cuando entré a la sala para ver esta nueva recreación bélica de Steven Spielberg. El hecho de que la película estuviera basada en un libro juvenil me hacía sospechar que en esta ocasión el gran director estadounidense edulcoraría en demasía su mensaje, pero no imaginaba hasta que punto. "Caballo de batalla" es un film que quiere ser tan emocionante y desgarrador que al final acaba naufragando.

La película nos lleva a los bellos paisajes de la Inglaterra rural, donde Albert, un muchacho, entabla una relación muy especial con un caballo que ha comprado su padre, un bebedor compulsivo que combatió en las guerras imperiales británicas. A la llegada de la Primera Guerra Mundial, el caballo será adquirido por el ejército. Todavía en 1914 existía una concepción casi napoleónica de la guerra. De hecho, se pensaba que la contienda duraría pocas semanas y el caballo se concebía como el mejor medio de ataque rápido y contundente. En este sentido, la escena de la carga de caballería contra un nido de ametralladoras alemán resulta muy ilustrativa de lo que iba a convertirse la guerra a partir de entonces: las armas defensivas serían las predominantes y el frente apenas se movería en los siguentes años.

Cuando Albert acude a la llamada de la patria en las postrimerías de la guerra, el frente se ha convertido desde hace mucho tiempo en un dédalo de trincheras y alambre de espino jalonado de ratas y cadáveres, donde las bajas diarias se cuentan por miles y los soldados se enfrentan a armas tan crueles como los gases asfixiantes. Es en estas escenas, en el último tercio de la película, donde sale a ratos a relucir el mejor Spielberg, porque la historia de este caballo que enamora a todo el que se le acerca es bastante infumable. De hecho, en la primera parte de la película, la relación entre el muchacho y el caballo es tan aburrida y previsible que se me cerraban los ojos, algo que muy raramente me ha sucedido en una sala de cine. Ni siquiera los toques preciosistas a lo John Ford daban brío a una historia que sólo se levanta (aunque tampoco del todo) con la llegada de la contienda. Una oportunidad perdida de retratar una de las guerras más crueles de la historia.

martes 14 de febrero de 2012

PYONGYANG (2003), DE GUY DELISLE. EL PAÍS DEL JUCHE.


Hace unas semanas veía en televisión que entrevistaban a un extraño personaje. Se autodefinía como el representante en España y Europa de la República Popular Democrática de Corea y vestía un traje estilo Mao. Se trata del español Alejandro Cao de Benós, que un fervor digno de la mejor causa, defendía el régimen norcoreano como el más avanzado socialmente del mundo y denunciaba las mentiras de la prensa occidental al respecto. Cualquier persona con un mínimo sentido común sólo tiene que observar las muestras de dolor forzadas y desmesuradas que se daban en la población ante la muerte del líder Kim Jong Il para comprender la manipulación constante a la que se somete a la entera población del país. Pero para comprender este fenómeno en toda su dimensión, lo mejor es leer este maravilloso cómic de Guy Delisle.

Delisle fue destinado a Pyongyang, la capital de Corea del Norte por un par de meses para controlar el trabajo de los animadores (la industria del dibujo animado también se deslocaliza) locales. Se encontró con un país que parecía vivir en otra realidad: las calles estaban llenas de gente que parecía tener mucha prisa. No se veía a nadie paseando o desocupado. El hotel donde le llevaron estaba prácticamente vacío, salvo media planta ocupada por occidentales destinados a aquel país. La imagen del protagonista almorzando en un inmenso restaurante vacío es una de las mejores metáforas de un país que tiene miedo del extranjero, al que sin embargo trata de seducir de una manera ingenua e inocente.

Como si del Gran Hermano orwelliano se tratase (de hecho, Delisle llevaba ese libro en su equipaje), todo el país está vigilado por retratos del gran líder y adornado por sus pensamientos, la única ideología política permitida. A los norcoreanos se les educa desde pequeños en la obediencia y en el servicio absoluto al Estado. Todos reciben un estricto entrenamiento militar, como si la guerra con los odiados Estados Unidos fuera inminente. Además, los norcoreanos carecen de tiempo libre. Toda su jornada está regida por constantes obligaciones, por lo que su manipulación mental es continúa. Nadie protesta, nadie pronuncia la más mínima inconveniencia en contra del régimen. ¿Creen realmente en su sistema político o realizan una enorme farsa colectiva por miedo? Esta es una de las grandes preguntas que se hace Delisle, pero es muy difícil responderla.

La ciudad de Pyongyang no carece de atractivos para el visitante, aunque éstos tengan un carácter más siniestro que turístico. Proliferan los grandes monumentos dedicados a glosar la doctrina del juche (autosuficiencia), es decir, la verdad de las verdades, cuya filosofía se hace creer a los ciudadanos que se estudia en las mejores universidades del mundo. De hecho, en las noches la única iluminación de las calles es la de estos monumentos, dando a la ciudad un aire fantasmagórico. Un ejemplo de los grandes logros del régimen es un edificio gigantesco que domina la urbe, un rascacielos de 105 pisos, sin terminar, concebido para ser el mayor hotel de Asia. Tan enorme estructura, con su carcasa deteriorándose resulta todo un símbolo para un país al que la construcción de esta especie de socialismo estalinista ha llevado a la ruina y a la hambruna.

Todo esto y mucho más es lo que cuenta este cómic, la experiencia personal de su autor en el país más absurdo del mundo. Sus dibujos son engañosamente sencillos, porque una mirada atenta les descubre muchísimos matices y realmente hacen vivir al lector las mismas sensaciones que experimentó él en el paraíso del socialismo, un paraíso que tiene un enorme museo dedicado a los regalos recibidos por su dirigente por parte de líderes de todo el mundo. Quizá se construyó para convencer a la población de que ellos no están aislados del resto del planeta, sino que es el resto del planeta el que camina ciego por no seguir los consejos del juche.

lunes 13 de febrero de 2012

LAS TRAQUINIAS, DE SÓFOCLES. LA MUERTE DEL HÉROE.


Si bien su presencia en el escenario no se produce hasta el último tercio de la obra, Hércules el protagonista de la misma. Las referencias a él son constantes por parte de su esposa Deyanira, que espera anhelante su regreso. Un primer mensajero le lleva noticias positivas: Hércules está bien y llegará pronto. Pero el segundo mensajero le informa de que el héroe trae con él una nueva amante. Son los celos los que hacen actuar a Deyanira. No se puede considerar culpable a este personaje cuando vierte un filtro en un manto destinado a Hércules. Ella cree que es una poción de amor pero el centauro Neso, para vengarse de Hércules le había engañado y en realidad contiene un poderoso veneno. De nuevo la tragedia, el destino implacable que elige a un instrumento inocente para ejecutar sus planes.

Si algo destaca en esta obra son los lamentos del protagonista cuando está sufriendo la más cruel de las muertes. El héroe que logró las más famosas hazañas del mundo griego es derrotado por un simple manto, por una astucia contra la que nada puede su portentosa fuerza física. Los padecimientos de Hércules le humanizan, y más cuando mantiene una última conversación con su hijo Hilo, en la que le encarga que queme su cuerpo, además de cederle a su nueva amante, como si de una propiedad hereditaria se tratara. La muerte de Hércules es absurda, indigna de su fama. Quizá para compensar, a su muerte los dioses le concedieron quedarse sólo con su naturaleza divina y desechar la humana. Un nuevo dios en el Olimpo.

sábado 11 de febrero de 2012

MARTÍN EDEN (1909), DE JACK LONDON. EL MUNDO COMO VOLUNTAD Y DECEPCIÓN.


He vuelto a leer esta novela, veinte años después, poseído de nuevo por el extraño influjo que ejerce en mí, sintiendo las mismas emociones que la primera vez. Y es que esta novela de London tiene una magia especial, quizá porque su autor sabía de lo que estaba hablando cuando contó la historia de un joven al que su sed de cultura acaba destruyendo. Pero lo importante no es tanto lo que cuenta, sino como lo cuenta. Para mí es una de las novelas más fascinantes que puedan leerse. Aquí el artículo:

LA PAVOROSA REVOLUCIÓN.


La auténtica revolución de hoy es la de los corruptos que consiguen salir libres y logran que se condene al juez que les imputó, la de los gobernantes que alardean ante sus colegas que su reforma laboral le va a costar una huelga general y la de los ministros, que exhiben la agresividad de la misma, rindiendo pleitesía a los mercados. Es la revolución de los aristócratas, que se sienten distintos ante la ley y se indignan cuando se indaga en sus negocios privados, la de los obispos, que condenan a los que quieren ser funcionarios como gentes que quieren parasitar de lo público, mientras se rasgan las vestiduras si el Estado muestra intención de renegociar los acuerdos con el Vaticano. Pero sobre todo es la revolución de los banqueros, que dictan las agendas de los gobiernos, mientras reciben préstamos de los Estados para comprar deuda que esos Estados han generado para prestarles dinero.

martes 7 de febrero de 2012

POSTGUERRA, UNA HISTORIA DE EUROPA DESDE 1945 (2006), DE TONY JUDT. HISTORIA VIVA.


Una auténtica maravilla que recomiendo a todo aquel lector que quiera conocer un poco mejor el continente donde vive. Sus mil doscientas páginas pueden asustar a mucha gente, pero lo mejor es empezar a leer y dejarse embriagar por la prosa de Judt, tan precisa y amena y ser seducido por las nuevas perspectivas que presenta a acontecimientos que conocemos solamente de oídas en muchas ocasiones. Yo he aprendido muchísimo durante el mes que he estado compatibilizando este libro con otros. Su lectura ha sido una experiencia sumamente placentera y espero poder tener entre manos pronto otros libros de este historiador que murió de una cruel enfermedad hace un par de años.

Aquí les dejo un fragmento del capítulo titulado "El momento de la socialdemocracia". Ojalá ese momento volviera pronto a Europa:

"En los años de máximo apogeo del Estado de bienestar europeo, cuando el aparato administrativo seguía ejerciendo todavía una autoridad de amplio alcance y su credibilidad se mantenía incólume, se alcanzó un notable consenso. El Estado, según se creía mayoritariamente, siempre lo haría mejor que el mercado no restringido: no sólo en lo tocante a la administración de justicia y defensa del reino, o a la distribución de bienes y servicios, sino en cuanto al diseño y aplicación de estrategias para la cohesión social, el sustento moral y la vitalidad cultural. El concepto de que era mejor dejar dichos aspectos en manos de intereses propios e ilustrados y el funcionamiento de un mercado libre de artículos e ideas era considerado en la mayoría de círculos políticos y académicos europeos como una pintoresca reliquia de los tiempos pre-keynesianos; en el mejor de los casos, la consecuencia de no haber aprendido las lecciones de la Depresión y, en el peor, una invitación al conflicto y un velado llamamiento a los instintos humanos más bajos."

Aquí el artículo: