martes, 14 de julio de 2009

AUGUSTE RODIN VUELVE A MÁLAGA.


De vez en cuando esta ciudad, tan difícil de soportar en tantos aspectos, ofrece pequeños refugios que pueden darnos esperanzas en que las cosas pueden cambiar en el futuro. Si hace año y medio tuvimos la visita de "El pensador" y otras esculturas a calle Larios, ahora se nos ofrece una muestra aún más interesante del trabajo de Rodin, en el Museo Municipal.

Rodin tiene muchos puntos en común con Miguel Ángel, del que he tenido la suerte de ver algunas de sus obras maestras. Un hombre tremendamente ambicioso, entregado a su arte, el principal creyente en sí mismo. Ambos se embarcaban en proyectos desmesurados, que a veces dejaban a medio acabar, como la tumba de Julio II en el caso del italiano o las puertas del infierno en el caso del francés. En realidad el concepto de "arte acabado", no puede aplicarse a estos genios, que nunca acababan de darse por satisfechos con sus obras, a la búsqueda siempre de nuevas perfecciones y de técnicas más audaces.

La muestra del museo de Málaga es una oportunidad única de visitar una panorámica general de la obra de Rodin. Como es sabido sus grandes obras conocen varias versiones, algunas de las cuales ni siquiera realizadas por su propia mano, sino a través de moldes de su taller, pero aún así resultan estremecedoras y muchas de ellas dotadas de un extraño halo vital. Otras, aún no acabadas, son prisioneras eternas de la piedra o del metal. Su visión produce angustia.

Destacaría de la exposición el impresionante grupo escultórico de "Los burgueses de Calais" y, sobre todo, "El beso", una composición impresionante de un momento que quiere ser glorioso y eterno. Dos cuerpos abrazados, ajenos al resto del mundo. Ella se inclina con ligereza hacia atrás. Él la sostiene suavemente por la cadera y sus labios se acercan en un gesto casi tan antiguo como la Humanidad, en el que un ser busca fundirse en el otro.

lunes, 13 de julio de 2009

DEATH PROOF (2007), DE QUENTIN TARANTINO. VENGANZA SERVIDA EN CALIENTE.


Hace un par de años Quentin Tarantino y Robert Rodríguez tuvieron la "genial" idea de hacer un revival de las sesiones dobles de los años setenta y crearon dos películas dotadas de falso cutrerío para ser visionadas en la misma función. En España (y en otros países de Europa) se estrenaron por separado, por lo que se perdió el encanto de la intención original, pero ganaron las taquillas. Algo es algo.

La propuesta de Robert Rodríguez era totalmente desdeñable, para mi gusto. La ví hace meses y la única sensación que tuve con ella fue el aburrimiento de lo ya reiterado mil veces antes. Sí que fue interesante el falso anuncio de otra película, "Machete", que tenía su gracia.

Con Tarantino tengo una relación amor-odio. Ví su primera película "Reservoir Dogs", prácticamente en primicia, cuando nadie la conocía aún, en el cine club universitario y me encantó. Me pareció muy original y valiente su enfoque de la violencia, que no admitía concesiones. Pero eso fue en el lejanísimo año 92. Tarantino ha seguido su carrera justificándose a sí mismo y haciendo uso sin pudor de sus influencias de videoclub de serie B. La media de sus películas es alta, pero me molesta que sus personajes vayan siempre de guays y trascendentes y que se tomen por originales diálogos que a veces resultan vacíos y reiterativos aunque, eso sí, muy "molones".

"Death Proof" entra en la lógica del cine de Tarantino: un psicópata extravagante y unos ángeles vengadores en femenino se van a ver las caras en una de las mejores persecuciones de coches que se han rodado últimamente. Aquí están plenamente justificadas las exageraciones y el no tomarse en serio lo que se está rodando, pues ese es el espíritu de este "grindhouse". Tarantino sale mucho mejor parado que Rodríguez y su película está muy compensada, resulta muy entretenida y logra un clímax final verdaderamente emocionante. Aunque temía que iba a ser una cinta decepcionante, por críticas que había leído por ahí, no lo ha sido en absoluto. Y rompo una lanza a favor de Kurt Russell. Su personaje solo es posible siendo interpretado por él.

viernes, 10 de julio de 2009

EL JARDÍN DE HIPATIA (2009), DE OLALLA GARCÍA. LA FILÓSOFA MÁRTIR.


Es bien sabido que el género de la novela histórica es uno de los que más dificultades presenta al escritor. A los ya complicados desarrollos de una trama, de unos personajes y de un estilo literario se le suma la recreación fiel de una época, tarea más problemática cuanto más remoto es el periodo en que se pretende encuadrar la historia. Olalla García, en la reciente presentación de esta novela en la librería Luces de Málaga declaró que necesitó tres años para documentarse. Y eso se nota en cada detalle, en la fidelidad de las descripciones de usos y costumbres del siglo V en una determinada ubicación geográfica: Alejandría.

Cualquiera que no conozca el rigor de la autora puede pensar que la presencia de esta novela en las librerías, precisamente ahora, cuando el estreno de la película de Amenábar sobre el mismo tema es inminente, obedece a criterios de oportunidad, cuando no de oportunismo. Nada más lejos de la realidad. Ambos proyectos seguramente han seguido vidas paralelas, para encontrarse ante el público en el mismo año, pero por mera casualidad. En cualquier caso, mediada la lectura del libro me sorprendí mucho del título, cuando estimé que la filósofa Hipatia es un personaje secundario en la narración. Luego advertí que las visitas del protagonista, Atanasio de Cirene, al Jardín de los Durmientes son fundamentales en su forma de actuar a lo largo de toda la trama y que el espíritu de las enseñanzas de Hipatia está siempre presente, aún en los momentos de mayor dificultad. La enseñanza filosófica resulta el mayor de los consuelos ante la desdicha.

A mi entender los asuntos principales de los que trata "El jardín de Hipatia" son la intolerancia y el fanatismo. La irrupción de la religión cristiana en la sociedad pagana de la antigüedad resultó traumática por muchos factores. Los cristianos acabaron transformándose de perseguidos en perseguidores, de propagadores de la religión del amor y la mansedumbre en fanáticos que no toleraban la convivencia de distintas creencias, como había sido norma hasta entonces en el Imperio. En el camino sedujeron a las clases más bajas, a los que no tenían nada que perder, ofreciéndoles esperanza. Poco a poco consiguieron su lugar hasta convertirse en religión oficial. Claro que la historia no es tan sencilla. Aparte de los enemigos más obvios, como el judaismo o el paganismo, los cristianos se enfrentaban comúnmente con divisiones internas, con las llamadas herejías... La Alejandría del siglo V era el mejor espejo de todo esto y ello se refleja magistralmente en la novela, donde podemos asistir a turbulentos y crueles episodios de lucha por el poder, torpemente enmascarados en decisiones de la voluntad de Dios.

En la novela se nos deja claro que el cristianismo primitivo, aún por definir al completo, no dudó en apropiarse de muchos aspectos de la filosofía pagana, sobre todo en su vertiente platónica, y de sus festividades. Como se dice en este revelador pasaje, cuando Alejandría va a celebrar la Navidad:

"Fiel a su costumbre, Nico rehúsa todo símbolo o ceremonia que haga referencia al Cristo encarnado. En su lugar festeja la semana de las Saturnales y el nacimiento del Sol Invicto.
- La valía de una tradición se mide por su antigüedad. Nuestros padres celebraron este natilicio mucho antes de que las hordas cristianas usurparan la fecha para instalar a un niño en un establo hediondo."

No se pretende aquí hacer una loa de la sociedad pagana. Era una sociedad muy bien organizada, que fomentaba la cultura, con un derecho civil que ha llegado a nuestros días casi intacto y que fomentaba la libertad religiosa pero también una sociedad esclavista, donde la mayoría de la población no ciudadana padecía bajo el yugo de unos pocos. La nueva doctrina cristiana solo debía seducir a esta parte de la sociedad para ser tomada en serio, a la vez que poco a poco se iba granjeando apoyos entre la clase dirigente. Al final el cristianismo resulta ser un lobo con piel de cordero, pues reproduce fielmente las persecuciones que había padecido poco antes e impone un cambio fundamental en la doctrina religiosa: no se toleran otras creencias y se les ataca con toda crudeza. El mensaje de Cristo es ignorado en la práctica (siempre con honrosas excepciones) y la Iglesia mantiene el poder fomentando el miedo entre los creyentes y la represión más brutal a quienes no creen.

Hipatia siguió el ejemplo de Platón. No se dejó amedrentar por el miedo y afrontó su inevitable destino con serenidad. Se disponen medios para su huida, pero ella los rehusa. Su vida y su muerte han llegado hasta nosotros en fragmentos y todavía quedan muchas dudas acerca de la verdadera naturaleza de su Academia y sobre las doctrinas que en ella impartía. Pero está claro que es un ejemplo de búsqueda de la verdad por medio del conocimiento y rechazo del dogmatismo. Solo por eso constituye un ejemplo admirable y absolutamente vigente, en estos días en los que los partidarios del dogma siguen intentando imponernos sus verdades absolutas.

jueves, 9 de julio de 2009

ROMMEL, EL ZORRO DEL DESIERTO (1951), DE HENRY HATHAWAY. ELOGIA A TU ENEMIGO.


No es frecuente encontrar películas que desborden admiración hacia un general del bando contrario. Pero, evidentemente, Rommel fue algo más que un general.

Siempre he leído que la guerra en el norte de África fue un oasis de caballerosidad en las inhumanas prácticas habituales en la Segunda Guerra Mundial. Quizá lo distanciado y lo secundario del frente libio concedieron más autonomía a Rommel que al ejército que combatía en Rusia, al menos al principio. Su primera aparición en pantalla, encarnado por un prodigioso James Mason, un actor al que nunca le he visto una mala actuación, dicho sea de paso, retrata al personaje a la perfección: se le ve desde la perspectiva de un prisionero de guerra británico (que resulta ser Desmond Young, su primer biógrafo). Rommel, con una autoridad y dignidad sobresalientes defiende los derechos del prisionero frente a un oficial alemán. El perfecto soldado y caballero, que pretende ganar la guerra como si de una partida de ajedrez se tratara: ateniéndose estrictamente a las reglas de juego.

Pero no es en los días gloriosos de la campaña del desierto en lo que se centra la película, sino en la participación del ya mariscal en el complot contra Hitler, perfectamente dibujado como un loco histérico cuyo único lema es "victoria o muerte" (por cierto, asimilado más tarde por Fidel Castro) y que mantiene a sus generales con las manos atadas, con la única consigna de resistir en cada palmo de terreno.

Henry Hathaway realiza una película más intimista que bélica, lo que es muy de agradecer. De hecho las escasas escenas de batalla están recogidas de documentales de la propia guerra. Su interés principal es mostrarnos el paulatino desencanto de Rommel y su apoyo (a un nivel secundario, eso sí) a la iniciativa de acabar con la vida del Führer. Eran las ramificaciones de Walkiria. De hecho se nos regala con una tensa escena en la que Stauffenberg coloca su celebérrimo maletín a los pies de Hitler. Como sabemos esto desencadenó una sangrienta venganza que terminó alcanzando a Rommel al que, como héroe de la nación alemana le fue permitido suicidarse, para acabar honrándosele en una hipócrita y majestuosa ceremonia fúnebre.

La película es muy entretenida e interesante y, como ya he dicho, sostenida por un James Mason que parece nacido para el papel (de hecho lo retomó en "Las ratas del desierto", de Robert Wise), aunque ciertamente nos presenta una visión muy parcial del personaje. Se obvia que, aunque fue un genio táctico en las distancias cortas, pecó de estrechez de miras cuando no apoyó la conquista de Malta, que constituía una verdadera sangría para su avituallamiento, lo cual le dejó prácticamente sin combustible ni refuerzos cuando le quedaba poco para conquistar Alejandría. Y, lo que es más importante, como ya dije en el caso de Stauffenberg, es que fue muy heroico participar en el complot contra Hitler cuando Alemania se derrumbaba sin remedio, pero apoyó totalmente su causa mientras se sucedían las victorias, mirando hacia otro lado ante las continuas atrocidades cometidas por el Estado por el que luchaba que, en mayor o menor grado, debía conocer.

En cualquier caso un personaje fascinante, del cual, como no puede ser de otra manera, tengo un par de libros pendientes por leer.

lunes, 6 de julio de 2009

TERMINATOR SALVATION (2009), DE McG. DÍAS DEL FUTURO PASADO.



La responsabilidad de realizar la última entrega de una saga que cuenta con millones de seguidores en todo el mundo es inmensa. "Terminator" fue una de las mejores y más inteligentes películas de ciencia-ficción de los ochenta que combinaba sabiamente terror y suspense, controlando las dosis de efectos especiales en la justa medida para sorprender al espectador. "Terminator 2" siguió la estela de la primera, repitiendo a Cameron como director-creador de la saga, logrando crear un mundo inconsciente del apocalipsis inminente al que va a ser sometido y por ello altamente inquietante. La historia, repleta de vistosos efectos especiales, daba incluso para reflexionar acerca de la inevitabilidad del destino. La tercera, ya con nuevo director, bajaba el nivel de calidad bastante, aunque la redimía su pesimista final, algo poco acostumbrado en el cine de Hollywood.

Y llegamos a este "Terminator Salvation". A pesar de la oleada de críticas negativas, fui a verla intentando no tener ideas preconcebidas (algo cada día más difícil, es muy difícil en la actualidad ir al cine sin conocimiento de causa). El comienzo es prometedor, con la resistencia humana realizando una operación contra las máquinas, pero pronto esas esperanzas son frustradas con la típica ensalada de escenas de acción protagonizada por robots cada vez más enormes y "molones", inspirados a veces por los exitosos Transformes (hay que vender juguetes). La película alza el vuelo en contadas ocasiones pero más por la rica historia de la que es deudora que por los méritos de su director, más ocupado en dotar de espectacularidad a las escenas que de verosimilitud a la historia. Hasta un gran actor como Christian Bale está desaprovechado. En todo momento parece incómodo en su papel.

Todo el metraje destila un inconfundible aroma a videojuego. Parece que los héroes tuvieran que pasar por pantallas cada vez más difíciles, hasta llegar al enemigo de la última fase, un rejuvenecido Arnold Schwarzenegger, cuya aparición es subrayada por una música estridente, como despertando a un amodorrado espectador para indicarle que llega la escena culminante, la que desata recuerdos nostálgicos de las anteriores entregas.

Una película totalmente desaprovechada, pues se habría podido tomar el argumento de las anteriores y realizar algo nuevo y respetuoso con todo ese legado. Sí que me quedo con la evocadora secuencia en la que John Connor manda su mensaje por radio a un mundo devastado, tratando de transmitir algo de esperanza a unos pocos humanos que resisten al frío poder de las máquinas (hijas de estos humanos, por cierto).

LA NOVIA CADÁVER (2005), DE TIM BURTON. EL NOVIO DE LA MUERTE.


Estimulado por lo mucho que me gustó "Los mundos de Coraline", que, aunque no es de Tim Burton, sí que está presente en espíritu, he disfrutado enormemente con el derroche de imaginación tenebrosa de esta producción "interpretada" en sus papeles principales por Johnny Deep y Helena Bonham Carter. Y es que resulta todo un detalle tomar a los actores fetiche del director, realizar una versión animada de los mismos y dotarlos de su voz (no me canso de repetir que las películas hay que verlas en su versión original en la medida de lo posible).

El joven Víctor, educado, apocado y torpe, pronuncia votos matrimoniales a una muchacha muerta, por un terrible error. A partir de aquí, las relaciones entre el mundo de los vivos y el de los muertos entran en divertido conflicto, desembocando en la invasión de nuestra realidad por los seres del inframundo con objeto de celebrar la más extraña boda que jamás se haya podido ver. La novia, a pesar de estar putrefacta y literalmente en los huesos en muchas partes de su cuerpo, resulta ser una muchacha encantadora. El resto de personajes resultan transparentes, es decir, espejo de lo son: hay algunos que respiran ingenuidad y nobleza y otros ambiciones materiales desmedidas. El espectador los identifica de inmediato. No hay ambiguedad en ello. Sí que existe cuando se presenta la vida en el otro mundo. ¿Resulta terrible? ¿aburrida? ¿interesante? Quizá es un espejo de la que conocemos, solo que eterna.

Es de agradecer que la trama no se estire artificialmente. De esto deberían aprender muchos directores, que creen que larga duración es sinónimo de calidad. Cada historia requiere un tiempo para ser contada. Lo superfluo y lo reiterativo desgraciadamente parecen estar de moda en la actualidad.


miércoles, 1 de julio de 2009

AHÍ ESTÁ SU DINERO.



Ayer fue la presentación de Kaká en el Bernabeu. Un espectáculo insólito. La gente ya no va al estadio para ver un partido de fútbol, sino para contemplar a un solo jugador en el que intentan conjurar las frustraciones de su vida diaria. Pero esto solo es el principio. Aún queda el otro. El portugués por el que se han pagado casi cien millones de euros en plena crisis, dinero prestado. Como si no hubiera ocurrido nada por culpa de los préstamos desmesurados... Pero poca importancia tiene todo esto ante el fanatismo del público que no tiene ojos para estos abusos, sino para el mercado de futuros. Me explico: al igual que en la bolsa, donde apostamos nuestro dinero (bueno quien juegue en bolsa, que yo nunca lo he hecho ni creo que llegue el día en que lo haga) a unos valores en la esperanza de que nos den sólidos dividendos en el futuro, así los aficionados madridistas, capitaneados por su endiosado constructor-presidente, tras un año desastroso repleto de pérdidas, se ilusionan con fervor religioso esperanzados en los grandes éxitos que van a obtener este año gracias a sus valiosas inversiones.

No tiene ningún mérito: los auténticos clubes, los que quieren representar a una ciudad deben construirse desde abajo, no a golpe de talonario. Si puedo elegir a los mejores jugadores del mundo y pagarlos mediante créditos indefinidos, mi equipo, salvo desastre, va a ser el mejor del mundo. De todos modos, y esto debe saberlo Florentino, el fútbol, al igual que la bolsa, no es una ciencia exacta. Podría ser que llegara otro año desastroso para el Madrid. Pero daría lo mismo. Se pide más dinero para nuevas estrellas y ya está. Muy básico, no se necesita ser ningún genio de las finanzas para verlo.

Y a todo esto, últimamente siempre que abro el periódico, entre noticias de economía desastrosas, me aparece la imagen de Ronaldo que con expresión entre burlona y chulesca me dice que viene a España con unos maletones repletos de dinero y que encima se encomienda al mismísimo Espíritu Santo. Ciertamente, parece que la divinidad gusta de estos esplendores. Y Cristiano sonríe, esperando su gran día, cuando pueda restregar sus dividendos ante un público enfervorizado, al que ya le parece que se les deben cinco Copas de Europa seguidas sin ni siquiera tener que molestarse en jugar los partidos. Y todo este festival megalómano se produce mientras el país se ha convertido en una enorme fábrica de parados (esto no creo que tenga que recordarlo, pero queda muy bien como contraste).

El fútbol (y el capitalismo) es así.