jueves, 25 de diciembre de 2014

RIFIFI (1955), DE JULES DASSIN. EL ROSTRO DE LA FATALIDAD.

Las mejores películas de cine negro son las que cuentan con un gran componente social. El protagonista de Rififi es un hombre envejecido, un perdedor que acaba de salir de prisión, pero que ha de volver a su antigua vida, puesto que carece de alternativas, así que decide jugar el todo por el todo (él que también es un perdedor como jugador de cartas) y organizar un golpe a una de las lujosas joyerías de París, que cuenta con los más modernos sistemas de seguridad. Jean Servais se parece a Robert Mitchum: en la geografía de su rostro están escritas todas las derrotas pasadas y futuras.

Lo primero que me llama la atención en esta obra maestra de Dassin es el retrato de París que ofrece. Aquí no estamos ante la estampa turística que el cine nos ha mostrado tantas veces de la capital francesa (uno de los ejemplos más evidentes es Una cara con ángel, de Stanley Donen), sino que nos muestran la ciudad que ven los criminales de poca monta: un París en blanco y negro, poco acogedor e incluso siniestro. El París de quienes la habitan y tienen que sobrevivir día a día, lleno de luces, pero, sobre todo, de sombras.

Rififi ofrece varias escenas memorables. Quizá la más recordada es la de la incursión a la joyería, realizada por su director con una planificación casi tan precisa como el mismo robo. Pocas veces el espectador puede llegar a tal grado de tensión, identificándose plenamente con los personajes. Todo ello en una secuencia prácticamente muda de casi media hora, en la que solo escuchamos los sonidos atenuados del trabajo que realizan los atracadores mientras esperan que no suene la alarma. También es obligado hacer referencia al final, tomado desde el punto de vista del protagonista, otro prodigio del que nada puedo decir para no destripar el argumento.

Pero es que la película de Dassin destaca también por su crudeza. El dominio masculino está presente en todo momento y llega a su paroxismo con la paliza que el protagonista propina a su antigua amante, ante la pasividad de ésta, que resulta aún más perturbadora por ser mostrada de forma explícita, pero fuera de cámara. Una de las mejores películas de cine negro de la historia. Un portento narrativo de principio a fin, que se ha convertido de inmediato en uno de mis films preferidos.

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