martes, 1 de septiembre de 2015

ROCÍO (1980), DE FERNANDO RUÍZ VERGARA Y EL CASO ROCÍO (2011), DE JOSÉ LUIS TIRADO. EL PAGANISMO CATÓLICO.

En un determinado momento de ese documental heterodoxo, magistral y a la vez necesario que es Rocío, Francisco Gil Delgado, canónigo de la Catedral de Sevilla en aquella época, intenta explicar el fenómeno de la romería desde un sentido místico, lo cual es lo mismo que asegurar que no puede hacerse desde la racionalidad. Precisamente la intención de Fernando Ruíz Vergara cuando emprendió la tarea de iniciar el rodaje era la contraria, la de indagar en los orígenes del fenómeno y tratar de llegar a una verdad que se pierde entre leyendas, intereses de clase y medias verdades. A pesar de que a finales de los años setenta ya se podía dar por asentada la democracia en España, con la Constitución recién aprobada, había ciertos temas (y esto sigue vigente a día de hoy, me atrevería a decir), en los que no se debía profundizar, asuntos que podía herir la sensibilidad del pueblo y cuestionar el status quo establecido y que en gran parte se consolidó en aquellos años de negociaciones y consensos bajo la atenta vigilancia de las clases privilegiadas.

Rocío es un documental que adopta un acertado punto de vista antropológico para retratar la manifestación de fervor más intensa - con permiso de la romería de la Virgen de la Cabeza - entre las que se dan en Andalucía. Su origen no es muy original: tiene que ver con el supuesto hallazgo milagroso en la zona, después de la reconquista, de una talla de la Virgen que habría sido escondida siglos antes por los cristianos que huían del avance musulmán. Como es preceptivo la Virgen pide que se construya en el lugar un santuario en el que se le rinda culto y poco a poco, a base de milagros, el sitio se hará famoso y allí acudirán miles de devotos esperanzados en la consecución de un milagro personal. Estos santuarios eran lugares en los que la iglesia, que había estado tanto tiempo ausente, iba cimentando su prestigio y poder entre el pueblo, obviando el hecho de que los visigodos hubieran profesado en su tiempo el arrianismo. Se fomentó la falsa idea de una continuidad entre la iglesia ligada al poder que llegaba con la Reconquista con la que existía antes de la llegada del islam, con la intención de legitimar lo antes posible a las nuevas fuerzas dominantes.

Uno de los discursos más valientes del documental de Ruíz Vergara es su carga de profundidad contra las clases dominantes en el campo andaluz, que utilizarían la romería como uno más de los basamentos de su preponderancia. El hecho de que se necesiten importantes medios económicos para participar en la peregrinación - carretas, caballos, animales, provisiones, vehículos todoterreno y un par de semanas de vacaciones en pleno mayo - hace que sean los privilegiados los que puedan participar con toda plenitud en ese festival de ostentación en el que se convierte el Rocío, aunque no falten historias de gente más humilde que se endeuda para aparentar una riqueza que no posee. En cualquier caso, son muchos más lo que participan en la medida de sus posibilidades. Lo curioso es que desde que comienza la romería las imágenes que suelen verse y las que muestra el documental, poco tienen que ver con lo que predica la doctrina cristiana: más bien nos encontramos ante una fiesta de carácter pagano, en la que se venera exclusivamente a una imagen que pertenece a un determinado lugar, hecho que se celebra con copiosas comidas, generosas dosis de alcohol y - parece ser - con drogas y sexo desenfrenado. Más que una manifestación de austeridad y penitencia, el Rocío constituye una perfecta exaltación del hedonismo, la imagen más representativa del andaluz ante el foráneo.

Pero el éxtasis llega con la salida de la Blanca Paloma de su templo, con el célebre salto de la verja como momento culminante, el instante en el que la pasión irracional se desata con un furor inusitado y vemos escenas a la vez hermosas y dantescas: una enorme masa humana pugnando por hacerse un sitio bajo el trono de la Virgen para poder llevarla, símbolo máximo de prestigio social, a la vez que el sujeto recepciona la gracia divina que emana de la talla. Entre tanto rostro sudoroso, entre desmayos, lágrimas, peleas y gritos, los padres elevan a sus hijos para que la gente los acerque a la Virgen entre empellones, sin importar el llanto desesperado de los pequeños: los beneficios serán mucho mayores: la creencia en el poder mágico de la imagen es mucho más poderoso que la preocupación por la seguridad física de los menores.

En El caso Rocío, documental realizado treinta años después, se analizan, con la perspectiva que da el tiempo, las consecuencias del procedimiento judicial que sufrió la película, deriva de la mención de un determinado nombre por un vecino de Almonte, que denuncia ante la cámara la represión que se llevó a cabo en el pueblo durante la Guerra Civil por parte de una banda liderada por José María Reales Carrasco, que fue alcalde de aquella localidad. Después de provocar una matanza entre los elementos izquierdistas del lugar, estos hombres se unieron al ejército nacional, ostentando bien visibles en todo momento sus medallas de la Virgen del Rocío. Los familiares de Reales Carrasco no tardaron en interponer una denuncia por injurias graves, así como por escarnio a la religión católica y ultraje contra los responsables del documental, del que se decretó su inmediato secuestro jucidial. El juicio tuvo repercusión incluso a nivel internacional y terminó con partes de la película censurada. A Fernando Ruíz Vergara se le impusieron dos meses de arresto mayor, una multa de cincuenta mil pesetas y el abono de diez millones de pesetas en concepto de responsabilidad civil por el delito de injurias graves contra Reales Carrasco, respecto al cual el juez no dejó probar al testigo la veracidad de los hechos que había declarado.

En el documental de José Luis Tirado, además de hablarse de las dificultades del rodaje de Rocío, aparece un Fernando Ruíz Vergara enfermo y derrotado (moriría poco después), pero todavía combativo, defendiendo su libertad de expresión y denunciando su caso como un ejemplo de los pactos ocultos de la Transición, de los límites de nuestra democracia, que impiden que se profundice en algunos temas que pueden resultar ofensivos para algunos: en los fundamentos de la religión y en la represión que se llevó a cabo en nuestra Guerra Civil.

Pero después de todo lo verdaderamente importante es que hoy podemos disfrutar de la obra maestra de Ruíz Vergara y su equipo, de esas imágenes, que no han vuelto a ser posibles, de la Virgen sin sus oropeles, una figura de madera carcomida, a la que se le pueden desmontar sus brazos, una talla destrozada por dentro, que es objeto de una devoción apasionada, un rasgo de identidad de un pueblo que ayuda a que la jerarquía social siga intacta. Como conclusión, transcribo aquí las palabras de Alonso Tostado, obispo de Ávila del siglo XV:

"De aquesto tal se siguen grandes pecados y errores y escándalos, y el pueblo menudo se torna hereje idólatra, ca puesto en algunas imágenes por revelación de Dios fuesen falladas en peñas o en fosaduras de tierra o en corazones de árboles, en lo cual hay muchas mentiras y muy pocas verdades; mas fue y es lo más dello introducido por sacar el dinero de las bolsas ajenas. Empero dado que fuese así en verdad, aquella imagen no es más de virtud que las otras, ca por manos de hombres es fecha, y no de ángeles, ni menos cayó del cielo, porque allá no hay piedras ni maderos; y dado que fuese hecha por mano de ángeles, no podría ser fecha salvo de piedra o de madera o de algún metal, e así no pudo tener mayor virtud que las otras imágenes, de piedra o de madera ni más que los palos del campo; y así si honramos a aquella imagen más que a las otras, entendiendo que tiene mayor virtud, y con mayor devoción delante della nos inclinamos, pecamos en idolatría." 

2 comentarios:

  1. Bravo por el obispo Alonso Tostado, todo un protoluterano...

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  2. Supongo que sería una voz que clamaba en el desierto...

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