domingo, 20 de septiembre de 2015

FELICES 140 (2015), DE GRACIA QUEREJETA. EL COLOR DEL DINERO.

Si existe una fantasía recurrente que nos asalta a todos de manera más o menos cotidiana, esta no es otra que ganar una desmesurada cantidad de dinero en la lotería. La riqueza inesperada no solo otorga a su poseedor elevadas dosis de felicidad nerviosa, sino que también, básicamente, es un pasaje hacia un mundo de libertades jamás imaginado. No más trabajo, no más estrecheces y cumplimiento instantaneo de cualquier capricho. Hay gente que sabe administrar todos estas dádivas de la fortuna con sabiduría y otros entran en una espiral de autodestrucción. Todos creemos que, de producirse tan prodigioso hecho en nuestra vida, entraríamos a formar parte del primer grupo, pero eso nunca se sabe... Lo que sí es seguro es que la noticia generaría una gran dosis de ansiedad e incertidumbre entre las personas que nos rodean habitualmente. De pronto, se quiera o no se quiera, hemos pasado a formar parte de un estrato social superior y nuestro es el poder de hacer un poco más felices a familiares y amigos. Algunos nos felicitarán sinceramente y otros no podrán evitar un fuerte sentimiento de envidia y de injusticia cósmica: ¿por qué él y no yo?

Esta es precisamente la interesante premisa de la que parte Felices 140. Elia (Maribel Verdú) reúne a algunos familiares y amigos para celebrar su cuarenta cumpleaños y lanzar la gran noticia: acaba de ganar ciento cuarenta millones en el Euromillón. Las reacciones de sus invitados, como se puede imaginar, son diversas, aunque cuentan con el denominador común de intentar sacar provecho de la situación. A la vez, también esta presente en ese fin de semana Mario, un antiguo amor con el que Elia querría volver, quizá para que su vida alcance la perfección absoluta, aunque éste ha acudido acompañado por su jovencísima novia, una aspirante a actriz argentina, de caracter soberbio e insoportable. Por allí pululan otros personajes, como Juan, marido de la hermana de Elia, un abogado maltratador de su mujer y sin escrúpulos morales, Polo, un empresario adinerado que ve la oportunidad de inyectarse en vena unos pocos más de millones de euros o la pareja formada por Ramòn y Martina, cuyo negocio se está yendo a pique y, como es lógico, ven en la nueva situación financiera de su amiga Elia la oportunidad dorada de remontar el bache.

Pues bien, aunque la película de Gracia Querejeta está filmada con buen ritmo y el interés del espectador por conocer qué va a ser de estos personajes nunca decae, su gran lastre es la credibilidad, piedra angular de cualquier historia que quiera tratar con inteligencia al espectador. En este caso, después de que un hecho dramático interrumpa la armonía del fin de semana, las reacciones de dichos personajes van desde lo disparatado hasta lo francamente risible. Se nota que en todo momento la intención de la directora es moralizante, retratar la auténtica naturaleza perversa del ser humano cuando ve la oportunidad de sacar ventaja en ciertas situaciones (no puedo decir de qué situación se trata, para no desvelar aspectos fundamentales de la trama), pero naufraga en el intento. No se puede contar un relato coherente si el espectador asiste estupefacto a la resolución casi infantil de muchos de sus conflictos. En este sentido Felices 140 es una gran oportunidad perdida. Si se hubiera aprovechado el indudable oficio de sus magníficos intérpretes para que dieran vida a personajes menos estereotipados y más parecidos a los seres que nos encontramos todos los días en la vida real, los resultados hubieran sido netamente superiores.

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