miércoles, 13 de abril de 2016

LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO (2010), DE BYUNG CHUL HAN. LA ESCLAVITUD INTERIOR.

Desde hace unos años la figura del filósofo de origen coreano Byung Chul Han se ha convertido en un referente indispensable para entender e interpretar el mundo en el que vivimos. Lo original es que Han no parte de tendencias sociales, sino que analiza al individuo y establece las vicisitudes que les han llevado al estado actual, a la complicada situación en la que el trabajo tradicional, que se efectuaba bajo las órdenes de un patrón, ha pasado, en muchos casos a efectuarse bajo la propia responsabilidad.

El autor de En el enjambre, establece que se ha pasado de una sociedad de corte disciplinario, dominada por el perfil de las grandes fábricas que centralizaban la producción, a una de rendimiento, en la que abundan los pequeños emprendedores que se someten alegremente a una bestial autoexplotación con el fin de sobrevivir en los márgenes de una sociedad absolutamente dominada por la idea de competitividad. La consecuencia es el agotamiento y, en muchos casos, la depresión, tal y como expone Han en una entrevista concedida a Babelia:

“La decisión de superar el sistema que nos induce a la depresión no es cosa que solo afecte al individuo. El individuo no es libre para decidir si quiere o no dejar de estar deprimido. El sistema neoliberal obliga al hombre a actuar como si fuera un empresario, un competidor del otro, al que solo le une la relación de competencia." 

Así pues, una vez superado el tradicional concepto de alienación laboral, la maquinaria del neoliberalismo ha maquillado con hermosos términos como realización, optimización personal o emprendimiento al camino repleto de obstáculos (en muchas ocasiones insuperables) al que se ven arrojados muchos trabajadores al no tener posibilidad de conseguir un empleo remunerado. Aquí no caben las protestas ni las reivindicaciones colectivas, sino la identificación con el empresario triunfador, el espejo donde hay que mirarse. La producción en muchas ocasiones ya no consiste en bienes tangibles, sino en servicios o asesoramientos de carácter ininteligible. La dura realidad es que ni siquiera es cierto que exista la competencia perfecta, puesto que los políticos que se corrompen optarán por las empresas que les otorguen mayor beneficio personal.

Aplastados bajo mil estímulos que quieren captar nuestra atención, obligados a ser visibles en las redes sociales y bombardeados continuamente por grandes dosis de pensamiento positivo, el sujeto perteneciente a la sociedad de rendimiento se siente aplastado, pero debe mostrar una sonrisa permanente y una disposición de ánimo más allá de sus fuerzas. El capitalismo está en movimiento las veinticuatro horas y el individuo debe estarlo también. Esos llamamientos continuos al cambio, a la reinvención, a salir de la posición de confort, no son más que pequeños golpes que van minando la resistencia del sujeto, que lo descolocan y lo acaban agotando, ya que cualquier distracción puede ser aprovechada por el adversario para tomar su lugar. La libertad se transforma en un concepto ilusiorio, muy alejado del que manejaban generaciones anteriores. La coerción externa tradicional se ha transformado en una mucho más efectiva, la interna, de la que difícilmente se puede huir:

"Sola la coerción o la explotación llevan a la alienación en una relación laboral. En el neoliberalismo, trabajo significa realización personal u optimización personal. Uno se ve en libertad. Por lo tanto, no llega la alienación, sino el agotamiento. Uno se explota a sí mismo, hasta el colapso. En lugar de la alienación aparece una autoexplotación voluntaria. Por eso, la sociedad del cansancio como sociedad como sociedad del rendimiento no se puede explicar con Marx. La sociedad que Marx critica, es la sociedad disciplinaria de la explotación ajena. Nosotros, en cambio, vivimos en una sociedad del rendimiento de autoexplotación." 

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