sábado, 9 de marzo de 2019

TESS, LA DE LOS D´URBERVILLE (1891), DE THOMAS HARDY Y DE ROMAN POLANSKI (1979). LA CHICA DEL CAMPO.

A finales del siglo XIX la vida rural en Inglaterra seguía siendo muy dura para el campesinado, sobre todo para los habitantes de la empobrecida Wessex (región inventada por Thomas Hardy), así que cuando John Durbeyfield, el padre de la protagonista, se entera por casualidad de que es descendiente de una familia noble empobrecida, los D´Urberville, se ilusiona imaginando que su situación va a cambiar. Ilusión efímera, pero que al menos sirve al borrachuzo John para colocar a su hija mayor al servicio de la familia que compró hace tiempo el apellido para darse ínfulas de nobleza. Allí es donde Tess sufrirá su violación por parte del libertino Alec, un ser despreciable pero a la vez tentador (en este sentido el momento de la fresa ofrecida de mano del diablo es metáfora de la perdición de la protagonista): da a Tess la posibilidad nada menos que sacarla para siempre de la pobreza.

La auténtica tragedia de la protagonista comenzará cuando se case con Angel, el hijo de un predicador, que bajo la fachada de hombre liberal y sencillo esconde a un ser brutalmente tradicional y conservador. Cuando conozca el pasado de Tess de labios de su esposa, se mostrará incapaz de consumar el matrimonio e iniciará una separación que va a desembocar en una auténtica tragedia. Así la vida de Tess va a estar marcada por dos hombres de talante opuesto, pero con la misma actitud de desprecio al sexo femenino, el uno por verlo como un cuerpo disfrutable y poco más y el otro por esperar de su mujer una pureza irreal, aunque la presunta falta que ella le confiesa no haya sido culpa suya.

La novela de Hardy es magnífica y, además de su bien dibujados personajes, ofrece una completa panorámica de la vida en la Inglaterra rural del siglo XIX, un mundo en el que el trabajo con las manos y el deslomarse a diario para ganar el pan siguen siendo la pauta, pero en el que empiezan a ser comunes las máquinas a vapor - feas y ruidosas - que acompañan frecuentemente las labores de recogida, haciéndolas más duras si cabe.

La adaptación cinematográfica de Polanski recoge por completo el espíritu de la novela, siendo muy fiel al argumento de la misma. Destacan la fotografía y la labor de sus intérpretes, sobre todo de una Nastassja Kinski, una Tess inolvidable y en la que podemos reconocer plenamente a la imaginada por Hardy.

lunes, 25 de febrero de 2019

SEROTONINA (2019), DE MICHEL HOUELLEBECQ. SIN AMOR.

Si algo hay que agradecerle a Michel Houellebecq como escritor es la completa libertad con la que asume su exitosa carrera literaria. A él le interesa contar determinadas historias y la idea de lo políticamente correcto no casa con su manera de entender la literatura. Quizá sea algo exagerado decir que dentro de algunos siglos podremos acudir a Houllebecq - a la manera como lo hacemos hoy día con Galdós o Zola para entender el siglo XIX - para comprender mejor nuestra época, pero sí que es cierto que los lectores del futuro encontrarán en sus escritos una autenticidad en la crónica de nuestros malos difícilmente igualable. No es que el escritor francés busque explícitamente el escándalo, pero tampoco trata de evitarlo, lanzando cargas de profundidad contra el feminismo, la izquierda, la inmigración o el puritanismo que va imponiéndose sutilmente en occidente. Pero esto no quiere decir que el protagonista ofrezca soluciones al respecto. Todo lo contrario: se trata de un ser a la deriva con una cada vez más preocupante tendencia a la autodestrucción.

Y ahí es donde falla la nueva novela de Houellebecq, un escritor que empieza a repetir demasiado sus temas y obsesiones. Tal y como le sucede al protagonista, Serotonina no encuentra nunca un camino propio y va dando tumbos en busca de una historia que se acaba convirtiendo en poco más que una colección de provocaciones fáciles. Es loable que el autor de Sumisión siga describiendo con tanta certeza los males de occidente y los peligros a los que los europeos nos enfrentamos en el futuro inmediato (la escena de la rebelión de los ganaderos es uno de los escasos aciertos del libro), pero eso no basta para sostener una narración respecto a la que el lector intuye desde el primer momento en qué va a derivar. 

¿Se muere occidente tal y como no para de advertirnos Houellebecq? Quizá solo se esté transformando en algo no peor ni mejor que lo tradicional, sino diferente. En cualquier caso, lo que el protagonista, que ha vivido una existencia privilegiada, necesita, jamás lo encontrará con su actitud egoísta y casi ególatra: ese amor de una mujer rendida a sus pies, ese amor del pasado, idealizado, que se tiró a la basura de la manera más absurda y que hoy se torna irrecuperable. Así, solo queda pasar lo que resta de vida casi como un vegetal: sobreviviendo en hoteles, pero sin relaciones sociales, solo dejando transcurrir el tiempo para convencerse con más ímpetu a sí mismo de lo absurdo que es todo.

jueves, 17 de enero de 2019

RELATOS DE KOLIMÁ. VOLUMEN I (1978), DE VARLAM SHALÁMOV. DÍAS MÁS LARGOS QUE SIGLOS.

Shalámov es uno de esos autores que escriben con conocimiento de causa, narrando en una serie de cuentos magistrales sus terribles experiencias en el Gulag soviético, al que fue condenado en varias ocasiones, acusado de trotskista. Kolimá aparece aquí como un auténtico infierno congelado: quien era destinado allí como preso tenía muy pocas posibilidades de volver con vida a su hogar y, si lo hacía, el que regresaba era un hombre lastrado y herido, que difícilmente podría volver a incorporarse con normalidad a la vida social. En Kolimá no existía siquiera la amistad o la solidaridad entre prisioneros: el sistema penitenciario inhumano instituido por los soviéticos, basado en una cruel combinación de trabajo, frío y hambre hacía que los hombres perdieran pronto el gusto por la existencia y solo les quedara un instinto de supervivencia que muchos llegaban a odiar: 

"No echaba en cara a los demás su indiferencia. Hacía tiempo que había comprendido de dónde venía aquel abotargamiento del espíritu, aquel frío del alma. El frío helado, el mismo frío que convertía en hielo la saliva en vuelo, había alcanzado también el alma humana. Si se podían helar los huesos, si se podía congelar o embotarse el cerebro, también el alma podía quedarse helada. En medio del frío era imposible pensar en nada. Todo era sencillo. Con frío y hambre el cerebro se alimentaba mal, se secaban las células cerebrales; se trataba sin duda de un fenómeno material, y Dios sabe si, como dicen en medicina, el proceso era reversible, semejante a la descongelación, o si las lesiones lo eran para siempre jamás. Así pues, el alma también se había helado, se había encogido y quién sabe si se quedaría así, fría, para siempre. Todas estas ideas se le habían ocurrido antes; ahora a Potáshnikov no le quedaba otro deseo que el de resistir, sobrellevar el frío con vida."

Así pues, el prisionero de Kolimá es un ser deshumanizado, un trozo de carne, declarado enemigo del pueblo por el Estado y que es utilizado despiadamente para explotar las riquezas siberianas hasta que, como un animal llevado hasta el límite de sus fuerzas, se deslome hasta morir. Bien es cierto que el proyecto soviético no era de exterminio del enemigo interior - aunque a veces pudiera parecerlo - sino de reeducación, por lo que a veces se daban liberaciones casi milagrosas, aunque el destino más normal fuera el de la destrucción física y moral a manos de los guardianes con ayuda de las mafias que se organizaban entre los más fuertes de entre los prisioneros. Los relatos abarcan los más diversos aspectos de este infierno penitenciario y a veces el lector se encuentra con sorpresas como descubrir a Andréi Platónov descrito como un alma limpia que se enfrenta con desconcierto a un mundo absolutamente corrupto y malvado. Relatos de Kolimá es una de las obras cumbre del siglo XX, un testimonio absolutamente indispensable de la barbarie humana desatada en nombre de una incierta utopía.

lunes, 31 de diciembre de 2018

EL ELOGIO DE LA SOMBRA (1933), DE JUNICHIRO TANIZAKI. LO BELLO Y LO SUBLIME.

Aunque en las últimas décadas las conexiones entre oriente y occidente se han multiplicado, es cierto que Japón sigue siendo en cierta medida un mundo aparte, dotado de muchos matices de difícil comprensión para la mentalidad europea. Después de la Segunda Guerra Mundial, el excelente libro El crisantemo y la espada, ayudó a aclarar muchos malentendidos, pero solo los que han vivido en aquel país el suficiente tiempo, pueden decir que se han aproximado a comprender a los habitantes de aquel lejano país.

El libro clásico de Tanizaki no es más que una apreciación muy personal de algunos matices que diferencian al japonés del occidental, sobre todo desde el punto de vista arquitectónico: el gusto por lo sombrío, por la belleza sobría y la observación del más pequeño detalle de la vida cotidiana, que para el autor puede suponer la diferencia entre el placer que aporta la serenidad y lo meramente intolerable. Si nosotros apreciamos sobre todo lo luminoso, ellos aman el contraste entre luz y sombras:

"(...) creo que lo bello no es una sustancia en sí sino tan sólo un dibujo de sombras, un juego de claroscuros producido por la yuxtaposición de diferentes sustancias. Así como una piedra fosforescente, colocada en la oscuridad, emite una irradiación y expuesta a plena luz pierde toda su fascinación de joya preciosa, de igual manera la belleza pierde su existencia si se le suprimen los efectos de la sombra."

Libro para leer en estado de reposo y absoluta serenidad, Elogio de la sombra es uno de esos manifiestos que nos hacen meditar acerca de cómo una civilización tan refinada pudo desencadenar, en los mismos años en los que está escrito el ensayo, un conflicto tan cruento. Algo tiene que ver en esto la contraposición entre luz y sombra...

lunes, 24 de diciembre de 2018

21 LECCIONES PARA EL SIGLO XXI (2018), DE YUVAL NOAH HARARI. EL FUTURO DEL PRESENTE.

Estamos a punto de entrar en 2019, el año en el que transcurre la película Blade Runner. Por mucho que en las fechas del estreno al público le pareciera una mirada fascinante acerca de un futuro todavía remoto, lo cierto es que el 2019 que llega dentro de una semana poco se va a parecer al que imaginó Ridley Scott. Y es que hacer previsiones de futuro, como nos recuerda Harari, es uno de los ejercicios más difíciles a los que puede prestarse la mente humana, puesto que son tantas las variables que lo condicionan que el resultado jamás tiene que ver con lo que imaginamos. 2019 no será un año de vehículos voladores (si excluimos los drones), sino del desarrollo de una tecnología que hubiera sido impensable hace treinta años.

En cualquier caso, observando la tremenda evolución de la inteligencia artificial sí que podemos intuir por donde van a ir los tiros, sobre todo porque yan son posibles hazañas como la del programa AlphaZero, que aprendió a jugar ajedrez mucho mejor que cualquier maestro humano en solo cuatro horas. En realidad, 21 lecciones para el siglo XXI no quiere ocuparse tanto del futuro como del presente. Analizar cual es la realidad actual, cuales son esos retos que están ya acuciando al ser humano y que deben ser resueltos en los próximos años: el cambio climático, la saturación de información que padece el ciudadano, el ascenso imparable de China, la crisis de la democracia... Uno de los más singulares, impensable hace solo algunos años es el Big Data. Google empieza a conocernos mejor que nosotros mismos, por lo que cada vez será capaz de afinar más a la hora de tentarnos con nuevos productos adaptados perfectamente a nuestros gustos y debilidades, incluso podrá llegarse al punto de que cree productos completamente personalizados (música, ropa) que nos sean absolutamente irresistibles: los algoritmos personalizados podrán llegar a tomar el timón de nuestras vidas y tomar decisiones por nosotros, lo cual acogeremos con plena satisfacción.

Otra de las realidades en la que hemos profundizado de manera frenética en los últimos tiempos es en la de la globalización. Ya no podemos controlar de donde viene lo que consumimos, ni siquiera sabemos si con nuestras acciones estamos contribuyendo a fomentar las injusticias que todavía janolan diversos puntos de nuestro planeta:

"¿Soy en verdad culpable de todo esto? No es fácil decirlo. Dado que dependo para mi existencia de una red alucinante de lazos económicos y políticos, y dado que las conexiones causales globales están tan enredadas, me cuesta responder incluso a las preguntas más sencillas, como de dónde viene mi almuerzo, quién elaboró los zapatos que llevo y qué está haciendo mi fondo de pensiones con mi dinero."

Los próximos años serán protagonizados por cambios jamás vistos ni esperados en la historia de la humanidad, hasta el punto de que el concepto de ser humano, podrá ser objeto de interpretaciones, ya que quizá lleguemos a ser capaces de mezclarnos con el flujo de datos que ya condiciona nuestras vidas y habitar en paraísos virtuales fabricados a medida de nuestros más íntimos deseos. Lo que vaya a ser realmente el futuro inmediato ya no depende de nuestras decisiones, porque nuestros márgenes de libertad cada vez serán más absorbidos por los algoritmos. Sin embargo, conservar un pequeño resquicio de personalidad que no pueda ser intuido ni analizado por las máquinas quizá sea lo que pueda conservar los lazos con nuestro antiguo ser.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

EL ANZUELO DEL DIABLO (2014), DE LESLIE JAMISON. SOBRE LA EMPATÍA Y EL DOLOR DE LOS OTROS.

Existe en Estados Unicos una prueba deportiva extrema, el Maratón Barkley. No se trata de una carrera excesivamente conocida, pero está considerada por los expertos como el más mortífero reto al que puede someterse un corredor de fondo. No es raro el año que, de las pocas decenas de locos que se apuntan, ninguno de ellos consiga terminar. Se trata de 150 kilómetros de marcha campo a través atravesando los más sádicos obstáculos. Los cuerpos de los corredores terminan destrozados, pero para ellos la experiencia es edificante: un encuentro con sus propios límites y con el dolor en el estado más puro. 

El ensayo dedicado a Barkley es quizá el más brillante de los que componen un volumen que su autora ha dedicado a intentar expresar con palabras lo que es sentir dolor propio y lo que significa ponerse en el lugar del otro a la hora de intentar comprender el sufrimiento:

"El dolor ajeno es percibido por el observador como una experiencia propia. La empatía se convierte en una simetría forzada, un eco corporal."

 Jamison empieza exponiendo el dolor propio, el sentido en algunos episodios vitales en los que las malas decisiones propias o el azar acaban en experiencias muy desagradables, de las que al menos se acaba aprendiendo algo. Luego explora el mundo de los afectados por una enfermedad ficticia, el síndrome de Morgellons, que hace creer a sus víctimas que están invadidos por una especie de diminutos insectos que les provocan unos picores insoportables, con la consiguiente laceración de la piel, en algunos casos realmente pavorosa. 

El libro flojea en su última parte titulada "Gran teoría unificada del dolor femenino", porque abusa del tópico fomentado en los últimos años de exponer a la mujer como un ser sufriente y eternamente victimizado, llegando a hablar de una especie de "derecho a sufrir", algo difícilmente comprensible. Al final, Leslie Jamison quiere rizar tanto el rizo que sus frases caen el absurdo, lastrando la que hasta el momento era una obra estimable:

"Por descontado, hay noticias más llamativas que otras. La guerra es una noticia más llamativa que el hecho de que una chica tenga sentimientos encontrados porque un tío se la tiró y luego no se dignó llamarla. Pero no creo en una economía finita de la empatía; de hecho, creo que prestar atención a los demás nos da algo en la misma medida en que nos lo quita. Uno aprende a empezar a ver."

domingo, 4 de noviembre de 2018

LA BATALLA DE LOS PUENTES (2018), ANTONY BEEVOR. UN OBJETIVO LEJANO.

En septiembre de 1944, los Aliados podían estar satisfechos con el desarrollo de los acontecimientos, desde que se produjo el desembarco de Normandía, tres meses antes. Aunque en las primeras semanas después del desembarco habían tenido serias dificultades para romper el frente opuesto por los alemanes, una vez conseguido esto, la conquista del resto de Francia fue cuestión sencilla, culminando con la simbólica liberación de París en agosto. Ahora se encontraban frente a la frontera alemana y los Países Bajos y la siguiente misión era atravesar el Rin, para apuñalar el corazón industrial del enemigo y obligarlo a la rendición.

En esta tesitura, el general británico Montgomery ideó un plan que exigía el lanzamiento masivo de paracaidistas detrás de las líneas alemanas. La audaz operación, bautizada como Market Garden, pronto obtuvo la oposición de buena parte del Alto Mando Aliado, que la criticaron ferozmente por el riesto inaudito que conllevaba: todo dependía de que el Ejército enlazara en pocos días con los paracaidistas y para ello los carros pesados solo podían transitar por una única carretera, que se encontraba fuertemente defendida por el enemigo. El plan dependía casi en exclusiva de que los paracaidistas tomaran y conservaran la ubicación clave de la operación: el puente de Arnhem.

Tomando con la guardía baja a Eisenhower, que se encontraba convaleciente de un accidente e imponiendo su criterio al resto del generalato, sin admitir crítica alguna, al final Montgomery consiguió salirse con la suya: Market Garden sería llevado a cabo. El presumido mariscal británico esperaba llevarse todo el mérito de la invasión de Alemania y el final de la guerra, mientras Patton rabiaba, porque se le impondría un alto en su exitoso camino a la línea Sigfrido. Los acontecimientos, como pronto fue evidente, distaron mucho de las previsiones de Montgomery. Ya los lanzamientos paracaidistas fueron bastante caóticos, aunque las bajas fueron aceptables y los integrantes de la 1ª División Británica (los encargados de tomar el puente de Arnhem) y de las 82ª y 101ª estadounidenses consiguieron establecer posiciones sólidas frente al enemigo: conservarlas conllevaría un enorme sacrificio de vidas, así como el lógico sacrificio de la población civil que, viviendo entre dos fuegos, se debatían entre la lógica alegría por la llegada de los Aliados y el miedo por las posibles represalias de los alemanes si conseguían ganar la batalla.

Con el paso de los días se impusieron varios graves problemas al plan Aliado: la rápida reacción de los alemanes que ya en las primeras horas hicieron frente a la invasión paracaidista, el lento avance del Ejército de tierra que debía enlazar con estos últimos, el fallo de las comunicaciones con la Fuerza Aérea (lo que conllevó que gran parte de los suministros lanzados desde el aire cayera en manos alemanas) y el lógico desgaste de unas fuerzas aisladas y sometidas a la enorme presión de los continuos bombardeos y ataques alemanes. Con su habitual maestría narrativa, Antony Beevor nos introduce en estos hechos históricos exponiéndolos como un gran drama, en el que tienen cabida numerosas historias personales, tanto de civiles como de militares, sobre todo en el contexto de la ciudad martir de Arnhem: casi totalmente destruida por la batalla, al final de la misma fue evacuada por los alemanes y muchos de sus habitantes murieron en el posterior éxodo a otras poblaciones. En cualquier caso, el general Montgomery siempre dijo públicamente que su operación había constituído un gran éxito, a pesar de las evidencias abrumadoras de lo contrario.

El desastre Aliado no solo aplazó unos meses más el final de la guerra, sino que otorgó cierta moral a los alemanes, que se atrevieron un par de meses después a lanzar la ofensiva de las Ardenas. Pero la consecuencia más grave de estos hechos fue la llegada del llamado Invierno del hambre: la escasez de alimentos en los Países Bajos y el nulo interés de los alemanes por alimentar a una población a la que consideraba traidora, culminó en una terrible hambruna que se cebó con los más débiles. Aunque se intentó paliar la situación mediante envíos humanitarios por parte de la Fuerza Aérea, cuando por fin meses después llegaron los Aliados, se encontraron con una situación dantesca en muchas poblaciones: la delgadez de algunos de sus habitantes los hacían parecer salidos de los campos de concentración nazis. Como dijo el príncipe Bernardo, heredero de la Casa Real holandesa: "los Países Bajos no pueden permitirse otra victoria de Montgomery".